Periodista, trotamundos, andariego, múltiple, maestro de periodista, crítico teatral, curioso de las vidas humanas… y muchas otras cosas mas. Uno de esos periodistas y escritores autodidactas que exportó España y que se adoptó de tal modo al país de su destino, en este caso Argentina, que vivió plenamente la vida de Buenos Aires.
Había
empezado en la revista PTB,
con colaboraciones humorísticas. Después pasó a Conquist;
más tarde a Caras
y Caretas.
Entonces comenzó a escribir cantables para letras de revistas, que
todavía conocían el auge del cuplé tras cosas más.
Había empezado en la revista PTB, con colaboraciones humorísticas. Después pasó a Conquist; más tarde a Caras y Caretas. Entonces comenzó a escribir cantables
Parodias, revistas, sketches y comedias musicales, fueron sus géneros en la escena. La sección de teatro del diario La Nación lo incorporó pronto, lanzándolo a una carrera periodística que incluyó los nombres de casi todos los diarios y revistas del periodismo porteño, en que destaca su prologada serie de notas bibliográficas de personalidades, que comenzó en 1926 en Mundo Argentino |
Durante diez años aparecían, una por semana, esas notas que incursionaban en vidas conocidas del lector, pero a las que Muñoz aproximaba en su dimensión humana. Entonces publicó libros: Treinta vidas de artistas argentinos, Vida novelesca de Benito Quintela Martín, Vidas contemporáneas y Figuras de la esfera internacional.
Sus numerosos viajes nunca le borraron el porteñismo adquirido hacia el comienzo de la primera guerra europea, cuando llegó al país. Bohemio y maestro de periodista, Muñoz se aleja de nosotros, dejándonos su obra de medio siglo y el recuerdo de sus noches desveladas en las plateas de los teatros de Buenos Aires. Mundo Argentino, 10 de septiembre de 1963.
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Javierito 4/4, Elvira, Emilia, doña Encarnación. Agustín, Juanito, Andres, don Andres, Eugenio Rodríguez y Francisco, en Puente Blanca
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En 1943 y 1951 vino a España. El 27 de enero de 1943 a Madrid, para asistir a la boda de su sobrina Emilia. En julio de 1951 a Santander, donde veraneaba su querido hermano Agustín, sus sobrinos Andrés, Emilia y Cosme y ocho de sus nietos, y a Íscar, donde residía su no tan querido hermano Melchor. En Iscar, le conocí yo, su sobrino nieto número ocho, con mis dos años. Le llamábamos `El tío del duro´. Era generoso, elegante, buen conversador, divertido… y enigmático. Venía con él un halo de misterio, de algo prohibido, de nostalgia de ésta lluvia persistente que siempre, a los de mi edad, nos acompañaba. Aquí frecuentaba un buen amigo, Primitivo Aguado del Caño, maestro nacional. Su hijo, Ulpiano, se convirtió en la mano derecha de mi abuelo. Otros hijos era, Primitivo, Aurora, Gregorio, Teodora, Eulalia (en su fonda Mayoral), Victorino y Aurorita. Su bella esposa, Robustiana, maestra exiliada, había escrito a mi abuela Encarnación. Es un depravado, debía de decir la carta; será un mal ejemplo para tus hijos, para tus nietos
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Muñoz tenía tinta de imprenta en la sangre, y en las ropas olor de taller de composición. Cuando se es periodista de vocación, lo demás, todo lo demás, incluso la riqueza y la paz, no interesa nada.
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Conversador, trasnochador, paseador, fumador, tomador de cafés y amigo de hacer favores o gauchadas. Amigo de los amigos, fervoroso entusiasta de escritores, pintores, bailarines y actores. Y leal consigo mismo, desde la juventud hasta la muerte. Era un contemplador: de las cosas, de los hombres, de… las mujeres. Sabía muchas anécdotas y poseía el arte de contarlas. Así era Andrés: juguetón y bueno. |
Estudió las primeras letras en Coca y después emigró a América: recaló en Cuba, donde tenía un tío; el tío se había marchado a México y Muñoz se quedó en la isla de Martí hasta reunir el dinero necesario para dar con su tío. Cuando llegó a México su tío se había ido a Yucatán. Y Andrés nunca dio con el `tío que tenía en América ´. Cuando llegó a Buenos Aire; le gustó y se quedó. Tenía sentido crítico y una viva inteligencia; su vagabundeo periodístico lo llevó por muchas redacciones; Viajó a España en 1943 y 1951, haciendo reportajes a los más grandes escritores españoles.
