Valdabia
Abia es un término prerromano que designa una corriente
de agua. Pertenece a una familia de palabras que han llegado a nosotros más o
menos deformadas, como parte de otras: aba, ibi ibai o ibia. Contiene el étimo numerosos cursos y lugares como el
soriano Abión o La Valdivia (un abia corregido por escribanos y topógrafos), el
valle que aloja la Cueva de los Franceses. El río Abia, que toma el nombre del
valle, Valdavia, nace al pie de la
Montaña Palentina, en la comarca de La Peña, a partir de una confluencia de
“Ríos menudos” que así se llama el
lugar, viniendo a morir, en la localidad de Abia de las Torres, al río Boedo, aportando su caudal al Pisuerga, que
trae sus aguas a Valladolid.
Corre el río Abia entre las altas llanuras del borde
castellano, abriendo su valle en un paisaje en cuyo horizonte norte las peñas
anuncian el telón de fondo de la Montaña Cantábrica y que, hacia el sur, domina
la infinita llanura de Tierra Campos. Paisaje descompuesto en niveles vestidos
de rebollos, quejigos y encinares, mientras jalonan el río y sus afluentes
cintas de árboles de ribera. El término ha sobrevivido a la globalización del
latín y a la romanización y parece evocar, en una suerte de geografía
sentimental, el patriotismo castellano.
Valdavia
son pensamientos, ideas o, sugerencias o sentimientos lanzadas al viento. El lenguaje es un misterio insondable. La expresión escrita de
pensamientos, sensaciones, sentimientos, o la descripción de ambientes y hechos
acaecidos, no es un problema de utilización erudita del lenguaje. No exige una
literatura enrevesada, alambicada, intelectualizada y pedante. Casi todo puede
decirse en palabras sencillas. Las ideas más complejas piden un lenguaje
coloquial. . El estilo de los aforismos
es muy útil: la precisión del lenguaje
es amiga de pocas palabras y escasas pero certeras ideas. El cerebro roba las
palabras antes de ser pensadas, justo en ese momento indefinido en que se
gestan en el yo más profundo. Aparentemente, el pensamiento no trabaja con palabras
sino con símbolos e ideas, aunque en realidad eso tal vez sea imposible. No es
posible separar la palabra del concepto, la idea, de su expresión, separar
nuestra relación con el mundo, de nuestro pensamiento.
Los temas son amplios: desde reflexiones sobre un detalle
concreto a temas de actualidad; desde una pura consideración científica a un
arrebato poético o literario, interesado por la belleza. De cómo cantan y
sienten las gentes de llanura y de montaña, de la actitud ante la muerte de los
habitantes del medio rural... De política, de los clarines de guerra que están
sonando en todo el mundo, no solo en España. De historia y futuro comparados,
de crisis frente a crisis, de federalismo y autonomías, de lo que nos cuesta la
política y los políticos, de su insolvencia y corrupción históricas. Del cambio
climático, la Revolución Digital, las comunicaciones modernas, internet...
De la belleza de un soneto, de los afectos y dependencias
de las personas movidas por la razón y los sentimientos, no por la avaricia o
la vulgaridad… De la belleza de los colores del campo castellano, de su luz, de
los paisajes cambiantes de las peñas y valles de los bordes de Castilla o de su
historia y sus gentes. De mujeres o varones, del amor y desamor... De un libro,
de una película, de una obra de teatro. De fantasías y opiniones más mejor o
peor fundadas. De un artículo científico o un cuento, de dibujos y pinturas… En
fin, del viaje de la vida, porque todo eso es ni más ni menos que la
vida.
1 Desde Bayuyas (Soria)
“ Venía
de vez en cuando por la Facultad de Filosofía, coincidiendo con las clases de
Azcárate. Entre clase y clase se las arreglaba para entablar conversación con
los estudiantes. Llevaba una carpeta de cuero vieja, desbordante de papeles.
Vestía con chaqueta y corbata, como todo el mundo entonces, pero de forma
destartalada, mal ajustada la ropa y con manchas dispersas en la fachada.
Daba la impresión de ser una persona que vivía sola, sin una mujer que le atendiera, elemento que por esos años se consideraba fundamental para que cualquier hombre de fuste fuera dignamente vestido. Pero, en aquella época (1961) un cuarentón que aparecía ocasionalmente en clase y hablaba de múltiples temas saltando de uno a otro, era tomado por loco, aunque supongo que esto sucede también ahora. Sus temas de conversación iban desde personajes singulares del Valladolid de las décadas anteriores a la terraza del Café del Norte, pasando por la Guerra Civil o cuestiones de arte y filosofía.
