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Muchos artistas han fijado su interés en esa bisagra temporal tan difícil entre la felicidad exultante de las vacaciones y el regreso a la prosaica rutina
Manuel de la Calva (1937-) y Ramón Arcusa (1936-), dos jóvenes de Barcelona que se habían conocido en una fábrica de motores de aviación. Ambos eran aficionados a la música y a raíz de su amistad comenzaron a frecuentar locales de jazz en su ciudad. La primera actuación oficial tuvo lugar el 28 de diciembre de 1958, en el programa «La comarca nos visita» de Radio Barcelona.
Después de varias apariciones en la radio, De la Calva y Arcusa dejaron sus empleos en otoño de 1959 para grabar un primer EP de cuatro canciones con Gramófono Odeón (EMI), cuyo primer tema fue Recordándote.6 Desde el principio, el Dúo Dinámico destacó por un estilo musical propio, tanto en canciones originales como en adaptaciones estadounidenses, que les convertiría en precursores del fenómeno fan juvenil en España.1 El otro aspecto llamativo fue su cuidada estética, basada en prendas coloridas que contrastaban con los sobrios cantantes de la época.7 A comienzos de los años 1960 grabarían un total de 36 EP con cuatro temas cada uno, en su mayoría sin título.16
Su primer gran éxito a nivel nacional vino con la película Botón de ancla (1961), rodada cuando ambos estaban cumpliendo el servicio militar.8 En la banda sonora se recogían sus canciones más populares, entre las cuales destaca Quince años tiene mi amor. Después de su estreno, se convertirían en una de las primeras bandas españolas que hizo gira por América Latina.9 El resto de películas protagonizadas por ellos son Búsqueme a esa chica (1964, junto con Marisol), Escala en Tenerife (1964) y Una chica para dos (1966).1
. En 1966 se hicieron con el Festival del Mediterráneo gracias a Como ayer, cantada también por Bruno Lomas. Y su mayor triunfo fue la composición de La, la, la, el tema con el que España ganó el Festival de Eurovisión 1968. Aunque su intérprete fue Massiel, la canción estaba compuesta originalmente para Joan Manuel Serrat, amigo personal con el que compartían representante. Sin embargo, la negativa de la dictadura franquista a que Serrat pudiera interpretar una parte en catalán motivó el cambio de cantante.410
En 1968 el grupo pasa a llamarse «Manolo y Ramón», con una nueva etapa en la que cambian de registro musical ante el surgimiento de nuevos grupos.11 A pesar de que no tuvieron el éxito esperado con la nueva denominación,1 siguieron jugando un papel importante en la música española como productores de nuevos artistas como Miguel Gallardo, Manolo Otero y Camilo Sesto.
El Dúo Dinámico anunció su retirada en 1972 para centrarse en la producción discográfica.11 Arcusa y De la Calva se convirtieron en los productores de confianza de artistas como José Vélez, Rosa León, Ángela Carrasco, Los Chunguitos y especialmente Julio Iglesias, con quien Arcusa ha trabajado casi en exclusiva desde 1978 hasta 1995.12
En 1978, el Dúo Dinámico se reunió de nuevo con motivo del concierto de presentación de El Periódico de Catalunya.1 Aunque ambos pensaban seguir trabajando sólo como productores, en 1980 la discográfica EMI puso a la venta un recopilatorio del grupo, 20 éxitos de oro, del que se venden más de 500 000 copias en España y América Latina, razón por la que volverían a los escenarios.1
A partir de 1986, firmaron un contrato con Sony Music para grabar tanto reediciones de sus clásicos como nuevas canciones. Del álbum En Forma (1987) destacó especialmente el sencillo Resistiré, compuesto por Carlos Toro Montoro,13 que fue un éxito de ventas y llegó a ser utilizado en la banda sonora de la película ¡Átame!, del director manchego Pedro Almodóvar.11 Otros trabajos son Tal Cual (1991) y Pa'lante (1995), si bien la mayoría son reediciones o versiones remasterizadas de los inicios.1
