El acuerdo NGEU es algo sin precedentes en la historia de la UE, ya que la misma emitirá vínculos o bonos soberanos europeos para asignar subvenciones y préstamos a sus Estados miembros, pagándolos mediante la generación de recursos propios, a través de los impuestos directos, lo que se considera el primer paso hacia una integración fiscal en Europa.
Costó más de 90 horas consecutivas de reuniones, cientos de encuentros bilaterales y un buen número de disgustos, pero en la madrugada del lunes al martes, a las 05.30 y con el sol despuntando en Bruselas, los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 han logrado un acuerdo esencial para cerrar el Presupuesto de la Unión hasta 2027 y el Fondo de Recuperación tras la pandemia. Un paso sin precedentes, un mecanismo inédito de hasta 750.000 millones de euros para ayudar a los países más afectados, incluyendo hasta 390.000 millones de euros en transferencias directas.
Esta vez no será como siempre. No han hecho falta años para poner en marcha los mecanismos necesarios, sino semanas, apenas unos meses desde los primeros casos detectados en suelo europeo y batir un récord de 20 años, desde Niza, con el Consejo Europeo más largo de la historia. La solución no será sólo con préstamos, sino que habrá importantes subvenciones financiadas con una emisión sin precedentes de la Comisión Europea en los mercados. Y habrá condicionalidad, reformas para poder acceder a las ayudas y desembolsos, pero no Troika o Memorandos de Entendimientos como los de los rescates de la última crisis
"Hemos mostrado responsabilidad colectiva y solidaridad, hemos mostrado que creemos en nuestro futuro común. Este acuerdo es una clara señal de que Europa es una fuerza de acción. Este acuerdo será un momento crucial en el viaje europeo. Es la primera vez en la historia que nuestro presupuesto se vincula a los objetivos climáticos. Que el respeto del estado de derecho es una condición necesaria. La magia del proyecto europeo funciona gracias a las cooperación, la voluntad de trabajar juntos, de superar dificultades, a la capacidad de de enfrentarnos a todo unidos", ha celebrado en una conferencia de prensa Charles Michel, el coordinador de la reunión.
"Europa ha demostrado que es capaz de abrir nuevos caminos en una situación tan especial", ha destacado la canciller Merkel. "No solo es una de las cumbres europeas más largas de la historia, también es un día histórico para Europa", se ha unido Macron. "Es un gran acuerdo para Europa y para España. Se ha escrito una de las páginas más brillantes de la historia europea. Es un auténtico Plan Marshall", coincide Pedro Sánchez.
El Marco Financiero para el periodo 2021-2027 será menor que el anterior, algo inevitable después de que el Brexit privara de un contribuyente neto decisivo como Reino Unido. La cantidad pactada será de 1,074 billones de euros. Menos del 1,1 que pedían la Comisión o España, pero más que el billón escaso que pedían los frugales. Pero incluye inevitablemente rebajas en la PAC y en Cohesión, las dos partidas principales. La UE se quiere modernizar, pasar a la digitalización y la transición verde, y eso implica cortes en las grandes partidas históricas.
Durante los últimos cuatro días,
Emmanuel Macron,
Angela Merkel y otros líderes europeos han sostenido, en público y en privado, que un Plan de Recuperación europeo frente a los desastres del
coronavirus tenía que tener, como mínimo, 400.000 millones de euros en transferencias directas no reembolsables. Dinero que la Comisión Europea capte en los mercados y vaya repagando desde 2026 hasta 2058 para que los países de por sí más endeudados no acaben sepultando en compromisos a las próximas generaciones. La propuesta original franco-alemana, y de la Comisión Europea, era medio billón de euros, pero la negociación que arrancó el viernes por la mañana y que seguía abierta en Bruselas forzó a ir recortando y recortando.
Portugal, España o Italia decían que romper el umbral de los 400.000 no es sólo algo político y simbólico (pues ya es una concesión del 20% a los austeros), sino un problema económico, porque el efecto macro sería insuficiente para el total del continente. El problema es que la propuesta 'final' del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, presentada en la tarde de ayer, se quedada en 390.000 millones. Era su apuesta tras dos días de infinitas conversaciones, bilaterales y en grupo y un fin de semana de encierro y torturas. Creía que ahí (y sólo ahí) podía estar el punto de inflexión. Y tenía razón: Países Bajos y los frugales, tras una batalla que dejará cicatrices, dieron su visto bueno. Por fin.
