lunes, 22 de agosto de 2022

16. 7 Cultura y artes Cuando en el cielo de Madrid brillaban las estrellas




          Era algo parecido a un arco iris alrededor del sol, un halo solar producido cuando la luz que emite el Sol se refracta sobre los cristales de hielo que se encuentran en suspensión en la atmósfera. En la tarde del lunes 28 de junio, un fenómeno parecido dejó perplejos a los ciudadanos de Madrid. Este halo se puede observar con más frecuencia en lugares fríos como la Antártida o el norte de Escandinavia y también alrededor de la Luna, pero es especial e infrecuente cuando lo vemos en el Sol y en una ciudad como Madrid.

            El lunes 28 de junio al atardecer Madrid vio el brillo celestial habitual acompañado de un arco iris completo. Este fenómeno se observa cuando el sol ilumina un amanecer o atardecer marcado por nubes. Son frecuentes en primavera, cuando las tormentas pierden fuerza, dejando que nuestra estrella ilumine las nubes que quedan colgando en el cielo. La luz teñida de rojo se debe a que el sol está posicionado más abajo en el horizonte, lo que significa que la luz tiene que viajar a través de la mayor cantidad de atmósfera, y la dispersión provoca la luz roja. Estos candilazos no son exclusivos de Madrid, pero se ven con tanta intensidad en la ciudad porque se encuentra en una llanura llana y como tal hay más horizonte a la vista, a diferencia de lo que se vería en un valle entre montañas.

       La denominación `felices años veinte,´ corresponde al período de prosperidad económica que tuvo Estados Unidos y Europa en los años 1920 como parte del periodo expansivo de un ciclo económico que se extiende desde el fin de la Gran Guerra hasta el Jueves Negro del 29 de octubre de 1929 que inició la Gran Depresión. Una prosperidad que benefició a toda la sociedad e hizo que la economía creciera a un ritmo que no se había registrado antes, generando una burbuja especulativa.

       La primera Revolución Industrial y el colonialismo habían favorecido a Inglaterra pero en 1920, al igual que otros países europeos, eran creedores de Estados Unidos y esto favoreció su economía. Europa necesitaba productos que no podían fabricar por el hundimiento económico y Estados Unidos se vio frente a un exceso de demanda que provocó que sus ingresos crecieran vertiginosamente mientras Europa se reconstruía. La expansión de Estados Unidos se basó en una profunda transformación productiva dominada por la innovación técnica, que disminuían costos y aumentaba la producción y los beneficios. Fue en esta época donde se popularizó el uso del teléfono, el automóvil y los electrodomésticos, innovaciones que resultaban demasiado caras por lo que se generalizó la venta a plazos. Se creó una oleada consumista pues la gente podía comprar los productos sin necesidad de disponer del efectivo. El aumento del consumo y la popularización de la venta a plazos hizo que se comprara tanto que los consumidores se endeudaban por encima de sus posibilidades. También fue objeto de popularidad la difusión de la radio como medio de comunicación masivo, ya que era un dispositivo económico y al alcance de toda la población.

         Fue entonces cuando la fábrica Ford innovó con la utilización de la cadena de montaje, que reducían costos y tiempos de producción. Este método se aplicó a otros sectores (siderurgia, cristal...) y tuvo efectos positivos en la demanda de la construcción de rascacielos. Todo esto tuvo una gran influencia en el mercado de trabajo, dejando la tasa de desempleados en Estados Unidos en 13 millones. No había habido ninguna tasa tan baja hasta la fecha. Se vivían unos años de excelente bienestar y de gran optimismo frente al futuro.

        Fueron años felices: la electricidad permitió que la vida y las noches se alargaran, vino dio el cine y el teléfono, el transporte se generalizó y la vida doméstica mejoró sustancialmente. Y se liberalizó la moda: miles de mujeres empezaron a decidir por su cuenta qué es lo que querían usar sin depender de la opinión de los hombres, cambiando por completo la concepción de la moda y los tratamientos de belleza. Surgieron los vestidos cortos y el dobladillo de la falda comenzó a acortarse. Se usaban mucho los estampados floreados y los colores pasteles, el azul Francia, el anaranjado y el verde Nilo. Coco Chanel fue una de las pioneras en adoptar un nuevo estilo que masculinizó la ropa femenina que se usaba hasta entonces y estimuló a las mujeres a que usaran pantalones y chaquetas.

       Hasta que el jueves negro 29 de octubre de 1929 muchos bancos cayeron y multitud industrias cerraron dejando a miles de obreros y trabajadores sin empleo y gran parte de la sociedad quedo empobrecida por la deudas. La felicidad se había convertido en una gran tristeza. Es la Gran Depresión, una gran crisis financiera mundial que se prolongó durante la década de 1930, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Tuvo efectos devastadores en casi todos los países, ricos y pobres; la inseguridad y la miseria se transmitieron como una epidemia; cayeron la renta nacional, los ingresos fiscales, los beneficios empresariales y los precios. El comercio internacional descendió y el  desempleo crecio exponenciamente.  Ciudades de todo el mundo se vieron gravemente afectadas, especialmente las que dependían de la industria pesada y la construcción, que se detuvo prácticamente, y la agricultura y las zonas rurales sufrieron la caída de los precios de las cosechas.