André fue también un bohemio, un personaje excepcional de la vida nocturna de Buenos Aires; solía esperar el alba en tormo de una mesa en la que había ceniza, pocillos de café y muchas palabras sueltas, invisibles, que llenaban el ambiente de magia y misterio. Estas palabras invisibles, como una niebla que envuelve las almas en un instante. La Nación, Buenos Aires, Argentina, 10 de septiembre de 1963.
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La cosa es bien sabida, al menos en aquella Argentina que conoció Andrés: los argentinos y los uruguayos, como cualquier vecino que se precie, compiten por todo lo que tienen en común: que si los mejores asados, que si el futbol más electrizante, que si las mujeres más bellas, que si los mejores torreznos, que si esto o que si aquello. Como pasa en Coca e Íscar, mayormente. ` Don Agustín y Andrés eran más de Coca, aquí nacieron´, dicen los de Coca. `Sí, pero en Íscar tiene Agustín su casa, en la calle que debería llamarse Agustín Muñoz Sobrino pero se sigue llamando Real´, dicen los de Íscar.
Pero hay una rivalidad que es por demás: la del lugar de nacimiento de Carlos Gardel. Para los amantes del tango uruguayos no hay duda: el más famoso intérprete de ese género musical vino al mundo en Tacuarembó, tierra de cantores y de poetas. Los de Argentina replican: el Zorzal Criollo dedicó cuatro de sus mejores composiciones a Buenos Aires y ninguna a Tacuarembó, por algo será.
Ahora está comprobado que Charles Romuald Gardes nació el 11 de diciembre de 1890 en Toulousse (Francia). Su madre, Berthe, se vio forzada a emigrar al Nuevo Mundo por la vergüenza que le causó a su familia al concebir un hijo de padre desconocido.
Quizá si hubiera nacido en el seno de una familia bien constituida, Gardel no hubiera llegado a ser una leyenda en el mundo de la música. `El tango es la manifestación artística de las corrientes migratorias que llegaron a Argentina entre 1870 y 1920. Gente humilde, de identidad difusa, perdida en la gran ciudad. El Zorzal Criollo no combatió por Francia, pero dedicó Silencio a las madres francesas que perdieron a sus hijos en la guerra.
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Desde la Puerta del Sol, cruzando la plaza de Canalejas, y hasta la de las Cortes, que prolonga la vía hasta la de Neptuno, discurre la Carrera de San Jerónimo, una de las calles más animadas de Madrid. En tiempos, partían desde la Puerta del Sol hacia el Prado varios senderos; al construirse el monasterio de San Jerónimo en 1503, uno de estos aumentó su trasiego y se especializó en carrera, es decir, vía para carros.. Fue el origen de la Carrera de San Jerónimo.
Su importancia aumento al usar los Austrias el Buen Retiro como centro cuaresmal y de festejos, y cuando se incendió el Alcázar como palacio de la Corte de los primeros Borbones. En el siglo XVI comenzaron las edificaciones, y pronto palacios y conventos inundaron la calle.
Se comenzó a edificar a comienzos del siglo XVI, siendo la principal edificación la que corresponde al convento de San Francisco de Paula, llamado de la Victoria, en la esquina con la Puerta del Sol, a la derecha; fue fundado en 1561 y abatido en tiempos de la desamortización de Mendizábal.
En la esquina con la calle de la Victoria se encontraba la fonda y café de La Fontana de Oro, con tertulia política en tiempos de Fernando VII, donde atronaba apocalíptica la voz de Alcalá Galiano entre los más exaltados oradores. Galdós ambientó su novela La Fontana de Oro, sobre el trienio liberal (1820-1823) en este famoso café.
En el número 8 está el restaurante Lhardy, inaugurado en el año 1839 por el francés Emilio Huguenin Lhardy Es considerado uno de los primeros y más antiguos restaurantes de Madrid, por lo menos tal y como se conoce hoy en día, es decir, menú con precio para cada plato. Si a media mañana apetece renovar fuerzas, hay que entrar y pedir un caldo, unas croquetas, unos hojaldritos o las célebres barquitas de ensaladilla o riñones como aperitivo. Y si lo que se tiene es ganas de algo más contundente, un cocido madrileño, la especialidad de la casa, en el restaurante interior.
Cuando se abrió era una pastelería que poco a poco fue ofreciendo comidas. En la actualidad es una tienda (parte baja) y un restaurante con varios salones. El caldo es famoso desde 1885, servido en el samovar como auto servicio y situado en el interior de la tienda El restaurante ofrecía desde sus comienzos servicios de catering de alto standing a los hoteles y a las celebraciones de la alta sociedad.
El evento que lanzó fama a Emilio Lhardy fue la organización del bautizo del hijo primogénito de José de Salamanca y Mayol, Marqués de Salamanca, en 1841. El evento hace que ya Mesonero Romanos le cite en 1844 en una edición posterior de Manual de Madrid.
