miércoles, 31 de agosto de 2022

10 . 5 Madrid Aromas de violetas

   Era la España de la autarquía y el intervencionismo, que no fue producto de una determinad ideología sino una necesidad impuesta por el cierre de fronteras, la debilidad del comercio exterior y la ausencia de créditos. Una opción de política económica heredera de la Dictadura de Primo de Rivera e inspirada en los planteamientos económicos de los fascismos europeos, sobre todo del italiano, de acuerdo con tres principios: 

 1) subordinación de la economía a una meta superior política: convertir a España en una gran potencia militar e imperial; implicaba la asunción por el Estado de la tarea de ordenar y regular la actividad económica y la sustitución del mercado por una prolija legislación reguladora.

2) Potenciación de los sectores más ligados al poderío militar, relegando a un segundo plano la industria de bienes de consumo y la agricultura. El instrumento fundamental de esta política fue el Instituto Nacional de Industria, INI.

 y 3) La autarquía: un país con vocación de imperio no podía depender de otros países y, menos de otras potencias rivales, por lo que debía tener como meta final lograr ser autosuficiente, con un proteccionismo a ultranza y limitación de las importaciones que quedarían bajo el férreo control del Estado. 

    El resultado fue una profunda depresión económica que duró más de una década, con una fuerte caída de la producción agraria que provocó una gravísima hambruna .​Empeoraron las condiciones de vida y trabajo de los jornaleros, de los campesinos pobres, de los obreros de las industrias y de los trabajadores de los servicios, con un marcado descenso de los salarios reales.​Se interrumpió el proceso de industrialización que España venía experimentando desde la segunda década del siglo XX, y no se consiguió recuperar los niveles industriales de 1935 hasta 1955. 

   Se disparó la inflación, debido a los cuantiosos déficits presupuestarios financiados con emisiones de deuda y el nivel de la renta nacional y de la renta per cápita de 1935 no se recuperó hasta mediados los años cincuenta; el consumo de la población, incluido el de productos de primera necesidad se hundió de forma dramática, y el hambre se cebó en millones de españoles, aunque los beneficios de los grandes propietarios agrarios, de las empresas y de la banca se incrementaron. 

     Lo sublevados habían ocupado la ciudad el 28 de marzo de 1939 y hasta el 8 de abril no entraron en la capital trenes con alimentos. Muchos ciudadanos se vieron obligados a cambiar monedas o joyas de oro por un chusco de pan negro, otros acudían a los cuarteles a pedir las sobras y muchas mujeres tuvieron que prostituirse por un poco de comida. Los alimentos se convirtieron en un bien escaso. La ropa se hacía a mano en cada casa, desde las medias y calcetines de lana hasta la ropa interior, jerséis de punto y los pantalones. Cuando una prenda se dejaba por vieja, de las partes sanas se hacían nuevas prendas para los más pequeños de la familia. Los fumadores, aparte de recoger colillas, secaban hojas de patatas que luego se fumaban.  

  El tabaco fue también racionado y sólo estaba destinado a los hombres, las mujeres quedaban excluidas, como en tantas cosas. Los niños, los grandes perdedores de las guerras, siempre en la calle, sobrevivían ejerciendo las más variopintas tareas, entre ellas la de buscar colillas para vender luego su exiguo contenido como tabaco picado.

Poco después de la llegada de los primeros trenes de aprovisionamiento a Madrid, el Auxilio Social empezó a repartir raciones hasta que a mediados de abril el gobierno autorizó la venta libre de alimentos. Un mes después se impuso la cartilla de racionamiento y se creó la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes (Comisaría de Abastos) que se encargó de repartir los artículos. Los gobernadores civiles eran los  encargados de sellar las cartillas de racionamiento con la leyenda «cien gramos de…»  

  La cartilla de racionamiento o salvoconducto del hambre consistía en un talonario formado por varios cupones, en los que se hacía constar la cantidad y el tipo de mercancía. Las había de primera, segunda y tercera categoría, en función del nivel social, el estado de salud y el tipo de trabajo del cabeza de familia y era de dos tipos: una para la carne y otra para lo demás. Cada persona tenía derecho a la semana a 125 gramos de carne, 1/4 litro de aceite, 250 gramos de pan negro, 100 gramos de arroz, 100 gramos de lentejas rancias con bichos, un trozo de jabón y otros artículos de primera necesidad entre los que se incluía el tabaco. 

 Pero una cosa era el derecho y otra lo que se podía adquirir realmente. Los productos que se entregaban eran garbanzos, boniatos, bacalao, aceite, azúcar y tocino. Rara vez se repartía carne, leche o huevos, que sólo se encontraban en el mercado negro. El pan, que era negro, porque el blanco era un artículo de lujo, quedó reducido a 150 ó 200 gramos por cartilla. A los niños se les daba además harina y leche y a los que habían pertenecido al ejército franquista se les añadía 250 gramos de pan. Los militares, guardias y curas tenían derecho a 350 gramos de pan blanco, por supuesto. En los pueblos, se tenía que contar con el permiso de las autoridades para hacer la matanza y en las casas se hacía el pan por la noche para evitar a los agentes de la Fiscalía. Las cartillas no fueron para todos. En muchos puntos de la geografía española, a las viudas de los fusilados del bando republicano no les fueron entregadas. 

  Total, si ya se habían cargado a sus maridos ellas podían desaparecer también, aunque esta vez la muerte no sería la bala de un fusil, si no el hambre. Con la necesidad, como siempre,  apareció la picaresca. Madres y abuelas borraban con miga de pan los sellos que se colocaban como señal de haber entregado los alimentos y mandaban a las niñas más pequeñas otra vez a la cola. Las cartillas deberían haber asegurado el abastecimiento de lo más imprescindible pero no fue así y como consecuencia de ello surgió un mercado negro (estraperlo) controlado por los grandes jerarcas afines al régimen. Tanto es así que en las tiendas se vendían todo tipo de productos “de lujo”  a precios desorbitados. 

