sábado, 20 de agosto de 2022

IX. 2 Cultura y arte : El hombre que nunca hizo nada , Pepín Bello

 





(Reunión de la Orden de Toledo en la Venta de los Aires. De izquierda a derecha: José Bello, José Moreno Villa, Luis Buñuel, José María Hinojosa (sentado), María Luisa González y Salvador Dalí)

Pepín fue una pieza clave, aunque desconocida para el gran público, de la Generación del 27. Amigo de sus amigos, compañero en la Residencia de Estudiantes de su querido Lorca, descubridor de Dalí como pintor para sus coetáneos. Participó en los numerosos juegos vanguardistas con los que los residentes se divertían: los anaglifos, los putrefactos, la Noble Orden de Toledo (fundada por Buñuel), los carnuzos…

Insomne desde 1915, vivió una vida tan intensa como dura: pasó trece años regentando una fábrica de pieles en Burgos, por ejemplo. Y hubiera pertenecido al olvido de no ser por el infinito cariño que sus amistades de juventud y madurez le profesaban. Fue, ante todo un `amigo´

Es el más longevo habitante de la Residencia de Estudiantes de Madrid, un centro producto directo de las ideas renovadoras que había iniciado en España el krausista Francisco Giner de los Ríos con la fundación en 1876 de la Institución Libre de Enseñanza. Desde el primer momento quiso ser un complemento educativo a la universidad en el que se formaran los hijos de las clases dirigentes liberales, y de 1910 a 1939 fue uno de los principales núcleos de modernización científica y educativa de España.

El parnaso donde se rinde culto a la felicidad en el diálogo entre ciencia y arte, en el ejercicio de la solidaridad, la tolerancia y el respeto de la diferencia. Las instalaciones, el menú, la `disciplina sugerida y nunca impuesta´ así como la libertad de la que gozaban los residentes causaban admiración en todo aquel que la visitaba. Figuras intelectuales de primer orden de toda Europa eran invitadas a menudo a comer, a impartir conferencias, a intervenir en las tertulias o a organizar exposiciones.

La pedagogía institucionalista no sólo fomentó el cultivo de las ciencias de la naturaleza y las humanidades y el diálogo entre ellas; también rompió el aislamiento en el que habían vivido los alumnos de su mundo circundante y convirtió la observación, el disfrute de la vida y de la naturaleza, en objeto del conocimiento y, al fin, de la belleza.

El chavalillo aragonés fue el primero en llegar con pantalón corto a ese oasis de cultura, diálogo, convivencia y magisterio para una España diferente. Un sitio `barato, modesto y espartano´. Después apareció Buñuel, quien en sus memorias afirma que salían de allí por la noche hipnotizando al portero. `Era muy mentiroso, tenía muchas manías. Muy pesao con los martinis. Jamás conseguimos llevarlo al Museo del Prado. ¿Y el boxeo? "Debió de hacerlo 5 o 10 minutos a lo largo de toda su vida´ sostiene Bello. Poco más tarde entró Lorca. `Un ser inconmensurable y lleno de virtudes, pero con su orgullo en órbita. Me decía: No me admiras bastante, yo soy el gran poeta García´. El último fue Dalí.

Bebían té, whisky y cerveza. Hacían excursiones a Toledo en tercera, dormían en la Posada de la Sangre y comían `ultrabarato´ en la Venta de los Aires. Imaginaban gamberradas y forjaban el coágulo de los Putrefactos.




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