No todas las voces apuntan a una excelencia en los comienzos como restaurante: Alexandre Dumas, que visita Madrid en su periplo hacia Cádiz, se sienta a sus mesas no con excesivo entusiasmo. En 1847 nace el que será sucesor de Emilio: Agustín Lhardy.
El siglo XX empieza con la gestión de Agustín Lhardy. El gastrónomo Ángel Muro alaba sus callos a la madrileña en la obra El practicón y proporciona receta de varios de sus platos: pollo del maestro, faisán, perdices encebolladas, macaroni de la Pulla y las gachas manchegas. Agustín instaló el alumbrado eléctrico en 1906, dejando la instalación de gas con propósitos decorativos.
La muerte de Agustín Lhardy el 3 de abril de 1918 hace que pase el negocio a Adolfo Temes Nieto. La situación es complicada debido al número creciente de restaurantes que empiezan a hacer la competencia a Lhardy; Temes se propuso mantener el estilo anterior, continuando las cenas y almuerzos de celebración. Un ejemplo es las múltiples veces que fue agasajado Jacinto Benavente en sus salones; Ramón Gómez de la Serna es agasajado en 1923; Miguel Primo de Rivera el 3 de diciembre de 1929 ofrece una cena a los miembros de su gobierno.
Poco se sabe de la historia de Lhardy durante la guerra civil, en que el restaurante permaneció cerrado mientras la tienda vendía pasas, higos y vino. Al acabar la contienda el restaurante se abrió y poco a poco fue cobrando normalidad. La hija de Agustín, Emilia Lhardy, que se casó con Adolfo Temes, heredó el negocio salvaguardando glorias y lustres del restaurante; pero dada la aún poco tolerada que era la presencia laboral de la mujer en un ambiente colmado de políticos, toreros, periodistas y académicos, la heredera prefirió que Lhardy pasara en 1926 a algunos de sus empleados.
El jefe de pastelería Ambrosio Aguado Omaña hace sociedad con su cuñado, el jefe de cocina Antonio Feito Pérez, y en 1926 deciden comprar el local a la nieta de Emilio. A comienzos del siglo XXI es dirigido por Milagros Novo Feito y Javier Pagola Aguado, manteniendo así la tradición familiar uniendo el apellido Aguado y Feito al restaurante.
El lenguado al vino blanco ha llevado lejos su prestigio. Pero su adhesión a la cocina madrileña hace que la crítica mencione el cocido madrileño servido a los tres vuelcos, los callos a la madrileña y las trucha escabechada.
La plaza de Canalejas empezó a formarse en las primeras décadas del pasado siglo donde antes era una simple encrucijada conocida popularmente como las Cuatro calles. Varios edificios la hermosean: la antigua sede del extinguido Banco Hispano Americano, en el número 1, construido entre 1902 y 1905. El edificio Meneses, en el 4, con vuelta por la calle del Príncipe, levantado en 1914; la casa Allende, en el 3, promovida por Tomás Allende para viviendas y edificada entre 1916 y 1920; y La Violeta, un pequeño y elegante establecimiento que desde 1915 vende unos caramelos con esencia de violetas y las delicadas violetas escarchadas elaboradas con pétalos de esa flor.
En el segundo tramo de la calle existían diversas casas nobiliarias y palacetes: la del Marqués de Santiago, la casa del Duque de Tamames, la del Marqués de Valdegena, el Palacio del marqués de Miraflores… En el número 24 estaba la Cervecería Inglesa, un café frecuentado por los senadores, que ahora es el Teatro de la Reina Victoria.
Y enfrente, el Café de la Iberia uno de los más populares en el Madrid decimonónico, y posteriormente Las Candelas, de traza andaluza, lugar de reunión de comediantes, autores y periodistas. Y casi al lado, Los Italianos, también centro de reunión de gentes de teatro y de letras.
. Antes de llegar a la calle de Cedaceros está el palacio de Miraflores, construido entre 1731 y 1732. De Cedaceros partía y tenía su final una línea de tranvías de vía estrecha inaugurada en 1902, llamados inicialmente cangrejos por estar pintados de rojo En la esquina con esa calle y vuelta a la de Zorrilla, en terrenos hoy de la ampliación del Congreso de los Diputados, se fundó a fines del siglo XVI el hospital de San Pedro y San Pablo para italianos.
En el número 30 está Casa Mira, la turronería que en 1885 aquí estableció Luis Mira, un labrador de Jijona que elaboraba artesanalmente el turrón como tantos de sus convecinos. Donde estuvo el Hotel Rusia, en la esquina de la calle de Ventura de la Vega, una lápida recuerda que allí se efectuó, el 15 de mayo de 1896, la primera proyección de cinematógrafo en Madrid.
