Valladolid, en época andalusí, se llamaba Balad al-Ward (بلد الوليد,); el país que volverá a nacer. El término alude quizá al califa omeya Walid, que gobernaba el Imperio Islámico en el momento de la conquista árabe
Otra teoría habla del «Valle de los Olivos», aunque dado el clima con fríos inviernos y con frecuentes heladas entrada ya la primavera que tiene la ciudad no es muy probable que hubiera gran cantidad de olivos en la zona. O la expresión romana «Vallis tolitum» («Valle de Aguas»), ya que por la ciudad pasan el río Pisuerga y el río Esgueva, que antes de su canalización, en el siglo xix, se extendía por varios ramales. También está el gentilicio «vallisoletano», que se cree que provendría de «valle del sol» o «valle soleado pero es improbable, porque este gentilicio deriva del nombre latino de la ciudad empleado desde la baja Edad Media, «Vallisoletum» que es de creación artificial, para su uso en documentos oficiales o eclesiales en topónimos sin precedente en era romana, como es también el caso de «Matritus» o «Albasitum».
El
profesor de la Universidad de Valladolid Celso Almuiña tiene su propia teoría: Valladolid se encuentra en un valle y
está regada por el río Pisuerga, el
río Esgueva y el canal
de Castilla. Por lo tanto, es una charca en mitad de
un entorno seco. Esa charca bien se puede llamar poza, o su diminutivo pozuela,
del cual derivaría «Pucela».El etnomusicólogo Joaquín Díaz sostiene
que el término Pucela viene por la exclusiva que tuvo la ciudad con los
cementos de Pozzuoli (Italia),
«Puteoli» en tiempos romanos, de donde resulta puzolana; al
ser Valladolid la ciudad desde la que se distribuían, cuando se entregaban los
portes de cemento, se les conocía como «pucelanos» a los vallisoletanos que
entregaban las cargas.
Otra teoría
está relacionada con la geografía de Valladolid dónde
discurren los cauces de los ríos Pisuerga y Esgueva. En planos de la ciudad del
siglo XVII pueden apreciarse cinco lagunas en torno al actual Prado de la Magdalena,
por lo que la ciudad estaría en una poza de agua en mitad de un entorno seco y
llano. El diminutivo de poza, pozuela, derivaría a lo largo de los años en
Putolea o Putzuela. El escritor
Quevedo dedicó algunos versos satíricos a la ciudad en uno de
sus romances: «Más ya sé, por tu linaje, que te apellidas Cazuela, que en vez
de guisados, hace desaguisados sin Pucela no era del
agrado del escritor de verbo afilado, que vivió una temporada en la ciudad al
seguir a la Corte itinerante desde Madrid. Quevedo hace un juego de palabras de
manera intencional cambiando Putzuela por Cazuela, mientras que el resto de
versos del poema parece dedicarlos a comparar la ciudad con una ramera. Una
muestra del escaso cariño que el poeta profesaba a Valladolid.
Por
último, se encuentra el término de «Pintia», que parece tener un origen mucho
más culto. Cerca de Peñafiel, en
la localidad de Padilla
de Duero, se encuentran las ruinas de una importante ciudad,
presuntamente celta: Pintia,
perteneciente al pueblo prerromano de los vacceos. El
identificar a Valladolid con esta ciudad proviene del Renacimiento y
la costumbre que imperaba en aquella época de relacionarlo todo con las
civilizaciones griega y romana. Posteriormente, se
demostró la inexistente relación entre Valladolid y Pintia.
Vallisoletanos
fueron con sus huestes a luchar del lado de Juana de Arco, la Doncella de
Orleans; en francés, pucelle. Cuando volvieron, los caballeros comenzaron a
contar sus hazañas y galanteos. Sobre todo los galanteos; todas las guerras se
hacen en aras del poder.
El 31 de mayo de 1808 se produce el dos de mayo pucelano: el pueblo se agolpa
en plazas y calles al grito de ¡Viva Fernando VII!, exigiendo la entrega de
armas. La ciudad fue liberada por Wellington.