Con motivo de su 50º aniversario, publicaron el álbum de homenaje Somos Jóvenes: 50 Años (2011) en el que interpretaban sus mayores éxitos junto con Miguel Ríos, Soledad Giménez, Alaska, Lolita, Andy & Lucas, Carlos Baute, Ana Torroja, Diana Navarro, Los Pecos, Leslie (de Los Sírex) y Santi Carulla (de Los Mustang), Julio Iglesias, y Joan Manuel Serrat.14 Gracias a ese trabajo recibieron el disco de platino con más de 40 000 copias vendidas.15
El Dúo Dinámico es el segundo grupo español (después de Mecano) que ha contado con su propio musical. El 21 de septiembre de 2007 se produjo el estreno de Quisiera ser en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid.16
`Nos hemos ido 'acatetando' y nos miramos demasiado el ombligo´ El día en que tiene lugar la entrevista se cumplen 39 años de la victoria de Felipe González (Sevilla, 1942) en las elecciones del 28 de octubre de 1982. Es lo primero que comenta al sentarse para ser entrevistado. Su figura, El día en que tiene lugar la entrevista se cumplen 39 años de la victoria de Felipe González (Sevilla, 1942) en las elecciones del 28 de octubre de 1982. Es lo primero que comenta al sentarse para ser entrevistado. Su figuracuatro décadas más tarde, no ha perdido el 'visionario liderazgo' que lo llevó a la Moncloa y su voz despierta un impensable consenso de una amplia mayoría de la ciudadanía. A punto de cumplir 80 años, nos recibe en su casa, un piso elegante en el barrio de Salamanca. Su mujer, Mar García Vaquero, está siempre cerca. Felipe González responde a las preguntas serio, en un sofá del zaguán.
- ¿Cómo ve España? ¿Está el vaso medio lleno o medio vacío?
- Felipe González. Estoy preocupado. Pero veo España, con una perspectiva histórica, como un país muy resiliente. Ahora, evitemos llegar a límites de ruptura del pacto constitucional. Si quieren reformarlo, que lo hagan, pero que lo rompan unilateralmente no puede ser.
XL. ¿Cuál cree que es el estado de ánimo del país?
F.G. los los acuerdos de la Moncloa o el pacto constitucional, un pacto de convivencia. Queríamos que no se repitiera nuestra historia y eso se hizo con acuerdos en los que cupiera la mayoría. Ese pacto de convivencia está hoy alterado por una crispación política. Y eso tensa a la sociedad, aunque no se vive igual en todas partes.
"
XL. Vivir en Cataluña no es lo mismo que hacerlo en otras comunidades.
F.G. Vivir en una realidad como la de Barcelona es más difícil que la de Cáceres, por ejemplo. Ha habido un incremento de los discursos populistas: los que dan una respuesta simple a un problema complejo y buscan un culpable a quien achacarle que su respuesta no funciona.
XL. ¿Habría entonces que recuperar el centro para huir de los populismos de los extremos?
F.G. Habría que recuperar la centralidad, no el centro. La centralidad es el juego de ideas políticas diversas que respetan que hay elementos comunes que se deben preservar por encima de las diferencias. La centralidad es un espacio de centro-derecha y centro-izquierda que practican muy bien los alemanes. Ahí deberíamos mirarnos.
XL. ¿Echa de menos grandes pactos entre el PSOE y el PP?
F.G. Echo de menos la política de pactos. Y de pactos transversales, no intrabloques, que es lo que estamos viviendo. Comprendo que hay gobiernos que tienen que ser de coalición, pero en esos gobiernos hay una Constitución que respetar y defender.
XL. ¿Gobernar ahora es más difícil que en la Transición?
F.G. Gobernar la inmensa incertidumbre que produce el virus es una de las situaciones más complejas que he vivido. No querría estar en la situación de gobernar en este momento. Los gobernantes somos proveedores de certidumbre para los ciudadanos; incluso cuando dudamos, lo hacemos con la almohada, pero cuando te levantas no puedes trasladar esa duda a los ciudadanos. Gobernar la COVID es gobernar la incertidumbre.
XL. En épocas de incertidumbre es imprescindible tener políticos capaces. ¿Tenemos a los mejores?
F.G. [Silencio]. Sin duda, necesitamos líderes a la altura. Cada generación dice que los anteriores líderes eran mejores. Cuando yo estaba en el Gobierno hablaban de Schuman, Adenauer… y ahora de Kohl, Mitterrand, Felipe González, Thatcher. Es una constante histórica. Además de eso, ha habido un proceso muy delicado de selección negativa del servicio público de la política.