Poco más allá, antes de llegar a la calle de Santa Catalina, se levantaba el convento de la Concepción de monjas bernardas. En la parte izquierda del declive hacia Neptuno se estableció en 1599 el convento de Espíritu Santo, de Padres Clérigos Menores, que quedó vació tras un violento incendio ocurrido en 1823, dicen que intencionadamente, mientras asistía a un acto religioso el duque de Angulema, el de los cien mil hijos de San Luis.
En 1834 se habilitó la iglesia para acoger la reunión de las Cortes Generales hasta 1841, año en el que fue demolido y construido en su solar el nuevo y actual edificio del Congreso de los Diputados, obra del arquitecto Pascual y Colomer e inaugurado en 1850.
Se trata de un edificio de trazas clásicas, articulado en torno a una planta rectangular sobre la que se distribuyen sus dependencias: un salón de sesiones semicircular, sala de conferencias, gabinete de ministros, salas de la presidencia, secciones y comisiones, además de archivo y biblioteca. En el exterior, destaca su fachada principal, con un pórtico de acceso corintio de seis columnas, rematado por un frontón con relieves de Ponciano Ponzano, que representan a España abrazando la Constitución.
Los leones que flanquean la escalinata de acceso se añadieron en abril de 1872, siendo construidos por Ponzano con el bronce de unos cañones tomados al enemigo después de la Guerra de África de 1859-1860. Durante los años 80 del pasado siglo hubo de ser ampliado para habilitar despachos de los diputados, salas de prensa y de conferencias. A espaldas del edificio del Congreso, hay que destacar que en la calle de Jovellanos se halla el teatro de la Zarzuela. Y ya en el Paseo del Prado, el Museo y el Hotel Rritz.
Ascendiendo por la calle de Cedeceros y luego la de Alcalá se llega a la Gran Vía, con sus míticos cafés, teatros y vedettes. Cafés célebres eran Iberia, Fontana de Oro, Levante, Prado, Café Social de Oriente, Correos, Gran Café de la Montaña, Granja del Henar, Lyon D'Or, Café del Inglés, Teide, Colonial, Universal, Café Fornos, Negresco, El Europeo…
En la década de los cincuenta llegó la invasión inmobiliaria de los bancos y, claro, todos estos locales eran muy golosos. Sobrevivieron tres: el Gijón, con el siglo recién cumplido y principal baluarte de las tertulias de los últimos lustros; el Lyon, inaugurado en 1929, cuya estética amplia y oscura se presta bien a las lucubraciones, y el Comercial, en plena glorieta de Bilbao, principal punto de cita de los universitarios que vienen a estudiar a Madrid.
La noche comenzaba entonces en el bar de Pedro Chicote. Nada más traspasar la puerta giratoria estaba la mesa de los humoristas: Edgar Neville, Antonio de Lara, Tono, Mihura… En Chicote estaba su célebre museo de bebidas, por el que desfilaban muchas figuras como Robert Taylor, Ava Gardner o Tyrone Power. Y en Balmoral se reunía un grupo de noctámbulos, entre los que figuraba el periodista Alfonso Sánchez, el arquitecto Pepito Subirana, Carlos Stuycky Jaime de Mora y Aragón. Cuando en 1955 los americanos vinieron a rodar Alejando Magno, el bar del Castellana Hilton se convirtió en centro del cine de Hollywood.
Los cómicos no podían hospedarse en el hotel Ruiz. Sólo se habían hecho excepciones con Rita Hayworth y Grace Kelly, que se habían registrado como princesas.
También pudo alojarse en él James Stewart, aunque tuvo que vestirse de general del Ejército de los Estados Unidos para que el conserje le entregara la llave. El bar del Ruiz era un espacio silencioso y discreto, que invitaba a la meditación. La Parrilla del Rex es donde el venezolano Gonzalo González pasó cinco temporadas cantando aquello de `Cabaretera, mi dulce arrabalera´.
El Madriles, vestido de chispero y su pintoresco simón tirado por un pacífico percherón aparcaba en la mismísima puerta del Palacio de la Prensa esperando pasear clientela. Riscal era lugar entrañable; su dueño, el gran Alfonso Camorra, podía ofrecerte una de sus célebres paellas a las dos de la mañana. En verano, podía subirse a la terraza rodeada de fragantes macetas. Desfilaban desde Fernando Fernán-Gómez a Juanjo Menéndez, pasando por Peter O´Toole, que entonces rodaba Lawrence de Arabia.
Casablanca, en la plaza del Rey, vibraba cuando actuaba Fernanda Montiel. Un buen día, Fernanda desapareció, pero volvería a las noticias del brazo de un gran jazzman, el pianista Duke Ellington.
