Mi abuelo, Francisco Bocos Santamaría, era el 21º conde de Rebolledo. Casado con Teresa Cantalapiedra de Castro, tuvieron nueve hijos: Francisco, Teresa, Carmen, Pilar, Ramón, José, Carlos, Isidora y María. Nietos: Francisco, Manuela, Ramón Pedro Canisio (Sobradillo) Agustín. Arturo, Teresa; Carmen, Santiago, José, Julio, Francisco, Teresa, Mauricio, Carlos, Pilar, Clotilde, José, Francisca, José Ignacio, Susana, Teresa, Carmen, Concepción, Ramón. Sonsoles, Ana, Carlos, Isadora, Fernando. Francisco, Emilio, Carlos. José, María Jesús, Pilar.
" La alcurnia de don Quijote: El Rey
Don Bernardino de Rebolledo, señor que dice ser de Irian, alcalde de la tenencia de la Puebla de don Fadrique, de la Orden de Saniago, gentinpblel de la boca del senerísimo Cardenal Infante don Fernando mi hermano y mi teniente de Maestre General en Flandes: siempre holgaré que los naturales de mis reinos se hallen obligados al servicio del Serenísimo Emperador mi primo hermano y primo , no solo como vasallos míos, sino también como favorecidos de su imperial grandeza, y así podéis aceptar el título de
Conde del Imperio
de que os ha hecho merced en consideración a vuestra calidad. De Madrid a 28 de junio de 1638. Firmado yo el rey"
Felipe IV de España, llamado `El Grande´ o `El Rey Lelo´ (Valladolid, 1605-Madrid, 17 de septiembre de 1665), fue rey de España desde el 27 de marzo de 1621 hasta su muerte, y de Portugal desde la misma fecha hasta diciembre de 1640. Su reinado de 44 años y 177 días fue el más largo de la casa de Austria y el tercero de la historia española, siendo superado solo por Felipe V y Alfonso XIII, aunque los primeros 17 años del reinado de este último fueron bajo regencia.
En 1627 Lombardino pasó a Lombardía nombre indica) ( o En 1630 recibió una grave herida de arcabuz en el sitio de Casale Monferrato, pero llevó a Felipe IV las llaves del castillo conquistado y el monarca le otorgó el título de gentilhombre del Cardenal Infante Don Fernando, título que unió al hábito de la Orden de Santiago que le había sido concedido en 1628. Posteriormente, durante su estancia en Suecia, el recuerdo de aquella herida le inspiró la obra teatral `Amar despreciando riesgos ´y algunos poemas.
Su obra literaria, fue concebida y compuesta en casi toda su integridad en Dinamarca y Suecia, lejos de los cenáculos y academias literarias de la Corte, hecho que le confiere una extraña originalidad, en especial a sus sonetos, todavía hoy mal conocidos, aunque no fue olvidado por los autores del neoclasicismo en el siglo XVIII ni por Marcelino Menéndez y Pelayo en el XIX. Es esta originalidad la que hace de él, en cierto sentido, un novator o pre ilustrado, con un pensamiento muy moderno. El inventario que hizo de sus libros la escandalizada Inquisición refleja su enorme curiosidad y la amplitud y profundidad de su cultura, poco frecuentes en un español de ese siglo, pero que en su caso se vieron facilitadas por su acceso a las más recatadas bibliotecas del norte de Europa.3Su obra se conoce casi exclusivamente por una edición decimonónica de la Biblioteca de Autores Españoles.
Su estilo literario no sigue estrechamente los cánones conceptistas, pero recuerda de lejos a Quevedo en su contenido doctrinal y más bien toma como modelo formal y moral a los dos Argensolas, Lupercio y Bartolomé; por ello su poesía fue especialmente apreciada durante el siglo XVIII y Leandro Fernández de Moratín le cuenta entre los buenos poetas del siglo XVII en su poema La derrota de los pedantes.
Reunió sus poesías en Ocios (Amberes, 1650), cuyo tercer tomo lo constituyen las Rimas sacras. Esta obra conoció una segunda edición ampliada en su misma cuna, en 1660, y sería luego reeditada por Sancha en 1778, coincidiendo con su revalorización neoclásic
La Selva militar y política (Colonia, 1654) es un largo poema didáctico en que expone la teoría militar y su experiencia como diplomático.
Cristina de Suecia (Estocolmo 1627-Roma, 1689) fue reina de Suecia(1632-1654), duquesa de Bremen y princesa de Verden(1648-1654).