Tras 48 horas de agresividad, reproches, juego sucio y total pesimismo surgió la voluntad y prevaleció el sentido común. Los últimos dos días han sido extraños en Bruselas. Las grandes reuniones de líderes son siempre una incógnita, no están sujetas a reglas y corsés, pero los Consejos Europeos tienden a seguir una agenda, una escaleta, razonablemente previsible. Y cuando el formato se altera completamente, interpretar los ritmos, las posiciones y las posibilidades de acuerdo resulta mucho más complicado.
El domingo la reunión tenía que haber empezado a las 12.00 del mediodía, pero los líderes se sentaron juntos por primera vez pasadas las 19.00 h. para cenar. A diferencia de los dos días anteriores, se pasaron la noche en vela y no pararon hasta que el sol ya había despuntado en Bruselas.
Funcionó, porque se pasó del vuelo de cuchillos y reproches a la esperanza el lunes por la mañana. "Espíritu positivo para un acuerdo"; dijo Macron a su llegada. "Tenemos un marco", dijo la canciller Angela Merkel. "La sensación es que después de una negociación muy difícil y varios compromiso, nos movemos hacia un acuerdo", se sumó el croata Plenkovic.
Estos días, España ha mantenido una posición constructiva con un objetivo claro: llegar a un acuerdo. Haciendo un ejercicio de diálogo, escucha, hablando con todos los líderes, sobre todo con los países menos receptivos a las transferencias. No hay gobiernos más o menos europeístas, todos tenemos nuestra perspectiva de cómo tiene que ser la respuesta", dijo el español
Pedro Sánchez rebajando el tono y no alineándose con el italiano Conte, que en la víspera acusó a los frugales de estar contra las instituciones y el proyecto europeos. "Diálogo, empatía, determinación, responsabilidad. Necesitamos este acuerdo, y esperemos que en las próximas horas", añadió el presidente, poniendo la otra mejilla y pidiendo a sus rivales más fieros estos días que ellos también se pongan en sus zapatos.
¨ La jornada de ayer estuvo marcada por los recortes. El esqueleto del acuerdo está bastante claro desde el primer minuto de esta Cumbre: menos transferencias, condicionalidad más dura para las reformas y los desembolsos y unos cheques compensatorios para los contribuyentes netos. Pero faltaban los ceros. Michel, bien pasada la tarde, propuso un Fondo de Recuperación todavía de 750.000 millones, con 390.000 millones en trasferencias y 360.000 en créditos. Y mantuvo su idea de un Marco Financiero 2021-2027 de 1,074 billones.
La idea fulmina más de 100.000 millones en subvenciones directas, lo que implicaría tajos brutales en el llamado Fondo de Transición Justa para economías no verdes, que pasaría de 30.000 a 10.000 millones de euros (algo inaceptable para Polonia). Para la I+D, que baja de 13.500 a 5.000 millones. Los Fondos de Desarrollo Rural, que caen a menos de la mitad (7.000 millones), Horizon UE (apenas 5.000 millones), o el programa de Salud, que desaparecería completamente. No por casualidad, los programas que dependen 'de Bruselas' y no de las capitales.
España podría sufrir algunas pérdidas respecto a los 140.000 millones a los que aspiraba, a la falta de concretar los detalles, pero en todo caso menos que otras, pues el grueso de sus transferencias venían del mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Fuentes del Gobierno italiano, por ejemplo, indican que su país tendrá las mismas transferencias y optaría incluso a más préstamos. Y algo así podría ocurrir con el nuestro.
En la parte de la Condicionalidad, el holandés Mark Rutte se sale parcialmente con la suya. El borrador presentado para la cena, con bastante consenso, permite que un país (o más) puedan verbalizar sus dudas sobre el cumplimiento del Plan Nacional de Reformas de otro y la evaluación de la Comisión, lo que exigiría que los jefes de Estado y de Gobierno tuvieran que abordar el tema en persona (en el siguiente Consejo Europeo, pero en principio no por unanimidad.
