viernes, 1 de mayo de 2020

XVI. 1 Actualidad: ¿Matar un elefante?

`Toda crisis entraña una oportunidad´ Einstein. 


              En lo que respecta a la Corona el escándalo mayúsculo de Juan Carlos I puede acabar suponiendo con poca paciencia que se tenga un reforzamiento para la Monarquía parlamentaria española. Ahora mismo, con la venganza de Corinna en marcha y sus bombas atómicas diarias, el zarandeo del prestigio de la institución es inevitable. Pero todo lo que está ocurriendo, a modo de catarsis nacional, sirve también para que muchos ciudadanos tomen conciencia de qué es esto de un Rey, para qué sirve y cuáles son las alternativas. Y, junto a la campaña de demolición de quienes agitan legítimamente su ideario republicano, se observa cómo de pronto muchos políticos y no pocos ciudadanos defienden nuestra forma de gobierno por su utilidad real y por la capacidad simbólica que mantiene. La tontería del juancarlismo fue un trampantojo al que se abrazaba sobre todo una cierta izquierda acomplejada para reivindicar la total compatibilidad entre monarquía y progreso por más que tengamos tan próximos ejemplos felices para la socialdemocracia como las Coronas nórdicas. Pero tampoco se atrevían mucho las derechas patrias a celebrar la vigencia de la institución, infinitamente más importante que sus miembros.

Y, así, España ha sido durante décadas la única Monarquía europea sin monárquicos, hasta para eso damos la nota, y parecía que tras el juancarlismo, la nada, lo que en realidad era un chollo para los republicanos que, bajo esa convicción, apenas tenían que esperar sentados a que el anterior Jefe del Estado cumpliera años. Hoy, asomados al abismo, España tiene la oportunidad de funcionar como una verdadera Monarquía parlamentaria. Quizá los parlamentarios, que tanto tienen que decir en esta forma de gobierno, dejen de ser tan irresponsables y se afanen al fin para aprobar una Ley de la Corona que tapone los agujeros negros que tantos disgustos nos han provocado. Quizá los Gobiernos de turno empiecen a darse cuenta de que su obligación primera pasa por proteger al Monarca hasta de sí mismo -cuando Aznar rezongaba que lo que le faltaba era tener que hacer de niñera de Don Juan Carlos abdicaba de una obligación sustancial de su cargo-. Y quizá la Familia Real, tras este gran susto, asuma como insoslayables cambios de comportamientos, como esos opacos viajes de cada verano, impropios de una Monarquía parlamentaria en la que la ejemplaridad de sus integrantes se debe traducir en no hacer nada que no se pueda explicar. Nos ha costado asumirlo 45 años.

   Es cierto: lo que le está sucediendo a Juan Carlos lo barruntábamos casi todos. Felipe VI tiene una enorme oportunidad de marcar distancias y de dirigir una monarquía por fin digna. Cuando, o mientras, ocurra esto, habrá que empezar con la clase política porque esta si que hay que cambiarla del todo. Es que JCI es un tarugo. Su aspecto actual no es más que el reflejo de su alma. de su forma de ser y de pensar. ¿pero a alguien con un mínimo de decencia y de sentido común se le puede ocurrir matar un elefante? 