Murió en Roma a los 62 años. Pertenecía a la dinastía real de los Vasa, iniciada en 1521. Su madre procedía de la importante dinastía alemana de los Hohenzollern
El nacimiento de Cristina el 7 de diciembre de 1627 fue bien recibido por su padre, no así por su madre, quien deseaba darle al rey Gustavo Adolfo I un heredero varón que siguiera sus pasos.
En 1604 el Consejo del Reino había acordado aceptar a una mujer como sucesora en el trono, si se daba el caso, por lo que Gustavo II Adolfo decidió confirmar a Cristina en 1627 como su heredera con todos los derechos a la corona, si no nacían otros hijos varones. dejando a su hija bajo la tutela del Canciller Oxenstierna para que se encargara de la pequeña en caso de morir en la guerra.
cayó el rey en la batalla de Lützeny antes de cumplir los seis años, Cristina se convirtió en reina de Suecia, bajo la regencia del bueno del canciller Oxenstieerl. El canciller cumplió con los deseos del rey, tomó a Cristina bajo su protección y comenzó muy cuidadosamente a preparar su educación. .
Junto al canciller Oxenstieerl, que se hizo cargo de educar a Cristina en asuntos de Estado y política, estaba el buenoo del obispo Johaannes Mattiae Gothus, que como jefe de estudios se encargó de instruir a Cristina en idiomas, retórica, danza, filosofía, historia, teología, y astronomía. entre otras materias. Mattiae documentó la gran facilidad de aprendizaje y la enorme sed de conocimientos que mostraba la joven reina. Los idiomas eran la materia preferida de la soberana y a través de su vida continuó con su aprendizaje.
Y esta es la historia de la película Cristina Reina de Suecia, la reina má culta de Europa, rebelde, intelectual y humanista.
Estados UnidosCristina era andrógina: reúnía los dos sexos en el mismo individuo y tenía rasgos corporales ambiguos, que no se corresponden con los propios de su verdadero sexo. De contextura gruesa y baja estatura y tenía pelo en las piernas. Poseía un temperamento fuerte, inquieto y vivaz, así como una gran energía física. Se destacó entre las mujeres y varones de su época por su gran inteligencia y curiosidad, que la llevó a aprender diversas artes y a intercambiar correspondencia con el filósofo Descartes.No le interesaban los lujos, joyas o ropajes. Prefería vestir ropas simples y cómodas, y especialmente vestir pantalones, siendo una de las primeras en vestir abiertamente indumentaria tradicional masculina. Tuvo una relación muy cercana con su prima Eva algunas fuentes señalan la naturaleza amorosa de esta. También era muy diestra en los deportes como la equitación, la caza y la esgrima. Solía dormir poco y dedicaba muchas horas del día a la lectura.
Un diplomático francés dijo de ella. Con cuierta edad es ecididamente pequeña, muy robusta y rechoncha. Su piel, voz y facciones son masculinos: nariz grande, grandes ojos azules, cejas rubias, una doble barba con vello y un levemente prominente labio inferior. Su cabello es castaño claro, un palmo de largo, empolvado o y siny sin peinar. Su expresión es amistosa y sus modales muy obsequiosos. Su indumentaria se compone de una chaqueta masculina ajustada, de satín negro, que le alcanza las rodillas y abotonada en el frente. Usa una falda negra corta que muestra su calzado masculino. Una gran cinta negra ocupa el lugar del pañuelo al cuello. Un cinturón sobre su chaqueta le ajusta el vientre, haciendo más notoria su redondez.
Cristina de Suecia a caballo (1653) de Sébastien Bourdon. Museo del Prado (Madrid).
El 19 de diciembre de 1655, Cristina llegaba a la Ciudad Eterna, y el 23 hizo la entrada oficial montando en un caballo blanco y seguida de un gran cortejo. En la llamada Porta del Popolo se grabó, para la ocasión y en su honor, la leyenda “Por una feliz y auspiciosa entrada en el año del Señor 1655”.El papa, los senadores, el colegio cardenalicio, la nobleza romana y una gran cantidad de romanos acudieron a recibirla. El día de Navidad, Cristina recibió la confirmación y la comunión del papa Alejandro VII en la Basílica de San Pedro.