A pesar de la calificación que
se le había dado, a mí me atraían sus conversaciones aunque a causa de mis
juveniles 17 años y mi desconocimiento de Valladolid, donde acaba de llegar y
todavía me detenía a contemplar sus calles, jalonadas de portales y edificios
de dos o tres plantas, calles de complicados y tortuosos trazados de las que un
antiguo profesor había dicho que `eran el producto de los retortijones de un
cólico histórico que resultaban incompresibles para un chico habituado al
trazado ortogonal del ensanche de Bilbao.
A veces salía con él de la
facultad y me acompañaba camino de casa (yo vivía entonces en la calle Cantarranilla
hablando de sus cosas. Con esas
confianzas, me invitó un día a acompañarle a su casa para darme algún
libro, tentación que un estudiante de letras no podría resistir. Vivía en la
calle San Ignacio, en la margen izquierda, muy cercano a la Iglesia de San
Miguel. Era un piso grande bastante vacío de muebles y desorganizado; todo
sugería que efectivamente vivía solo. En una habitación había varios montones de
libros y cajas extendidos por el suelo. Allí tomó un libro de un montón y me lo
dio; se titulaba Cosas de Feria. Era un libro pequeño, del tipo de los
libros de bolsillo; en la portada teñida de verde, figuraba una imagen
con dos caballitos de feria y algunas cintas. Me dijo que había escrito
otras cosas y que las buscaría para darme un ejemplar.
Se llamaba Pedro Retuerto
Vaquero, había sido oficial de artillería (quizá capitán) en la Guerra
Civil y se decía que había perdido la razón viendo como sus subordinados
destrozaban a cañonazos la Catedral de Oviedo. Nunca deduje de mis
conversaciones con él que careciera de razón; más bien daba la impresión de que
razonaba con más fundamento que la mayoría de la gente y aunque las historias y
personajes del Valladolid de los cincuenta me resultaban completamente ajenas,
no dejaba de divertirme lo pintoresco de algunos de aquellos relatos. Supuse,
de lo que a veces decía y de lo que de él oí decir, que tenía una pensión como
herido o mutilado de guerra, pero no se le apreciaba limitación alguna en el
andar o moverse.
El libro era un compendio de historias, casos y cosas de
Valladolid. Parece ser que se sentaba en la terraza del Café del Norte y contaba sucesos y detalles de las
gentes que pasaban. Por lo que recuerdo, la escritura de Pedro Retuerto era una
mezcla de detalles intimistas, comentarios mundanos y reflexiones serias, construido todo ello de forma surrealista y
sin perder un punto anárquico, de desorganización, en el desarrollo del
texto. Alguna vez oí decir que la pequeña burguesía provinciana, el top de
funcionarios y empleados con servicio doméstico del Valladolid de los
cincuenta, le tenían miedo, en especial las jóvenes señoritas, aquellas
muchachitas de Valladolid inmortalizadas en una de esas denostadas películas
españolas que describe bastante bien el tipo y el estilo de ese estrato en la
ciudad; al menos tal y como yo lo imaginaba a través de Pedro Retuerto y de
otro personaje singular que conocí años después, José Luis Martín Galindo.
He intentado encontrar aquel
libro escarbando en los estratos más profundos de mi biblioteca, pero están tan
compactados y han sufrido tantas deformaciones que resulta una tarea agotadora
ir retirando capas para encontrarlo sin saber exactamente dónde está.
Estimulado por esta remoción de recuerdos acabaré perdiendo dos o tres tardes
para hallar el libro y repasarlo con mi punto de vista actual.
Amigo Pedro Canisio: he
referido el caso que anterior porque, en algún detalle, tus últimos escritos me
han traído a la memoria algunos rasgos del libro `Cosas de Feria´. Como en los
escritos de Pedro Retuerto Vaquero, hay en los tuyos un punto intimista (un
tanto disimulado en un tono de broma), una vertiente mundana con una
predilección por los eventos y un irresistible atractivo por referir historias
personales. Todo ello en un estilo que no oculta una tendencia surrealista.
Claro que tú tienes recursos con los que no soñó Pedro Retuerto, cuya única
fuente de información era la terraza del Café del Norte.
Hay escritores que escriben
preferentemente para que los lean, otros escriben para sí mismos. Yo no he
conseguido aclarar para quien escribes tú. En ocasiones aseguraría que lo haces
para ti; en otros casos parece que escribes para informar al público, para
denunciar o para dar testimonio de algo que sientes o te preocupa. En fin, creo
que estás haciendo un notorio esfuerzo y que entre lo que haces hay cosas de
interés y otras que incitan la curiosidad. Pero, como lector de tus
textos, permíteme hacer algunas críticas con la intención de que mejoren.
Guillermo, está permanentemente en tus textos, como Alicia o Peter Pan. A pesar
de ser un personaje entrañable. Sabes muchas cosas que pueden interesar y
algunas tienen gracia. Debes conservar tu personalidad, más en el fondo que en
la forma, conservando ese punto de surrealismo y el tono crítico e irónico.