XL. La política está cada vez más desprestigiada.
F.G. Sí, y se retroalimenta porque alguien que tiene talento y capacidad, si entra en política, y lo digo de manera muy dura, es presuntamente culpable. ¿Se querrá enriquecer? Esta presunción de culpabilidad hace que los mejores tengan cierta resistencia a dar el paso. Tenemos que superar esa selección negativa. Debemos premiar el servicio público y, si alguien falla, lo tiene que pagar. Y, por supuesto, deben estar mejor pagados, aunque nunca será lo mismo que lo que le paguen por su talento en el sector privado. Esa comparación no existe.
XL. ¿Sabremos utilizar bien los fondos europeos de recuperación?
F.G. Nos pueden llegar fondos europeos, incluso podemos intentar utilizarlos bien, pero el esfuerzo es un esfuerzo de cada ciudadano. No es un maná que llueve del cielo, entre otras razones, porque lo tenemos que pagar; y segundo porque lo que creemos que no debemos pagar lo tiene que pagar Europa, y eso lo acabamos pagando nosotros también. Recibimos más dinero porque hemos sido más afectados por la pandemia, pero ningún país sale adelante si no es por el impulso de sus ciudadanos. Hay que estimular el trabajo bien hecho y el compromiso con el trabajo de todos; de lo contrario, no aprovecharemos los fondos y no saldremos adelante.
XL. ¿Cuáles cree que deberían ser las prioridades para el futuro?
F.G. Están muy condicionadas por la revolución tecnológica y por una evidencia que ya nadie niega –bueno, algunos aún– de un cambio climático que está alterando la vida de todos. Esta revolución tecnológica condiciona todas las políticas. No solamente se trata de hacer carreteras o mejorar los trenes, que también es necesario; se trata de adaptar el funcionamiento general de la sociedad a una nueva circunstancia.
XL. El cambio es vertiginoso.
F.G. Para que el mundo se cubriera de energía eléctrica, hemos necesitado un siglo y medio. En una generación, el mundo se ha cubierto por la red que supone Internet.
XL. El coronavirus también se ha propagado a toda velocidad.
F.G. Sí. Y está para quedarse.
XL. ¿Tenemos que aprender a vivir con el virus?
F.G. Las variantes de este bichito van a llegar de África o América Latina o de lugares de Asia menos desarrollados. Por tanto, si no somos solidarios, seamos al menos egoístas inteligentes. Intentemos que se frene esta pandemia. Todas las invitaciones que recibo actualmente tienen títulos confusos. Muchos aluden a una sociedad pos-COVID. ¡Pero si han cerrado Santiago de Chile! ¡Y no tenemos datos de lo que pasa en el África subsahariana, por ejemplo!
XL. En su libro En busca de respuestas analizaba la situación poscrisis de 2008, una crisis que según usted no se quiso ver venir. ¿Qué hemos aprendido?
F.G. Es en Europa donde no se quiso ver. Pensaron que la crisis duraría dos años; y yo sabía que iba a hacer un gran destrozo y que había que hacer políticas anticíclicas y no de austeridad. Hemos pasado por una crisis brutal con políticas contrarias a las que había que hacer. Y eso es lo que se ha corregido con la crisis de la COVID. La reacción europea ahora ha sido inversa; se ha hecho un endeudamiento público europeo extraordinario, políticas anticíclicas muy importantes…
XL. A nuestra crisis se suma ahora el alza de los precios de la energía y las materias primas.
F.G. Necesitamos una redefinición de la globalización para evitar una dependencia exagerada de lo que se produce en China. Se va a parar Renault dentro de unos días; como consecuencia del brexit, hay falta de existencias en supermercados británicos. Estamos viviendo momentos bien peculiares.
XL. Otro de nuestros retos es la España vaciada, la España rural.
F.G. Nuestra agricultura no pesa menos –sino probablemente más– que la francesa en el producto bruto francés. Pero nuestra gente ha huido a la ciudad en lugar de quedarse en las zonas rurales como los franceses y alemanes. Es una de las grandes tragedias. También la forma de comunicarse. Cuando se cita por SMS a los mayores de 80 años para vacunarse, algunos no saben lo que es el SMS. Tenemos que cuidarlos y respetar algunos modos de vida que nos parecen anticuados. Es la primera vez en la historia de la humanidad que los jóvenes enseñan a los mayores.