Eligió el nombre de Alexandra para su confirmación y, a solicitud del papa, también el de María. María Cristina Alexandra Vasa comenzó entonces una nueva etapa de su vida en la urbe más importante del catolicismo.En su primer tiempo en Roma, Cristina visitó iglesias, colegios, museos, bibliotecas, etc. En general atraía su atención todo lugar que pudiera tener importancia religiosa y cultural para ella. El papa Alejandro VII la recibió durante algún tiempo en su residencia, en la llamada Torre de los Vientos.Para atesorarla en su nuevo ambiente, el papa designó al cardenal Decio Azzolini, conocido por su amplia cultura y dotes diplomáticas. El cardenal era tres años menor que Cristina y se convertiría en su más cercano y fiel amigo.
A través de él, Cristina se fue interiorizando de las luchas internas entre los miembros del cardenalato. El cardenal Azzolini lideraba el partido que deseaba para el papado mayor independencia política de las influencias de Francia y España. Cristina se identificó con dicha posición y colaboró con los planes del grupo del cardenal Azzolini.
Sus contactos con las familias poderosas de Roma los realizó organizando espectáculos y veladas culturales, las cuales fueron muy bien recibidas por dichas familias. Cristina comenzó a montar su propia corte bajo la premisa de mantener su derecho al título de reina (por el hecho de tener sangre real) a pesar de su abdicación.
En septiembre de 1656, Cristina viajó a Francia, residiendo en el palacio de Fontainebleau por un corto tiempo. Francia estaba administrada por el cardenal Mazarino, por decisión de la regente Ana de Austria. El rey Luis XIV de Francia asumiría el poder a la muerte del cardenal en 1661.
En octubre de 1657 retornó a Francia, residiendo en el mismo palacio. Al mes siguiente descubrió que uno de sus cortesanos, Giovanni Rinaldo, marqués de Monaldeschi, espiaba sus comunicaciones privadas con el cardenal Mazarino. Esta delicada situación política Cristina la resolvió juzgando y ejecutando a Monaldeschi el 10 de noviembre, en el mismo palacio.
La ejecución fue muy criticada por la nobleza europea en general, argumentando que Cristina, desde su abdicación, ya no tenía autoridad para ordenar ejecuciones. Cristina contestó reafirmando su condición real para hacerlo, pero esto provocaría una ola de desprestigio hacia su persona, que trascendería en el tiempo.
Cristina regresó a Roma en febrero de 1658, siendo recibida con frialdad por el papa Alejandro VII y la nobleza. Su amigo, el cardenal Azzolini, se encargó con el tiempo de ir limando asperezas, y ella entendió que era hora de cambiar de residencia. El Palacio Farnesio sería su elección y allí se estableció con su corte.
La ex reina empezó a buscar obras de arte en la Ciudad Eterna para aumentar la colección traída de Suecia, pero no siempre pudo adquirir lo que deseaba. Los fondos con que contaba eran insuficientes. Poseyendo gran sagacidad y cultura, carecía de talento administrativo, que dejaba en otras manos, no siempre honestas. Sus rentas en el reino sueco tampoco eran suficientes e incluso comenzaban a retardarse los pagos debido a la situación de guerra con los reinos de Polonia y Dinamarca. La antigua soberana tenía problemas económicos y se los confió a su amigo el cardenal Azzolini, que tomó cartas en el asunto y reorganizó las finanzas, asignándole un administrador más competente
El 12 de febrero de 1660 murió súbitamente Carlos X Gustavo en Gotemburgo, dejando a su hijo Carlos XI de Suecia, de 5 años de edad, como heredero. El Consejo del Reino designó a cinco nobles para que asumieran el poder en el reino de Suecia, hasta la mayoría de edad del heredero. Cristina decidió ir a su tierra natal para revisar su posición e intereses.Su visita al reino sueco tuvo altibajos. Logró confirmar las condiciones de su título y las rentas, pero se le retiró el poder para nombrar autoridades eclesiásticas en las posesiones que generaban dichas rentas. La ex soberana también estaba disconforme con la gestión de los gobernadores generales que administraban su hacienda, pero sin poder político suficiente, no pudo designar otros. Además, algunos miembros de la corte no aceptaron su intromisión en el tema de la sucesión, lo que fue rechazado en forma escrita.
Después de pasar algún tiempo en el castillo de Johannisborg en Norrköping, una de sus propiedades, se embarcó en la primavera de 1661 con destino a Hamburgo, donde permaneció cerca de un año. Allí resolvió firmar un contrato con un banquero para que se hiciera cargo de normalizar sus ingresos. Durante su estancia en Hamburgo se interesó por la alquimia y la piedra filosofal, lo que algunos autores han interpretado como una búsqueda de Cristina para resolver sus problemas financieros. En 1662 retornó a su palacio en Roma.
