jueves, 8 de junio de 2023

valdavia : Arenales

 


Valdabia


Abia es un término prerromano que designa una corriente de agua. Pertenece a una familia de palabras que han llegado a nosotros más o menos deformadas, como parte de otras: aba, ibi ibai o ibia. Contiene el étimo numerosos cursos y lugares como el soriano Abión o La Valdivia (un abia corregido por escribanos y topógrafos), el valle que aloja la Cueva de los Franceses. El río Abia, que toma el nombre del valle, Valdavia, nace al pie de la Montaña Palentina, en la comarca de La Peña, a partir de una confluencia de “Ríos menudos” que así se llama el lugar, viniendo a morir, en la localidad de Abia de las Torres, al río Boedo, aportando su caudal al Pisuerga, que trae sus aguas a Valladolid.

Corre el río Abia entre las altas llanuras del borde castellano, abriendo su valle en un paisaje en cuyo horizonte norte las peñas anuncian el telón de fondo de la Montaña Cantábrica y que, hacia el sur, domina la infinita llanura de Tierra Campos. Paisaje descompuesto en niveles vestidos de rebollos, quejigos y encinares, mientras jalonan el río y sus afluentes cintas de árboles de ribera. El término ha sobrevivido a la globalización del latín y a la romanización y parece evocar, en una suerte de geografía sentimental, el patriotismo castellano.

Valdavia son pensamientos, ideas o, sugerencias o sentimientos lanzadas al viento. El lenguaje es un misterio insondable. La expresión escrita de pensamientos, sensaciones, sentimientos, o la descripción de ambientes y hechos acaecidos, no es un problema de utilización erudita del lenguaje. No exige una literatura enrevesada, alambicada, intelectualizada y pedante. Casi todo puede decirse en palabras sencillas. Las ideas más complejas piden un lenguaje coloquial.  . El estilo de los aforismos es muy útil:  la precisión del lenguaje es amiga de pocas palabras y escasas pero certeras ideas. El cerebro roba las palabras antes de ser pensadas, justo en ese momento indefinido en que se gestan en el yo más profundo. Aparentemente, el pensamiento no trabaja con palabras sino con símbolos e ideas, aunque en realidad eso tal vez sea imposible. No es posible separar la palabra del concepto, la idea, de su expresión, separar nuestra relación con el mundo, de nuestro pensamiento.

Los temas son amplios: desde reflexiones sobre un detalle concreto a temas de actualidad; desde una pura consideración científica a un arrebato poético o literario, interesado por la belleza. De cómo cantan y sienten las gentes de llanura y de montaña, de la actitud ante la muerte de los habitantes del medio rural... De política, de los clarines de guerra que están sonando en todo el mundo, no solo en España. De historia y futuro comparados, de crisis frente a crisis, de federalismo y autonomías, de lo que nos cuesta la política y los políticos, de su insolvencia y corrupción históricas. Del cambio climático, la Revolución Digital, las comunicaciones modernas, internet...

De la belleza de un soneto, de los afectos y dependencias de las personas movidas por la razón y los sentimientos, no por la avaricia o la vulgaridad… De la belleza de los colores del campo castellano, de su luz, de los paisajes cambiantes de las peñas y valles de los bordes de Castilla o de su historia y sus gentes. De mujeres o varones, del amor y desamor... De un libro, de una película, de una obra de teatro. De fantasías y opiniones más mejor o peor fundadas. De un artículo científico o un cuento, de dibujos y pinturas… En fin, del viaje de la vida, porque todo eso es ni más ni menos que la vida.

                 1 Desde Bayuyas (Soria)


“ Venía de vez en cuando por la Facultad de Filosofía, coincidiendo con las clases de Azcárate. Entre clase y clase se las arreglaba para entablar conversación con los estudiantes. Llevaba una carpeta de cuero vieja, desbordante de papeles. Vestía con chaqueta y corbata, como todo el mundo entonces, pero de forma destartalada, mal ajustada la ropa y con manchas dispersas en la fachada.

Daba la impresión de ser una persona que vivía sola, sin una mujer que le atendiera, elemento que por esos años se consideraba fundamental para que cualquier hombre de fuste fuera dignamente vestido. Pero, en aquella época (1961) un cuarentón que aparecía ocasionalmente en clase y hablaba de múltiples temas saltando de uno a otro, era tomado por loco, aunque supongo que esto sucede también ahora. Sus temas de conversación iban desde personajes singulares del Valladolid de las décadas anteriores a la terraza del Café del Norte, pasando por la Guerra Civil o cuestiones de arte y filosofía.

