“Huérfana España, raíces y cimientos
epidemias, cicatrices, blasfemias y sacramentos,
¿por quién doblan las campanas?
San Fermín en vena, /la de Triana contra la Macarena …
Chusco y legaña / de todas o ninguno
/ tricolor bandera blanca, / Millán Astray, Unamuno,
cervantina cojitranca / de áspero pasado
¿ quién me ha robado el siglo XXI?
A muchos casi nos dio un pasmo cuando Pascual Maragall, tras perder estrepitosamente unas elecciones que la mayoría de las encuestas le daban ganador con mayoría absoluta, declaró aquello de “Por primera vez en veinticinco años, Cataluña ha votado a las izquierdas, y vamos a gobernar”. Que sólo le faltó decir lo de Pío Cabanillas “Pensábamos que íbamos a ganar las izquierdas y resulta que hemos ganado las derechas”. Pero lo dirá, no les quepa duda a ustedes, pues tal y como van las cosas, no le va a quedar más remedio que pactar con CiU.
Habla Félix de Azua en el mundo de la traición de los socialistas: ”Socialista y nacionalista, eso es incompatible”. Y le glosa Umbral que, como dice José Antonio Marina, pone desde hace años la realidad española diaria en palabra poética: “Un nacionalismo socializante no es sino la galvanización de aquél mediocre invento hitleriano, que lo sacó adelante en unas elecciones. Ustedes lo saben: la palabra nazi no es sino la fusión forzosa y forzada de nacionalismo y socialismo”.
Otro intelectual riguroso, Ignacio Sotelo, escribe en El País “Para encontrar una solución factible al espinoso tema de una España que, reconociendo las diferencias, permita una mayor cohesión de sus pueblos y territorios, es indispensable empezar por librarnos del espejismo de que el Estado de las Autonomías constituye la solución óptima, cuando en realidad lleva en su seno una dinámica centrífuga que a la larga le hace inviable … no cumple la función integradora del Estado federal y derrapa hacia uno confederal”.
Dictamen que es rebatido en esas mismas páginas por Santos Juliá “Sólo a partir de una crasa ignorancia de lo ocurrido en los últimos veinticinco años puede afirmarse que ese Estado ha fomentado tendencias centrifugas. En realidad, los que han impulsado esas tendencias han sido los partidos nacionalistas”. Y añade “Todo, en el espíritu que informa y en la letra que articula el proyecto del nuevo Estatuto, se encamina en esa dirección: liquidar la posibilidad de consolidar un Estado federal español para que levanten el vuelo nuevos Estados nacionales –estos sí, unitarios y centralizados- sobre el viejo territorio de la península Ibérica”.
Estado autonómico, federado, confederado…. Autonomismo exacerbado que evoluciona en el federalismo asimétrico que diverge en el confederalismo inconjunto… Un Estado que ha pasado históricamente por todas esas fases es el helvético: Suiza es, a pesar de la exigüidad de su territorio, una encrucijada de razas, religiones y lenguas (alemán, francés, italiano y romanche), lo que pudo llevar a una organización de pequeños Estados completamente independientes unos de otros. Pero se da “la feliz circunstancia” de que las fronteras raciales, lingüísticas y religiosas no coinciden con las geográficas, y este azar físico permitió la institución de lazos federales.
¿Qué diferencias históricas, raciales, religiosas, lingüísticas, culturales o geográficas separan de forma tan inexorable a las comunidades territoriales del solar ibérico? Porque España existe, al menos, desde 1492 (para Américo Castro desde el siglo X y para Sánchez-Albornoz desde los romanos). Y es un hecho aceptado por etnógrafos y antropólogos la identidad étnica no ya de España, de Europa. Como lo es que el latín es la cuna común del castellano, el catalán, el gallego, el italiano, el francés… Más aún: el castellano y el vasco, como normas escritas, nacen en el mismo lugar (San Millán de la Cogolla), el mismo año (976) y probablemente de la misma mano [lo recuerda Irene Lozano en “Lenguas en guerra”]
¿O las diferencias vienen por el lado de “la cocina”, como sostiene la laureada cocinera Carme Ruscalleda? Pero a esto ya salió al paso Julio Camba en 1933 “España fue el primer país europeo que sintió la idea de nación y la impuso en todo su territorio, lo que no impidió que quedase aquí una barretina, allí una gaita, allá un baile o una canción y acullá una manera de guisar el arroz o el bacalao. Estos residuos históricos son los que algunos llaman hechos diferenciales, y los hay en todas partes: en Cataluña con respecto a España, en Barcelona con respecto a Cataluña, en la rambla de Canaletas con respecto a Barcelona, y en cualquier casa de la rambla de Canaletas con respecto a la rambla en general.”