Toda la década de 1660 fue para ella económicamente difícil, y las relaciones con los regentes de Carlos XI iban de mal en peor. El principal miembro del gobierno regente era Magnus Gabriel de la Gardie, que había sido uno de sus favoritos en los tiempos de reinado y que luego había perdido su favor. Esto sin duda enturbió la situación de la ex reina. De la Gardie era además tío de Carlos XI.
En 1666 dejó Roma para volver nuevamente a Hamburgo. Luego de vivir un año en esta ciudad, se trasladó a Suecia, esta vez con la prohibición de acompañarse de sacerdotes católicos y de que se celebrase misa en tierra sueca. Para una persona religiosa y observante como Cristina, esto fue un insulto, pero ella lo dejó pasar y acudía al embajador francés para poder asistir a misa en el recinto diplomático galo. En cuanto a sus propiedades, logró arrendar sus posesiones de Ösel y Gotland, lo cual implicó un ingreso fijo.
Con amargura abandonó Suecia el año 1668 para ya no retornar más y volvió de nuevo a Hamburgo. Durante su estancia allí ocurrió la abdicación de Juan II Casimiro de Polonia, un miembro de la rama polaca de la dinastía Vasa, y surgieron voces que la propusieron como aspirante al trono de Polonia-Lituania, pero no tuvo apoyo. Cristina regresó a su corte en Roma y ya no volvería a viajar.
echo había ocurrido en Roma: el papa Alejandro VII había fallecido en mayo de 1667 y después de 18 días de cónclave, fue elegido por unanimidad el cardenal Julio Rospigliosi, que tomó el nombre de Clemente IX. También interesado en las artes, al regreso de Cristina otorgó a esta una renta anual para ayudarla en sus proyectos. Tanto ella como el cardenal Azzolino habían gestionado activamente su elección.
La actividad cultural de Roma tomó nuevos bríos con los proyectos de la ex reina, que comenzó a reunir a artistas, científicos e intelectuales en su residencia, dándoles una estructura básica en forma de academias, donde se podía discutir y crear. A los más destacados les asignó un estipendio y en algunos casos una pensión. Una de sus academias, llamada Academia Real, estaba inspirada en la Academia Francesa, y su meta era preocuparse del idioma itálico, el cual consideraba proclive a la grandilocuencia y a la hipérbole, y reemplazarlo gradualmente por uno más sencillo. Este proyecto se transformaría, después de su muerte en 1690, en la llamada Pontificia Accademia degli Arcadi, o Academia de la Arcadia. Entre los miembros de dicha academia se encontraba un joven literato, Giovanni Francesco Albani, el futuro papa Clemente XI.
Cristina se interesó por la arqueología, y pese a sus limitados ingresos, financió algunas excavaciones. Reunió una excelente colección de esculturas antiguas, como un grupo de musas que luego sería adquirido por Felipe V de España. Estas musas, actualmente en el Museo del Prado, presiden el nuevo salón oval del museo, remodelado por Rafael Moneo.También construyó un observatorio en su palacio, contratando a dos astrónomos, y donde pasaba horas mirando el cielo.
El sistema de academias atrajo a científicos como el fisiólogo Giovanni Alfonso Borelli, perseguido por sus simpatías por las ideas de Galileo; a músicos como Bernardo Pasquini, Alessandro Scarlatti, Arcangelo Corelli y Alessandro Stradella entre los más destacados, y poetas como Carlo Alessandro Guidi y Vincenzo da Filicaja.
Es de destacar su amistad con el escultor Gian Lorenzo Bernini, a quien solía visitar en su taller y a quien había protegido cuando perdió el favor del papa Inocencio X.También se preocupó de adornar su palacio con colecciones de pinturas, esculturas, tapices y libros para su riquísima biblioteca.
De carácter librepensador, Cristina tampoco dudó en oponerse a las persecuciones religiosas, y así lo hizo, publicando en 1686 un manifiesto donde defendía a los judíos de Roma. También criticó duramente a Luis XIV por las persecuciones a los hugonotes en 1685 y entró en conflicto con el papa Inocencio XI por la intención de este de eliminar la inmunidad diplomática y el derecho a asilo en Roma, en 1685.
También el ambiente religioso cambió, como en el caso del teólogo español Miguel de Molinos, muy cercano a Cristina. La teología siempre fue un tema importante para ella y el quietismo propuesto por Molinos la interesó, llevándola a mantener nutrida correspondencia con el místico español. A pesar de la popularidad que alcanzaron las obras del sacerdote español, finalmente fueron condenadas por la Inquisición de Roma, obligando al teólogo a abjurar de sus escritos en 1685. Cristina reaccionó decepcionada de Miguel de Molinos, pero no con el quietismo.
