Nieto de Ramón Bocos es Cesar de Medina Bocos, poeta cantor de Castilla.
Tenía 4 hermanos: Leopoldo. Leopoldo Juan Crisóstomo. Gonzalo Saturnino casado con Amparo Ballesteros. Cesar se casó con Ulpiana de Castro Rueda. Tuvieron 12 hijos:
Antonio, `Heroe del Annual; Leopoldo. Fuensanta (Santica). María Ángeles. Maria Carmen. José Luis, casado con Pilar Borés. Elvira. Cesar, casado con Mara Luisa Marín Alon Gomez Bonilla. Margarita, Casado con Tomas Hinojal. Estos tuvieron 4 hijos so. Érnesto, casado con Carmen Ruiz Aparicio. Álvaro, casdo con Amelia Gomez de Bonilla. Margarita, casdo con Tomas Hinojal Moyyano. Estos tuvieron 4 hijos: Margarita, Cesar, Juan Ramón y María Elvira.
En el prólogo a su libro Espigas y racimos, señala el académico Luis Maldonado:
“Es César de Medina Bocos dechado fiel del hidalgo castellano. En su ascendencia,
en su vida agraria y política a la vez, en sus ocios literarios, en sus
aficiones sociales, en su amor al pueblo; y en su figura, enjuta y aguileña,
refinadamente noble y señoril, se revela la decantación serena y lenta de cien
linajudas: hombres de guerra, hidalgos de mesnada, piqueros de Flandes,
catedráticos de prima gens fogata de concejos y chancillerías, señores de villa
y tierra, y labradores a la usanza de Pedro Crespo y García del Castañar.
Suyo es el poema Un crimen.
En lo alto de una loma encaramado,
un macho , que está en el celo,
apunta el
pico al azulado cielo
y lanza su cantar enamorado.
El cuello tuerce negro y
plateado,
escucha un punto con febril anhelo,
y dirige enseguida el raudo
vuelo
al sitio en que la hembra ha contestado.
Pero al llegar, resuena un
estampido;
asoma un cazador que está escondido
entre un chaparro de punzantes
hojas
y contempla con gozo al pobre amante
que aletea en el suelo, agonizante,
vueltas al cielo sus patitas rojas
En lo alto de una de esas lomas que circundan la villa de Serrada
das por concluida esta etapa de tu viaje. Son las mismas lomas que recorría don
Cesar, recitando sus versos inconclusos. Desde el Cabezo ves, en el fondo de una
vega sin río, un apretado caserío del que destacan la Iglesia, la Casa
Consistorial y La casona, una casa solariega y blasonada de ladrillo y zócalo de
sillería.
Vienes de Pedradas de San Esteban en un viaje intemporal por el espacio y
los sentimientos. Has partido de la casa solariega donde había nacido Cesar el
27 de enero de 1873. Fue el primer hijo del abogado Antonio Medina Carrascal,
natural de Padilla, y de Carmen Bosco Cano, nacida en Pedrajas.
Fue labrador y
abogado, ejerciendo en Valladolid, Madrid y Salamanca. En el año 1907 fue
diputado por el partido Conservador de Antonio Maura; mas tarde, representando a
este partido Gobernador de Murcia, Almería y Vitoria. Contrajo matrimonio con
Ulpiana de Castro Rueda (1876-1961), natural de Serrada (Valladolid). En La
Casona aún se respira el hálito de una pequeña corte de villa castellana:
cuadros, muebles, recuerdos familiares, y un paisaje en cada balcón. Nicomedes
Sanz y Ruiz de la Peña, amigo suyo, compañero de tertulias con largas
conversaciones, admirador de sus versos y de inspiración lírica muy próxima, le
hizo un retrato:
“ Enjuto de carne, con perfil semita, rubio, con la hirsuta barba florida,
acicalada y noble, César de mi tiene estampa bíblica, que resulta entonada con
el ceño de la gleba y con la tradición castellana. La fortuna de su patrimonio y
la moderación de sus costumbres le permitieron vivir con holgura y nobleza de
espíritu, sin que tuviera que pedir a la política y a los cargos el fundamento
de su bienestar y el de su familia, cuyo centro sentimental fue su esposa,
Ulpiana, fuente de serenidad y de gozo para el poeta y para sus hijos.
Murió en
Valladolid, a los 85 años, el 24 de marzo de 1959. Fue amortajado con el hábito
de San Francisco, como Cervantes. Sus restos reposan en el cementerio de
Serrada, donde pueden leerse los versos de la cristiana décima compuesta por el
poeta, que ha quedado estampada como epitafio común para los que allí han de
concluir su carrera. Si eres cristiano, sé fuerte y en este lugar sagrado piensa
en Dios y odia el pecado, pero no temas la muerte.