`La vida no se ha hecho para comprenderla,
sino para vivirla´,
Flanqueada
por el Pisuerga y el Esgueva y dividida en dos por uno de los brazos de este
río, llegó a contar en su muralla con doce puertas y algún portillo, siendo las
principales la de Del Puente, en el norte, y la del Campo, en el sur. Las
puertas estaban distanciadas una de otra uno mil pasos, que hacen una distancia
total de cerca de 7 kilómetros. Una hora de un jinete a
caballo. Cumplían un horario establecido de cierre y apertura distinto
para el invierno y el verano y contaban con una casilla para el personal
encargado de la vigilancia o la aduana.
En diciembre de 1521, la
muralla acogía un caserío de 22.000 almas y vio entrar con alborozo
a Juan de Padilla con 1.500 hombres, convirtiéndola en nueva capital
comunera. Su esposa, María López de Mendoza y Pacheco, la
bella capitana comunera que nunca se rindió, ya sabía que le esperaba en vano
en Toledo. Ya a finales del siglo XI se habían asentado en el valle como
granjeros y labradores algunos vecinos de de Cabe; eligieron el sitio de
mayor altura para vivir y las riberas de los ríos para cultivar. En lo alto
construirían una humilde fortificación o alcalareño, el de San Benito. Y en
1072 llegó al lugar el conde Ánsares a quien el rey había
encargado su colonización Se estableció extramuros y construyó una iglesia
colegiata y un palacio cercanos al Esgueva,
Entre estas doce puertas convivían
cristianos, judíos musulmanes. Los judíos, además
de construir una poblada judería centrada en la Plaza de los Ciegos, estaban
bien integrados en la villa, pues es aquí donde en 1476 se habían reunido los
representantes de todas las aljamas del reino. Los musulmanes se agolpaban en
los aledaños de la Puerta de Teresa Gil. Unos y otros ejercían de
artesanos, hortelanos, albañiles, alfareros, lateros,
zapateros, sastres y mercaderes. Por su parte La `casta limpia´ oficiaba de
clérigos, funcionarios, letrados, escribanos médicos o rentistas. En
los clérigos abundan mujeres. Los conventos de monjas acogen a damas de toda
condición social y proliferan beatas que viven una vida piadosa y de oración.
Hay mujeres que trabajan fuera de su hogar en tareas no estrictamente
doméstica: lecheras, lavanderas, panaderas, pasteleras, lenceras, campesinas y
alguna esclava, y otras dedicadas a ` oficios diversos´.
No siempre las viudas tenían
medios suficientes para asegurar su mantenimiento y a ellas va dirigida la caridad
y las limosnas, que buscan aliviar su situación, a veces casando a doncellas
pobres para evitar que puedan verse arrastradas a la mala vida o ejerciendo de
sobrina de los señores párrocos. Pronto surgen episodios de tensión y
conflicto. A veces violentos, como la condena a la hoguera o el patíbulo de los
magnos Autos de Fe de 15 de mayo y 30 de octubre de 1559.
En éste asistieron
doscientas mil personas bajo la égida de la reina regente doña Juana de
Austria y acabó con los luteranos del doctor
Cazalla. De los treinta ilustres encausados, solo se salvó Doña Ana
Enríquez, `porque el Gran Inquisidor consideró:
`Mujer
de Tanta belleza no debe morir en la hoguera´
Cuñada de María de Padilla, amiga intima de
Teresa de Ávila y en la ficción de `El hereje´ de Delibes, amante de su
personaje principal, Cipriano Salcedo. `Con arrogancia, Ana subió al patíbulo, oyó impávida la pena
simbólica a que era condenada y despreció a los que la admiraban. El pueblo
consideró un agravio la insignificancia de la pena, los aires de superioridad
de la penitente, su rango y su belleza
María López de Mendoza y
Pacheco y de Padilla (La Alhambra, Granada, 1496-Oporto,1531),La Brava comunera
que nunca se rindió´ fue una noble castellana, líder
comunera y esposa del general comunero Juan de Padilla.1Tras la muerte de su
marido, asumió desde Toledo el mando de la
sublevación de las Comunidades de Castilla hasta que capituló ante el rey Carlos I de España y V del
Sacro Imperio Romano Germánico en
febrero de 1522.
