En 1945, Agustín había enriquecido a su pueblo y dado carrera a sus hijos varones, y todos se habían casado salvo Cosme, que seguía estudiando, ahora en Oxford. El negocio familiar quedaba ya en mano de sus hijos. La sociedad traslada su sede social a la la calle Zurbano 80 de la capital de España y Agustin y Encarnación deciden pasar los inviernos en la ciudad.
Al matrimonio no le faltaba determinación cuando se asentó en el número 1 de la madrileña plaza de Tirso de Molina, entonces llamada del Progreso. Mas tarde en Viriato 53, en el Distrito de Chamberi.
Este Agustín que inspiró a Delibes y José Luis Sampedro tenía una gran personalidad y extraordinaria inteligencia y creatividad.
Realmente no le gustaban las cosas a medio hacer: si necesitaba un médico, Marañón; si algún criterio político, el presidente del Gobierno Azaña; si un fotógrafo, Gyenes; si un sastre, Córdoba, si un peluquero Chacon.
A Marañón le conoció en 1932. Su hijo mayor, Andrés, había enfermado de la poliomielitis, una enfermedad contagiosa a la que solo se logró vencer en 1940; pero entonces podía causar parálisis permanente o incluso la muerte.
Agustín marchó a Madrid, habló con Marañón y el eminente doctor se desplazó a Íscar para atender personalmente a Andrés.
Desde entonces, Agustín profesó a don Gregorio un afecto inquebrantable. Gregorio Marañón había nacido en Madrid el 19 de mayo de 1887. Murió el 27 de marzo de1960 entre el clamor popular,Médico endocrino, científico, historiador, escritor y pensador; sus obras, de ámbitos científico e histórico, tuvieron una gran relevancia internacional.
Es considerado uno de los más brillantes intelectuales españoles del siglo XX.
Pero le gustaba, que lo vamos a hacer, el jamón de bodega, las judías de El Barco, las lentejas de Salamanca, los caramelos Solano, las frutas escarchadas de Aragón, los garbanzos de Fuentesaúco… Se los regalaba en Navidad Agustín, que los adquiría en Ultramarinos Orencio García, en la calle de Santa Engracia 47. Dicen que la furgoneta que trasportaba tan egregios productos hasta el piso de Castellana 19 despertaba el entusiasmo de aquel Madrid de la posguerra.
(Carmen Diaz de Rivera, según Gyenes)
Juan Gyenes se disputaba con Ibáñez, Alfonso y Cartagena el mercado de la fotografía artística madrileña. Húngaro de nacimiento se enamoró de España, embaucó a Picasso para retratarle reiteradamente y fotografío a Franco, al mundo artístico de la época y a la burguesía madrileña. Vicente Ibáñez, el fotógrafo de las estrellas, convenció a Alfred Hitchcock para retratarle en un cementerio, captó a Tyrone Power comprando un billete de lotería y fue abrazado efusivamente por Romy Schneider en el aeropuerto de Barajas cuando vino a promocionar Sissi.
Alfonso Sánchez publicó fotografías en los principales diarios republicanos de la época como La Libertad y El Sol, cimentando su prestigio en reportajes como la cobertura de la guerra de Marruecos y en retratos de políticos e intelectuales como Valle-Inclán o los hermanos Machado.
Leopoldo Cartagena vivió años frenéticos en la calle de la Montera cuando la fotografía entró en todas las casas de clase media. Retrató a su amigo José Antonio Primo de Rivera con un indiscutible aire cinematográfico.
Dicen que el paisaje de nuestra infancia desaparece en la bruma
¿Cómo un hombre sin apenas formación, nacido en un pequeño pueblo castellano, tuviera el rasgo de inteligencia de mandar a su hijo menor a estudiar a Oxford, cuando de España no salían a estudiar ni los hijos de la nobleza? ¿Cómo logró codearse con Marañón o Azaña? ¿C´omo alcanzó el bienestar económico para él, su familia y su pueblo? Aparte de su inteligencia y carácter emprendedor,
Marañón fue su Pigmalión.
El 8 de febrero de 1952, Marañón dirigió desde su casa en Castellana 19, 5º derecha, una escueta carta al doctor Antonio de la Calle, de la que dio traslado a don Agustín.
Decía: `Mi querido amigo: me alegro del éxito obtenido por Agustín Muñoz Bernal; es uno de los médicos de más provenir, entre los jóvenes actuales. Con el mayor afecto le saluda su buen amigo Gregorio Marañón.
(Agustín y Mercedes, mis padrinos, en Gure Toki Ona, petit Palais en Vera deBidasoa , casa de los padres de Mercedes)
(Jacinto, Elfidio, José a la guitarra Andrés y al baile Cosme)
En Madrid, Agustín mantenía en la distancia el control del negocio familiar, acudía a diario a la Peluquería Chacón, frente al Lardy a erraeglarse la barba o el pelo, visitaba a sus amigos y frecuentaba locales de ocio como las marisquerías La Tropical, en la calle Mayor 1, lo Kulisca, en Santa Engracia 49, lo cafés literarios de la Puerta del Sol o los teatros Rialto o Lope de Vega de la Gran Vía.