Y ocurrió lo que tantas veces ha ocurrido a lo largo de la historia: las familias con dinero siguieron comiendo bien y los españoles fueron divididos nuevamente en distintas categorías: los ganadores con trabajo y sin carencia,  los sobrevivientes, perdedores de la guerra, que tenían un familiar fascista que les surtía de alimentos y por último los desgraciados cuyo destino fueron hospitales y campos de concentración. El término estraperlo proviene de tres famosos estafadores holandeses llamados Strauss Perlowitz, y  Lowann que casi tumbaron a la Segunda República, como consecuencia de la introducción de un juego de ruleta eléctrica de marca “Straperlo”. 


   Se llano asíal Comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado o sujetos a tasa. Madres y hermanas, esposas e hijas en una paciente, sufrida, dolorosa y desalentadora tarea de hogar y de familia. Llegaron a confeccionar tortillas sin huevo, guisos sin carne, fritos sin aceite, dulces sin azúcar, café con trigo tostado; hicieron pucheros con huesos, cocidos sin semilla ni patatas, embutidos de pescado.


”Las cartillas de racionamiento se utilizaron durante 13 largos años y y miles de largas colas. Si algo hacían los españoles en aquella época era esperar.   La ciudad se estaba trazando conforme al Plan Bidagor, considerado como expresión en el orden urbanístico de la ideología falangista: la capitalidad nacional debía suponer la organización eficaz de la dirección política y económica, la exaltación de los valores tradicionales que vinculan con el pasado histórico y la representación simbólica de la misión de España. 

La ciudad comienza a descentralizarse por la utilización del ferrocarril, culminándose el enlace de la estación de Atocha a la nueva de Chamartín para pasajeros y la creación de dos nuevas estaciones para clasificación de mercancías en Getafe y Fuencarral. El plan establece zonas diferenciadas: La ciudad antigua de los Austrias, el nuevo ensanche en la prolongación de la Castellana, tres suburbios (Las Ventas, Puente de Vallecas y la margen derecha del Manzanares), cuatro anillos verdes (El Pardo, Valdelatas, La Moraleja y El Plantío), quince núcleos industriales y los poblados satélites de Aravaca, Fuencarral,Chamartín, Hortaleza o Vallecas. 


Era una una etapa muy difícil para la ciudad, como pone de manifiesto el elevado número de robos, actos violentos, fallecimientos y ajusticiamientos. El crecimiento vegetativo de aquella ciudad devastada fue casi nulo, pero gracias a la gente que como ellos venían de los pueblos en busca de otros horizontes, Madrid no perdió población neta.
     La Plaza del Progreso, centro neurálgico del Madrid de los Austrias, es el límite norte del barrio de Lavapies: una planta triangular que se prologa hacia la calle de la Magdalena y la Plaza de Antón Martín. Data del año 1840, ocupando el solar que dejaría el derribo del Convento de la Merced, siendo alcalde Salustiano Olózaga, que se encargó de limpiar el terreno y plantar unos árboles. Uno de los laterales de la plaza da acceso al Teatro Nuevo Apolo, que se había inaugurado el 10 de diciembre de 1932 con el estreno de la zarzuela La verbena de la Paloma, sainete lírico con música de Tomás Bretón. En la obra aparecen personajes tan entrañables y recordados como las chulapas, el sereno, los guardias, el boticario, el tabernero, Don Hilarion, Don Sebastián, la tía Antonia. La plaza es recordada por Joaquín Calvo Sotelo en su obra Milagro en la Plaza del Progres. En la plaza vivió Tirso de Molina, religioso mercedario y poeta dramático. Y en ella tuvo su primer estudio de pintura el valenciano Joaquín Sorolla. 

  El número 1 de la Plaza del Progreso La Gran Vía es una de las principales calles de Madrid y el título del acontecimiento más importante del género de la revista musical en el siglo XIX. Como otros proyectos suntuarios (los hoteles Rizt de Madrid y Gran Hotel de Santander) la calle fue una iniciativa de Alfonso XIII, al que le dio por pensar que pensar debía en la apertura de una vía que facilitara el tránsito por el entramado de callejuelas que conformaban el centro histórico de Madrid espacio por el que transcurrían sus devaneos cotidianos. 

   En marzo de 1886 se aprobó un proyecto de calle del arquitecto Carlos Velasco. Presentaba una avenida de 30 metros de ancho con glorietas en los cruces con las calles más importantes, pero el proyecto no se llevó a cabo por la oposición de los vecinos, la falta de presupuesto y la muerte de Velasco. El 1 de junio de 1897, los arquitectos municipales presentaron su “Proyecto de reforma de prolongación de la calle de Preciados y enlace de la plaza del Callao con la Calle de Alcalá” , que fue aprobado el 1 de julio de 1901. 

  Tras muchas vicisitudes, el 4 de abril de 1910, comenzaban las obras con la presencia del propio Rey, acompañado de toda la familia real, el alcalde José Francos, el presidente del gobierno, José Canalejas. La nueva vía permitiría la comunicación directa entre los barrios de Argüelles y Salamanca, la descogestión de la Puerta del Sol, la desaparición de todo un cúmulo de calles estrechas y anti higiénicas y un más cómodo enlace entre las estaciones de Atocha y Príncipe Pío. 


   El I Rey Felón llegó a las once de la mañana, acompañado de su desgraciada esposa, Victoria Eugenia de Bergante (Ena) a la que acababa de menospreciar una vez más con una damisela de la corte. Una vez escuchada la Marcha Real y los discursos del alcalde y del presidente, don Alfonso descendió con parsimonia de la tribuna real, se dirigió a la Casa del cura y comenzó su demolición con una piqueta de plata, tras lo cual, los obreros, al frente de Álvaro Guadaño, comenzaron a trabajar. 

