En lo que respecta a la Corona el escándalo mayúsculo de Juan Carlos I puede acabar suponiendo con poca paciencia que se tenga un reforzamiento para la Monarquía parlamentaria española. Ahora mismo, con la venganza de Corinna en marcha y sus bombas atómicas diarias, el zarandeo del prestigio de la institución es inevitable. Pero todo lo que está ocurriendo, a modo de catarsis nacional, sirve también para que muchos ciudadanos tomen conciencia de qué es esto de un Rey, para qué sirve y cuáles son las alternativas. Y, junto a la campaña de demolición de quienes agitan legítimamente su ideario republicano, se observa cómo de pronto muchos políticos y no pocos ciudadanos defienden nuestra forma de gobierno por su utilidad real y por la capacidad simbólica que mantiene. La tontería del juancarlismo fue un trampantojo al que se abrazaba sobre todo una cierta izquierda acomplejada para reivindicar la total compatibilidad entre monarquía y progreso por más que tengamos tan próximos ejemplos felices para la socialdemocracia como las Coronas nórdicas. Pero tampoco se atrevían mucho las derechas patrias a celebrar la vigencia de la institución, infinitamente más importante que sus miembros.
Y, así, España ha sido durante décadas la única Monarquía europea sin monárquicos, hasta para eso damos la nota, y parecía que tras el juancarlismo, la nada, lo que en realidad era un chollo para los republicanos que, bajo esa convicción, apenas tenían que esperar sentados a que el anterior Jefe del Estado cumpliera años. Hoy, asomados al abismo, España tiene la oportunidad de funcionar como una verdadera Monarquía parlamentaria. Quizá los parlamentarios, que tanto tienen que decir en esta forma de gobierno, dejen de ser tan irresponsables y se afanen al fin para aprobar una Ley de la Corona que tapone los agujeros negros que tantos disgustos nos han provocado. Quizá los Gobiernos de turno empiecen a darse cuenta de que su obligación primera pasa por proteger al Monarca hasta de sí mismo -cuando Aznar rezongaba que lo que le faltaba era tener que hacer de niñera de Don Juan Carlos abdicaba de una obligación sustancial de su cargo-. Y quizá la Familia Real, tras este gran susto, asuma como insoslayables cambios de comportamientos, como esos opacos viajes de cada verano, impropios de una Monarquía parlamentaria en la que la ejemplaridad de sus integrantes se debe traducir en no hacer nada que no se pueda explicar. Nos ha costado asumirlo 45 años.
Es cierto: lo que le está sucediendo a Juan Carlos lo barruntábamos casi todos. Felipe VI tiene una enorme oportunidad de marcar distancias y de dirigir una monarquía por fin digna. Cuando, o mientras, ocurra esto, habrá que empezar con la clase política porque esta si que hay que cambiarla del todo. Es que JCI es un tarugo. Su aspecto actual no es más que el reflejo de su alma. de su forma de ser y de pensar. ¿pero a alguien con un mínimo de decencia y de sentido común se le puede ocurrir matar un elefante?
Había mostrado una querencia en el besamanos de la Fiesta Nacional de 2018, cuando encabezó junto a su mujer el desfile de autoridades y famosos para presentar sus respetos a los Reyes y, después de hacerlo, en vez de continuar su camino, se colocaron a la vera de la Reina Letizia, dispuestos a recibir parabienes. Les seguía en el protocolo la presidenta del Congreso, Ana Pastor, que desconcertada les estrechó la mano a ambos. Su marido se limitó a juntar las palmas de las manos, mientras un propio de Protocolo acudió raudo para llevarse a los intrusos. Aquella misma tarde, La Moncloa achacó la responsabilidad a un error de los servicios de protocolo de la Casa Real, así está el tema.s
Así las cosas, si la Generalitat no consigue en horas el control del territorio, puede ser necesario que el Estado vuelva a decretar el estado de alarma, al menos parcial sobre los territorios catalanes y aragoneses más afectados. No estamos ante un problema político –vaya por delante esta evidencia–, sino ante una necesidad sanitaria extrema, en la que están en juego la vida de las personas y la supervivencia económica del país.
¿Francia está pensando cerrar las fronteras con Cataluña o con España? Me temo que el confinamiento general será en otoño inevitable en España y sus consecuencias económicas serán insoportables para la mayoría salvo que prime la cordura y se hagan las reformas que ya nos pidió Bruselas en 2012 y que nos vuelve a exigir ahora. Entre estas reformas, aparte de la inevitable reducción de las pensiones y el aumento del IVA, esté el drástico ajuste del coste político. sobran políticos (más del 50%) y tienen que cobrar menos. Se va a resentir el sector de la hostelería pero es inevitable
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