A pesar de la calificación que se le había dado, a mí me atraían sus conversaciones aunque a causa de mis juveniles 17 años y mi desconocimiento de Valladolid, donde acaba de llegar y todavía me detenía a contemplar sus calles, jalonadas de portales y edificios de dos o tres plantas, calles de complicados y tortuosos trazados de las que un antiguo profesor había dicho que `eran el producto de los retortijones de un cólico histórico que resultaban incompresibles para un chico habituado al trazado ortogonal del ensanche de Bilbao.

A veces salía con él de la facultad y me acompañaba camino de casa (yo vivía entonces en la calle Cantarranilla  hablando de sus cosas. Con esas confianzas,  me invitó un día a acompañarle a su casa para darme algún libro, tentación que un estudiante de letras no podría resistir. Vivía en la calle San Ignacio, en la margen izquierda, muy cercano a la Iglesia de San Miguel. Era un piso grande bastante vacío de muebles y desorganizado; todo sugería que efectivamente vivía solo. En una habitación había varios montones de libros y cajas extendidos por el suelo. Allí tomó un libro de un montón y me lo dio; se titulaba Cosas de Feria. Era un libro pequeño, del tipo de los libros de bolsillo; en la portada  teñida de verde, figuraba una imagen con dos caballitos de feria y algunas cintas. Me dijo que había escrito otras cosas y que las buscaría para darme un ejemplar.


    Se llamaba Pedro Retuerto Vaquero, había sido oficial de artillería (quizá capitán) en la Guerra Civil y se decía que había perdido la razón viendo como sus subordinados destrozaban a cañonazos la Catedral de Oviedo. Nunca deduje de mis conversaciones con él que careciera de razón; más bien daba la impresión de que razonaba con más fundamento que la mayoría de la gente y aunque las historias y personajes del Valladolid de los cincuenta me resultaban completamente ajenas, no dejaba de divertirme lo pintoresco de algunos de aquellos relatos. Supuse, de lo que a veces decía y de lo que de él oí decir, que tenía una pensión como herido o mutilado de guerra, pero no se le apreciaba limitación alguna en el andar o moverse.

   
El libro era un compendio de historias, casos y cosas de Valladolid. Parece ser que se sentaba en la terraza del Café del  Norte y contaba sucesos y detalles de las gentes que pasaban. Por lo que recuerdo, la escritura de Pedro Retuerto era una mezcla de detalles intimistas, comentarios mundanos y reflexiones serias,  construido todo ello de forma surrealista y sin perder un punto anárquico,  de desorganización, en el desarrollo del texto. Alguna vez oí decir que la pequeña burguesía provinciana, el top de funcionarios y empleados con servicio doméstico del Valladolid de los cincuenta, le tenían miedo, en especial las jóvenes señoritas, aquellas muchachitas de Valladolid inmortalizadas en una de esas denostadas películas españolas que describe bastante bien el tipo y el estilo de ese estrato en la ciudad; al menos tal y como yo lo imaginaba a través de Pedro Retuerto y de otro personaje singular que conocí años después, José Luis Martín Galindo.

He intentado encontrar aquel libro escarbando en los estratos más profundos de mi biblioteca, pero están tan compactados y han sufrido tantas deformaciones que resulta una tarea agotadora ir retirando capas para encontrarlo sin saber exactamente dónde está. Estimulado por esta remoción de recuerdos acabaré perdiendo dos o tres tardes para hallar el libro y repasarlo con mi punto de vista actual.

 

Amigo Pedro Canisio: he referido el caso que anterior porque, en algún detalle, tus últimos escritos me han traído a la memoria algunos rasgos del libro `Cosas de Feria´. Como en los escritos de Pedro Retuerto Vaquero, hay en los tuyos un punto intimista (un tanto disimulado en un tono de broma), una vertiente mundana  con una predilección por los eventos y un irresistible atractivo por referir historias personales. Todo ello en un estilo que no oculta una tendencia surrealista. Claro que tú tienes recursos con los que no soñó Pedro Retuerto, cuya única fuente de información era la terraza del Café del Norte.

Hay escritores que escriben preferentemente para que los lean, otros escriben para sí mismos. Yo no he conseguido aclarar para quien escribes tú. En ocasiones aseguraría que lo haces para ti; en otros casos parece que escribes para informar al público, para denunciar o para dar testimonio de algo que sientes o te preocupa. En fin, creo que estás haciendo un notorio esfuerzo y que entre lo que haces hay cosas de interés  y otras que incitan la curiosidad. Pero, como lector de tus textos, permíteme hacer algunas críticas  con la intención de que mejoren. Guillermo, está permanentemente en tus textos, como Alicia o Peter Pan. A pesar de ser un personaje entrañable. Sabes muchas cosas que pueden interesar y  algunas tienen gracia. Debes conservar tu personalidad, más en el fondo que en la forma, conservando ese punto de surrealismo y el tono crítico e irónico.