Hija
de Íñigo López de Mendoza y
Quiñones, I marqués de Mondéjar, alcalde perpetuo de la Alhambra, en
el palacio del sultán Yusuf III. Tuvo ocho hermanos,
entre ellos Luis, II marqués de
Mondejar; Francisco, obispo de Jaén; y
Antonio, virrey en las Indias.
Educada junto sus hermanos en el
ambiente renacentista de la pequeña corte del Gran
Tendilla, María era una mujer culta, con conocimientos de latín, griego, matemáticas,
letras e historia. De
niña presenció en 1500 los acontecimientos de la primera sublevación morisca desde
su casa en el Albaicín.
Con catorce años de edad, el 10 de noviembre de 1510, se acordaron sus
esponsales con Juan de Padilla, caballero toledano de
rango inferior al de los Mondéjar. En los escritos de la época, ella aparece
como Doña María Pacheco, mientras que su marido recibe el trato
de Juan de Padilla. En dicho acuerdo se le obligó a renunciar a sus
derechos de herencia paterna a cambio de una dote de cuatro millones y medio
de maravedíes.
En
1511 se celebró el matrimonio y en 1516 nació su único hijo, Pedro, que murió
niño. Ese año falleció también el rey Fernando el Católico y
fue nombrado rey de Castilla y Aragón el futuro emperador Carlos I.
Al
suceder Juan de Padilla a su padre en el cargo de capitán de gentes de armas,
el matrimonio se trasladó a Toledo en 1518.1
María Pacheco apoyó y quizá instigó a su no pacífico marido para que, en abril
de 1520, tomase parte activa en el levantamiento de las
Comunidades en Toledo. A continuación, Juan de
Padilla acudió con las milicias toledanas más las madrileñas de Juan
de Zapata en auxilio de Segovia para,
junto a las milicias mandadas por Juan
Bravo, regidor de Segovia, combatir las fuerzas realistas
de Rodrigo Ronquillo. El
29 de julio de 1520 se constituyó en Ávila la Santa
Junta y Padilla fue nombrado capitán general de las
tropas comuneras.
Sin
embargo, las rivalidades entre los comuneros provocaron su sustitución
por Pedro Girón y Velasco,
ante lo cual Padilla regresó a Toledo. Cuando Girón desertó en diciembre al
bando realista, Padilla volvió a Valladolid con
un nuevo ejército toledano (31 de diciembre de 1520). Sus tropas tomaron Ampudia y Torrelobatón.
Sin embargo, de nuevo surgieron disensiones dentro del ejército comunero. Todo
ello provocó el debilitamiento de los sublevados, que fueron derrotados en una
desigual contienda el 23 de abril de 1521, conocida como batalla de Villalar.Padilla
fue hecho prisionero. Conducido al pueblo de Villalar,
fue decapitado al día siguiente. Con él fueron ajusticiados Juan
Bravo y Francisco Maldonado.
En ausencia de Padilla, María gobernó Toledo hasta la llegada
el 29 de marzo de 1521 del obispo de Zamora Antonio de Acuña, cuando se vio obligada a compartir el poder con él. Al
recibir las malas noticias sobre Villalar, María cayó enferma y se vistió de luto. Sin embargo, en vez
de abandonar, María Pacheco va a liderar la última resistencia de las Comunidades en Toledo. Dirige, desde su casa primero y desde
el alcázar de la ciudad después, la resistencia a las tropas realistas,
estacionando defensores en las puertas de la ciudad y mandando traer la
artillería desde Yepes, implantando
contribuciones y nombrando capitanes de las tropas comuneras toledanas.