XL. El escritor Manuel Vilas decía hace poco que los europeos nos parecemos a un fin de raza.
F.G. Los europeos vamos a ser el 6 por ciento de la población mundial, en el rinconcito sur occidental de Eurasia. Frente a eso, tendremos más de un 40 por ciento de la población mundial solo de China y la India. La vieja gloria europea ha sido la gran productora de innovación y de civilización, pero también produjo dos guerras mundiales. Yo soy tan europeísta porque la construcción europea es la respuesta a las patologías de la guerra con una ética de la paz para que no se volviera a repetir ese espectáculo.
XL. ¿Cuál debería ser entonces el papel de Europa?
F.G. Actualmente somos una sociedad temerosa. Lo que le pido a Europa en política exterior, seguridad... es que se haga cargo de sí misma, que se declare mayor de edad. No puede depender de los intereses de Washington o de las Alianzas Noratlánticas. Tiene que ser más autónoma dentro de la globalización y con un peso que compense la nueva polarización China-Estados Unidos. Ese debería ser el papel de Europa. Es muy capaz normativamente...
XL. Explique lo de «normativamente».
F.G. Hoy, las grandes potencias son potencias tecnológicas y están ligadas a grandes plataformas. La materia prima de estas plataformas son los datos –como hace un siglo lo era el petróleo– y los datos somos nosotros. Por esos datos, sin embargo, Facebook y Google no pagan. Estados Unidos ha colocado grandes tecnológicas en circulación, y de lo único que ha sido capaz Europa es de regular los límites para el derecho a la intimidad... Europa es más una potencia reguladora que creadora de grandes plataformas.
XL. ¿Cree que la educación es uno de los grandes lastres de nuestro país? ¿Qué se está haciendo mal?
F.G. El problema fundamental es la inadaptación de nuestro sistema educativo a las exigencias de nuestro cambio tecnológico. Le damos la mayor importancia a la educación universitaria y no suficiente a la formación profesional. Recuerdo a Helmut Kohl yendo a la entrega de diplomas de formación profesional y no a la de universitarios. Precisamente, me regalaron la huelga más exitosa que ha existido en la historia de España cuando en 1988 quise introducir la formación profesional.
XL. La adaptación a nuevos puestos de trabajo es otra dimensión del problema.
F.G. Un joven puede estar muy bien formado para ser un productor de software, pero tiene que saber que, por muy preparado que esté, su conocimiento puede quedar obsoleto en tres años. Es una dimensión seria, exige una continua adaptación y un esfuerzo titánico.
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XL. Usted también aludía al abandono de la formación humanística.
F.G. Sí, empeñados en mejorar la cualificación técnica con una visión estrecha de lo que demanda el mercado, la olvidamos. No la apreciamos. Me encontré con un profesor de Literatura, especialista en Shakespeare en Silicon Valley, y era la persona más apreciada por los ingenieros. Ese profesor era especialista en la condición humana y no en softwares. Tenemos que recuperar un conocimiento más profundo de la condición humana, de la Historia, la filosofía, la literatura, el arte...
XL. ¿Lee a los clásicos?
F.G. Ahora leo menos porque tengo un poco damnificada la vista. El Quijote es un libro de cabecera. Conocer a Cervantes y el Quijote es conocer la condición humana.
XL. Y ¿literatura contemporánea? ¿Alguna recomendación que nos sirva para entender mejor el momento que vivimos?
F.G. Un filósofo coreano-alemán, Byung-Chul Han, que es un personaje extraordinario que ha estudiado muy bien cómo esta sociedad nos ha dislocado, desde el punto de vista de la búsqueda de la verdad, la sobreexcitación y sobreactuación de las redes sociales. Habla de esta sociedad que desarticula al ser humano.
XL. ¿España sigue siendo el mejor país para vivir?
F.G. Si se puede vivir, sí. Lo repito. El mejor país para vivir si se puede vivir. La gente que no llega a fin de mes no puede considerar que sea el mejor país.
"Yo quiero una España que funcione. Lo mismo que dije cuando gané las elecciones en 1982. Eso significa gobernar mirando a la gente, no mirándose a sí mismos"
XL. Usted decía que había algo muy difícil de conseguir que era que estuviésemos orgullosos de nuestro pasaporte. ¿Nos hacemos respetar fuera?