Quizás no sea un veto, pero sí se podría retrasar hasta en tres meses todo el proceso, lo que reduce la ventana de oportunidad y complica mucho la vida a los países que como España o Italia más necesidades tienen, pero cuya habilidad absorbiendo fondos y gestionando proyectos está en cuestión. "Paradójicamente, el sistema, el saber que habrá un par de ojos más mirando, puede hacer que no sea necesario usarlo nunca". ha afirmado Rutte, apuntando a que todos tendrán mucho cuidado en las reformas que prometen y su cumplimiento si no quieren encontrarse un obstáculo político y una crisis de imagen seria en la Unión.
El tercer elemento son los cheques compensatorios. La tabla anterior fijaba que Dinamarca recibiría un factor corrector de 222 millones; Austria, 287; y Suecia, 823. Alemania recibiría 3.671 y Países Bajos, algo más de 1.575 millones. Con la última revisión actualizada para seducirles, Dinamarca subiría a 377 millones. Austria doblaría hasta 565 millones. Suecia gozaría de 1.069 millones y Alemania seguiría con sus 3.671. Son regresivos, son un problema para el Parlamento, la comisión y la mayoría de los socios. Y son carísimos, más de 50.000 millones de euros hasta 2027. Pero también, en estos momentos, son innegociables e imprescindibles para un acuerdo.
Otra de las cuestiones más delicadas este largo fin de semana ha sido la del Estado de Derecho: esto es, si el desembolso de los fondos europeos en el Presupuesto debe de estar vinculado inexorablemente al respeto escrupuloso de las normas comunitarias. Hungría y Polonia tienen expedientes abiertos desde Bruselas, apelando al Artículo 7 de los Tratados, el arma más poderosa (aunque poco efectiva) del acervo, y muchos socios, con Países Bajos a la cabeza, han apretado estos días.
El resultado final, sin embargo, ha quedado muy aguado. Viktor Orban tenía como primera y a ratos única prioridad que eso no se materializara, y ha sabido leer bien la situación, mover sus fichas y condicionar su apoyo (y posible veto) al lenguaje que se utilizara. Que es mucho menos concluyente que el recogido en la propuesta inicial del presidente Charles Michel. Para muchos en un sacrificio doloroso, pero para la mayoría, inevitable. Se volverá al tema, no queda zanjado, pero la prioridad estaba clara y fuentes diplomáticas aseguran que hay
Una vez que los líderes han dado el visto bueno, se abre ahora el proceso de ratificación, que incluye un voto del pleno del Parlamento Europeo. Durante meses, los diputados han presionado y aprobado resoluciones pidiendo ambición y que no hubiera trucos contables. La cámara quería un paquete más ambicioso, más cantidad de transferencias, un Presupuesto mucho más grande y, especialmente, mucha más voluntad en la parte de los llamados recursos propios. La UE se financia sobre todo con las aportaciones nacionales, y apenas recolecta de ciertas cuestiones aduaneras y el IVA. La idea para los próximos siete años es ingresar más gracias a elementos como una tasa sobre los plásticos o la posibilidad de peajes en frontera por la emisión de carbón.
Con ese dinero, de hecho, se pagarías los intereses y el capital de la deuda que la UE va a emitir en los mercados para financiar sus planes. Pero con lo que hay sobre la mesa no salen las cuentas. A pesar de ello, no hay miedo entre los 27. No creen que el Parlamento vaya a bloquear nada después de tanto esfuerzo y defienden que la propuesta es histórica, ambiciosa y que de hecho tiene más transferencias (390.000) millones que créditos (
España quería más. Respaldaba la propuesta inicial de la Comisión, con medio billón en transferencias y 250.000 millones más en créditos, pero pactar, en la UE, implica siempre ceder, incluso en las cuestiones más importantes. "Claro que sí, claro que me hubiera gustado tener 500.000 millones en transferencias, pero entre tener 390.000 millones y cero hay un salto importante. Ya dije que todos tendríamos que ceder, porque la única línea roja era tener un acuerdo, que da certidumbre, esperanza y un horizonte. Hoy es un día histórico", ha respondido a las preguntas de los corresponsales.
La propuesta inicial de la Comisión recogía 77.300 millones en transferencias y 63.122 en préstamos para nuestro país, un total de 140.000 millones, el segundo dato más alto después de Italia. Pero con los cambios introducidos, en el reparto entre ambas partidas y el cambio de prioridades, habrá modificaciones. "España ha logrado aproximadamente 140.000 de euros, el 11% del PIB español.
