Tierra de pinares es un ejemplo de belleza natural. En los parajes de Castrejón (Pedrajas de San Esteban) o Puente Blanca (Íscar), en las riberas de los ríos Eresma, Cega o Pirón, en sus miles de hectáreas de pinar en sus lagunas y humerales está la belleza profunda del bosque y la nostalgia profunda de sus aguas. Se diferencia de otros valles de Castilla por aparecer cubierto de arena cuando en las campiñas del Pisuerga el suelo es de arcilla.
En la zona correspondiente al norte de la provincia de Segovia se sitúa la villa de Cuéllar, ligada históricamente al aprovechamiento forestal y transformación de la madera y proclamada Isla mudéjar en mar de pinares. Durante el siglo XX fue una más de tantas poblaciones castellanas dedicadas a la producción de la resina, industria que parece recuperarse en estos principios del siglo XXI.
La patrona de su Comunidad de Villa y Tierra, Nuestra Señora del Henar, fue proclamada por Pío XII en 1958 señora de los resineros.
Destaca el castillo de los Duques de Alburquerque, que perteneció a Beltrán de la Cueva, valido de Enrique IV de Castilla. Su muralla es uno de los conjuntos murados más importantes y mejor conservados de la región y es foco de arquitectura mudéjar, el más numeroso de Castilla.
Cuenta además con un nutrido grupo de iglesias, monasterios, casas solariegas y palacetes pertenecientes a la antigua burguesía, como es el caso del palacio de Santa Cruz, el de los Rojas o el del rey Pedro I.
Coca y Nava de Oro aparece también ligadas a lo largo de la historia a los aprovechamientos forestales, incluido el de la resina, que sigue explotando en la actualidad.
Forman parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Coca, una institución castellana que nació libremente como un sistema de auto gobierno que distribuía justicia y autoridad entre sus vecinos y ordenaba en comunidad el aprovechamiento de las aguas y de los bosques.
En el siglo XIII estaba formada por 17 poblaciones, siendo Coca la capital del Concejo, depositaria del poder real, y quedando las aldeas supeditadas a su autoridad. La mayor parte de los bosques y de las tierras pertenecían al Concejo. Con alternativas de bonanza demográfica y económica y de crisis y enfrentamientos, entre las propias poblaciones que la forman y con comunidades vecinas. Las desamortizaciones del siglo XIX afectaron a una gran parte de sus bienes patrimoniales, sobre todo a las zonas de pasto y tierra de labor.
Nava de la Asunción fue declarada villa en el año 1733 por el Rey Carlos III. En el centro de su casco urbano se localiza su iglesia parroquial adscrita a Nuestra Señora de la Asunción, de traza barroca con restos de románico, y la ermita del Santísimo Cristo de la Expiración. Ciudadanos ilustres son Jaime Gil de Biedna, poeta perteneciente a la Generación de los 50 que vivió aquí su infancia y juventud y Juan García Segovia empresario y fundador de empresas resineras, madereras y alimentarias radicadas en la villa y en otras localidades de Madrid y Soria, como Maderas García-Segovia y Molinos Enresma.
Construiría diversas fábricas de resinas o harinas, que todavía está en pie y saltos de agua en las proximidades de la villa para el aprovechamiento hidroeléctrico que se satisfacían las necesidades de la villa.
Fue posible que yo no te supiera? De Jaime Gil de Biedna
¿Fue posible que yo no te supiera
cerca de mí,
perdida en las miradas?
Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.
¡ Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero
en que habitabas!
Pero pasas te como un Dios destruido.
Sola, después de lo negro surgía tu mirada.
Surcan el valle los ríos Enresma y Voltoya que conforman importantes masas de agua: Bodón Herrera, de los Judíos, Bodón Largo, de Libera, de Las Navas, del Retamal, Bodón Lozano, los Bodoncillos, Estanque de Arriba. También charcas y múltiples fuentes desperdigadas por todo el término. Las zonas húmedas y los prados, estaban complementadas por una zona de dunas arenosas denominadas "barján", originadas por los vientos constantes y fuertes del norte.
En Carbonero el Mayor han aparecido diversos vestigios de una calzada romana que unía Segovia con Valladolid a través del valle del río Eresma. Su desarrollo parece iniciarse en 1085. Entre 1800 y 1805 una peste de alcance desconocido hace mella en la población; es entonces cuando llegan los ejércitos franceses, surgiendo partidas rebeldes como las del guerrillero Esteban Pastor López, combatiente del ejército nacional que acaba pasándose a la guerra de guerrillas; concluida la guerra, Pastor representará a Segovia como diputado en distintas legislaturas.