Tras rendirse Madrid el 7 de mayo,
solo resistía Toledo. Ante ello, el resto de los dirigentes comuneros de la
ciudad se inclinan por capitular, pero ella logró evitar la rendición. Incluso
el obispo Acuña huyó el 25 de mayo intentando llegar a Francia. Parte de la rivalidad
con Acuña se debía a su intención de lograr la mitra toledana, primada de
España, que María deseara para su hermano Francisco
de Mendoza.
Tras
rendirse Madrid el
7 de mayo, solo resistía Toledo. Ante ello, el resto de los dirigentes
comuneros de la ciudad se inclinan por capitular, pero ella logró evitar la
rendición. Incluso el obispo Acuña huyó el 25 de mayo
intentando llegar a Francia.
Parte de la rivalidad con Acuña se debía a su intención de lograr la mitra
toledana, primada de España, que María deseara para su hermano Francisco de Mendoza.
María
Pacheco llegó a prolongar la resistencia nueve meses después de la batalla de Villalar aunque
este hecho se deba, más que a la feroz resistencia, a que el ejército real tuvo
que acudir a Navarra para
neutralizar el intento de recuperación del Reino por
parte de tropas francesas y agramontesas.
Para mantener el orden en Toledo,
María llegó a apuntar los cañones del Alcázar contra los toledanos. El 6 de
octubre requisó, entrando de rodillas en el Sagrario de la catedral de Santa María, la
plata que allí se contiene para poder pagar a las tropas.
Mientras
tanto las tropas realistas, con diversos combates de abril a agosto, cercaron
finalmente Toledo. El 1 de septiembre de 1521 comenzó el bombardeo. El 25 de
octubre de 1521 se firmó una tregua favorable para los sitiados, el
llamado armisticio de la Sisla, de modo que los comuneros evacuaron
el Alcázar, aunque conservando las armas y el control de la ciudad. Esta
situación inestable culminó el 3 de febrero de 1522 con un nuevo alzamiento de la
ciudad, en el que María Pacheco y sus fieles tomaron el alcázar
y liberaron a los comuneros presos. No obstante, la sublevación fue sofocada
por las tropas realistas al día siguiente. Gracias a la connivencia de algunos
de sus familiares, entre ellos su cuñado, Gutierre López de Padilla, su hermana
María de Mendoza, condesa consorte de
Monteagudo de Mendoza, y su tío, Diego López Pacheco II
marqués de Villena, María Pacheco logró huir disfrazada de aldeana de la ciudad
en la noche con su hijo de corta edad y se exilió en Portugal.
La huida de doña María se produjo mediante un
pacto, que le permitía su fuga con la connivencia de uno de los guardias de
la puerta del Cambrón.
Con un pequeño séquito que la esperaba junto al Tajo, se dirigió a Escalona,
donde su tío el marqués de Villena en Escalona se negó a hospedarla, si bien
después su tío Alonso Téllez Girón la
acogería en su villa de la Puebla de Montalbán hasta
que su sentencia condenatoria la obligó a huir del reino.
Mientras
se dirigía a Portugal,
contratando a diario guías distintos para salir de los caminos principales y
evitar la delación, el alcalde toledano Zumel sembró de sal el solar de sus
casas, levantando una columna con un letrero inculpatorio hacia María Pacheco y
sus cómplices. Más adelante, su cuñado Gutierre, heredero del mayorazgo,
conseguiría licencia real para reedificar las casas, pero jamás logró el perdón
real para doña María ni permiso para el traslado de los restos de Juan
Padilla a Toledo.
Exceptuada
en el perdón general del 1 de octubre de 1522
y condenada a muerte en rebeldía en 1524, María subsiste en Portugal con
dificultades.1
Aunque Juan III de Portugal no
responde a las peticiones de expulsión que le llegan desde la corte castellana,
María no tiene más remedio que subsistir de la caridad, del arzobispo de Braga primero,
y del obispo de Oporto, Pedro Álvarez de Acosta,
después, en cuya casa vivió.