De esos 72.700 serán en transferencias y el resto, en préstamos", ha asegurado Sánchez. Eso supone unos 5.000 millones menos en subvenciones directas respecto al punto de partida de la negociación. "Estamos satisfechos al 95%", ha reconocido el presidente, pues aunque lo que le corresponderá a España cae un 6,5%, hay que tener en cuenta que el monto total de transferencias en el paquete europeo lo hace en un 22%.
- 140.000 millones de 750.000, casi el 20%
- 72.000 de transferencias, de 390.000, casi el 20%
- 68.000 de créditos, de 350.0000
Acuerdo. La Unión Europea ha pactado a las 5.30 de la madrugada de este martes el mayor salto en su modelo presupuestario desde que hace 30 años estableció el marco financiero plurianual y dobló los recursos destinados a la cohesión. Los 27 socios de la Unión, por unanimidad, han acordado establecer
un fondo de reactivación para paliar los daños económicos de la covid-19 dotado con 750.000 millones de euros, y un marco financiero para 2021-2027 de más de un billón de euros. Por primera vez en la historia de la UE, las subvenciones se financiarán con emisiones de deuda conjunta, un hito en la evolución presupuestaria de un club que nunca se había adentrado tanto en la senda de una posible unión fiscal.
“Deal”, ha anunciado el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, a las 5.30 de la mañana. Un escueto mensaje en inglés en su cuenta de Twitter que remataba cinco días de cumbre europea, una de las más largas de la historia de la UE. El anuncio provocaba una cascada inmediata de declaraciones y reacciones, muchas de ellas colocando el énfasis en el alcance del acuerdo alcanzado. “¡Un día histórico para Europa!”, ha proclamado inmediatamente el presidente francés, Emmanuel Macron, uno de los artífices, junto a la canciller alemana, Angela Merkel, del mayor pacto financiero en la historia del club: 1,8 billones en total, incluidos los 750.000 millones de euros del fondo contra la crisis de la pandemia. “No fue fácil, pero al final nos encontramos”, ha afirmado Merkel. A juicio de la canciller, “Europa ha demostrado que es capaz de abrirse camino en una situación tan especial”.
“ " Es el acuerdo adecuado para Europa en estos momentos”, ha valorado Michel en la rueda de prensa posterior a la última jornada de la cumbre. “Hemos demostrado que la magia del proyecto europeo funciona porque cuando pensamos que es imposible, sale adelante gracias a la cooperación y a la voluntad de trabajar juntos”, ha señalado el presidente del Consejo tras cerrar con éxito una de las negociaciones más complejas de los últimos años y en la que él se jugaba buena parte de la credibilidad de un mandato estrenado hace apenas ocho meses. Junto a él, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, impulsora del proyecto del fondo, ha calificado el acuerdo como “un gran paso adelante”. “Han sido casi 90 horas de negociación, pero ha merecido la pena”, ha añadido Von der Leyen.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha calificado el paquete como “un auténtico Plan Marshall”. “La Comisión Europea se endeudará por primera vez en la historia para financiar programas”, ha recordado Sánchez, quien ha añadido que se trata de un hecho “inédito”. Sánchez ha detallado que España recibirá 140.000 millones de euros (el equivalente al 11% del PIB español) en seis años. De esta cantidad, 72.700 millones corresponden a subsidios y el resto a préstamos. “Es un impulso extraordinario”, ha añadido Sánchez, quien ha insistido en que se trata de un “gran acuerdo para Europa y para España”.
El fondo nace tras la fiera resistencia de un pequeño grupo de países, liderado por el primer ministro holandés, Mark Rutte, que durante cuatro días y cuatro noches ha intentado reducir todo lo posible la ambición de las propuestas presupuestarias y
someter las ayudas a un derecho de veto que podría inutilizarlas. Aparte del reflejo austero, Países Bajos y sus aliados -Suecia, Austria y Dinamarca- temían, sobre todo, que se abriese camino a la emisión de deuda para financiar subvenciones. Un precedente que los autodenominados frugales no han logrado evitar.