  El I Rey Felón fatigado, se fue a ver a su amante de turno, la actriz Carmen Ruiz Moragas. Y es que Alfonso XIII fue un mujeriego contumaz que no paró de ponerle cuernos a Ena. Era por demás: la niñera de sus hijos, francesas, inglesas, casadas, solteras, actrices, cantantes, cupletistas…y vedetes, Para colmo, padecía de halitosi, con lo que ciertamente no le aguantaba ni Primo de Rivera, que ya es decir. Al tálamo nupcial no acudía más que para procrear herederos. La hemofilia de Ena le valió de cruel excusa para tener amantes. Alfonso y Ena se tiraron los trastos a la cabeza nada más salir de España. 


La verdad es que el Rey Felón no tenía otras preocupaciones que su devoción por las mujeres, su afición a intervenir en política olvidando la Constitución y su pasión por la caza. Como luego su nieto Juan Carlos, II Rey Felón, a cazar elefantes e había ido un 27 de abril de 1927 con Soledad Quiñones, una aristócrata que mantuvo su romance hasta la muerte del rey en 1941. 

   En el ínterin, tuvo amoríos con Carmen Cabeza de Vaca. En los años cuarenta, tras el paréntesis de la guerra incivil, se reformaría la plaza de España, colofón de la Gran Vía, que albergaría dos de los edificios más representativos de la ciudad, el Edificio España y la Torre de Madrid. Al igual que ocurrió en Londres con Regent Street o en Paris con la Rue de la Paix, la Gran Vía supuso un cambio en las costumbre de los madrileños, pues albergó los primeros grandes almacenes, comercios de lujo, grandes salas de cine o cafés y cabarets. Cafés míticos en aquella Gran Vía de principios de siglo eran Iberia, Fontana de Oro, Levante, Prado, Café Social de Oriente, Correos, Gran Café de la Montaña, Granja del Henar, Lyon D'Or, Café del Inglés, Teide, Colonial, Universal, Café Fornos, Negresco, El Europeo….

   En la década de los 50 llegó la invasión inmobiliaria de los bancos y todos estos locales eran muy golosos. Sobrevivieron tres: el Gijón, con el siglo recién cumplido y principal baluarte de las tertulias de los últimos lustros; el Lyon, inaugurado en 1929, cuya estética amplia y oscura se presta bien a las elucubraciones, y el Comercial, en plena glorieta de Bilbao, principal punto de cita de los universitarios que vienen a estudiar a Madrid. 

  La noche comenzaba entonces en el bar de Pedro Chicote con su célebre museo de bebidas, por el que desfilaban muchas figuras como Robert Taylor, Ava Gardner o Tyrone Power. Y en Balmoral se reunía un grupo de noctámbulos, entre los que figuraba el periodista Alfonso Sánchez, el arquitecto Pepito Subirana o Jaime de Mora y Aragón. 

  Cuando en 1955 los americanos vinieron a rodar Alejando Magno, el bar del Castellana Hilton se convirtió en centro del cine de Hollywood. Los cómicos no podían hospedarse en el hotel Ritz. Sólo se habían hecho excepciones con Rita Hayworth y Grace Kelly, que se habían registrado como princesas. Desde la Gran Vía, cruzando la Puerta del Sol y la plaza de Canalejas, y hasta la de las Cortes, que prolonga la vía hasta la de Neptuno, discurre la Carrera de San Jerónimo, una de las calles más animadas de Madrid. 

  En tiempos, partían desde la Puerta del Sol hacia el Prado varios senderos; al construirse el monasterio de San Jerónimo en 1503, uno de estos aumentó su trasiego y se especializó en carrera, es decir, vía para carros..
   Fue el origen de la Carrera de San Jerónimo. Su importancia aumento al usar los Austrias el Buen Retiro como centro cuaresmal y de festejos, y cuando se incendió el Alcázar como palacio de la Corte de los primeros Borbones. En el siglo XVI comenzaron las edificaciones, y pronto palacios y conventos inundaron la calle. Su principal edificación fue el convento de San Francisco de Paula, llamado de la Victoria, en la esquina con la Puerta del Sol, a la derecha; fue fundado en 1561 y abatido en tiempos de la desamortización de Mendizábal. San Francis
 En la esquina con la calle de la Victoria se encontraba la fonda y café de La Fontana de Oro, con tertulia política en donde atronaba apocalíptica la voz de Alcalá Galiano entre los más exaltados oradores. En el número 8 estaba y está el restaurante Lhardy, inaugurado en el año 1839 por el francés Emilio Huguenin Lhardy Es considerado uno de los primeros y más antiguos restaurantes de Madrid, por lo menos tal y como se conoce hoy en día la restauración: carta con precio para cada plato. Si a media mañana apetece renovar fuerzas, hay que entrar y pedir un caldo, unas croquetas, unos hojaldritos o las célebres barquitas de ensaladilla o riñones como aperitivo. 

   Y si lo que se tiene es ganas de algo más contundente, un cocido madrileño, la especialidad de la casa. Cuando se abrió era una pastelería que poco a poco fue ofreciendo comidas. En la actualidad es una tienda y un restaurante con varios salones. El caldo es famoso desde 1885, servido en el samovar como auto servicio y situado en el interior de la tienda.
   La plaza de Canalejas empezó a formarse en las primeras décadas del siglo XiX donde antes era una simple encrucijada conocida popularmente como las Cuatro calles. Varios edificios la hermosean: la antigua sede del extinguido Banco Hispano Americano, en el número 1, construido entre 1902 y 1905. El edificio Meneses, en el 4; la casa Allende, en el 3, promovida por Tomás Allende para viviendas y edificada entre 1916 y 1920; y La Violeta, un pequeño y elegante establecimiento que desde 1915 vende unos caramelos con esencia de violetas y las delicadas violetas escarchadas elaboradas con pétalos de esa flor. Antes de llegar a la calle de Cedaceros está el palacio de Miraflores, construido entre 1731 y 1732.
    De Cedaceros partía y tenía su final una línea de tranvías de vía estrecha inaugurada en 1902, llamados inicialmente cangrejos por estar pintados de rojo En la esquina con esa calle y vuelta a la de Zorrilla, en terrenos hoy de la ampliación del Congreso de los Diputados, se fundó a fines del siglo XVI el hospital de San Pedro y San Pablo para italianos. 