En el Retiro rivalizaban Florida, que ofreció la primera actuación de una jovencísima Olga Guillot, y Pavillón. Dos lugares con piscina y todo eran Villa Rosa, en Hortaleza, y Villa Romana, en la carretera de La Coruña y en donde en cierta ocasión actuó Jorge Negrete.
En flamenco, el Corral de la Morería y El Duende, donde José Muñoz Bernal bailó una noche con Ava Gardner. Allí estaba Luis Miguel Dominguín acompañando a Lucía Bosé en todo su esplendor.
Teatros o cines importantes eran los siguientes;
Actualidades (Gran Vía 48). El arquitecto fue Saturnino Ulargui Moreno y fue la sala más pequeña de aquella época con un aforo de 308 butacas. Se inauguró el 22 de diciembre de 1932. Ahora es un solar.
Capitol (Gran Vía, 41). Los arquitectos fueron Luis Martínez Feduchi y Vicente Eced y se inauguró el 14 de octubre de 1933, con una capacidad para 1.900 espectadores.
En 1936 dispuso de la mayor pantalla magnoscópica de Europa. Fue concebido como teatro/cine, pero conservó la segunda opción. Por su emplazamiento fue la imagen emblemática del Madrid moderno y en 1934 fue galardonado por su moderna imagen.
Rex Gran Vía, 43 El arquitecto fue Luis Gutiérrez Soto y se inauguró el 24 de abril de 1945 con la película La Venus de la selva. De arquitectura neoclásica madrileña, comenzó a funcionar con un aforo de 400 butacas en sesión continua. Cerrado.
Rialto (Gran Vía, 54) Los arquitectos fueron José de Aragón y José María Mendoza Ussía, que se inspiraron en los neoyorquinos cines Roxi y Paramount, y se inauguró el 17 de octubre de 1930. En su sótano estuvo el cabaret J’Hay. El emplazamiento es exactamente el medio entre las calles Libreros y Flor Alta. La planta de la sala era ovalada, construida con materiales nobles y con un aforo de 1.400 localidades; entre los aficionados al género frívolo es muy recordado su servicio de bar desde la butaca, a cuyo frente estaba en los años 50 y 60 el jefe de camareros iscariense Rafael Reguilón Jiménez. Solo los mayores expertos recordamos que en este local nació la célebre canción de La vaca lechera, coreada en colegios y tascas de media España.
No se sabe muy bien porque extraña confluencia de hados astrales, algunos iscarienses recordamos también muy bien las piernas de las vedettes: Casta Labrador, Perlita Greco, Mary Begoña, Concha Paéz, Raquel Daina, Celia Gámez, Licia Calderón, Addy Ventura, Queta Claver, Marujita Díaz Vicky Lagos...
Casta Labrador ejerció en otro famoso teatro madrileño, primero por la zarzuela y luego por la revista: el Teatro Martín, situado en la castiza calle de Santa Brígida 3. Construido por el arquitecto Manuel Felipe Quintana a instancias del empresario Casimiro Martín, quien francamente no tenía ni pajolera idea de teatro pero le dio por ahí.
El coliseo pasó a la inmortalidad en 1919, cuando se estrenan Las corsarias, la obra más popular por mor de su pasodoble banderita. Obras célebres fueron también El cuerpo de las mujeres (1922), La piscina de Buda (1923) o Las mujeres de fuego (1935).
La etapa de censura provocó el malestar de público, artistas y autores, pero la astucia de empresarios y directores les lleva a inventar otras fórmulas para salir del paso y no perder el éxito. El arte y picardía de cómicos y vedettes esquiva la censura con gestos, entonaciones y ademanes. La buena de Casta Labrador triunfaba en las décadas de los 20 y 30, con obras como El país de los tontos (1930) o Luna de miel en El Cairo (1934).
Raquel Daina (Madrid, 1918) actriz, vedette y empresaria. Su hermana es la conocida Vedette Irene Daina. Debutó en 1936 en teatro Pavón de Madrid, de donde pasó al teatro Ideal. Se estrenó en la revista en 1939 con La Flauta de Bartolo, en el teatro Maravillas de Madrid. Entre 1945 y 1946 ctúa en el teatro de la Zarzuela con obras como El hombre que las enloquece, ¡Tabú! o Buscando un millonario. Entre sus canciones destacan Me llaman la presumida o Róbame esta noche.
Irene Daina Delos (Madrid, 1932; 2011)), actriz y vedette. Con 16 años es ya una de las primeras artistas de la Compañía de Revista del Teatro Albéniz de Madrid. En años sucesivos continúa su carrera teatral, trabajando en obras como Asesinato en la vicaría (1964), de Agatha Christie o La extraña noche de bodas (1963), de Edgar Neville. En televisión, dónde ingresa en 1962, interpreta decenas de personajes en espacios como Novela, Estudio 1, Gran Teatro o Historias para no dormir.