           Es que una persona con una responsabilidad pública, por mínima que sea, no debería matar ni una mosca. Luego está lo de la casta política: a Iglesias y Montero, a Sánchez y CaLvo, a Rufián y Torra, a Casado y Abascal, al siniestro Urkullu y al gordo Junqueras, le viene bien esta polémica porque diluye sus miserias. En cuanto Felipe ponga un poco de orden en sus asuntos hay que acabar con todos estos mentecatos.
              Hablar de Monarquía parlamentaria es hablar de la institución del Estado más digna, más noble, más responsable, más necesaria para el bienestar político y social de un pueblo. Ocupar esa institución es un honor, pero a la vez el sacrificio humano más impresionante. Ver a JCI como un despojo humano por haber recibido regalos indignos, no controlar sus miserias, no evitar escándalos indica la dificultad suprema de ejercer este cargo. Una familia monárquica rota en mil pedazos es una catástrofe vital. España, espejo también roto en mil pedazos, debe valorar la aportación monárquica al bien común y el esfuerzo profundo y constante en su servicio al Estado. Su presencia es tan necesaria que difícilmente puede imaginarse a nuestro Estado sin Monarquía parlamentaria, las alternativas serían catastróficas.
          La Monarquía Parlamentaria Española, ha sido elegida en referéndum por todos los españoles y es la Piedra Angular de nuestro sistema democrático y el único pilar sólido, a cuya altura no están la mayoría de los partidos políticos. Es necesaria e imprescindible para la supervivencia de España. Imagínense por un segundo, La República el PSOE con la Presidencia del Gobierno y Podemos, PP, Cs, PNV, ERC y cualquiera de ellos con la Jefatura del Estado.  Vade Retro. 
    El primero que va a caer es Podemos. Ahí están los resultados de las elecciones en Galicia y el País Vasco y todas las encuestas. Iglesias y Montero, Montero e Iglesias, están haciendo lo indecible por cargárselo. Por cierto ¿Dónde se comprará las chaquetas Iglesias? ¿No hay nadie en todo el aparato del Estado que pueda asesorarle en este campo? O hagamos una colecta y se la compramos entre todos. Por 300 euros le compramos un elegante traje matón leonino, como le gustaba vestirse a Zapatero.

          Al ver la dedicación con que el pasado día 16, festividad de Nuestra Señora del Carmen, Pedro Sánchez siguió a los Reyes y a las infantas en el Patio de la Armería del Palacio Real para saludar al personal, no cabía más remedio que pensar que este hombre tiene un problema insuperable con el protocolo. ¿Puede el presidente del Gobierno invitar a un acto solemne que se celebra en el Palacio Real? Solo en la misma medida que el alcalde de Madrid pueda invitar a una reunión a celebrar en La Moncloa.

  Había mostrado una querencia en el besamanos de la Fiesta Nacional de 2018, cuando encabezó junto a su mujer el desfile de autoridades y famosos para presentar sus respetos a los Reyes y, después de hacerlo, en vez de continuar su camino, se colocaron a la vera de la Reina Letizia, dispuestos a recibir parabienes. Les seguía en el protocolo la presidenta del Congreso, Ana Pastor, que desconcertada les estrechó la mano a ambos. Su marido se limitó a juntar las palmas de las manos, mientras un propio de Protocolo acudió raudo para llevarse a los intrusos. Aquella misma tarde, La Moncloa achacó la responsabilidad a un error de los servicios de protocolo de la Casa Real, así está el tema.s


     Por lo demás, el presidente del Gobierno está tan vagaroso en el cargo como su  vice segundo en sus chaquetas. Los dos están muy empeñados en tirar del hilo de Corinna Larsen para destejer la Monarquía. Es más barato y más rentable que tirar de Dina Bousselham para ver en qué se queda el montaje de Pablo Iglesias con esa asesora tan extraña, republicana en España y monárquica en su Marruecos de origen .Muy bien pagada, es cierto. Sesenta y cinco millones de euros es muchísima pasta.  El Rey Emérito pecó al creer que podía comprar lo que la naturaleza empezaba a cuestionarle seriamente. Hay edades y dignidades en las que no se puede andar con tonterías, quiero decir que a mí todo esto me parece inadecuado, pero que después de todo uno no es Doña Sofía.
                 Por si todo esto fuese poco, el presidente de la Generalidad de Cataluña, Quim Torra, anunciaba en víspera de la visita de los Reyes de España que estudia presentar una denuncia contra el Rey Emérito, Corinna Larsen y otros que pudieran estar implicados en prácticas corruptas. No puede mirar para otro lado, anuncia este menguado, que es justamente lo que se siente obligado a hacer en el caso de Jordi Pujol Soley, cabeza visible, de lo que el juez De La Mata considera la dirección de una organización criminal integrada por mucha gente del partido de Torra, la banda del 3%.
    Entendimiento y valores morales: palabras en boca del Rey para resumir lo que el país más necesita. Entendimiento y compromiso entre los políticos, entre los ciudadanos, entre las instituciones, entre el pasado y el presente, para afrontar un futuro cargado de incertidumbres. Una urgencia puesta de manifiesto abrupta y desgarradamente por un virus y su cortejo de enfermedad y muerte.
        Felipe VI ha rendido homenaje al pueblo. A los que han caído víctimas de la pandemia y a los que siguen en pie afrontando sus consecuencias. El Rey, inclinado ante los españoles por "su resistencia, su disciplina y su compromiso", ha roto el cerco que se cierne en los últimos tiempos contra la Corona. Ha conjurado el pasado y lo ha hecho uniéndose al duelo y al temor que hoy embarga a los ciudadanos, zambulléndose en su pena pero también sumándose a su fortaleza y apuntándose a su capacidad de superación.