Las larguísimas negociaciones,
no exentas de tensión y roces entre los socios, se han saldado con un pacto que recorta en parte el programa de subvenciones de medio billón de euros propuesto por la Comisión Europea, pero mantiene una potencia de tiro considerable y evita la amenaza de veto de cualquier capital. Y marca un hito en la evolución presupuestaria de la UE que será muy difícil de obviar en el futuro, sobre todo ante crisis de la magnitud de la provocada por la pandemia, con las mayores caídas del PIB desde la Segunda Guerra mundial. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, había advertido de que los socios debían sellar un acuerdo ambicioso y no apresurarse. Al conocer el contenido, ha considerado que “el Consejo Europeo demuestra que, cuando más se necesita, la UE da un paso adelante para ayudar a los ciudadanos de Europa”.
El plan pactado por los 27 destinará 390.000 millones a subsidios y 360.000 millones a préstamos, desembolsables en un 70% entre 2021 y 2022. Bruselas calcula que la suma del fondo, del próximo marco presupuestario (1,074 billones) y de la triple red de seguridad de préstamos para sistemas de regulación de empleo, gasto sanitario y avales a empresas (540.000 millones entre los tres mecanismos), logrará una movilización de recursos equivalentes al 17% de la Renta Nacional Bruta (RNB) de la UE, superior a la acometida por EE UU (15,9%) o China (4,2%) para responder a la pandemia.
Pero más allá de la envergadura financiera de la reacción comunitaria, la gran trascendencia del pacto sobre el fondo estriba en su diseño sin precedentes. Por primera vez en su historia, la Unión Europea se endeudará, y de manera masiva además, para lanzar un plan de subvenciones y créditos destinado a paliar el impacto de la crisis desencadenada por la covid-19 y para mitigar el riesgo de fragmentación económica entre los socios comunitarios. “Es el acuerdo económico más importante desde la creación del euro”, ha valorado el comisario europeo de Economía, Paolo Gentilloni.
Hasta ahora, la Unión nunca había emitido deuda para financiar un programa de transferencias directas desde la caja central hacia los países necesitados, en este caso, por sufrir las consecuencias económicas de la pandemia. Los instrumentos de cohesión, como los fondos estructurales o la política agrícola común, se sufragan con la aportación anual de los Estados y con los ingresos propios de la Unión, como los aranceles. Las ayudas para la pandemia, en cambio, se financiarán con números rojos amortizados de manera conjunta por los Estados durante 30 años.
La fórmula del endeudamiento era
un tabú para países como Alemania o Países Bajos. Pero a raíz de la pandemia, la canciller alemana, Angela Merkel, anunció el 18 de mayo junto al presidente francés, Emmanuel Macron, una propuesta para crear un fondo de medio billón de euros en subvenciones para paliar los daños de la covid-19.
El giro de Merkel cogió desprevenidos a propios y extraños, incluido el lado francés, que no se esperaba tamaña concesión. Pero, sobre todo, sorprendió con la guardia baja a Rutte y sus aliados, que confiaban en Berlín para frenar cualquier atisbo de mutualización de la deuda cuando la pandemia abrió el debate sobre los eurobonos y los coronabonos.
La fórmula propuesta por Merkel y Macron, e incorporada a la propuesta de la Comisión, no va tan lejos como los eurobonos, pero acepta que se utilice el presupuesto comunitario, previa ampliación del techo de gasto hasta el 2% de la Renta Nacional Bruta, para colocar deuda en los mercados e inyectar esos recursos en forma de subvenciones.
La propuesta desarboló a los frugales, que en apenas unos días intentaron armar un contraataque. Su plan alternativo, sin embargo, se resignaba a aceptar parte del proyecto franco-alemán, incluida la ampliación del techo de gasto del presupuesto comunitario para emitir deuda. Su única petición es que se transfiriera en forma de crédito y no de subvenciones. Han mantenido esa exigencia durante semanas. Pero han claudicado durante la cumbre ante la evidencia de que la inmensa mayoría de los socios apoya la propuesta de la Comisión. El acuerdo de este 21 de julio marca así un hito en la gestión de las cuentas del club, que nunca antes se había aventurado por un camino que apunta, aunque sea en la lejanía, hacia la unión fiscal.
El precio para lograr el pacto ha sido elevado. Y no solo en términos de esfuerzo y recursos humanos, con una cumbre europea que se ha prolongado desde las 10 de la mañana del pasado viernes hasta la madrugada de este martes, sino de valiosas concesiones políticas a unos socios y otros para llegar a la unanimidad.