La religiosidad de la reina siempre fue un tema conflictivo en Roma, dado su natural espíritu inquieto y cuestionador, que, sumado a su activa actitud por la libertad religiosa, no pocas veces pusieron en duda su conversión al catolicismo, en el conservador ambiente romano.
Siendo la Filosofía y la Teología los temas que más le interesaban, mantuvo durante su vida una abundante correspondencia con destacados personajes en ambos temas, escribiendo siempre en francés, así como lo fueron todos sus escritos. Esta correspondencia se encuentra hoy mayormente en los Codices Reginenses de la Biblioteca Vaticana y también repartida por Europa.
En la última década de su vida comenzó a escribir una Autobiografía, que dejó inconclusa. La obra se compone de nueve capítulos, relativamente cortos, escritos con una prosa fluida y donde relata en buena síntesis sobre su reino, su persona, sus ancestros, sus parientes, su ambiente cortesano y anécdotas personales; alcanzando solo a relatar su niñez. El texto tiene la forma de un monólogo dedicado al Señor. El talento para la síntesis parece haberlo heredado de sus ancestros paternos, hasta Gustavo Vasa, conocidos por expresarse en forma clara y concisa. Por algunos detalles en el escrito, se puede afirmar que empezó a escribirlo a comienzos de la década de 1660, durante su estadía en Hamburgo, prosiguiendo en 1681.
En 1665, el duque de La Rochefoucauld publicó Reflexiones o sentencias y máximas morales. La reina inició un intercambio de correspondencia con el escritor francés, y motivada por el trabajo de este, comenzó a escribir aforismos que fueron reescritos en 1670, en dos volúmenes: Les Sentiments Héroiques y L'Ouvrage de Loisir: Les Sentiments Raisonnables. En total son 1300 aforismos, escritos con las cualidades de una máxima: ser la expresión más breve de un pensamiento.
Tenía también como costumbre escribir comentarios en el margen de los libros que leía, que han contribuido a ampliar su biografía. Hay que recordar asimismo que contó con el inestimable apoyo de los miembros de la Academia Real que ella misma fundara.
La última década de su vida estuvo marcada por las dificultades económicas. Sus ingresos se vieron mermados por el estado de guerra en Suecia. Sin embargo, Carlos XI hizo lo posible por mantener el compromiso económico con ella. La falta de recursos la obligó a terminar con algunos de sus mecenazgos, siendo el de Arcangelo Corelli, su maestro de capilla, el más notorio. Su salud comenzó a deteriorarse y pasaba la mayor parte de su tiempo escribiendo. Sus diferencias con el papa Inocencio XI se agudizaron.
En los primeros meses de 1689, la reina comenzó a sentirse muy enferma. El 13 de febrero sufrió un desmayo, que se repitió tres días más tarde. Sus más cercanos le pidieron que recibiera la extremaunción, cosa que ella tomó con serenidad. El 1 de marzo escribió su testamento, nombrando al cardenal Azzolino como su heredero universal. También le escribió una carta al papa Inocencio XI solicitando con humildad su perdón por las diferencias que habían tenido. El papa, que también se encontraba enfermo, recibió la misiva con emoción y le respondió por medio de un cardenal, que daba por terminadas sus diferencias y le daba la absolución. En sus últimos días tuvo la compañía de su amigo Azzolino, que también se hallaba enfermo y moriría el 6 de junio del mismo año.
En su testamento Cristina escribió que deseaba ser amortajada de blanco y sepultada en el Panteón de Agripa, sin exhibición de sus restos y rechazando cualquier pompa o vanidad. Su epitafio debería ser tallado en una piedra sencilla y sólo con la inscripción “D.O.M. Vixit Christina annos LXIII” (Deo Optimo Maximo. Vivió Cristina 62 años).
A las 6 de la mañana del 14 de abril, reposando en su lecho y solo en compañía del cardenal Azzolino y su confesor, Padre Slavata, Cristina llevó su mano izquierda al pecho y expiró
Cristina, por fin enamorada, se replantea sus relaciones personales, abdica como reina y se viene a España en compañía de Antonio que, en el transcurso del viaje, muere en sus brazos. Cristina ordena al mayordomo enterrar a Bernardino y cambiar el rumbo a Italia. Permanecerá el resto d su vida soltera, convirtiéndose en mecenas cultural de la Roma eterna.





















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