Los carbonerenses se han dedicado históricamente a la industria chacinera; por estos parajes del valle del Eresma encontró alimento y caza el hombre paleolítico que grabó en las pizarras su arte naturalista. A mediados del XVIII destacaban los oficios de labrador, panadero, pastor, abaceros y arrieros. Ya en el siglo XIX la proximidad de los pinares permitió la explotación del carbón vegetal y la resina.
Hasta bien entrado el presente siglo hubo tejeras y molinos de harina y alcanzaron buena fama las caleras, Los oficios artesanos estuvieron representados por tejedores de lienzo, carreteros, alfareros, herreros, carpinteros, pizarreros, herradores, sastres y zapateros, carboneros y cacharreros.
Se mantienen bordadoras de punto segoviano, expertas en el bordado de prendas femeninas que antaño simbolizaron el ajuar de una novia, como las camisas de corchados, chalecos o justillos entallados. Un artesano reconocido Lorenzo Sancho, ciñe su trabajo a la fabricación de dulzainas con llaves, en maderas de ébano, boj, encina, granadillo y palorrosa
Destaca la iglesia de San Juan Bautista fechada en el siglo XIII, de estilo románico de ladrillo con ampliaciones góticas y barrocas. Y en ella el retablo del altar mayor, a caballo entre dos formas distintas de representar la realidad, la flamenca y la renacentista, de Baltasar Grande y Diego Rosales, discípulos de Ambrosio Benson. Por el valle del Eresma resuenan aún los trinos de pequeños pajarillos (carboneros, herrerillos, gorriones...), la silueta de las rapaces (alcotanes, cernícalos, milanos...) y el fugaz paso de pequeños mamíferos (zorros, comadrejas, liebres…).
En la zona vallisoletana Iscar está en una llanura pinariega surcada por los ríos Eresma, Cega y Pirón. Restos arqueológicos sitúan a sus primeros pobladores hacia el año 1800 a. C.; fue campamento militar o lugar de retiro de las milicias romanas.
Asolada y repoblada varias veces, la definitiva reconquista cristiana tendrá lugar en el siglo XI, en que reinando Alfonso VI, fue repoblada por Alvar Fañe, capitán de El Cid, quien construyó el castillo. Después perteneció a las casas de Lara, Haro, Zúñiga y Miranda del Castañar. Su privilegiada situación en el corazón de la tierra de pinares determinó la tradicional dedicación de sus habitantes al trabajo artesano de la madera de pino: carreteros, carreteros, trilleros y, sobre todo, carpinteros de puertas y ventanas; todo ello hoy sumido en una profunda crisis
Pedrajas se San Esteban es la Villa del piñón. Entre sus monumentos destacan la Iglesia parroquial de Esteban Protomartir. Sus gentes se dedicaban a la explotación de sus bosques, con la madera, el piñón y la resina y la extracción de yeso de los páramos. La villa pinariega tiene como patrona a la Virgen de Sacedón, cuya ermita está al oeste de la villa.
Al este, separada por una pimpollada, está Iscar. Aquél verano de 1952 los pedrajeros vieron cómo se acercaba a su pueblo un negro nublado; cayó un inmenso pedrisco (granizada) que asoló campos y casas, destruyendo la mayoría de los tejados de las casas; sólo quedó en pie la iglesia, la casona del cura y la casa solariega de Ramón Bocos Quijada, que sirvieron de refugios de los vecinos.
Al principio del nublado, los pedrajeros reclamaban: `Virgen de Sacedón, Virgen de Sacedón, que no pase de la pimpollada´.Después trocaron su rezo: `Virgen de Sacedón, Virgen de Sacedón, que se reparta´.
La Ermita de Sacedón está situada junto al río Eresma rodeada de pinos albares. En torno al río predominan los sauces silvestres o salgueras; es construyó en 1705 y es patrona de los piñeros y de Pedrajas.
Su entorno se considera poblado desde la época prerromana por los vacceos, considerados autóctonos de estas tierras. De la época romana se han hallado restos arqueológicos en las inmediaciones del casco urbano. Durante el dominio romano, Pedrajas se encontraba en medio de la calzada que unía Valladolid con Segovia. Cuenta con La Casa de Cultura Eloy Arribas.









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