F.G. Claramente hemos perdido presencia internacional. Hace 39 años estaban aquí Bush y Gorbachov con árabes e israelíes y con 7500 periodistas en el palacio de Cristal, donde se celebró la primera conferencia árabe-israelí en busca de un proceso de paz. Eso tuvo lugar en Madrid. ¿Por qué? Porque generábamos confianza. Lo que pasa ahora, y lo diré para que se entienda, es que nos hemos ido 'acatetando' y nos miramos demasiado el ombligo.
XL. ¿Qué cree que ha hecho bien en su trayectoria política para que hoy su figura genere consenso?
F.G. Voy a cumplir 80 años. Cuando uno gobierna casi 14 años, se pregunta si ha contribuido a mejorar las condiciones de vida, nuestra posición en el mundo como país. ¿He contribuido a eso? Creo que sí, incluyendo en el paquete errores y aciertos. Si el que me sustituya acaba su mandato y dice lo mismo, y el que sustituya al que me sustituya puede decir lo mismo, este país avanzará. Nunca es una línea recta, pero en los elementos esenciales sí. La gente es muy generosa porque los errores que cometí están más olvidados que los aciertos que nos hicieron vivir mejor.
XL. ¿Cuál es el país que usted querría en estos momentos?
F.G. Yo quiero una España que funcione. Lo mismo que dije cuando gané las elecciones en 1982. Eso significa gobernar mirando a la gente, no mirándose a sí mismos.
Pregunta XL. ¿Sabremos utilizar bien los fondos europeos de recuperación?
Felipe Gonzalez . Nos pueden llegar fondos europeos, incluso podemos intentar utilizarlos bien, pero el esfuerzo es un esfuerzo de cada ciudadano. No es un maná que llueve del cielo, entre otras razones, porque lo tenemos que pagar; y segundo porque lo que creemos que no debemos pagar lo tiene que pagar Europa, y eso lo acabamos pagando nosotros también. Hay que estimular el trabajo bien hecho y el compromiso con el trabajo de todos; de lo contrario, no aprovecharemos los fondos y no saldremos adelante.
XL. Habla de la necesidad de combinar lo público y lo privado.
F.G. Sí, pero aguas abajo, y no solo en las cúpulas. Hay que ir a las necesidades no únicamente de una gran corporación, sino de las de las pequeñas y medianas empresas, que tienen que estar dentro de ese plan de reconstrucción.
XL. ¿Cuáles cree que deberían ser las prioridades para el futuro?
F.G. Están muy condicionadas por la revolución tecnológica y que condiciona todas las políticas. No solamente se trata de hacer carreteras o mejorar los trenes, que también es necesario; se trata de adaptar el funcionamiento general de la sociedad a una nueva circunstancia.
XL. El cambio es vertiginoso.
F.G. Para que el mundo se cubriera de energía eléctrica, hemos necesitado un siglo y medio. En una generación, el mundo se ha cubierto por la red que supone Internet.
Envejeció por razón de cargo, como todos los inquilinos de la Moncloa. Pero, de vuelta a casa, con disciplina para correr dos horas y media cada mañana antes de dirigirse a su despacho en FAES, José María Aznar florece en su aspecto físico, casi tanto como las exultantes trepadoras que tapizan el muro de su jardín.
Nos recibe en su casa de la zona norte de Madrid, relajado y solícito, para hablar de lo que más nos interesa: la España que tenemos y la que deberíamos tener; de lo que más le ocupa y preocupa a él: la revolución digital capaz de anular la razón humana; y de lo que –asegura– le distrae poco: las historietas del PP madrileño.
XLSemanal. Empecemos por el principio, ¿necesita ser reformado alguno de los artículos de la Constitución?
José María Aznar. La Constitución es la solución, no es el problema; lo que hace falta es respetarla y cumplirla. Yo no tocaría nada de ella porque no es un problema para los españoles, aunque hay algunos españoles que tienen problemas con la Constitución. Pero ese es 'su' problema, no el de los demás.
