sábado, 20 de agosto de 2022

IX. 5 Cultura y arte: Que se duerma el mar




     
         En “Que se duerma el mar” el escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo habla de la infancia y primera adolescencia de María, la muchacha cuyo designio sobrenatural escapa a las limitaciones de su corta edad, que aquí llega hasta los quince años. Son sus temas preferidos siempre centrados en torno al amor en diferentes etapas de su proceso. El título procede de unos versos del griego Simónides de Ceos, escuchados por la protagonista en boca de mercaderes amigos de su familia y aplicados por ella misma, como canción de cuna, al hijo que está llamada a llevar en su vientre. 

       Hasta ahí llega la recreación novelada de la vida de María con 15 años, embarazada y poco antes de dar a luz, para lo cual serefugia en brazos de José, desde los primeros años de su aprendizaje de la vida, como niña y adolescente que no entiende muchos acontecimientos que la rodean, entre prodigios nacidos de leyendas, milagros, y todo tipo de fantasías alimentadas por su mente y propiciadas por la omnipresencia de ángeles que adoptan diferentes manifestaciones antropomórficas. ç

      Gustavo vuelve a hablar del amor y del aprendizaje de la vida en la que está considerada su mejor novela, Mi querida Eva: Alberto, Daniel y Eva eran adolescentes en aquel cálido verano de 1964 en Valladolid. Se lanzaban a la vida y oían embelesados las míticas aventuras de un ex boxeador enamorado de una actriz americana. Años después aquellos jóvenes se reencuentran, ya maduros, para descifrar los secretos de aquel tiempo: sus tardías revelaciones y su propio lenguaje que en ese entonces se balbuceaba: el lenguaje inagotable del amor. 

    El amor ocupa lugar central en la obra de Gustavo. Pero en ningún orto título lo trata tan derecho, tan sin concesiones a intereses laterales. Hay, claro, varios componentes ambientales; sobre todo, la peripecia de un boxeador, Serafín Para, El Centella, que también es una historia de amor, una fábula entre el delirio y la verdad; también algunas oportunas anécdotas costumbristas de posguerra; y varios relatos incorporados en un juego de muñecas rusas. Todo queda sin embargo diluido para que una historia de amor intenso marque y centre el libro y la atención del lector. Dos muchachos, Alberto y Daniel, se enamoran de la adolescente Eva en aquel tórrido verano. Eva y Daniel, ambos médicos, ella casada con un cirujano del Opus Dei y madre de tres hijas y él separado de su esposa, se reencuentran mucho después en un congreso profesional. 

     Este azar provoca la recuperación de aquellos tiempos, reviviéndoles con una angustiosa intensidad en una noche de pasión. Sólo una noche: nunca más continuó. Daniel describe en primera persona esas pocas horas del presente y su narración desvela la tragedia escondida en un pasado provinciano de apariencia banal que eleva a verdadero protagonista a quien parece un personaje secundario, el ya fallecido Alberto. 

       Toda la novela se sostiene sobre una idealización romántica: la iniciación sentimental, la dictadura del instinto, la pasión libre, las cortapisas de clase, educación o moral…, todo está en el envolvente tratamiento del amor, entendido como motor último, celebración y dolor, de la naturaleza humana. Ese tratamiento se acompaña con notas que hablan de engaños y de equívocos, con elementos que abren las relaciones amorosas a lo mágico y lo misterioso, con fluctuación entre lo lírico y prosaico, entre el egoísmo y el desprendimiento místico. 

    Esta base verista se presenta con un alcance simbólico, según lo sugieren los nombres de los protagonistas: el de la mujer le da un valor genérico y el de Daniel remite a una famosa escena bíblica. Gustavo (Valladolid, 1948) es Licenciado en Filosofía y Letras en la especialidad de Psicología. Ha colaborado con sus artículos en los medios más importantes del país y ha participado en múltiples congresos de literatura. Está casado con la también escritora Esperanza Ortega. Una característica destacables de su obra es su referencia a temas mitológicos, bíblicos, leyendas y cuentos tradicionales y su inspiración en el universo femenino. Con este tema destacan también Luz no usada (1986) o La historia de Marta y Fernando (Premio Nadal 1999).​

 El también vallisoletano Hernán Migoya entró en la literatura por la puerta del escándalo en `Todas putas´. que cuenta con el atractivo añadido de las ilustraciones de Fernando Vicente, a quien Migoya, exagerando lo justo, presenta como “Uno de los mejores ilustradores del mundo”. Dice Migoya: `El concepto de puta, tal como yo lo entiendo es eminentemente femenino. Muy pocos hombres podemos ser putas´. En un barco pirata en medio del océano, ella andaba con dificultad debido a unos tacones altísimos, pero me pareció el ser más esbelto y angelical que se hubiese cruzado en mi camino. Vestía un vestido negro y estrecho que le dejaba los hombros al descubierto y el contoneo de los tacones la favorecía hasta el infinito.

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