La factura más tangible ha sido el mantenimiento de los llamados cheques, los descuentos en la contribución al presupuesto comunitario que inauguró Reino Unido y que la Comisión Europea pretendía extinguir tras el Brexit. El acuerdo los mantiene para cinco de los contribuyentes netos -Alemania, Países Bajos, Suecia, Austria y Dinamarca- e incluso los amplía. La rebaja ascenderá a 52.000 millones de euros durante los próximos siete años. Los cuatro frugales se ahorrarán 27.000 millones, con La Haya apuntándose la mitad, 13.500 millones. Los frugales arrancan ese privilegio a pesar de que, según Bruselas, figuran entre los principales beneficiarios del mercado interior.
Cláusula de control
Menos visible, pero mucho más preocupante para muchas fuentes comunitarias, es la renuncia a un control estricto del respeto al Estado de derecho en la gestión de los fondos comunitarios. La iniciativa había sido impulsada desde hace meses por el Gobierno de Angela Merkel, entre otros, como reacción a las sospechas de enriquecimiento a costa del presupuesto de la UE que pesan sobre algunos oligarcas de Europa central vinculados a los políticos en el poder. Pero el mecanismo de vigilancia se ha descafeinado para no provocar el rechazo de socios como la Hungría de Viktor Orbán. Días antes de la cumbre, Alemania, que asumió el 1 de julio la presidencia semestral de la UE, dejaba claro que la prioridad era aprobar los planes de recuperación aunque fuera a costa de sacrificar ciertos objetivos, como el del mecanismo del Estado de derecho.
Otras concesiones, más directamente ligadas al fondo, se han logrado evitar en parte. Rutte, por ejemplo, reclamaba un derecho de veto para la liberación de las ayudas ligadas a la pandemia con el objetivo de frenar el flujo de recursos hacia
los países que no acometan la reformas para las que reciban financiación. La propuesta provocó el rechazo casi unánime del resto de los socios, que temían la parálisis del fondo, y de la Comisión Europea, que veía invadidas sus competencias.
El acuerdo final prevé la aprobación de los planes nacionales de reforma por mayoría cualificada, es decir, sin derecho de veto. Y la evaluación para autorizar el desembolso dependerá de la Comisión, previa opinión del Comité económico y financiero (donde se sientan técnicos de los ministerios de Economía de los 27). Si uno o más miembros de ese comité planteara objeciones, el expediente podría elevarse al Consejo Europeo (Jefes de Estado y de Gobierno) que dispondrá de tres meses para pronunciarse. Sin embargo, en la rueda de prensa posterior al Consejo Europeo, Mark Rutte se ha congratulado por esa estipulación. “Los 27 países miembros estarán vigilando si lo que estás haciendo se corresponde con lo comprometido”, ha señalado.
La Comisión se da por satisfecha con esa solución porque no establece un veto directo, sino una fórmula para parar el reloj. La decisión final siempre se adoptará por mayoría, sin veto, tras el pronunciamiento de los líderes de la UE. Y si el Consejo no se pronuncia en el plazo previsto, el expediente seguirá su tramitación normal y la última palabra volverá a la Comisión. El mecanismo no genera tanta incertidumbre como el propuesto por Rutte, pero aun así expone los desembolsos a una intervención política por parte del Consejo que, caso de pronunciarse en contra, podría equivaler a un veto político de facto.
La Unión Europea corría el riesgo de caer en la irrelevancia si no era capaz de aplicar una terapia potente a la crisis económica derivada del coronavirus, pero ha respondido finalmente al reto en términos suficientes y adecuados que configuran una proeza histórica, pese a la presión ejercida por algunos de los países. Los grandes de la UE –Alemania, Francia, Italia, España–, que representan más del 80% de la población y del PIB de la UE, estaban decididos a aplicar un generoso plan de subsidios y créditos que redimiera a los Estados más golpeados por la Covid-19, pero los países 'frugales' –y algunos otros que utilizan la rígida ortodoxia fiscal como señuelo para atraer multinacionales que se beneficiarán de un impuesto a la carta– han forcejeado para mantener algunas de sus prerrogativas; los 'frugales', al igual que Alemania por cierto, han conseguido jugosos cheques-descuento por aportar más que lo reciben.
