Virginia Woolf escandalizo a la sociedad británica de su tiempo con su pertenencia en El Grupo de Bloomsbury, una reacción lógica al encorsetamiento y a la necesidad intelectual, de hacer precisamente lo contrario de lo que se hacía durante el reinado de la Reina Victoria, Es decir: desentenderse del puritanismo. De ahí que además de los vínculos intelectuales se estrecharan en el grupo relaciones afectivas. Y algún triángulo amoroso. ¡Vamos, que era un lupanar !
La mayoría de sus miembros eran hombres: Lytton Stracheiy, Roger Fry, Leonard Wolf, o Richard Keynes , el único economista de la historia que cabe situar a la altura intelectual de Ricardo, el economista más influyente del siglo XX, una maraña de paradojas: un burócrata que se casó con una bailarina, un hombre gay cuyo mayor amor fue una mujer, un leal servidor del Imperio Británico que cargó contra el imperialismo, un pacifista que contribuyó a financiar las dos guerras mundiales, un internacionalista que ensambló la arquitectura intelectual del Estado-nación moderno, un economista que cuestionó los propios fundamentos de la economía, y finalmente un liberal que, también como Ricardo, contribuyó a ensambla el corazón de las ideas socialistas.
Pero había cuatro mujeres: Virginia, su hermana Vanessa, Anais Hin y la apasionada y apasionante Dora Carrigton. Todos procedían del prestigioso Triny College de Cambridge. Virginia se ha convertido en una referencia mundial no ya por sus obras de ficción sino sobre todo por su faceta de ensayista, con su obra más emblemática `Una habitación propia´. Era maníaco-depresiva (trastorno bipolar) y a lo largo de su vida intentó suicidarse en varias ocasiones. El 3 de julio de 1947 escribió: `Solamente el fuego me hace soñar… Pienso mientras leo El Quijote y escribo hasta de las más íntimas escenas cotidianas…. Estoy segura de que me volveré loca´. Su Diario es un faro que nos ilumina por los vericuetos de una obra compleja y nada fácil de entender
No hay comentarios:
Publicar un comentario