   En el número 30 está Casa Mira, la turronería que en 1885 aquí estableció Luis Mira, un labrador de Jijona que elaboraba artesanalmente el turrón como tantos de sus convecinos. Donde estuvo el Hotel Rusia, en la esquina de la calle de Ventura de la Vega, una lápida recuerda que allí se efectuó, el 15 de mayo de 1896, la primera proyección de cinematógrafo en Madrid El entonces Distrito Residencial de Chamberí. estaba organizado administrativamente en seis barrios: Arapiles, Trafalgar, Almagro, Rio Rosas y Vallehemoso. 

   Forma parte de la llamada almendra central de la ciudad, cuenta con una población cercana a los 150.000 habitantes y está delimitado por las siguientes calles: por el oeste, calle de la Princesa; por el Sur: calle de Alberto Aguilera y calle de Sagasta; por el este: Paseo de la Castellana y plaza del Doctor Marañon; por el norte: avenida de Moncloa y Glorieta de Cuatro Caminos.  En el siglo XIX, estos terrenos estaban cubiertos de bosques y eran utilizados por miembros de la Corte para realizar cacerías. 

    Esta situación perduró hasta el reinado de Carlos I, momento en el que se empiezan a talar los bosques convirtiéndolos en dehesas y posteriormente en tierras de secano y eriales. En el siglo XVII, el 80 % de la tierra se reparte entre la Iglesia, los nobles y la monarquía; el resto pertenece a labradores acomodados que cultivan el cereal y la vid. A principios del siglo XI  empiezan a aparecer las primeras industrias ( ladrillos y tejas); es entonces cuando cuando empiezan a construirse las primeras casas de labranza y se trazan paseos y arbolados.

 Cambery es el nombre que le diron las tropas francesas de Napoleón que ocuparon la zona. Aqui se asentaron despues los negocios de los llamados “Chisperos”, herreros y artesanos de la forja, a los que se había prohibido instalarse en el centro de la ciudad por el peligro de incendios que conllevaba su oficio. 

   Una de las primeras fábricas que se construyeron en esta zona fue la original Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, que en 1720 se instaló junto a la plaza de Alonso Martínez. Pero si hubo una industria creciente en este arrabal hasta finales del siglo XVIII, fue la de las tejas, de tanta importancia en la época que esta zona llegó a conocerse como Barrio de los Tejares. 

    A mediados del XIX su población era de 700 vecinos y se contabilizaban 15 industrias, entre ellas cuatro tejares, varias factorías de productos químicos, dos tahonas, dos fundiciones y hasta un molino de chocolate. Tras la desamortización de los bienes eclesiasticos por Mendizábal, la mayor parte del terreno pasa a manos del Estado y su trazado entra en los diversos planes de ensanche de Madrid durante los siglos XIX y XX. 


   Como se trata de un área parcialmente ocupada, el trazado de sus calles no es tan regular como en el distrito de Salamanca. A partir 1868, con el Plan Ensanche de Madrid de Carlos María de Castro, este antiguo arrabal se revalorizó, comenzando a asentarse en la zona burgueses y aristócratas que le convirtieron en uno de las más elegantes de Madrid. Devino además en un barrio de enorme interés arquitectónico, mezcla de palacetes burgueses y edificios industriales, motivando que numerosos artistas hicieran de éste su lugar de residencia: en sus calles vivieron personajes como 

Vicente Aleixandre, Mariano Benlliure, Pérez Galdos, Camilo José Cela, Antonio Machado, Pio Baroja y Joaquín Soroya. 

   El Museo Sorolla está ubicado en un palacete del Paseo del General Martínez Campos de Madrid, emplazamiento que serviría de taller y vivienda a Joaquín Sorolla y Bastida junto a su mujer y tres hijos. El edificio fue construido en 1911 bajo la dirección del arquitecto Enrique María Repullés, que materializó los deseos del pintor de crear un espacio que fusionase el área de trabajo y su vivienda y que además contase con un espacio de jardín.​ 

 La vivienda conserva el ambiente original de muchos de los espacios de la casa, además de alojar una amplia colección de obras de Sorolla, así como también numerosos objetos que reunió como coleccionista durante su vida. Reúne mas de 1.000 obras de artista, que abarcan distintos temas y formatos, como son sus famosas "notas de color", pinturas preparatorias que realizaba como estudio previo a la realización de una obra de mayor formato.

  El primer sector en ser totalmente urbanizado es parte del barrio de Almagro, el llamado Triángulo de Oro, donde fijan su residencia a finales del XIX y principios del XX gran parte de la aristocracia española. El siguiente sector, contiguo al anterior, lo forma untrapecio limitado por la calle Génova, el paseo de la Castellana la calle de José Barbascal y la calle de Santa Engracia; en este sector aparece claramente la distinción social entre las viviendas de los paseos (pisos amplios, exteriores en inmuebles de calidad) con el resto de las calles (viviendas más pequeñas y con menos servicios). 

   En los años 50 del pasado siglo se construyen diversos edificios públicos como los Nuevos Ministerios, el Parque Movil Ministerial, las cocheras del tranvía, el Estadio de Vallermoso,  el Estadio de Vallermoso o la Dirección General de la Guardia Civil.Es con toda seguridad uno de los distritos más castizos de Madrid y una de las zonas más auténticas y señoriales de toda la ciudad, que se forjó más por las fábricas que por los paseos, más por los burgueses que por los aristócratas.
   Pero incluso el hambre genera mitos.