Se diría que en tus textos hay un cierto horror vacui, que se manifiesta en un
exceso de imágenes que por su variada temática contribuyen a ese punto de surrealismo.
Las imágenes de Guillermo, a pesar de ser un personaje entrañable, no sé
si encaja en el contexto, incluso contando con el surrealismo, cosa que sucede
también con las fotos de chicas.
En mi opinión tiene
mejores posibilidades escribiendo de otras cosas que como compositor de
folletos para eventos. Otra cosa es que eso te guste y te distraiga, pero tus
potenciales lectores pensamos que es desperdiciarte. Me parecen mucho más ricos
en posibilidades tus temas intimistas, en los que me estimo que deberías
detenerte más en los detalles. Sabes muchas cosas que pueden interesar y
algunas tienen gracia. Debes conservar tu personalidad, más en el fondo que en
la forma, conservando ese punto de surrealismo y el tono crítico e irónico.
Espero, querido Canisio
(Sobradillo) que sepas perdonar este
afán crítico. Creo que estás desbordante de energía creativa y desearía que la
gastases de forma más eficiente. Me permito hacerlo desde la amistad y con la
mejor voluntad.
Lamento no haber respondido con
más prontitud a tus escritos. He estado en Bayubas(Soria) y allí la
cobertura de la red es muy deficiente, de modo que no llegaban los correos o
llegaban de forma ilegible. Me gustaría poder asistir a algún evento sobre la
canción española. Las oía en la radio de mi infancia y recuerdo especialmente
los cuplés y a Raquel Meller; los sonidos no se olvidan; mi infancia, algún año
antes que la tuya, transcurrió en un entorno dominado por la estética y los
sones del Movimiento junto a las canciones de aquel momento.
Como deduzco que tu entorno
tampoco escapó a aquello, supongo que también formarán parte de tu acervo
cultural canciones como `No lo hago por las chicas, que las chicas guapas son,
guapas son´, `Facettanera picola abisinia´, `Cada vez que el tiempo pasa se
lleva una flor´, `Si subes a Montejurra, no pises las margaritas´, `Nadie sabía
en tercio quien era aquel legionario´, `Angelitos negros´ o `Él era alto
y rubio como la cerveza´
Bastantes años después, puede
conocer las canciones republicanas: `Cuando canta el gallo negro´, `Ay Carmela´ o `El Ejército del Ebro´. Pero a pesar de los esfuerzos de memoria, no
se me han quedado con la nitidez con que recuerdo lo que tuve que escuchar en
mi infancia entre canciones de cuna o en la radio. Concluyo, que yo también me
extiendo por demás. Un fuerte abrazo”
Luis Vicente García Merino, catedrático de
Geografía de la Universidad de Cantabria
Primavera
de mis veinte abriles,
relicario de mi juventud,
un cariño ignorado
soñaba
y ese sueño ya sé que
eras tú...
Cuántas veces rogaba
al destino
ser esclavo de mi
sueño azul.
Hoy que se lo que
cuesta un cariño
ya no puedo con mi
esclavitud.
Quisiera amarte
menos,
no verte más
quisiera,
salvarme de esta
hoguera,
que no puedo
respirar.
No quiero este cariño
que no me da
descanso,
pues sufro si te
alcanzo
y luego no se vivir.
Quisiera amarte
menos,
porque esta vida ya
no es vida,
mi vida está perdida
de tanto quererte.
No sé si necesito
tenerte o perderte.
Yo se que te he querido
más de lo que he podido.
Quisiera amarte menos
buscando el olvido,
y en vez de amarte menos,
¡te quiero mucho más!
Ya lo sé que entre dos que se quieren
el cariño distinto ha de ser.
Mientras uno da entera su vida,
otro sólo se deja querer.
Ya lo sé, y sin
embargo no puedo
Conformarme con
quererte yo.
Tengo miedo que nunca
termine
esta dura condena de amor
2 Desde Valladolid
“ Ramón Pedro Canisio (Sobradillo) es una persona
amable, educada, cordial, buena.
Una persona que sabe oír y escuchar. Se cabrea sin perder la sonrisa ante
tantos casos de mediocridad, de injusticia, que día a día, y cada vez más, se
repiten en nuestra sociedad. Un ciudadano que saber ayudar, acoger y abrazar
para que uno no se sienta solo.
Conozco a Ramón desde hace, ya, cuatro décadas. Nos encontramos por
primera vez en aquella Junta de Castilla y León de Demetrio Madrid,
maravillosamente utópica. Él era director general de Política Industrial, yo de
Cultura, cuando en esta región no había entonces ni hay ahora ni Cultura ni
Industria. De manera que éramos directores generales de nada.