Los nueve hijos del
matrimonio rindieron culto a la belleza. Cultivaron el arte plástico y literario
dese su niñez con la familiaridad de quienes consideran natural modelar un
busto, pintar un cuadro o describir un sentimiento Formas, colores y palabras
eran medios de expresión que don César fomentaba entre todos sus hijos como un
juego natural que ampliaba la dimensión de sus alma: José Luis, escultor
insigne; Ernesto, poeta; Fuensanta (Santica) que hizo de los cantos rodados
maravillosas esculturas; Margarita, bella en esencia, bella en todos sus gestos,
en todos sus actos, en todas sus palabra; Elvira, sensible retratista y
paisajista;….
Y el primogénito, Antonio, Héroe del Annual, que tuvo el gesto de
belleza suprema, dar la vida por los demás.
Vienes con Elvira por los espacios de la memoria. Ya te enamoraste de ella
cuando hizo tu retrato allá por 1950. Pero hoy no vas a bajar a verla. La has
visto para siempre en tus sueños de ayer, de hoy, de mañana. No vas a bajar a
verla porque siempre que la ves lamentas luego haberla visto y tener que dejarla
de ver después.
Pasé la noche entera sin dormir
viendo, sin espacio, la figura
de ella,
y viéndola siempre de modos diferentes
a como yo la encuentro.
Hago
pensamientos con el recuerdo
de lo que ella es cuando me habla
y en cada
pensamiento
ella varía según su semejanza.
Amar es pensar.
Y casi me olvido de
sentir tan sólo por pensarla.
No sé bien lo que quiero,
aun lo que quiero de
ella,
pero no pienso más que en ella.
Cuando deseo encontrarla
prefiero casi no
encontrarla
para no tener que dejarla después.
No sé bien lo que quiero,
ni
quiero saber lo que quie
No pido nada a nadie,
ni
a ella, sino pensar.
en ella
Fernando Pessoa
Elvira, la gran pintora, escuchaba con un
interés como de puntillas, en un afán por captar hasta las mas silenciosas y
ocultas vibraciones de las ideas y de las palabras. Y cuando era ella que que
pausadamente hablaba, también escuchaba atentamente el silencio de los demás.
Y
hablaba con una voz sugerente multiplicada en ecos que para quien sabe ver
representa el misterio de cada mirada Muy joven fue becada por el Ayuntamiento
de Valladolid para ampliar sus estudios en Italia, de la que se enamoró para
siempre. Era la sensibilidad que todo lo envuelve, y que encontraba siempre en
todo, aún en aquello que apagan las sombras. Cada día era para ella como una
mañana primera en la que renovaba y fortalecía sus proyectos, sus afectos y sus
ilusiones.
Se marchó un 27 de junio de 1998. Regresó a la tierra para integrarse
en su paisaje. En este viaje le acompañaron muchas flores, como ella hubiera
deseado. Como le faltaron las mías, le envío ahora un ramito de palabras
alicaídas por la tristeza.
Contaba el poeta don Cesar:
“ Don Antonio Maura, cuya
memoria venero, tuvo conmigo un señalado rasgo de bondad que le agradecí con
toda mi alma. Cuando tuve noticias de lo ocurrido en Annual fui a Melilla pero
no pude averiguar nada concreto sobre Antonio, que en gloria esté. Le escribí a
Maura y me contestó con esta carta: `Señor don Cesar de Medina Bocos: querido
amigo, anoche recibí su carta y, como los telegramas de una hermana mía que
tiene en Melilla o no sabe dónde a su hija y desconoce el paradero de su yerno,
me pusieron en la triste ocasión de ver cuál irremediable es la averiguación; no
me hallo con medio alguno para sacarle a usted ni a mi hermana ni a cuantos
padecen análoga crudelísima tribulación de la angustiosa incertidumbre. ¡Dios
quiera desvanecerla con realidades felices¡ Suyo afectísimo, Antonio Maura´
Cuando volví de Melilla y llegué a Madrid, el Rey había encargado a Maura formar
Gobierno y estaba celebrando consultas para ello.
Hablé por teléfono con
Prudencio Rovira que era su secretario y le dije que en tales circunstancias no
me atrevía a ir a ver a don Antonio, cómo me había encargado. Al poco me dijo
que Maura rogaba que fuese.
Llegué a su casa pero no me dejaron entrar, había
delante de la puerta guardias que solo dejaban pasar más que a los ex ministros.