Su rechazo al plan hubiera interferido en el sostenimiento o la ampliación de los Estados de bienestar de sus socios, ya que la epidemia ha generado en la ciudadanía una comprensible demanda de más Estado, de más sanidad pública en concreto. Finalmente, el plan ha sido aprobado con pequeñas variantes después de casi 90 horas de negociaciones y la condicionalidad ha quedado suavizada: no habrá derecho de veto pero sí un mecanismo de control. Los países deberán utilizar los recursos en la reconstrucción y habrán de remitir sus planes a la Comisión, que tendrá que aprobarlos por mayoría cualificada, y en caso de duda, el asunto podría elevarse al Consejo.
Pese a los forcejeos interminables, que probablemente han mostrado la cara más hosca del club europeo, los logros son incuestionables. El aspecto más innovador, inédito y cuasi revolucionario es la emisión de deuda para financiar un programa de transferencias de 390.000 millones de euros, ayudas directas que no hay que devolver, que forman el núcleo central de esta iniciativa porque son los que permitirán a países como España, fuertemente endeudados, poder reactivar su economía sin incrementar la deuda en exceso. A estas transferencias se añaden 360.000 millones más en créditos, hasta los 750.000 millones de la ayuda total. España es, detrás de Italia, el segundo país más beneficiado: recibirá 140.000 millones (el 11% del PIB) de estas ayudas europeas en seis años, de los cuales 72.700 millones serán en transferencias. Según los cálculos que maneja el Ejecutivo, a pesar del recorte del 22% que ha sufrido el volumen global de transferencias, la parte que le corresponde a España no se modifica.
Este caudal ingente de recursos, un verdadero 'plan Marshall' como ha vuelto a llamarlo Sánchez, proporciona a España medios relevantes para emprender la reconstrucción, y ahora llega la hora de distribuirlos mediante un consenso político lo más amplio posible dado que el proceso será largo y probablemente deberá ser gestionado por varios Gobiernos. El objetivo sigue siendo el mismo: no sólo hay que preservar la cohesión social y salvar de la ruina a las empresas viables en dificultades sino que el día de mañana ha de representar un salto cualitativo hacia adelante, de forma que incrementemos la productividad del conjunto. Al término de la cumbre, el presidente Pedro Sánchez manifestaba que los recursos se destinarán a «una recuperación verde, digital y a la mejora del capital humano para una economía competitiva, inclusiva y sostenible». Este ha de ser el objetivo.
En cuanto a Europa, no cabe duda de que la nueva posición más abierta de las grandes potencias tendrá consecuencias muy positivas. Tanto en el reflujo del euroescepticismo cuanto en el progreso de la Unión hacia encarnar una potencia con vocación federal, cada vez más y mejor integrada por lazos políticos, culturales, financieros y de solidaridad.
Yo cada vez que oigo, aquí en España, que los recursos van a destinarse a la mejora del capital humano me pongo a temblar. A la mejora del capital humano se han dedicado durante décadas los miles de millones que han corrompido a sindicatos y confederaciones empresariales. Seguro que saben ustedes que llegó a instituirse la figura del "alumno profesional": la persona que acudía a diario a tantas horas como la jornada laboral de la que se escaqueaba. La corrupción llegaba a todas las fases de la cadena de valor: dirigentes y bases, profesores y alumnos. academias y autores de libros de texto, proveedores de material didáctico, bares y restaurantes...
Y a la formación del capital humano se han dedicado los recursos que han corrompido las instituciones y la sociedad andaluzas y las cuencas mineras. Por eso algo que nos tiene que alegrar a todos los españoles que en esta ocasión establecer las condiciones y su control les corresponda a las instituciones europeas.
Resultan patéticas las escenas de los ministros, con el vicepresidente y su chaqueta a la cabeza, aplaudiendo a ese Sánchez que en estas ocasiones se crece y se balancea al andar como si fuera una piruleta. y uno no puede por menos que alegrarse al pensar que los recursos no dependerán de ninguno de estos personajes ni de los que vendrán después, en escenas de aplausos repetidas por 17 cuando intervengan las autonomías.
Pero el feliz mensaje es con el que concluye el editorial: el de hoy es un paso de gigante en el progreso de la Unión hacia encarnar una potencia con vocación federal, cada vez más y mejor integrada por lazos políticos, culturales, financieros y de solidaridad.
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