Pronto nos dimos cuenta de que “hacer
cosas realmente necesarias y de verdad” era prácticamente imposible. Entonces
creamos “La liga de los sin bata” y pretendimos luchar por la utopía.
Fracasamos. Quisimos, sin éxito, modernizar esta región tan dura, tan
asentada en la tierra, tan podrida. Y
decían Azaña y Francisco de Cossío, hace ya casi un siglo, que sobre algo podrido no puede hacerse nada. Para los
pueblos envenenados sí, puede emplearse el contraveneno, el antídoto; pero a
los pueblos podridos hay que dejarlos
abandonados en el mudalar, secándose al sol. Y en esta región, que alguna vez
se llamó Castilla, el ochenta por cieno de sus pueblos y ciudades está
podridos.
Quisimos huir de la mediocridad heredada de decenas de años de siniestro
franquismo, de cientos de años de frustración. Pretendimos crear un ambiente de
creación, de responsabilidad, de sociabilidad, de creación, de libertad… Una
sociedad que huyera de la frivolidad, de la vulgaridad y de la cursilería. Y
fue un sonoro fracaso.
Decía Santiago de los Mozos que “la cultura da al hombre la posibilidad
la posibilidad de serlo con dignidad, y a una ciudad la posibilidad de tener
cabeza y corazón, de sentir y de pensar. Todos y cada uno de nosotros somos
imprescindibles, el hombre más humilde es insustituible. Y el respeto por el
hombre es hacerle hombre.
Quizá sin saberlo es lo que transmite Ramón en sus escritos. Son notas
literarias que en estos momentos llenos de silencios nos ayudan a creer en la
dignidad de la sociedad y a trabajar contra la fuerza de aquellos que quieren
eliminar la verdad de la vida. Notas literarias amenas en la forma y profundas
en el fondo.los escritos de un proscrito.”
Juan
González Posada
Director de
la Fundación Siglo
3 Desde La
Arcadia
Guillermo Brown es un niño de 10
años que junto su pandilla, "Los Proscritos" (Enrique,
Pelirrojo, Douglas, el perro avisador
Jumble, y Juanita) ponen continuamente a prueba los límites de la civilización
de la clase media en que viven, con resultados, Los Proscritos asisten
desconcertados a un mundo que no comprenden e intentan subvertir.
El enemigo está representado por el mundo
adulto (sus padres y hermanos mayores Roberto y Ethel,) y los niños pijos,
ultracorrectos e hipócritas como Humbertito Lane. El humor surge
en la disparidad de opinión entre ambas partes, cuyas ideas no tienen nada en
común. Su tono literario es la ironía, el surrealismo y cierto costumbrismo inglés,
con una Inglaterra llena de cobertizos, pérgolas, té a las cinco y feroces perros labradores. Están también nuevos
ricos, los Bott (enriquecidos con la salsa Bott) y su hija Violeta-Isabel,
quienes imitan los modos de la alta sociedad inglesa.
También están presentes los valores y tópicos
de su tiempo (las sociedades bíblicas, los movimientos por la temperancia, los
autores pedantes, los niños pobres, hijos de las masas obreras del East End
londinense… Todos ellos caen víctimas de la ingenuidad de Guillermo, que es
incapaz de salir de la interpretación literal de cualquier tema.
Dice el filósofo Femando Savater (uno de los
apologistas de Guillermo) que “la represión de los niños durante la España
franquista hizo que se identificaran con la postura rebelde y anarquista de
Guillermo Brown. Y el escritor Javier Marías tiene declarado que se sintió
impulsado a escribir con la lectura de los libros de Guillermo.
Es más, entre sus aficionados se
encontraba, el celebrado autor de Imagine, quien escribió:
“Siendo
niño de diez años me sentí del todo identificado con la rebeldía de Guillermo,
su audacia, su sentido del humor, los vuelos de su fantasía, su necesidad de
ser siempre el jefe pero siempre tener compañeros, sus acciones generosas y
compartidas por igual, su propensión a los errores de ortografía hilarantes y a
los errores de pronunciación, e incluso su preferencia por los pieles rojas
sobre los vaqueros y la adicción a tocar la armónica. Y fue William quien me
inspiró a crear la primera banda de los cuatro, unidos contra el mundo”
Rirchmal Croptom fue la
segunda hija del reverendo anglicano Edward John Sewell Lamburn, pastor protestante
y maestro de la escuela parroquial, y de su esposa Clara Crompton. Acudió a la
St Elphin's School para hijas de clérigos anglicanos y ganó una beca para
realizar estudios clásicos de latín y griego en el Royal Holloway College,
en Londre, donde se graduó de Bachiller en Artes. Formó parte del
movimiento sufragista de su tiempo y volvió en St. Elphin's en 1914 para
enseñar cultura y autores clásicos hasta 1917; luego, cuando contaba 27 años,
marchó a la Bromley High School al sur de Londres,
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