    Era un tiempo que el amor dolía hasta el desmayo y las mujeres se marchitaban como las flores. Lo único que importaba era vivir para amar y así morir. En aquellos años una mirada de una morena cauterizaba y con el garbo de su pisada un torero de tronío se hacía un relicario. Y todo a golpe de calesa con olor a violetas. El cuplé se convirtió en la banda sonora de un país que salía de una guerra. Y en ese país y en aquella época, destacaban cuatro rosas: Raquel Meller, Concha Piker, Sara Montiel y Celia Gámez.
  Raquel Meller (1988/ 1962) fue durante durante los años 30 y 40 la artista española de mayor éxito internacional. Estrenó famosas canciones, como  La Violetera y El Relicario, de Jose Padilla. Su voz, belleza, elegancia, y sus grandes ojos negros cautivaban. Tras sucesivos exitos internacionales charles Chapin le ofreció interpretar el papel principal en su película Luces de la ciudad; 

  Raquel dijo que no pero Charlot incorporó La Violetera  como tema principal de su película omitiendo la autoría del maestro Padilla. La violetera no fue escrita para ella, pero Raquel la hizo suya, cantándola por medio mundo.
   Concha Piquer (1906 /1990) Interpretó varias composiciones clave de la canción española:: Suspiros de España, Ojos verdes, Tatuaje, o Y sin embargo, te quiero. En 1933 conoció al poeta y letrista Rafael León que, junto con Joaquín y Serafín Álvarez Quintero crearon una serie de espectáculos en que aparecían canciones que se hicieron muy populares, como La Parrala o Romance de la reina Mercedes. Se retiró de los escenarios en 1958, tras perder la voz. Sara Montiel (1930/ 2013) actriz de cine y cantante que protagonizo las dos película más taquilleras de la historia del cine española: El último Cuplé y La Violetera. 

  En esa España gris y necesitada de fantasía bajo la censura franquista, Sara Montiel fue la cara más atrevida del espectáculo, gracias a su sensual manera de cantar y vestir. Estuvo casada con el director de cine Anthony Mann, y fue la primera española en triunfar en Hollywood, donde trabajó con varias de las máximas estrellas de la época, como Gary Cooper o Burt Lancaster. 

  Por su vida de pasaron muchos intelectuales como Miguel Mihura, Edgar Neville, Alfonso Sánchez, Alvaro de Laiglesia, el ciéntifico Severo Ochoa o el poeta León Felipe. Debutó en el cine año que nació el DNI, y actuó y cantó fumando esperó... aunque no sirviera para nada. Celia Gámez (Buenos Aires, (1908 /1992) llegó a Madrid en 194.

   Aquí fue vicetiple y cantante de tangos en Las corsarias. Pronto se convirtió en un fenómeno teatral y famosísima vedette de la escena madrileña, especialmente a partir del sonado estreno de la revista Las Leandras en 1945. 

L   as razones de su éxito son fáciles de comprender: no era una belleza arrebatadora; no tenía una gran voz, ni era una bailarina consumada. Pero tenía unas piernas maravillosas. 

   Doy fe porque me llevó mi abuelo una tarde de vino y rosas al Teatro Rialto de Madrid. Dicen las crónicas que la invitaba todos los días a una botella de Moet Sandón ...

y un ramito de violetas.
Era feliz en su matrimonio 
Aunque su marido era el mismo demonio 
Tenía el hombre un poco de mal genio 
Ella se quejaba de que nunca fue tierno 
Desde hace ya más de tres años 
Recibe cartas de un extraño
 Cartas llenas de poesía Que le han devuelto la alegría 
 ¿Quién te escribía a ti versos? Dime niña, ¿ quién era? 
¿Quién te mandaba flores en primavera? 
Con amor las recibías, como siempre sin tarjeta 
Te mandaba a ti un ramito de violetas 
 A veces sueña, a veces se imagina 
Cómo será aquel que a ella tanto la estima 
¿Será más bien hombre de pelo cano? 
Sonrisa abierta y de ternura en sus manos 
¿Quién será quien sufre en silencio? 
¿Quién puede ser su amor secreto? 
 Ella que no sabe nada Mira a su marido y luego se calla 
¿Quién te escribía a ti versos? 
Dime niña, ¿ quién era? 
¿Quién te mandaba flores en primavera? 
Con amor las recibías, como siempre sin tarjeta 
Te mandaba a ti un ramito de violetas 
Cada tarda al volver su esposo 
Cansado del trabajo, va y la mira de reojo 
No dice nada porque él lo sabe todo 
Ella es así, feliz de cualquier modo 
 Porque él es quien le escribe versos 
Él es su amante, su amor secreto 
Ella que no sabe nada 
Mira a su marido y luego se calla 
¿Quién te escribía a ti versos? 
Dime niña, ¿ quién era? 
¿Quién te mandaba flores en primavera? 
Con amor las recibías, como siempre sin tarjeta T
te mandaba a ti un ramito de violetas 
Yarai rai, yarai rai 
Yarai rai, ra rairai rai 
Yarai rai, yarai rai
 Yarai rai, ra rairai ra 

      (Sobredo Galanes Evangelina)

    Teatros o cines afamados de aquel Madrid de gambas, ( ¡ Vwnga gambas! ¡ Era por demás! )Revue, toreros, vedettes y americanos eran:

  • Capitol(Gran Vía, 41). Se inauguró el 14 de octubre de 1933. Por su emplazamiento fue la imagen emblemática del Madrid moderno.

  • Rex(Gran Vía, 43).Se inauguró el 24 de abril de 1945 con la película La Venus de la selva, una película dirigida por George Waggner en 1941, con la actuación deBroderick CrawfordyMariaMontez.

  • Rialto (Gran Vía, 54). Se inauguró el 17 de octubre de 1930 y en su sótano estuvo el cabaret J’Hay. La planta de la sala es ovalada, construida con materiales nobles y con un aforo de 1.400 localidades. Entre los aficionados a la Revue es muy recordado su bar, con servicio en las mismas butacas, los palcos y los reservados del camerino de las vedetes. De 1931 a 1936 daba empleo a 70 camareros, dirigidos por el alcazareño Rafael Reguilón Jiménez. Solo los máximos eruditos de la Reveu recordamos que en este local nació la célebre canción de La vaca lechera.