XL. ¿Qué diagnóstico hace de la actual situación de nuestro país?
J.M.A. Tenemos un país desordenado y nuestros problemas fundamentales son el separatismo y el nacionalismo. Debemos fortalecer la nación, evitar que siga en un proceso de deshilachamiento que la lleve prácticamente a su desaparición.
XL. ¿Qué medidas cree que habría que tomar?
J.M.A. Lo primero, no pactar con aquellos que quieren destruirla. No conozco ningún negocio en el que se pacte con quienes quieren matar el negocio. España es el país más descentralizado del mundo y ahora escuchas que se pretenden organizar concursos entre comunidades autónomas para ver quién ofrece más para llevarse instituciones y sedes del Estado que están en Madrid. Esto es una majadería propia de majaderos.
XL. Pero las primeras concesiones al nacionalismo se hicieron bajo su presidencia.
J.M.A. Hasta 2004, el proceso de incorporación de los nacionalismos a la política de Estado fue gigantesco. Y se realizó con una generosidad extraordinaria. Yo no solamente no me arrepiento de haber participado en eso, sino que lo alabo; se desarrolló la Constitución hasta el máximo. Pero ese proceso acaba en el año 2004, cuando empieza el desmantelamiento del Estado. El pacto constitucional reconoce el nacionalismo desde la pluralidad de la nación española, no la plurinacionalidad, no una España multinacional ni multinivel –que es otra majadería– ni federal. Y ese pacto lo han roto los nacionalistas y los separatistas. El principal problema de España es que el Partido Socialista es cómplice de ese proceso.
XL. ¿Y por qué el PP no lo paró en la etapa anterior, cuando tenía mayoría absoluta?
J.M.A. Justamente he tenido mis dificultades con el Partido Popular por no afrontar ese tipo de políticas y por decirlo de esta manera. Creo que fue un error y también la razón por la cual la derecha se ha dividido. Ciudadanos y VOX nacen justamente por eso, no hubo otra razón.
XL. Siempre se dijo que la relación del rey Juan Carlos con Felipe González fue mucho más fluida, estrecha y cercana que la que mantuvo usted.
J.M.A. A mí solo me interesa la monarquía como institución garante de la continuidad histórica de España. Yo nunca he sido cortesano, solamente he tenido relaciones institucionales. Ha sido un error no fortalecer la institución, sino decir: «Yo soy republicano, pero soy juancarlista». Y, de pronto, eso falla y se cae. Ahora hacemos lo mismo: «Yo no soy monárquico, pero don Felipe lo está haciendo muy bien», y eso no es. Hay voluntarios para ser cortesanos, pero a mí eso no me interesa nada.
XL. En los dos últimos siglos, la monarquía ha pasado por trances complicados. ¿Somos los españoles leales a la Corona?
J.M.A. Los españoles actuaremos inteligentemente si preservamos el valor de la monarquía en nuestro país y fortalecemos la Corona. Si la monarquía no continúa, el país corre el riesgo de diluirse.
XL. En materia de educación, ninguna ley ha resistido un cambio de Gobierno.
J.M.A. Es imposible llegar a un pacto porque la izquierda siempre ha considerado la educación como algo que tiene que controlar y, por lo tanto, le da a toda reforma educativa un sesgo ideológico.
XL. ¿La izquierda no podría decir lo mismo respecto a la derecha?
J.M.A. No, porque la de la izquierda es una posición política excluyente que niega al resto de la sociedad la posibilidad de intervenir en los sistemas educativos. Es absurdo que un ministro pueda decidir a qué colegio tiene que ir mi hijo sin dejar esa opción a los padres.
"Hay casos de corrupción que han podido ser sorpresas muy desagradables para mí. La credibilidad institucional está dañada, pero España no es un país corrupto"
XL. ¿Cómo calificaría la situación actual?
J.M.A. España tiene un sistema educativo dirigido a ensalzar la mediocridad, en lugar del mérito y el conocimiento. En muchos países se priman la diversidad, la equidad, el género, las minorías. En España, eso es exacerbado.
XL Plantee soluciones viables.
J.M.A Lo lógico sería llegar a un pacto de Estado razonable compartiendo objetivos para lograr el mejor sistema educativo posible sobre la base del mérito y del conocimiento.