En esto llegó Juan La Cierva y con él entré. Nos recibió Rovira; yo me quedé en
su despacho y él acompañó a La Cierva al despacho de Maura, que se asomó a la
puerta y me preguntó ¿Qué piensa usted hacer? Contesté: si el Gobierno envía
tropas para reconquistar la zona, iré con ellas hasta la posición donde estaba
mi hijo. Me dijo que sí y que sería pronto. Contesté que iría a Almería para
desde allí marchar con ellas y me despedí.
Después de unos días, cuando ya se
había formado el Gobierno, Gamazo me dijo que me propondría para el gobierno de
no sé qué provincia. Argüí que no quería ser gobernador porque quería estar en
Melilla, a lo que él respondió que había visto la lista particular de don
Antonio con los gobernadores pero sin indicación de provincias, y al decirle él
`pero si Cesar no quiere ser gobernador´, contestó: `Sí, si quiere´.
Y me nombró
gobernador de Almería”
Antonio Maura y Montaner (Palma de Mallorca, 1853 /
Madrid, 1925) fue como representante del Partido Liberal presidente del Consejo
de Gobierno de España en cinco ocasiones durante el reinado de Alfonso XIII
(1903, 1907, 1918, 1921 y 1922) y ministro de Ultramar (1892),de Gracia y
Justicia (1894) y de Gobernación (1902).
Propugnaba una revolución desde arriba
que trataría de regenerar las instituciones y combatir la oligarquía y el
caciquismo.
Cayó en descrédito tras la Semana Trágica de 1909, prescindiendo el
monarca de él. En 1913 abandonó el liderazgo del Partido Conservador, con lo que
se rompió la unidad del partido. Volvería a la presidencia del consejo de
ministros en los años previos a la dictadura de Primo de Rivera como cabeza de
tres efímeros gobiernos de concentración
El 22 de julio de 1921 tuvo lugar el
Desastre de Annual, una grave derrota militar ante los rifeños comandados por
Abd el–Krim que supuso una crisis política que socavó los cimientos de la
monarquía liberal del I Rey Felón, Alfonxo XIII, y su vergonzoso pacto con Miguel Primo de
Rivera.
Krim procedente de la aristocracia marroquí, había estudiado
bachillerato español en Tetuán, Derecho Islámico en Fez y Derecho en la
Universidad de Salamanca.
¡Bendito seas, hijo idolatrado,
que en medio de un
ejército espantado
tú conservaste el ánimo sereno!
Como buen español y buen
soldado
no dejaste tu puesto abandonado.
Cumpliste como bueno
sabiendo tú que el
honor obliga,
Antes que dar la espalda al enemigo
Preferiste morir.
¡Dios te
bendiga como yo te bendigo!.
Anual cambio la sociedad española: probablemente
jamás el ejército español había caído tan bajo. Miles de españoles murieron en
este desastre que no se puede calificar propiamente de batalla, pues hay motivos
que permiten asegurar que fue mayormente una carnicería en la que tropas
rendidas y desmoralizadas, formadas por jóvenes desarmados que no sabían ni
donde estaban fueron pasadas a cuchillo por los aguerridos rifemos.
El escándalo
mayúsculo que se derivó de este desastre dio lugar a la Comisión Picasso" que
depuró responsabilidades. Su consecuencia fue en 1923 el golpe blando del
general Primo de Rivera, el héroe de Alhucemas. La guerra del norte de África
acabó relativamente bien para España pero marco mentalidad de un grupo de
militares llamados "africanistas", entre los cuales estaba Franco.
En agosto de
1921, el Segundo Rey Felón había encargado a Antonio Maura formar un gobierno de
concentración nacional. El general Juan Picasso elaboró un informe en el que se
señalan múltiples errores militares, calificando de temeraria la actuación de
los generales Berenguer, Navarro y Silvestre y de negligente la del Rey.
En el amplio despliegue que llevó a cabo Silvestre, destacan tres posiciones de
nombres anodinos: se las llamó Posiciones Intermedias A, B y C y eran pequeños
destacamentos que jalonaban el camino entre Annual y Ben Tieb.
Cuando la
guarnición española comienza su desbandada el 21 de julio, quedan aisladas; hay
todo tipo de actitudes, pero en la Posición A, que ocupa un cerro llamado Peña
Tardada, se cumple con el deber. Reúne un total de 83 infantes y artilleros cuyo
jefe es el teniente Antonio de Medina Castro; pese a no esperar recibir
refuerzos, a estar totalmente rodeados y ver a su alrededor un ejército
espantado, a carecer de aguas y alimentos… combaten sin tregua.
Tres días
después son aniquilados sin piedad.
(Retrato de Ramón Bocos Cantalapiedra, por Elvira)





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