 

 Se diría que en tus textos hay un cierto horror vacui, que se manifiesta en un exceso de imágenes que por su variada temática contribuyen a ese punto de surrealismo. Las imágenes de Guillermo, a pesar de ser un personaje entrañable, no sé si encaja en el contexto, incluso contando con el surrealismo, cosa que sucede también con las fotos de chicas.

En mi opinión tiene mejores  posibilidades escribiendo de otras cosas que como compositor de folletos para eventos. Otra cosa es que eso te guste y te distraiga, pero tus potenciales lectores pensamos que es desperdiciarte. Me parecen mucho más ricos en posibilidades tus temas intimistas, en los que me estimo que deberías detenerte más en los detalles. Sabes muchas cosas que pueden interesar y  algunas tienen gracia. Debes conservar tu personalidad, más en el fondo que en la forma, conservando ese punto de surrealismo y el tono crítico e irónico.

Espero, querido Canisio (Sobradillo)  que sepas perdonar este afán crítico. Creo que estás desbordante de energía creativa y desearía que la gastases de forma más eficiente. Me permito hacerlo desde la amistad y con la mejor voluntad.

Lamento no haber respondido con más prontitud a tus escritos. He estado en Bayubas(Soria) y allí la cobertura de la red es muy deficiente, de modo que no llegaban los correos o llegaban de forma ilegible. Me gustaría poder asistir a algún evento sobre la canción española. Las oía en la radio de mi infancia y recuerdo especialmente los cuplés y a Raquel Meller; los sonidos no se olvidan; mi infancia, algún año antes que la tuya, transcurrió en un entorno dominado por la estética y los sones del Movimiento junto a las canciones de aquel momento.

Como deduzco que tu entorno tampoco escapó a aquello, supongo que también formarán parte de tu acervo cultural canciones como `No lo hago por las chicas, que las chicas guapas son, guapas son´, `Facettanera picola abisinia´, `Cada vez que el tiempo pasa se lleva una flor´, `Si subes a Montejurra, no pises las margaritas´, `Nadie sabía en tercio quien era aquel legionario´,   `Angelitos negros´ o `Él era alto y rubio como la cerveza´

Bastantes años después, puede conocer las canciones republicanas: `Cuando canta el gallo negro´,  `Ay Carmela´ o `El Ejército del Ebro´.  Pero a pesar de los esfuerzos de memoria, no se me han quedado con la nitidez con que recuerdo lo que tuve que escuchar en mi infancia entre canciones de cuna o en la radio. Concluyo, que yo también me extiendo por demás. Un fuerte abrazo

     

Luis Vicente García Merino, catedrático de Geografía de la Universidad de Cantabria

 


Primavera de mis veinte abriles,
relicario de mi juventud,
un cariño ignorado soñaba
y ese sueño ya sé que eras tú...
Cuántas veces rogaba al destino
ser esclavo de mi sueño azul.
Hoy que se lo que cuesta un cariño
ya no puedo con mi esclavitud.

Quisiera amarte menos,
no verte más quisiera,
salvarme de esta hoguera,
que no puedo respirar.
No quiero este cariño
que no me da descanso,
pues sufro si te alcanzo
y luego no se vivir.
Quisiera amarte menos,
porque esta vida ya no es vida,
mi vida está perdida
de tanto quererte.
No sé si necesito
tenerte o perderte.
Yo se que te he querido               

más de lo que he podido.
Quisiera amarte menos
buscando el olvido,
y en vez de amarte menos,
¡te quiero mucho más!

Ya lo sé que entre dos que se quieren
el cariño distinto ha de ser.
Mientras uno da entera su vida,
otro sólo se deja querer.
Ya lo sé, y sin embargo no puedo
Conformarme con quererte yo.
Tengo miedo que nunca termine
esta dura condena de amor
      

2 Desde Valladolid

 

Ramón Pedro Canisio (Sobradillo) es una persona amable, educada, cordial, buena. Una persona que sabe oír y escuchar. Se cabrea sin perder la sonrisa ante tantos casos de mediocridad, de injusticia, que día a día, y cada vez más, se repiten en nuestra sociedad. Un ciudadano que saber ayudar, acoger y abrazar para que uno no se sienta solo.

Conozco a Ramón desde hace, ya, cuatro décadas. Nos encontramos por primera vez en aquella Junta de Castilla y León de Demetrio Madrid, maravillosamente utópica. Él era director general de Política Industrial, yo de Cultura, cuando en esta región no había entonces ni hay ahora ni Cultura ni Industria. De manera que éramos directores generales de nada.