   Fue el 27 de abril de 1942, festividad de san Pedro Canisio,`Tengo el éxito, tengo el éxito´, gritaba Jacobo Morcillo en la sala J'ai, cabe al Teatro Rialto de Madrid. Tanto gritaba el bueno de Morcillo que otro Morcillo, este Fernando, tuvo que parar en seco el ensayo de su orquesta; cuando acudió al reclamo de su alterado compañero y se dio de bruces contra el libreto, improvisó unas notas ante el piano y prosiguió con el ensayo. El enfervorizado letrita paró en un viaje a Ponferrada en una feria de ganado de La Bañeza y compró un cencerro. A su vuelta a Madrid, se presentó con el cencerro en la sala J'ai donde Fernando seguía ensayando. Fue Rafael Reguilón Jiménez quien tomó la decisión: estrenar la canción esa noche del 1 de mayo del 42, antes de que empezaran a llegar los clientes.





Tengo yo una vaca lechera,
no es una vaca cualquiera,
me da leche merengada,
ay! que vaca tan salada,
tolón, tolón, tolón , tolón.

Un cencerro le he comprado
y a mi vaca le ha gustado,
se pasea por el prado,
mata moscas con el rabo,
tolón, tolón,
tolón, tolón


   Rafael repartió entre los camareros la letra, ilustrada con una hermosa vaca matando moscas con el rabo, y él se quedó con el cencerro. Cuando el maestro levantó la batuta ya no pudo parar hasta las 7:14 horas de aquel día de mayo del Madrid de posguerra en que clientes, letrista, músicos, camareros y vedettes se fueron a comer churros a Casa Manolo, junto a las Cortes.ada con una hermosa vaca matando moscas con el rabo, y él se quedó con el cencerro. Cuando el maestro levantó la batuta ya no pudo parar hasta las 7:14 horas de aquel día de mayo del Madrid de posguerra en que clientes, letrista, músicos, camareros y vedettes se fueron a comer churros a Casa Manolo, junto a las Cortes.

    Fernando García Morcillo todavía se reía en junio de 2002 al recordar el episodio. Aunque orgulloso del éxito, le dolía que muchos supieran de él sólo por la dichosa vaca cuando alguno de sus boleros, como María Dolores oTuna compostelana, había dado la vuelta al mundo en la voz de intérpretes como María Dolores Pradera, Sara Montiel, Frank Sinatra o Carmen Sevilla.




   En aquellos años,el espectador de Reveuse se integraba en el libreto y los pateos eran frecuentes. García Morzillo sufrió un sonoro pateo en el estreno de Aquí Leganés en el teatro Martín. Las iras del público nada tenían que ver con la obra, sino con la actitud de los familiares de la primera vedette,Virginiade Matos, de la que se decíaque no hablaba ni cantaba, pero que no importaba porque todo lo decía con las piernas.Cuando empezó a cantar un pasodoble, su familia, desde un palco, empezó a gritar:

 'Ole mi niña, ole mi niña'. 

   El público se puso de uñas y empezó un pateo tan sonoro que se movía todo el teatro.Además del pateo, en los teatros de la época era costumbre que, en los entreactos, los caballerosfueran a visitar a sus conocidas a los otros palcos o a las vedettes a sus camerinos. Mientras, las damas de los palcos entraban en el gabinete de éstos, y si querían ir al foyer debía acompañarlas un caballero. Respecto a la toilette, las damas que asistían a palcos y puestos distinguidos iban descotadas en traje de ceremonia y sombrero.

   No era costumbre que a los teatros fuera una dama sola; en defecto de su familia, siempre la acompañaba alguna persona amiga; de uno o del otro sexo, qué más da. En los palcos, los sitios de delante pertenecían exclusivamente a las mujeres, mientras los caballeros se colocaban un poco detrás. Para las mujeres era de pésimo gusto hablar alto o reír a carcajadas, lo mismo que demostrar mucho entusiasmo o desdén exagerado por la función; no deberían fijar los gemelos demasiado sobre ninguna persona y tenían que aparentar que no se preocupaban si otra personas les miraban.

¿Cóm es posible que con tanto trajín en patio de butacas, palcos, camerinos, gabinetes, foyer, pasillos y toilettes, Rafael Reguilón Jiménez dirigiera el servicio de camareros del Teatro Rialto, entonces uno de los más afanados y concurridos de España? Después de pensarlo mucho este su seguro servidor a quien su abuela Teresa se empeñó en llamar Pedro Canisio, y tras estar cerca de una hora así con los ojos fruncidos como pensando que pensar debiera en las piernas de Celia Gámez, que por aquél entonces actuaba en el teatro Rialto, ha llegado a  al siguiente conclusión: Don Agustín le recomendó a los propietarios.



      Seguro que se estan preguntando ustedes ? ¿Qué autoridad ostenta Pedro Canisio Sobradillo ( me llaman Sobradillo porque me gustan mucho los diminutivos; por ejemplo: jamás me oirán ustedes  pedir `Un sorbo de champan, mozo´ sino `un sorbito de champan)  Pues muy sencillo, señores míos: que en 1953, servidor con cuatro años, el abuelo Agustín me llevaba oculto debajo de las faldas de su abrigo a ver a Celia Gámez, y yo salía en cuanto podía del abrigo a verle a ella las piernas. En el entreacto, el abuelo iba al camerino de la vedette a entregarle un ramito de violetas y me traía a mí un chato de zarzaparrilla. Don Agustín, a veces, consumía una botellita de champán; `siempre francés´, recuerda el yerno de Rafael, Policarpo Torres Calvo, Polí, maestro mecánico, natural de Alcazarén.