A
pesar de los intentos de sus hermanos, Luis Hurtado de Mendoza y
Pacheco, II marqués de Mondéjar y III conde de Tendilla,
y Diego Hurtado de
Mendoza, embajador de Carlos I, María Pacheco no
logró el perdón real y vivió en Oporto hasta su muerte en marzo de 1531. Fue
enterrada en la catedral de Oporto,
ante la negativa de Carlos I a que sus restos se trasladasen a Olmedo, para que descansaran junto
a los de Juan de Padilla, su esposo.1Su
hermano menor, el poeta Diego Hurtado de
Mendoza, escribió este epitafio:
Si preguntas mi
nombre, fue María,
Si mi tierra,
Granada; mi apellido
De Pacheco y Mendoza,
conocido
El uno y el otro más
que el claro día
Si mi vida, seguir a
mi marido;
Mi muerte en la
opinión que él sostenía
España te dirá mi cualidad
Que nunca niega
España la verdad.
1
Valladolid comunera
La Muralla o cerc de Valladolid se construyó
y reconstruyó, se hacía y rehacía y al final derribó, a lo largo de los siglos
XI a XIX. La tradición apunta a una primera cerca hecha de tapial y
estacas anteriores a la llegada del conde Ánsares. Sería de
aparejo tosco o de piedra sin trabajar y respondía todavía a un modelo
militar con cubos y puertas torreadas. Es a principios de aquel siglo XVII
cuando la ciudad se vio en la necesidad de ampliar y consolidar la cerca
fiscal, antes militar, para que sirviera también como seguridad sanitaria e
impedir la entrada de la peste que por entonces hacía estragos. El
poderoso gremio del vino tenía una especial disposición para defender y vigilar
las puertas y tomo la iniciativa en 1612, y el Ayuntamiento dio permiso
para la corta de 12.000 pinos. Pero todo concluye cuando en 1862 e
derriba la última de las puertas: la de del Campo o de Santiago.
Tomando como punto de
partida el puente Mayor sobre el río Pisuerga, las puertas eran : 1) Del
Puente, cabe a la judería ; 2) San Benito el Viejo; 3) San Pedro; 4) la
Magdalena; 5) Santa Lucía (Plaza de San Juan); 6) Tudela (Plaza Circular); 7)
Santisteban (Plaza Cruz Verde), 8) Teresa Gil (Plaza de El Salvador), junto a
la morería; 9) Del Campo (Campo Grande); 10) San Llorente (Plaza del Poniente)
; 11) De los Aguadores, (Plaza de San Agustín); y 12) Del Carmen, extramuros.
Tras esas 12
puertas, hace 7 siglos, Balad al-Walīd, la ciudad murada de las tres
culturas, se parapetaba de la peste. El número 12 es para los
cristianos, símbolo de perfección y armonía, indica una unidad perfecta e
integral, corresponde a la plenitud y la integridad y expresa la idea de que el
Universo forma un todo. 12 son las puertas de
la Jerusalén, los frutos del Espíritu Santo,
los signos del Zodiaco, los dioses olímpicos
del Panteón y los frutos del Árbol de la vida. Y
Los árabes le consideraban el número solar por excelencia,
símbolo del orden cósmico y de la unidad del orbe.
Observaron que Luna gira 12 veces
alrededor de la Tierra y lo ligaron a la medición del
tiempo.
La
puerta principal, Junto con la situada en el Puente Mayor,
era la Puerta del Campo o Arco de Santiago. Situada en la calle del Campo
(Santiago), en su confluencia con las de la Boariza (Doctrinos) y Alfareros
(Claudio Moyano), la Puerta del Campo, llamada así por dar acceso a la zona del
Campo de Valladolid (solo existían fuera de ella huertas y tierras de labranza),
se edificó cuando la segunda muralla de la ciudad alcanzó ese punto de la
ciudad. Almenada y torreada, poseía un carácter defensivo -el rey Alfonso XI se
la encontró varias veces cerrada en su visitas a Valladolid-. Junto con la
situada en el Puente Mayor era una de las dos puertas principales de la villa.