 Pronto nos dimos cuenta de que “hacer cosas realmente necesarias y de verdad” era prácticamente imposible. Entonces creamos “La liga de los sin bata” y pretendimos luchar por la utopía.

Fracasamos. Quisimos, sin éxito, modernizar esta región tan dura, tan asentada en la tierra, tan podrida. Y decían Azaña y Francisco de Cossío, hace ya casi un siglo, que sobre algo podrido no puede hacerse nada. Para los pueblos envenenados sí, puede emplearse el contraveneno, el antídoto; pero a los pueblos podridos hay que dejarlos abandonados en el mudalar, secándose al sol. Y en esta región, que alguna vez se llamó Castilla, el ochenta por cieno de sus pueblos y ciudades está podridos.

Quisimos huir de la mediocridad heredada de decenas de años de siniestro franquismo, de cientos de años de frustración. Pretendimos crear un ambiente de creación, de responsabilidad, de sociabilidad, de creación, de libertad… Una sociedad que huyera de la frivolidad, de la vulgaridad y de la cursilería. Y fue un sonoro fracaso.

Decía Santiago de los Mozos que “la cultura da al hombre la posibilidad la posibilidad de serlo con dignidad, y a una ciudad la posibilidad de tener cabeza y corazón, de sentir y de pensar. Todos y cada uno de nosotros somos imprescindibles, el hombre más humilde es insustituible. Y el respeto por el hombre es hacerle hombre.

Quizá sin saberlo es lo que transmite Ramón en sus escritos. Son notas literarias que en estos momentos llenos de silencios nos ayudan a creer en la dignidad de la sociedad y a trabajar contra la fuerza de aquellos que quieren eliminar la verdad de la vida. Notas literarias amenas en la forma y profundas en el fondo.los escritos de un proscrito.”

Juan González Posada

Director de la Fundación Siglo

 

3 Desde La Arcadia

 

Guillermo Brown es un niño de 10 años que junto su pandilla, "Los Proscritos" (Enrique, Pelirrojo, Douglas, el perro avisador Jumble, y Juanita) ponen continuamente a prueba los límites de la civilización de la clase media en que viven, con resultados, Los Proscritos asisten desconcertados a un mundo que no comprenden e intentan subvertir.

    El enemigo está representado por el mundo adulto (sus padres y hermanos mayores Roberto y Ethel,) y los niños pijos, ultracorrectos e hipócritas como Humbertito Lane. El humor surge en la disparidad de opinión entre ambas partes, cuyas ideas no tienen nada en común. Su tono literario es la ironía, el surrealismo y cierto costumbrismo inglés, con una Inglaterra llena de cobertizos, pérgolas, té a las cinco y feroces perros labradores. Están también nuevos ricos, los Bott (enriquecidos con la salsa Bott) y su hija Violeta-Isabel, quienes imitan los modos de la alta sociedad inglesa.  

  También están presentes los valores y tópicos de su tiempo (las sociedades bíblicas, los movimientos por la temperancia, los autores pedantes, los niños pobres, hijos de las masas obreras del East End londinense… Todos ellos caen víctimas de la ingenuidad de Guillermo, que es incapaz de salir de la interpretación literal de cualquier tema.

  Dice el filósofo Femando Savater (uno de los apologistas de Guillermo) que “la represión de los niños durante la España franquista hizo que se identificaran con la postura rebelde y anarquista de Guillermo Brown. Y el escritor Javier Marías tiene declarado que se sintió impulsado a escribir con la lectura de los libros de Guillermo.

 

    Es más, entre sus aficionados se encontraba, el celebrado autor de Imagine, quien escribió:

“Siendo niño de diez años me sentí del todo identificado con la rebeldía de Guillermo, su audacia, su sentido del humor, los vuelos de su fantasía, su necesidad de ser siempre el jefe pero siempre tener compañeros, sus acciones generosas y compartidas por igual, su propensión a los errores de ortografía hilarantes y a los errores de pronunciación, e incluso su preferencia por los pieles rojas sobre los vaqueros y la adicción a tocar la armónica. Y fue William quien me inspiró a crear la primera banda de los cuatro, unidos contra el mundo

 

    Rirchmal Croptom fue la segunda hija del reverendo anglicano Edward John Sewell Lamburn, pastor protestante y maestro de la escuela parroquial, y de su esposa Clara Crompton. Acudió a la St Elphin's School para hijas de clérigos anglicanos y ganó una beca para realizar estudios clásicos de latín y griego en el Royal Holloway College, en Londre, donde se graduó de Bachiller en Artes. Formó parte del movimiento sufragista de su tiempo y volvió en St. Elphin's en 1914 para enseñar cultura y autores clásicos hasta 1917; luego, cuando contaba 27 años, marchó a la Bromley High School al sur de Londres,

   Ramón Bocos

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