Al terminar la función, en la puerta, en uniforme gris y gorra de plato, nos esperaba Teodoro al mando de aquel flamante Plymouth Roaddunner azul y blanco que por aquél entonces tenía el abuelo. Y hale, a dormir en Viriato 53 tras tomar unas gambas en las Marisquerías Gallegas. Ya lo dice Polí: en aquella época, Plymouth Roaddunner en España no tenían ni los ministros

Rafael Reguilón Jiménez había nacido en Olmo de Gareña (Zamora) el 30 de julio de 1907. Con cuatro años los monjes cistercienses del Monasterio de la Santa Espina se dieron cuenta de que Rafael era un chaval inteligente y despierto y se lo llevaron al cenobio. El Monasterio de la Santa Espina está ubicado en el valle del río Bajoz en los Montes Torozos, en el municipio de Castromonte, muy cerca de la finca Monte de Mucientes, que en el 36 era el cuartel general de los falangistas. Pero Rafael, que pronto se haría él mismo falangistas, pasaba hambre y frío y decidió instalarse con una tía suya en la villa vallisoletana de Alcazarén.


Rafael de camareros del Rialto hasta febrero del 36, cuando su tío Teodoro Jiménez, a la sazón gobernador civil de Valladolid, le dijo que si permanecía en Madrid le iban a asesinar. Entonces Rafael se vino al frente de Guadarrama a luchar al lado de Girón y Paco Bocos. Al terminar la guerra fratricida, Rafael volvió a Alcazarén donde se casó con Elena y tuvo a su hijo Teodoro, que luego sucedería a Agustín Muñoz en la secretaría del ayuntamiento de Íscar.

6. 11 Familia : Agustín Muñoz Sobrino De Madrid al cielo

      En 1945, Agustín había enriquecido a su pueblo y dado carrera a sus hijos varones, y todos se habían casado salvo Cosme, que seguía estudiando, ahora en Oxford. El negocio familiar quedaba ya en mano de sus hijos. La sociedad traslada su sede social a la la calle Zurbano 80 de la capital de España y Agustin y Encarnación deciden pasar los inviernos en la ciudad. 

    Al matrimonio no le faltaba determinación cuando se asentó en el número 1 de la madrileña plaza de Tirso de Molina, entonces llamada del Progreso. Mas tarde en Viriato 53, en el Distrito de Chamberi. 

  Este Agustín que inspiró a Delibes y José Luis Sampedro tenía una gran personalidad y extraordinaria inteligencia y creatividad. Realmente no le gustaban las cosas a medio hacer: si necesitaba un médico, Marañón; si algún criterio político, el presidente del Gobierno Azaña; si un fotógrafo, Gyenes; si un sastre, Córdoba, si un peluquero Chacon. 

  A Marañón le conoció en 1932. Su hijo mayor, Andrés, había enfermado de la poliomielitis, una enfermedad contagiosa a la que solo se logró vencer en 1940; pero entonces podía causar parálisis permanente o incluso la muerte. Agustín marchó a Madrid, habló con Marañón y el eminente doctor se desplazó a Íscar para atender personalmente a Andrés. 

  Desde entonces, Agustín profesó a don Gregorio un afecto inquebrantable. Gregorio Marañón había nacido en Madrid el 19 de mayo de 1887. Murió el 27 de marzo de1960 entre el clamor popular,Médico endocrino, científico, historiador, escritor y pensador; sus obras, de ámbitos científico e histórico, tuvieron una gran relevancia internacional. 

  Es considerado uno de los más brillantes intelectuales españoles del siglo XX. Pero le gustaba, que lo vamos a hacer, el jamón de bodega, las judías de El Barco, las lentejas de Salamanca, los caramelos Solano, las frutas escarchadas de Aragón, los garbanzos de Fuentesaúco… Se los regalaba en Navidad Agustín, que los adquiría en Ultramarinos Orencio García, en la calle de Santa Engracia 47. Dicen que la furgoneta que trasportaba tan egregios productos hasta el piso de Castellana 19 despertaba el entusiasmo de aquel Madrid de la posguerra.
(Carmen Diaz de Rivera, según Gyenes) 


    Juan Gyenes se disputaba con Ibáñez, Alfonso y Cartagena el mercado de la fotografía artística madrileña. Húngaro de nacimiento se enamoró de España, embaucó a Picasso para retratarle reiteradamente y fotografío a Franco, al mundo artístico de la época y a la burguesía madrileña. Vicente Ibáñez, el fotógrafo de las estrellas, convenció a Alfred Hitchcock para retratarle en un cementerio, captó a Tyrone Power comprando un billete de lotería y fue abrazado efusivamente por Romy Schneider en el aeropuerto de Barajas cuando vino a promocionar Sissi.
  Alfonso Sánchez publicó fotografías en los principales diarios republicanos de la época como La Libertad y El Sol, cimentando su prestigio en reportajes como la cobertura de la guerra de Marruecos y en retratos de políticos e intelectuales como Valle-Inclán o los hermanos Machado. Leopoldo Cartagena vivió años frenéticos en la calle de la Montera cuando la fotografía entró en todas las casas de clase media. Retrató a su amigo José Antonio Primo de Rivera con un indiscutible aire cinematográfico. 

   Dicen que el paisaje de nuestra infancia desaparece en la bruma
  ¿Cómo un hombre sin apenas formación, nacido en un pequeño pueblo castellano, tuviera el rasgo de inteligencia de mandar a su hijo menor a estudiar a Oxford, cuando de España no salían a estudiar ni los hijos de la nobleza? ¿Cómo logró codearse con Marañón o Azaña? ¿C´omo alcanzó el bienestar económico para él, su familia y su pueblo? Aparte de su inteligencia y carácter emprendedor, Marañón fue su Pigmalión

  El 8 de febrero de 1952, Marañón dirigió desde su casa en Castellana 19, 5º derecha, una escueta carta al doctor Antonio de la Calle, de la que dio traslado a don Agustín. 

