miércoles, 31 de agosto de 2022

6. 7 Familia Efluvios de la primavera

  Don Segundo Cantalapiedra era un hombre amable y de buen humor. Pero su aspecto engañaba porque sugería todo lo contrario; de perfil semita, era alto, delgado, derecho, con bigote a lo militar de guías muy estiradas. Y muy serio; vestía siempre chanqué o, en las ocasiones solemnes, levita, y llevaba sombrero de copa y bastón. 

  Parecía un hombre presumido y de mal genio pero era todo lo contrario. Vivía en Pozaldez cuando quería hacerlo en Valladolid, pero Pepa, su mujer, no estaba por la labor y Pepa era la que mandaba en aquella casa. 

  Cuando fue Diputado provincial, Segundo lo pasó bien porque le nombraron de la Comisión Ejecutiva y podía estar en Valladolid dos o tres días a la semana con plena justificación; y con pretextos fáciles de alegar, alcanzaba la semana entera.
   Pero cuando dejó de ser diputado le amable y de buen humor. Pero su aspecto engañaba porque sugería todo lo contrario; de perfil semita, era alto, delgado, derecho, con bigote a lo militar de guías muy estiradas. Y muy serio; vestía siempre chanqué o, en las ocasiones solemnes, levita, y llevaba sombrero de copa y bastón. Parecía un hombre presumido y de mal genio pero era todo lo contrario.

  Vivía en Pozaldez cuando quería hacerlo en Valladolid, pero Pepa, su mujer, no estaba por la labor y Pepa era la que mandaba en aquella casa. Cuando fue Diputado provincial, Segundo lo pasó bien porque le nombraron de la Comisión Ejecutiva y podía estar en Valladolid dos o tres días a la semana con plena justificación; y con pretextos fáciles de alegar, alcanzaba la semana entera. 

 Pero cuando dejó de ser diputado le era difícil convencer a Pepa de que tenía que ir a Valladolid. Segundo, de acuerdo con los amigos, inventaba asuntos; casi siempre reuniones de carácter político.
  Una vez, don Santos Vallejo, que era muy amigo, recibió una carta suya que decía: “ Sácame de aquí pero inventa algo nuevo”. Santos tenía concertado un duelo a pistola y pidió a Segundo que viniera enseguida para ser uno de sus padrinos. El invento dio resultado porque Segundo se presentó enseguida, muy contento; contó que Pepa le había preparado la maleta con la levita nueva y que le había metido mucha prisa para que fuere. 
 
  Dijo Santos: “Pepa estará tan contenta pensando que me van a dar un tiro´; Segundo respondió escuetamente “ Muy contenta”. 

 El duelo se arregló sin llegar a celebrarse pero las gestiones obligaron a Segundo a estar unos días en Valladolid. Segundo y otros diputados como José Gutiérrez Semprún o Marceliano Diez Bueno se alojaban en una fonda sita donde hoy es el hotel Imperial. Se llamaba “ La Iberia” y la regía una señora muy seria y muy formal; respetable y respetada por todos los parroquianos, a quienes trataba amablemente pero sin ninguna confianza. Un día de abril se reunieron allí los diputados gamacistas, con motivo de las elecciones que acababan de celebrase, en las que Marceliano fue derrotado. 

 Cuando volvió del distrito se encontró con que le habían robado las ropas de su habitación; entonces le preguntó al Jefe de Policía si sospechaba de alguien; el policía tuvo la humorada de contestar que sí, que sospechaba de Santiago Alba que, no contento con derrotarle, le había quitado la ropa.
  Fue entonces cuando, estando Segundo con otros parroquianos se cruzaron con una joven compañera a la que dirigió, muy serio, un piropo. 

  “ ¡¡ Así se pisa¡¡¡” 

  Exclamó alborozado!!!! 

  Y quiso detenerla para que los colega vieran lo guapa que era. Cuando estaba en este trance, sujetando emocionado o tratando de sujetar a la chica, se abrió la puerta de una habitación próxima y apareció la señora dueña de la posada, doña Iberia, que viendo la escena, dijo circunspecta y moviendo las caderas a compás de arriba abajo: 

“`¡ Don Segundo. Don Segundo “ 

 Y Segundo, sin inmutarse, caballero con levita y sombrero de copa, como siempre muy serio, se quitó el sombrero, hizo con él en la mano una exagerada reverencia y dijo: 

 `” Señora, son efluvios de la primavera” Poniéndose el sombrero, siguió tan serio.
  Quebrantapiedras es un linaje de hijosdalgo extendido por las provincias de Salamanca y Valladolid. Toma el nombre de la salmantina villa homónima. Martín Cantalapiedra (1510 /1579) fue un ilustre hebraísta del Renacimiento; en el Archivo Histórico Nacional, fechado en 1807, consta su expediente de pruebas del Caballero de la Orden de Carlos III.  

  De Segundo, Pepa y José Cantalapiedra se conservan escasos documentos. El notario Francisco Mañueco Escobar, abuelo de Alfonso, actual presidente de la Junta de Castilla  y León, siguiendo instrucciones testamentarias de José, se encargó de ordenarlos tras su muerte. 

  José Cantalapiedra de Castro nació en Pozaldez en 1890. Falleció un 4 de abril de 1944 en el hotel Castilla de Valladolid. De no se sabe muy bien qué; probablemente, de alegría. Hijo de Segundo y de doña Pepa; hermano de Teresa; labrador, vinicultor y trotamundos. Mecenas del club Real Valladolid y presidente del mismo desde 1933 hasta su muerte. Habitual de Paris y frecuentador de los grandes hoteles de Europa. 

  El apellido Cantalapiedra aparece recogido por el Cronista y Decano Rey de Armas, Don Vicente de Cadenas y Vicent, en su "Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica". Esto significa que el linaje Cantalapiedra tiene armas oficiales certificadas por Rey. El Repertorio es la mayor obra de heráldica española, donde aparecen los apellidos con su heráldica como el apellido Cantalapiedra ordenados alfabéticamente, con sus escudos.

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