Dolores Cano Barón, Tania Doris (valencia, 1952), vedette. Una de las últimas representantes del género en España, cuando la revista entraba ya en decadencia en los escenarios españoles debido a los cambios en los gustos del público. Desde los años setenta protagonizó numerosos espectáculos, en muchas ocasiones acompañada por los cómicos Luis Cuenca y Pedro Peña.
En 1976 era la estrella principal del Teatro Apolo de Barcelona. Unida sentimentalmente al empresario Matías Colsada, auténtico impulsor de su carrera, en 1983 rueda su única película Las alegres chicas de Colsada, de Rafael Gil, con guion de Fernando Vizcaíno Casas que pretendía ser una trasposición a la pantalla grande del género de Revista. En el Apolo protagonizó, entre otras, las siguientes obras: ¡Esta noche...sí!(1969), Venus de fuego (1972), Yo soy la tentación (1974) o La deseada (1984).
Addy Ventura fue, en su tiempo, una de las más populares representantes de un género, el de la Revista Musical, que contó de gran predicamento en la España de los años 50, 60 y 70. La buena de Addy desarrolló casi toda su carrera sobre los escenarios madrileños y tuvo su época de esplendor en los años sesenta y setenta, coincidiendo con la última etapa de auge de la Revista.
Formó pareja artística con algunos de los más conocidos actores cómicos del panorama teatral español: Juanito Navarro, Antonio Casal, Tony Leblanc, Ángel de Andres… Con la Compañía de Matías Colsada interpretó, entre otros, los siguientes espectáculos:
Bienvenida Miss Katy, con Paquito de Osca. 1965
Las intocables, con Adrián Ortega. 1966
Venga maridos a mí con Adrián Ortega. 1967.
¡Quiero ser mamá!, con Adrián Ortega. 1967
Pili se va a la mili con Ángel de Andrés. 1970.
Lo tengo rubio (1976) (en referencia al tabaco)
Esperanza Roy (Madrid, 1935), actriz y vedette. Tras estudiar ballet clásico y danza española debuta sobre un escenario en espectáculos de Revista, llegando a convertirse pronto en Primera Vedette.
En cine debuta en 1962, amoldándose pronto al estereotipo de mujer imponente deseada por el protagonista en numerosos títulos que encajan en el sub-género que dio en llamarse landismo. A partir de los años setenta y pese a su manifiesta vis cómica que ha marcado buena parte de su carrera artística, comienza a hacer incursiones en el género dramático, en ocasiones de la mano de su marido Javier Aguirre. Compagina además sus apariciones cinematográficas con una exitosa carrera en teatro, especialmente en el género musical, con éxitos como Por la calle de Alcalá (1983). Entre otros premios tiene el Fotogramas de Plata (1983) por Vida perra.
Dentro del género frívolo destacan Tócame Roque (1959), Una viuda de estreno (1968, Teatro Calderón, Madrid), Aquí no paga nadie (1983) o Por la calle de Alcalá (1987).
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Pero el café por excelencia en el mundo es el Café Tortoni,, ubicado en el 825 de la Avenida de Mayo, es un establecimiento comercial histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Su nombre casi sin dudas procede del que fuera a fines del siglo XIX el célebre Café Tortoni de París. Durante casi un siglo el Café Tortoni porteño-argentino es el más representativo del espíritu tradicional de la Avenida de Mayo, y es ya una leyenda de la ciudad de Buenos Aires. En tal café funcionó la peña literaria de mayor predicamento de Buenos Aires, liderada por el pintor Benito Quinquela Martín.1
En la actualidad sigue siendo un lugar de difusión cultural y turístico por excelencia. Este bar pertenece al selecto grupo de bares notables de la Ciudad de Buenos Aires, grupo que reúne a los bares y cafés más representativos de la ciudad y está oficialmente apoyado por programas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Lo cierto es que en 1880 fue trasladado a su lugar actual: la planta baja de la residencia de Saturnino Unzué en la calle Rivadavia. Era una casa de estilo italianizante, con planta baja y la vivienda en el piso superior, y su fachada se conserva en la actualidad, muy deteriorada. El fondo de la construcción era lindero con el Templo Escocés de Buenos Aires, ubicado sobre la calle Piedras y construido hacia 1830.1
En 1882, el intendente Torcuato de Alvear concibió el proyecto de construcción de un gran boulevard al estilo de los creados por el Barón Haussmann en París. La futura vía recibió el nombre de Avenida de Mayo en 1885, y su apertura comenzó en 1888, avanzando entre las calles Rivadavia y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) y demoliendo las antiguas construcciones que se encontraban en su camino, entre ellas el Templo Escocés.