XL. Ha habido corrupción política en todas las etapas de la democracia, ¿diría que el nuestro es un país corrupto?
J.M.A. España no es un país corrupto, puede haber casos de corrupción, pero España transmite seguridad institucional, seguridad jurídica y garantía del Estado de derecho. Lo cual no quiere decir que la credibilidad institucional no esté dañada, que lo está; ni que no se hayan cometido actos de corrupción, que se han cometido. Pero, a diferencia de lo que pasa en otros países, el sistema no ha sido agarrado por fuerzas de la corrupción ni de la criminalidad.
XL. ¿Y esto cómo se traslada a la vida cotidiana?
J.M.A. Muy sencillo. Si tú llamas a la Policía, la Policía es parte de la solución, no te agrava el problema. Y, cuando acudes a la judicatura, normalmente la judicatura busca la solución, no agrava el problema.
XL. ¿Le causaron sorpresa los casos de corrupción de Rato, Bárcenas, Correa…?
J.M.A. Han podido ser sorpresas muy desagradables, pero cada uno responde de su actuación.
XL. ¿Nuestros políticos están a la altura de los europeos?
J.M.A. La degradación del nivel político es general en todos los países y España no se escapa a ello. Hoy, en la vida política se está fundamentalmente por estar, sin ninguna idea de hacer.
"La revolución digital afecta a la posición del ser humano. Nunca hemos tenido tantas oportunidades como ahora ni hemos sido tan vulnerables y manipulables"
XL. Califique la clase política española actual.
J.M.A. En este momento es la más discreta, por decirlo de esa manera, o la menos brillante, por decirlo de otra, desde la Transición. Los problemas que tiene España hoy los tiene porque falla la política, fallan los políticos, no fallan la Constitución ni el sistema.
XL. ¿Le resulta preocupante la situación de la España vaciada y el abandono rural?
J.M.A. ¿Cuándo ha estado llena esa España que se llama hoy 'vaciada'? Con todos mis respetos, Teruel, Zamora o Lugo son provincias donde siempre ha vivido poca gente. Pero pongamos las cosas en su sitio: si España tenía un 40 por ciento de población agraria y, después de convertirse en una sociedad industrial y de servicios, el mundo agrario se reduce al 6 por ciento, a eso se lo denomina 'modernización de la sociedad'. La urbanización es la modernización de la sociedad, sin que esto quiera decir que se tengan que desatender determinadas áreas.
XL. En Europa, ¿nos siguen considerando los PIGS del sur?
J.M.A. España ha caído en el anonimato internacional. Hoy es un país que no da, que pide. La España potente, próspera, que demostraba su capacidad entrando en el euro, que tenía déficit cero y un endeudamiento mínimo, que se había convertido en un ejemplo por su Transición para toda Iberoamérica, que tenía una fuerte relación con Estados Unidos, que tenía una influencia media pero relevante, esa España ya no existe.
XL. ¿Cuál es ahora nuestra posición en el panorama internacional?
J.M.A. Nuestros tres ejes fundamentales de actuación –Europa y la relación atlántica, Latinoamérica y el norte de África– están bajo mínimos. Volvemos a los tiempos en los que el centro y el norte de Europa no se fían de nosotros ni en las actitudes políticas ni en las cuentas. Volvemos a los tiempos de no relación política con Estados Unidos; y el retroceso latinoamericano es peor que alarmante. A estas cuestiones se les dedica poco pensamiento.
"¿Cuándo ha estado llena esa España que llaman 'vaciada'? Si con la sociedad industrial el mundo agrario se reduce, a eso se lo denomina 'modernización'"
XL. ¿Cómo mejoraría nuestro posicionamiento?
J.M.A. La pregunta es qué vamos a hacer cuando tengamos que poner la casa en orden. Esto se ha convertido en un paraíso de gasto y despilfarro como si fuese a durar toda la vida. Un país que tiene un 5 por ciento de déficit estructural es un país que tiene su futuro absolutamente comprometido.
XL. Hay quienes auguran una inflación galopante.
J.M.A. Se habla mucho estos días de los fondos que vamos a recibir de Europa; yo no sé cuántos hemos recibido ya ni en qué se han aplicado, si es que hemos recibido alguno; pero sé en qué se deberían aplicar. España necesita reformas estructurales de enorme envergadura: desde las pensiones hasta la educación, la fiscalidad... Este es el tema, porque en un escenario de inflación se erosiona todavía más la posición de las clases medias, y ese es un peligro muy grande. Me preocupa muchísimo la situación de los jóvenes y de las clases medias, el hacer tonterías y majaderías en la reforma laboral y que no se le explique a la gente la verdadera situación. El espectáculo que estamos viendo es deprimente.