Ya perdido su aspecto defensivo medieval, por su situación
cerca del Camino de Madrid, en el siglo XVI fue el lugar de recepción de
personajes ilustres. El 3 de mayo de 1565 la reina Isabel de Valois, esposa de
Felipe II, pasó por Valladolid en su camino a Francia. La ciudad adornó
entonces la Puerta del Campo para darle la bienvenida oficial. Recubrió de
madera sus dos caras, añadiendo un cuerpo de altura y dos corredores laterales
que miraban al Campo Grande, transformando la Puerta en un arco decorativo. El
encargado de esta obra ornamental fue el escultor Juan de Juni. La instalación
de madera se recubrió con pinturas del italiano Benedetto Rabuyate, entre
otros, que representaban a los Reyes y otros miembros de la familia real,
además de temas mitológicos, alegóricos y alusivos a Valladolid.
Amva
Reducido su papel a elemento decorativo y arco triunfal en
1589, ante la llegada de Felipe II a Valladolid, se pidió a Diego de Praves,
maestro mayor de las obras de la villa, aderezar el tejado que estaba muy feo y
hacer un remate nuevo. Para una nueva visita del rey, en 1592, se mandó «quitar
los letreros que tiene y poner otros y pintarlos». En mayo de 1628 se formó una
comisión «para aderezar y reparar el arco y torrecilla de la Puerta del Campo».
Y ese mismo año se pidió al regidor de la ciudad, Francisco de Praves, que
tanteara «lo que podía costar hacer dos imágenes y ponerlas en el Arco de la
Puerta del Campo». No llegaron a realizarse ya que, en 1656, se adornó con dos
lienzos con los retratos de Nuestra Señora de San Lorenzo (en la fachada norte)
y el Arcángel San Miguel (en la fachada sur). Los lienzos fueron sustituidos
siglos después por esculturas.
Ceñido ya a las edificaciones colindantes, cubriendo toda la
anchura de la calle, se decoró por última vez en 1861 para la visita de Isabel
II a la ciudad. En 1864 se clamó por su derribo: «No hay nada más detestable y
de peor aspecto que este celebérrimo monumento». En junio de ese mismo año se
aprobó su demolición, pidiendo al Arzobispado que se hiciera cargo de las
imágenes. La de la Virgen se cuenta que la conservó un particular; la del
Arcángel San Miguel, por aquel entonces patrón de Valladolid, se instaló en la
Iglesia de Santiago, donde permanece en la actualidad. El arco comenzó a derribarse
el 29 de agosto de 1864 y el 14 de septiembre ya no había ni rastro de su
existencia.
Amva
2
Viaje de aguas
La
historia muestra que las primeras civilizaciones florecieron en zonas
favorables a la agricultura, como las cuencas de los ríos. Es el caso de Mesopotamia, considerada la cuna de la civilización humana, surgida en el
fértil valle del Éufrates y ciudades, como Róterdam, Londres, Montreal, París, Nueva York, Buenos Aires, San Petersburgo, Venecia, Tokio Shanghái, Chicago y Hong Kong deben su riqueza a la conexión con alguna gran vía de agua
que favoreció su crecimiento y su prosperidad.
Se
conoce como ` Viaje de aguas de Argalis´ la obra de ingeniería
hidráulica construida entre finales del siglo XVI y principios
del XVII para abastecer de agua a Valladolid desde el pago de Argalis
a través de un sistema de fuentes que permitiera eludir los cambios en
el caudal del río Pisuerga. En dicha tarea participaron
monarcas, los monjes del monasterio de San Benito, el ayuntamiento y algunas familias.
Las
obras se iniciaron en 1586 y fue uno de los proyectos de ingeniería hidráulica
más importantes concebidos en Europa en el siglo XVI, pero los problema de
financiación y las dificultades técnicas impidieron que se terminara hasta
1622, aunque con posterioridad fue ampliándose la red, que estuvo en servicio
hasta el siglo XX.