          En esa década feliz Madrid experimenta una serie de cambios que darán lugar a una capital bulliciosa y efervescente. Se produce un crecimiento demográfico y urbanístico y la ciudad supere el millón de habitantes. La neutralidad española durante la Gran Guerra la convierte en un punto de encuentro e intercambio en donde confluye todo lo que es nuevo y moderno. La dictadura de Primo de Rivera fue el reflejo del dictador: fue implacable en la persecución de la disidencia política pero permisiva en lo moral y en las costumbres sociales. El resultado fue una ciudad que vivía y crecía al ritmo de la modernidad y que difería en poco del resto de grandes capitales europeas, también en la vida sexual. El espíritu regenerador del 98 marcó un momento fundamental en la vida y la obra de un grupo de creadores de todo tipo.

       Era el Madrid que dibujaba el arquitecto Antonio Palacios. Algunas ciudades comparten la arbitraria cualidad de convertirse durante unos años en el escenario de un estallido de talento que, además de modificar la urbe, altera la sociedad: las artes, la literatura, la pintura, la música y la ciencia. Ese salto lo protagoniza un grupo de jóvenes, en general amigos entre sí, cuya energía renovadora tiene la capacidad de transformar la manera de mirar el mundo. Transcurrido un tiempo, cuando ellos se van su energía disminuye, el vigor empieza a diluirse y la ciudad regresa a la misma monotonía creativa previa a la eclosión. Aunque los historiadores suelen tener argumentos que explican los motivos de estas prodigiosas casualidades, resultan imposibles de planear y tampoco parece fácil descifrar el aire aleatorio que las distingue. Bien mirado, pudo haber ocurrido en otro lugar o un siglo antes o después. ¿Por qué, si no, coincidieron en Florencia todos los grandes intérpretes del  Renacimiento? ¿Por qué no en Milán o 100 años después? ¿O en Viena, a principios del siglo XX, los padres de la filosofía, de la música, la literatura o de la ciencia de nuestra época? Son momentos en que un autor conforma de manera definitiva una ciudad: Christopher Wren en Londres, Robert Moses en Nueva York, Bernini y en Roma, Georges-Eugène Haussmann en París y en Madrid… Antonio Palacios, tan decisivo para la ciudad como lo fue Gaudí para Barcelona.

          Antonio Palacios Ramilo (Porriño, 1874 / Madrid,1945) es el arquitecto más representativo en la transformación de Madrid a metrópoli moderna. Se inició con el diseño de los interiores de las primeras estaciones del Metro de Madrid, organizó los accesos y la estética de las primeras líneas y dideñó su popular logotipo en forma de rombo. Su producción arquitectónica alcanzó su punto álgido en el periodo que va entre 1910 y 1930. Tres de sus más representativos edificios de Madrid son; el Palacio de Comunicaciones (sede del Ayuntamiento de Madrid), el Hospital de Jornaleros de Maudes (Consejería de Transporte de la Comunidad de Madrid) y la Casa de las Cariátides (sede de la central del Instituto Cervantes). Desde 1936 hasta su muerte pasa por un periodo de aislamiento en el que realiza diseños de carácter puramente visionario, con su obra cumbre, el Edificio del Círculo de Bellas Artes de Madrid.


               En los años veinte se abrió paso una excepcional promoción de artistas e intelectuales que condujo a la cultura española a su segundo siglo de oro. Nacidos alrededor de 1900, este grupo vivió en un contexto cultural común, casi siempre vinculado a la Residencia de Estudiantes, y tenía las vanguardias como trasfondo.

        Aquella década prodigiosa se vivió en Madrid con total libertad creativa, de pensamiento y acción. Escritores, pintores, ilustradores o figurinistas se relacionaban con cantantes y bailarinas, con cupletistas y actrices, constituyendo un entorno social y cultural común. Se reunían en el café de Levante, en el Fornos o en la Granja del Henar, estrenaban en el teatro Fuencarral, en el Maravillas o en el Romea… Son los años en los que Antonio de Hoyos y Álvaro Retana escriben historias de personajes ambiguos y pansexuales mientras su amiga Carmen Tórtola Valencia baila con vestuarios diseñados por José Zamora revolucionando la danza contemporánea. Edmond de Bries triunfa en los mejores escenarios de la ciudad con sus espectáculos a lo que asiste incluso la Reina Victoria Eugenia. Es el momento en el que se produce el paso del modernismo a las vanguardias históricas, en el que llegan a la capital los poetas de la Residencia de Estudiantes publican sus primeras obras y viven sus primeras relaciones. Vicente Alexandre, Luis Cernuda, Emilio Prados y Federico García Lorca se conocen, se tratan, hablan de poesía y del amor hacia otros hombres. El pintor Gregorio Prieto los retrata y la escenógrafa Victorina Durán comparte estudio con otros jóvenes artistas como ella, realiza sus primeras exposiciones, tiene sus primeras relaciones sexuales con mujeres.


       



              






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