XL. ¿Cree, como dicen, que el malestar social volverá a la calle y que recordará al 15M?
J.M.A. Yo doy por descontado que la calle se va a mover cuando en España se produzca una alternancia política, porque ya hay algunos que están pensando solamente en eso: «Vamos a perder, pero vamos a agitar la calle». Eso ya está escrito.
XL. ¿Cómo calificaría la situación del PP hoy?
J.M.A. El Partido Popular tiene una oportunidad y una responsabilidad muy grandes: puede y debe ganar las próximas elecciones. Tiene un líder capaz de hacerlo y tiene que convertirse en el imán de las fuerzas de centro-derecha. La política siempre es una suma de activos y, para triunfar, tienes que cuidarlos.
"La inflación erosiona a las clases medias, y ese es un peligro muy grande. Me preocupa hacer majaderías con la reforma laboral y que no se explique la situación a la gente"
XL. ¿Cuál es su posición respecto al enfrentamiento por el liderazgo del PP de Madrid?
J.M.A. Yo no intervengo en la vida interna del partido. Otra cosa es que yo hable con alguna gente y diga lo que pienso; luego, cada uno hace lo que le parece y unos me hacen más caso y otros menos.
XL. ¿Y qué es lo que piensa?
J.M.A. Que el principal activo del Partido Popular se llama Madrid, que el modelo alternativo del Partido Popular se llama Madrid y que las personas que lo encarnan tienen expansión general por toda España. Estoy hablando del modelo de libertad que los ciudadanos defienden en Madrid y que sirve para toda España. Ese es el principal activo que tiene el Partido Popular: ¡por favor!, que no se deteriore y que se enriquezca.
XL. Ahora no tire balones fuera, ¿quién cree que debería liderar el PP madrileño: Díaz Ayuso o Martínez-Almeida?
J.M.A. Tanto la presidenta de la Comunidad de Madrid como el alcalde de Madrid tienen todo el derecho a presentarse a unas elecciones. La presidenta de la Comunidad de Madrid es la política más popular de toda España, punto.
"La presidenta de la Comunidad de Madrid es la política más popular de toda España, punto"
XL. Para terminar, ¿qué le preocupa especialmente del futuro de España?
J.M.A. Las consecuencias de la revolución digital, este es el gran tema y al que le presto mayor atención. En el mundo de hoy, la gran competición es por quién va a tener el superpoder estratégico en la era digital: China o Estados Unidos. Esto obliga a que los demás países tengamos que repensar qué papel hacemos en esta competición.
XL. ¿Cuál es su reflexión?
J.M.A. Hay dos temas que para mí son los temas de fondo. El primero: la disrupción que ha supuesto la revolución digital, la alteración en nuestras democracias, el resurgimiento de los populismos y los nacionalismos, y la tentación autoritaria, que nace también como consecuencia de la pandemia, pero que es fruto esencial de la revolución digital. Esto es muy grave y afecta a la posición del ser humano. Nunca el ser humano ha tenido tantas oportunidades como ahora y nunca ha sido tan manipulable y tan vulnerable. La eliminación de la privacidad es poder puro y duro. Cuantos más datos conoces de las personas, más manipulables son y más poder tienes sobre ellas. Tenemos que decir: «Oiga, mis datos son míos y me pagan ustedes por utilizarlos y, si no, no los utilizan». No es fácil, pero hay que tejer una alianza muy clara y algo se está empezando a mover.
XL. ¿Y el segundo tema?
J.M.A. El desarrollo sin control de la inteligencia artificial. Es la primera vez que una revolución es capaz de eliminar la razón humana. La razón está siendo sustituida por algoritmos que no se controlan ni se limitan y que tienen una posición cada vez más excluyente del ser humano. Al final, la pregunta inevitable será: si la inteligencia artificial es capaz de anular la razón humana, entonces ¿qué hacemos aquí? A reflexionar sobre todo esto es a lo que ahora me dedico, mucho más que a las historietas del Partido Popular de Madrid.






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