La casa de la familia Unzué fue afectada por la creación de la avenida y perdió el fondo de su terreno aunque, en vez de demolerse completamente, se la conservó y se le construyó una nueva y más lujosa fachada con salida hacia la nueva vía. La nueva parte de la residencia, proyectada por el arquitecto noruego Alejandro Christophersen en estilo academicista francés, terminó de construirse en 1898 y cuenta con planta baja y dos pisos. La vieja entrada del café por la calle Rivadavia siguió existiendo como puerta trasera de acceso al sector de billar. En la actualidad se encuentra cerrada de forma permanente.
A finales del siglo XIX el café es comprado por otro francés, Celestino Curutchet, que habitaba en los altos del café.1
La Bodega[editar]
La Peña del Tortoni[editar]
En el café funcionó "La Peña", inaugurada en 1926, que fomentó la protección de las artes y las letras hasta su desaparición en 1943, y que era capitaneada por Benito Quinquela Martín.3
Fue una idea que Quinquela Martín adquirió en un viaje por Francia y decidió poner en práctica en su país, donde amigos y colegas que disfrutaban de la buena conversación no disponían de un espacio adecuado para reunirse. Esta peña había nacido en el café La Cosechera (calle Perú y Avenida de Mayo) y se trasladó luego a las mesas del Tortoni. Como con el tiempo el lugar quedó chico, Curutchet ofreció la bodega de vinos para que pudieran reunirse con más comodidad y trasladó la vinería a otro lugar. Así la sede de la peña, llamada Agrupación Gente de Artes y Letras, se inauguró el 24 de mayo de 1926 y realizó tareas de difusión cultural mediante conciertos, recitales, conferencias, y debates.3
Entre los asistentes se encontraban, entre otros, Alfonsina Storni, Baldomero Fernández Moreno, Juana de Ibarbourou, Arthur Rubinstein, Conrado Nalé Roxlo, Antonio Bermúdez Franco , Ricardo Viñes, Roberto Arlt, José Ortega y Gasset, Jorge Luis Borges y Florencio Molina Campos. Las mesas vieron pasar figuras de la política como Lisandro de la Torre, Ernesto Palacio y Marcelo Torcuato de Alvear; figuras populares como Carlos Gardel (quien cantó una vez un tango en homenaje al autor italiano Luigi Pirandello, que acababa de dar una conferencia en La Bodega) y Juan Manuel Fangio; prestigiosas figuras internacionales como Albert Einstein y Federico García Lorca; y jefes de Estado como Juan Carlos de Borbón.13
Cuando la agrupación cerró en 1943, se aprovechó lo recaudado por la venta de los muebles (entre ellos un piano Steinway en el que tocaron Arthur Rubinstein, Alejandro Brailowsky, Lía Cimaglia Espinosa y Héctor Panizza) para obtener el granito con el que Luis Perlotti realizó el monumento a Alfonsina Storni en Mar del Plata, comprar amoblamiento para el recreo en el Tigre donde muriera Leopoldo Lugones y erigir un monumento a la memoria de Fernando Fader en Mendoza.
La Peña de El Escarabajo de Or
Entre 1962 y 1974, un grupo de escritores (la mayoría jóvenes) se reunió en el café cada viernes en torno a figuras algo mayores como los escritores Abelardo Castillo y Humberto Constantini. Los integrantes más constantes de esa peña fueron los narradores Liliana Heker, Isidoro Blaisten, Ricardo Piglia, Arnaldo Liberman, Miguel Briante, Vicente Battista, Jorge Di Paola y Ramón Plaza y el poeta Horacio Salas.
En esas reuniones en el Tortoni se concretaron tres revistas emblemáticas –El grillo de papel, El escarabajo de oro y El ornitorrinco– que fueron decisivas en la dinámica literaria e intelectual argentina de aquellos años.
Los encuentros se realizaban en la parte de atrás del Tortoni, en la actual sala Eladia Blázquez.4
Carlos Gardel, además de cantar dos veces en el café, fue durante un tiempo habitué del lugar. Solía ocupar –según testimonio de Enrique Cadícamo– la mesa del costado derecho junto a la ventana entrando por Rivadavia, donde podía reunirse con amigos sin ser abordado por sus admiradores.5
Actualmente el propietario del café es el Touring Club Argentino. La sala "La Bodega", en el subsuelo, es escenario de diferentes artistas de tango y jazz. En este último rubro, es destacable la permanencia de la Fénix Jazz Band, conjunto argentino de jazz tradicional que actúa todos los sábados, desde 1978. También se realizan presentaciones de libros y concursos de poesía. El café conserva la decoración de sus primeros años y la salida por la calle Rivadavia. Tiene además una biblioteca y, al fondo, mesas de billar y salones para jugar al dominó y a los dados.