Un contemporáneo de Camba, Sabino Arana dijo: “No es el hablar este o el otro idioma, sino la diferencia de lenguaje, el gran medio de preservarnos del contagio de los españoles y evitar el cruzamiento de las dos razas. Si nuestros invasores aprendieran el euskera, tendríamos que abandonar este”. Y un nacionalista no mucho más listo que Sabino, el inefable Carod-Rovira, acaba de declarar “No habrá Estatuto de Autonomía si Solbes impone un modelo común de financiación”. Y otro catalanista, el director teatral Ricard Salvat, dice “Cataluña quiere que no se nos trate como a todos”.
La cuestión es, entonces, reconocer diferencias o establecerlas. Un socialista histórico e intelectual prestigioso, Alfonso Guerra, presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, ha señalado: “Esto es el cuento de nunca acabar, porque cuando se igualan las competencias, los que querían una diferenciación vuelven a exigir un escalón más, y vuelve el conjunto a exigir la igualación, la equiparación”. Y no será este “querer una diferenciación” la fuerza centrífuga a la que se refería Ignacio Sotelo.
¿Han intentado, los escudriñadores de diferencias, viajar, por ejemplo a Italia, para contrastar desigualdades históricas, culturales y económicas? ¿Conocen Alemania, Bélgica, el Reino Unido…? Dice Carod “ceder cansa” ¡Claro¡ Y viajar ilustra. Y leer ilumina oscuridades. Y mirar puntos distintos del propio ombligo te permite ver interesantes paisajes
“¿Se puede conservar la identidad en un mundo que se unifica? – se pregunta Luis Racionero, uno de tantos intelectuales catalanes que tienen el catalán como lengua materna y el castellano como paterna, en su ensayo España en Europa- ¿Vale la pena conservarla? Y si es así ¿cómo se logra? ¿Tiene sentido hablar de nacionalismos cuando lo que se desea es la unión de Europa y, a la postre del mundo?” Y tras meditar sobre la dialéctica terruño /mundo y las teorías acerca de las “esencias culturales” en Ganivet, Maeztu, Unamuno, Ortega, Américo Castro, Sánchez-Albornoz, Almirall, Prat de la Riba, Cambó…, llega al “punto central del argumento: la tarea de llegar a un acuerdo justo, leal y equitativo respecto a la redistribución del gasto público entre las autonomías…. Asentado este tema, el tiempo se encargará de consolidar la armoniosa convivencia de los españoles,”
¿Luego se trata, al fin, de que “la pela es la pela, bona si la borsa sona”? ¿O más bien de que “lo mío es mío y lo tuyo, a medias”? Porque también los leonesistas han dicho que León es un país históricamente diferenciado de Castilla; y en el Bierzo apuntan que si finalmente es “León sólo” ellos también son un país perfectamente definido en lo geográfico; y los de Cacabelos exigen “A Ponferrada ¡ni agua¡”; y los vecinos de la calle Morreledo de Cacabelos … Y qué decir de la pimpante presidente del Consell Insular de Mallorca, Maria Antonia Munar, que –lo he contado ya- ha proclamado “Mallorca es un país diferente y debe contar con soberanía financiera y fiscal, para hacer lo que más nos convenga”
“Bueno, en nuestro país –dijo Alicia, todavía jadeando un poco tras el espejo- por lo general se llegaría a alguna otra parte… si se corriera a mucha velocidad durante un largo rato, como lo hemos estado haciendo nosotros.”
¿Pero se conformarán estos nacionalistas apegados al terruño con el terruño? Porque ya algunos catalanistas hablan del viejo Reino de Aragón. Y Otegui y los asesinos no renunciarán a Navarra, parte del sur de Francia; y a ciertas zonas de Cantabria, donde viven ya más vascos que cántabros, a pesar del nacionalismo (el PNV ya salió al paso, “un error al confeccionar el mapa”). Y los del Bloque abren la puerta para que municipios limítrofes de Asturias y Castilla y León se unan a la nación gallega. ¿ Donde terminará este “maldito embrollo”?
Dejó dicho el poeta:
¡Y este hoy que mira a ayer, y este mañana que nacerá tan viejo¡
¡Y esta esperanza vana /de romper el encanto del espejo¡
¡Y esta agua amarga de la fuente ignota¡
¡Y este filtrar la gran hipocondría
de España, siglo a siglo y gota a gota¡
¿Quién esta haciendo que perdamos el siglo XXI?


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