  Decía: `Mi querido amigo: me alegro del éxito obtenido por Agustín Muñoz Bernal; es uno de los médicos de más provenir, entre los jóvenes actuales. Con el mayor afecto le saluda su buen amigo Gregorio Marañón.
(Agustín y Mercedes, mis padrinos, en Gure Toki  Ona, petit  Palais en Vera deBidasoa , casa de los padres de Mercedes)
(Jacinto, Elfidio, José a la guitarra Andrés y al baile Cosme)
En Madrid, Agustín mantenía en la distancia el control del negocio familiar, acudía a diario a la Peluquería Chacón, frente al Lardy a erraeglarse la barba o el pelo, visitaba a sus amigos y frecuentaba locales de ocio como las marisquerías La Tropical, en la calle Mayor 1, lo Kulisca, en Santa Engracia 49, lo cafés literarios de la Puerta del Sol o los teatros Rialto o Lope de Vega de la Gran Vía. 

 De los frutos de mar prefería las gambas(cocidas, a la plancha, gambas ajo, con gabardina, coctel de gambas…) las cosas como son. 

   Iba, pongamos por caso, a este KulisKa Restaurante, antigua Colorada, que ahora regenta la nieta del fundador, Ana. Quedaba, ya digo, con su hijo Andrés, a las 13 horas: él llegaba a las 12 horas; pedía gambas y le pedía al camarero que retirara todo resto. 

  `A Andrés que le den´, 

  decía satisfecho. Salvo si la que llegaba era su nieta predilecta, Pilar; le daba de todo: caramelos, gambas, helados, más gambas… Pilar se escapaba del colegio, con el uniforme escolar y calcetines blancos. Venga gambas, era por demás.
Cuando se pasaba por la calle Zurbano, preguntaba circunspecto a su hijo dilecto Andrés: 
- Cómo ha ido el negocio, hijo ?
- Padre, hemos ganado tres millones de pesetas
 - ¡Haberlos¡ - 
- Bueno existencias, productos terminados, proveedores…. 
- ¡Bah, tonterías¡ 

    A la semana siguiente. Lo mismo 
 - Cinco millones en clientes, stok de proveedores…
 -¡Bobadas¡ Y

          Ya una vez preguntó: - 
- ¿ Como ha ido el negocio, hijo predilecto? 
- Hemos ganado quince millones de pesetas 
- ¿Dónde están? 
 - ¡ Toma, aquí los tienes. Quince millones

                   Agustín se fue por fin tranquilo 



   Por Orden de 5 de diciembre de 1955 (BOE del 13 de diciembre) del director general de Industria se declara en situación de supernumerario al Ingeniero segundo del Cuerpo de Ingeniero Industriales

 don Jacinto Muñoz Bernal, 

  Hasta entonces en la Secretaria de la Comisión Nacional de Productividad Industrial del Ministerio de Industria. Poco después falleció victima de un accidente de trafico.  Y esto constituyó la primera desgracia familiar.

  Decía el diario ABC : 

“ Ha muerto en plena juventud. Jacinto Muño Bernal. Por su sobresaliente personalidad, sus cualidades humanas y su gran preparación y capacidad técnica, supo ganarse el afecto y admiración general, tanto en los círculos profesionales como en los sociales. La muerte ha sorprendido a quien cifraba en sí, en el despliegue de una actividad de tanta importancia como la que el, con su gran importancia, desarrollaba, cuando por hallarse en la plenitud de su vida, se hallaba en condiciones mejores para seguir prestando el impulso que necesariamente refleja en la técnica y en la producción. Pero por encima de todo se hallan los planes de la providencia”
  Encarnación era mujer sumamente inteligente. Austera. sufrida y testaruda. Sometida a su marido y a sus hijos, como era normal en las mujeres de la época. En cierta ocasión, ya viuda, ante los inevitables problemas surgidos con la herencia, le propuso su hija Emilia: 
-  `Madre, de vez en cuando diga usted alguna mentirijilla´. 
 Ella respondió:
- `Eso leches´.
  Siempre mantuvo la palabra dada. Y palabra de esperarle hasta su vuelta le dio a su novio Cipriano Varela, emigrante en Argentina. Como quiera que Cipriano se retardaba y Agustín empezara a cortejarla, ella le mandó una carta diciéndole: 
-  `Me ha salido un pretendiente, al parecer bueno; ¿debo mantener mi promesa de esperarte?´. 

 Cipriano la contestó: 
- `No sé cuándo volveré ni en qué condiciones. Cásate con tu pretendiente´
`Ni en qué condiciones; qué carácter´, rememoraba Encarnación cuando ya había muerto, de cáncer, Agustín y ella mantenía la tradición de su marido de pasar los inviernos en Madrid. 

  De su casa de la calle Viriato sólo salía para comprar marisco los sábados, a los hijos de Cosme tomar tortitas con nata en California 47, ver despegar los aviones en el aeropuerto de Barajas, o degustar tortilla montada de magras de cerdo y perdiz en La Venta de Aires de Toledo. La tortilla, las magras de cerdo y la perdiz nos dejaba catarlas a sus nietos secundarios, entre los que modestamente, me incluyo. ¡ Las cosas como son!. 

  El marisco que dedicaba los sábados del invierno a los hijos de Cosme, ni olerlo. 

   Madrid no la gustaba casi nada, pero la compensaba por el viaje, pues decía que la permitían admirar hermosos paisajes. De manera que se montaba en el asiento trasero derecho de su Ford 450, siempre conducido con extrema delicadeza por Teodoro, con el ánimo presto a recrearse en el paisaje. Más lo cierto es que paisaje, lo que se dice mayormente paisaje, sólo apreciaba el límpido cielo de Castilla. 

  Siempre conservó dos aficiones, las chisqueretas y pescar cangrejos. Lo que más la gustaba, aparte de las gambas y de la limpieza de su domicilio, era el vacío Era tal su afición a quemar cosas que bastaba, por ejemplo, que le anunciaran visita sus hijos José o Juan, desde Vitoria, ciudad en la que había muy buenos muebles, para que ella ordenara: 
-  `¡Pacheco, prepara una chisquereta en el corral´. 

     Entonces quemaba con gran satisfacción el tresillo y cuanto le venia al paso.
(Agustín y Encarnación, por Gyenes)