La historia de la tecnología resinera es una historia
lenta, tan lenta como la resina rezumando por el tronco, como el el crecimiento
de un pino o la configuración de un bosque.
Todo en el bosque es calma y sosiego, ausencia de prisa, hálito de nostalgia, serenidad.
Hacia 1940 se logró desarrollar un nuevo método de resinacción, el pica de corteza con estimulantes químicos, dentro de pinares modelados por la ciencia forestal para producir resina.
La peculiaridad española en la conformación de la ciencia forestal fue
su carácter público; primero a través de normas, luego mediante la vigilancia en
su cumplimiento. Conformaban la Administración Forestal del Estado los
ingenieros de montes; su institucionalización fue en 1840, justificándose por la
creciente importancia de las materias primas forestales y las numerosas ventas
de montes públicos ejecutadas en los diferentes procesos de desamortización.
Estaba además la circunstancia de que otras ciencias mas antiguas, como la
jardinería, no diesen el paso de dedicarse al arbolado menos urbano, que
requería conocimientos de matemáticas o topografía. La profesión de ingenieros
de montes ofrecía la realización personal en un trabajo considerado como
sumamente útil, de interés y provecho general, interpretando su labor dentro del
discurso de la Razón y del Progreso.
Calixto Rodríguez García había nacido el Gijón el 29 de abril de 1849 y
fue uno de los primeros ingenieros de montes en declararse supernumerario para
ejercer una densa actividad privada en temas innovadores como la ordenación
científica de montes o el desarrollo de la industria resinera. En su época, los
ingenieros de montes estaban sometidos a una disciplina poco común fuera del
ejército.
Se inicio en el Distrito Forestal (DF) de Guadalajara en 1976. Una de
sus principales tareas consistía en medir y valorar montes públicos para
determinar o impedir su venta; otra acompañar comisiones de investigación en el
caso que se sospechase de que los beneficiarios de las subastas estaban
cometiendo irregularidades en los montes públicos. Conoció así la gestión de los
montes y la tecnología resinera de la fábrica de Las Navas.
En 1883, cuandotodavía era ingeniero del DF, creo la fábrica Cándida en Mazarete, junto a lacarretera que une Siguenza y Molina de Aragón; sus colofonias estuvieron
presentes en la Exposición Universal de Barcelona, al lado de dos fábricas de
Coca. Y a partir de 1885 comenzó a multiplicar las reuniones para unir a varios
industriales resineros, constituyendo en 1888 el Sindicato para la Venta de
Aguarrás. Estaba formado por Cándida, Eusebio Rodríguez, dueño de la fabrica de
Valladolid, la sociedad Falcón, Ruiz y llorrente, de Coca, la fábrica de los
Suárez, en Cuéllar y el Duque de Úbeda, con fabrica y bosque en León.
Alincorporarse capitalistas vascos (Enrique Aresti Torre, Víctor Chavarri Salazar,y Plácido Allende) se conformo la LURE (La Unión Resinera Española SA),
constituida en Bilbao en 1890 con un capital de cinco millones y medio de
pesetas y con el objeto social de dedicarse al negocio resinero, concretamente
la obtención de trementina, aguarrás y colofonia. Los capitalistas vascos
pusieron el dinero; los empresarios castellanos cinco fábricas y los derechos
forestales de un inmenso territorio.
La presidencia le fue otorgada a un vasco, claro, Enrique Aresti. Bajo su control, devino virtual monopolio en el sector buscando siempre que el Gobierno
elevase los derechos arancelarios. Para alcanzar el monopolio del sector, LURE
fue absorbiendo todas aquellas empresas que podían rivalizar en la venta de los
productos básicos y en la adquisición de aprovechamientos estratégicos.
En el
plano tecnológico, se incorporaron los procedimientos más avanzados de
elaboración y tratamiento de las resinas y se desarrollaron experiencias propias
para mejorar los métodos aplicados; el propio Rodríguez presentó en la Oficina
de Patentes de Madrid cuatro ideas.
En 1910, LURE contaba con diez fábricas
equipadas con modernas instalaciones y un patrimonio forestal de 50.000
hectáreas de montes de pinos de resinación repartidos en nueve provincias.
La expansión de se debió en buena parte a las ventas en el exterior; los países
importadores eran las principales economías industriales europeas, donde los
sectores químicos más avanzados y diversificados llevaban a cabo la elaboración
de productos finales. En 1915 se elevó el capital a 20 millones de pesetas y
poco después se creó en Madrid la filial Unión Resinera Española y Cía con el
objeto de dedicarla a la explotación de montes ubicados en Cádiz, Sevilla,
Huelva (Coto de Doñana).
Al año siguiente fue nombrado presidente Rodríguez,
hasta entonces director gerente de la compañía, que pronto dimitió. A pesar de
tener su domicilio social en Bilbao las reuniones del Consejo comenzaron a
realizarse en Madrid, pues un importante grupo de consejeros tenían allí su
residencia; buscaban una mayor proximidad a las fábricas y,sobre todo, al poder.
Con la Gran Guerra y gracias a la neutralidad española, LURE consiguió sacar
amplio provecho de la nueva situación de los mercados internacionales: mientras
que el aguarrás fue un producto sin aplicación apreciable, la colofonia se
convirtió en un producto de guerra.
En 1918 el capital social se elevó a 50
millones de pesetas con la participación del Banco Bilbao que impone sus
criterios en el seno del Consejo de Administración.
En 1920 LURE estaba implantada en 14 provincias y disponía de 25 fábricas, con las que se aseguraba en torno al 60 % de la producción total española y su patrimonio forestal, distribuido en 12 provincias se situaba en torno a las 67.000 hectáreas.
La estrategia de la empresa se afirma es liderar un proceso de negociaciones con los restantes industriales del ramo para reagrupar el sector, eliminar la competencia y fijar los precios. Las presiones políticas fructificaron con la creación de la Cooperativa Resinera Española, que agrupaba al 70% de la
producción y que logró el apoyo de Primo de Rivera, siempre favorable al capital
vasco en contra de los intereses castellanos.
Un árbol nos recuerda que para
crecer hacia lo alto, hacia lo espiritual, lo abstracto, es necesario estar bien
arraigado en la tierra, en lo concreto, en la materia.
Es al igual que el ser humano, un ser que une cielo y tierra. Es el portador
del fruto acabado, y al mismo tiempo, está en pleno proceso de desarrollo.
Nosotros, como seres humanos, somos la máxima expresión de la creación y al
mismo tiempo estamos aún en proceso de crecimiento. Nietzsche





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