          El jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, se ha situado en un plano secundario para destacar el protagonismo de los españoles, de la gente de la calle, de los sanitarios, de los trabajadores esenciales, de todos los que han combatido la pandemia en primera fila, en segunda, en tercera..., en los hospitales, en las residencias, en los supermercados, en los transportes y entre los muros de sus casas, como artífices del futuro de la nación.

Miles de personas, recordó, cuya conducta, ha sido ejemplo de los valores cívicos y morales de la sociedad y que constituyen "la mejor razón para la esperanza colectiva". Ética, solidaridad, esfuerzo, ésas han sido las claves de una intervención que ha tenido algo de renovación de votos ante los españoles.
               Un valor y un deber cívico, dijo, que "nos compromete a todos" para poder "mirar al futuro con confianza". Un "deber" que el Rey ha reivindicado hoy también para sí mismo. Felipe VI ha entregado en prenda su palabra ante millones de españoles que en los últimos tiempos recelan de una forma de Estado, encarnada durante cuatro décadas, por otro monarca que les ha decepcionado.
           Hagámoslo, pidió, "desde el respeto y el entendimiento, la responsabilidad, la fuerza moral y el espíritu de superación que ha demostrado el pueblo español y que nos muestra el camino a seguir". Un rumbo emprendido y marcado por la "vocación de concordia, de libertad y de tolerancia" que imprimió la generación más mayor del país y que más ha sufrido el zarpazo de la Covid. Un rumbo que, hoy, la clase política no sabe seguir.
           Un camino que ha de ser recto también, y en primer lugar, para la Corona porque sólo así los españoles volverán a ver al Rey como uno de los suyos. Felipe VI lo sabe y hoy, entre las líneas de su discurso impregnadas de solemnidad y tristeza, lo ha dejado traslucir.


        Por ahora resulta innecesario un confinamiento general en el Estado, pero si la incompetencia o la falta de recursos –entre otros, de los trazadores necesarios– obligaran a ello tendría unas consecuencias económicas insoportables para muchos. Tampoco se oculta que lo que ocurre en Cataluña tiene carácter disuasorio en toda España: será difícil que vengan turistas a cualquier parte de nuestro territorio cuando Francia está pensando en cerrar las fronteras con Cataluña.

Así las cosas, si la Generalitat no consigue en horas el control del territorio, puede ser necesario que el Estado vuelva a decretar el estado de alarma, al menos parcial sobre los territorios catalanes y aragoneses más afectados. No estamos ante un problema político –vaya por delante esta evidencia–, sino ante una necesidad sanitaria extrema, en la que están en juego la vida de las personas y la supervivencia económica del país.

¿Francia está pensando cerrar las fronteras con Cataluña o con España? Me temo que el confinamiento general será en otoño inevitable en España y sus consecuencias económicas serán insoportables para la mayoría salvo que prime la cordura y se hagan las reformas que ya nos pidió Bruselas en 2012 y que nos vuelve a exigir ahora. Entre estas reformas, aparte de la inevitable reducción de las pensiones y el aumento del IVA, esté el drástico ajuste del coste político. sobran políticos (más del 50%) y tienen que cobrar menos. Se va a resentir el sector de la hostelería pero es inevitable

                
Corinna acusa a Juan Carlos I de utilizarla como testaferro