Durante varios años, el programa de radio La venganza será terrible, conducido por Alejandro Dolina, se transmitió en vivo desde la bodega del Café Tortoni con presencia de público. Luego de la tragedia ocurrida en República Cromañón en diciembre de 2004, se decidió trasladar las transmisiones a un ambiente más amplio y seguro: el Hotel Bauen.iejo Tortoni, con letra de Héctor Negro y música de Eladia Blázquez,6 que ha sido cantado por Susana Rinaldi:
Se me hace que el palco llovizna recuerdos,que allá en la avenida se asoman, tal vez,bohemios de antaño y que están volviendoquellos baluartes del viejo café.Tortoni de ahora te habita aquel tiempo.Historia que vive en tu muda pared.Y un eco cercano de voces que fueron,se acoda en las mesas, cordial habitué...(Héctor Negro)Lo cierto es que en 1880 fue trasladado a su lugar actual: la planta baja de la residencia de Saturnino Unzué en la calle Rivadavia. Era una casa de estilo italianizante, con planta baja y la vivienda en el piso superior, y su fachada se conserva en la actualidad, muy deteriorada. El fondo de la construcción era lindero con el Templo Escocés de Buenos Aires, ubicado sobre la calle Piedras y construido hacia 1830.1
En 1882, el intendente Torcuato de Alvear concibió el proyecto de construcción de un gran boulevard al estilo de los creados por el Barón Haussmann en París. La futura vía recibió el nombre de Avenida de Mayo en 1885, y su apertura comenzó en 1888, avanzando entre las calles Rivadavia y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) y demoliendo las antiguas construcciones que se encontraban en su camino, entre ellas el Templo Escocés.
La casa de la familia Unzué fue afectada por la creación de la avenida y perdió el fondo de su terreno aunque, en vez de demolerse completamente, se la conservó y se le construyó una nueva y más lujosa fachada con salida hacia la nueva vía. La nueva parte de la residencia, proyectada por el arquitecto noruego Alejandro Christophersen en estilo academicista francés, terminó de construirse en 1898 y cuenta con planta baja y dos pisos. La vieja entrada del café por la calle Rivadavia siguió existiendo como puerta trasera de acceso al sector de billar. En la actualidad se encuentra cerrada de forma permanente.
A finales del siglo XIX el café es comprado por otro francés, Celestino Curutchet, que habitaba en los altos del café.1
La Peña del Tortoni[editar] inaugurada en 1926, que fomentó la protección de las artes y las letras hasta su desaparición en 1943, y que era capitaneada por Benito Quinquela Martín.3
Fue una idea que Quinquela Martín adquirió en un viaje por Francia y decidió poner en práctica en su país, donde amigos y colegas que disfrutaban de la buena conversación no disponían de un espacio adecuado para reunirse. Esta peña había nacido en el café La Cosechera (calle Perú y Avenida de Mayo) y se trasladó luego a las mesas del Tortoni. Como con el tiempo el lugar quedó chico, Curutchet ofreció la bodega de vinos para que pudieran reunirse con más comodidad y trasladó la vinería a otro lugar. Así la sede de la peña, llamada Agrupación Gente de Artes y Letras, se inauguró el 24 de mayo de 1926 y realizó tareas de difusión cultural mediante conciertos, recitales, conferencias, y debates.3
Entre los asistentes se encontraban, entre otros, Alfonsina Storni, Baldomero Fernández Moreno, Juana de Ibarbourou, Arthur Rubinstein, Conrado Nalé Roxlo, Antonio Bermúdez Franco , Ricardo Viñes, Roberto Arlt, José Ortega y Gasset, Jorge Luis Borges y Florencio Molina Campos. Las mesas vieron pasar figuras de la política como Lisandro de la Torre, Ernesto Palacio y Marcelo Torcuato de Alvear; figuras populares como Carlos Gardel (quien cantó una vez un tango en homenaje al autor italiano Luigi Pirandello, que acababa de dar una conferencia en La Bodega) y Juan Manuel Fangio; prestigiosas figuras internacionales como Albert Einstein y Federico García Lorca; y jefes de Estado como Juan Carlos de Borbón.13
Cuando la agrupación cerró en 1943, se aprovechó lo recaudado por la venta de los muebles (entre ellos un piano Steinway en el que tocaron Arthur Rubinstein, Alejandro Brailowsky, Lía Cimaglia Espinosa y Héctor Panizza) para obtener el granito con el que Luis Perlotti realizó el monumento a Alfonsina Storni en Mar del Plata, comprar amoblamiento para el recreo en el Tigre donde muriera Leopoldo Lugones y erigir un monumento a la memoria de Fernando Fader en Mendoza.














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