De los frutos de mar prefería las gambas(cocidas, a la plancha, gambas ajo, con gabardina, coctel de gambas…) las cosas como son.
Iba, pongamos por caso, a este KulisKa Restaurante, antigua Colorada, que ahora regenta la nieta del fundador, Ana. Quedaba, ya digo, con su hijo Andrés, a las 13 horas: él llegaba a las 12 horas; pedía gambas y le pedía al camarero que retirara todo resto.
`A Andrés que le den´,
decía satisfecho. Salvo si la que llegaba era su nieta predilecta, Pilar; le daba de todo: caramelos, gambas, helados, más gambas… Pilar se escapaba del colegio, con el uniforme escolar y calcetines blancos.
Venga gambas, era por demás.
Cuando se pasaba por la calle Zurbano, preguntaba circunspecto a su hijo dilecto Andrés:
- Cómo ha ido el negocio, hijo ?
- Padre, hemos ganado tres millones de pesetas
- ¡Haberlos¡
-
- Bueno existencias, productos terminados, proveedores….
- ¡Bah, tonterías¡
A la semana siguiente. Lo mismo
- Cinco millones en clientes, stok de proveedores…
-¡Bobadas¡
Y
Ya una vez preguntó:
-
- ¿ Como ha ido el negocio, hijo predilecto?
- Hemos ganado quince millones de pesetas
- ¿Dónde están?
- ¡ Toma, aquí los tienes. Quince millones
Agustín se fue por fin tranquilo
Por Orden de 5 de diciembre de 1955 (BOE del 13 de diciembre) del director general de Industria se declara en situación de supernumerario al Ingeniero segundo del Cuerpo de Ingeniero Industriales
don Jacinto Muñoz Bernal,
Hasta entonces en la Secretaria de la Comisión Nacional de Productividad Industrial del Ministerio de Industria.
Poco después falleció victima de un accidente de trafico. Y esto constituyó la primera desgracia familiar.
Decía el diario ABC :
“ Ha muerto en plena juventud. Jacinto Muño Bernal. Por su sobresaliente personalidad, sus cualidades humanas y su gran preparación y capacidad técnica, supo ganarse el afecto y admiración general, tanto en los círculos profesionales como en los sociales. La muerte ha sorprendido a quien cifraba en sí, en el despliegue de una actividad de tanta importancia como la que el, con su gran importancia, desarrollaba, cuando por hallarse en la plenitud de su vida, se hallaba en condiciones mejores para seguir prestando el impulso que necesariamente refleja en la técnica y en la producción. Pero por encima de todo se hallan los planes de la providencia”
Encarnación era mujer sumamente inteligente. Austera. sufrida y testaruda. Sometida a su marido y a sus hijos, como era normal en las mujeres de la época. En cierta ocasión, ya viuda, ante los inevitables problemas surgidos con la herencia, le propuso su hija Emilia:
- `Madre, de vez en cuando diga usted alguna mentirijilla´.
Ella respondió:
- `Eso leches´.
Siempre mantuvo la palabra dada. Y palabra de esperarle hasta su vuelta le dio a su novio Cipriano Varela, emigrante en Argentina. Como quiera que Cipriano se retardaba y Agustín empezara a cortejarla, ella le mandó una carta diciéndole:
- `Me ha salido un pretendiente, al parecer bueno; ¿debo mantener mi promesa de esperarte?´.
Cipriano la contestó:
- `No sé cuándo volveré ni en qué condiciones. Cásate con tu pretendiente´
`Ni en qué condiciones; qué carácter´, rememoraba Encarnación cuando ya había muerto, de cáncer, Agustín y ella mantenía la tradición de su marido de pasar los inviernos en Madrid.
De su casa de la calle Viriato sólo salía para comprar marisco los sábados, a los hijos de Cosme tomar tortitas con nata en California 47, ver despegar los aviones en el aeropuerto de Barajas, o degustar tortilla montada de magras de cerdo y perdiz en La Venta de Aires de Toledo.
La tortilla, las magras de cerdo y la perdiz nos dejaba catarlas a sus nietos secundarios, entre los que modestamente, me incluyo. ¡ Las cosas como son!.
El marisco que dedicaba los sábados del invierno a los hijos de Cosme, ni olerlo.
Madrid no la gustaba casi nada, pero la compensaba por el viaje, pues decía que la permitían admirar hermosos paisajes. De manera que se montaba en el asiento trasero derecho de su Ford 450, siempre conducido con extrema delicadeza por Teodoro, con el ánimo presto a recrearse en el paisaje. Más lo cierto es que paisaje, lo que se dice mayormente paisaje, sólo apreciaba el límpido cielo de Castilla.
Siempre conservó dos aficiones, las chisqueretas y pescar cangrejos. Lo que más la gustaba, aparte de las gambas y de la limpieza de su domicilio, era el vacío Era tal su afición a quemar cosas que bastaba, por ejemplo, que le anunciaran visita sus hijos José o Juan, desde Vitoria, ciudad en la que había muy buenos muebles, para que ella ordenara:
- `¡Pacheco, prepara una chisquereta en el corral´.
Entonces quemaba con gran satisfacción el tresillo y cuanto le venia al paso.
(Agustín y Encarnación, por Gyenes)




















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