Valladolid, a pesar de tener dos ríos que la
atravesaban (el Pisuerga y el Esgueva, este con varios ramales en su trayecto
final) y multitud de pozos y manantiales, tenía serios problemas para el
abastecimiento de aguas de calidad. El Esgueva, con sus inundaciones, su fuerte
período de estiaje en verano y la costumbre de servir de lugar para el vertido
de todas las basuras urbanas, demostró pronto ser insalubre y causa de malos
olores y enfermedades. El rey Juan II de Castilla, muy vinculado a la ciudad,
donó en 1440 a los monjes del monasterio de San Benito el pago de Argalis, en
donde se encontraban los manantiales de las Marinas y Argalis famosos por la
pureza de sus aguas. Los monjes construyeron una primitiva tubería de barro
cocido que recorría los seis quilómetros desde el manantial hasta su
monasterio, uno de los más importantes de la Corte y centro entonces de la
ciudad. La conducción, terminada en 1443, demostró ser insuficiente -no
elevaron las aguas como se conseguiría después con las arcas y el caudal era
muy irregular- y necesitaba continuas y costosas obras de manteamiento a las que no podían hacer frente.
Esto, sumado a la necesidad de agua potable de la ciudad, llevó en 1586 a un
acuerdo de cesión al Ayuntamiento de la traída de las aguas desde Argalis hasta
el centro de la ciudad, con la condición de que también se abasteciera al
monasterio.
El
proyecto presentaba una gran dificultad no tanto por la longitud como por el
mínimo desnivel que existe entre los manantiales y la ciudad. Lo acometió Juan
de Herrera, el gran arquitecto del momento, que contaba con la protección de
Felipe II, quien amparó e impulsó la obra. Por aquellos tiempos, Herrera había
comenzado los trabajos de la Catedral de la ciudad. Llamado por Felipe II para
levantar El Escorial, las obras las ejecutaron inicialmente Juan de Antes y
Diego de Pravas: 32 arcas que servían para recoger el agua de los manantiales y
canalizarla de tal manera que la filtraban y controlaban su caudal, salvando el
desnivel del terreno, el acueducto (en su primer tramo aéreo, luego enterrado)
y ocho fuentes de las que se abastecerían los aguadores, que tenían licencia
municipal para venderla trasportándola en carros, mulas o burros por las
calles.
Todo
aquello supuso un enorme esfuerzo de técnicos especializados en el tratamiento
del agua, su captura y conducción y la inversión de fuertes sumas municipales
para ejecutar unas obras necesarias para el abastecimiento urbano. Y el fruto
fue un agua alabada por su calidad para el consumo desde el siglo XVI hasta el
siglo XX.
Es
fácil de seguir el viaje de las aguas: basta con tomar un plano de la ciudad y
buscar la calle del Arca Real y seguir la línea que iba recogiendo las aguas de
los manantiales hasta las fuentes urbanas para terminar en San Benito. La
primera de las arcas, la más monumental, se levanta fuera del caso urbano, en
un espacio que sirvió de merendero y lugar de esparcimiento, que las familias
maltrataban depositando desperdicios, lavando vehículos o dejando que los niños
y jóvenes destrozaran las piedras del acueducto aéreo.
Los
aguadores, muchos de ellos herederos de los esforzados azacanes, guiaban recuas
de uno, dos, o tres burros o mulas, que provistos de serones o angarillas
con cántaros se acercaban hasta los soportales, patios
o zaguanes de las viviendas donde llenaban las tinajas, pilas o
cacharros que allí guardaban los vecinos. En el verano existía además un
nutrido y variopinto gremio de aguadores ocasionales o de temporada que con el
cántaro o el odre al hombro servían agua a los sedientos transeúntes
que quisieran pagar el servicio.
El de
aguador –también, aunque en pequeñísima proporción aguadoras-, es un viejo,
tradicional e imprescindible oficio que contribuyó a hacer más llevadera la
dura tarea de acarrear agua a la casa. Un servicio al que el Ayuntamiento no
era ajeno: en 1674 los regidores estaban preocupados porque muchas personas
enviaban a sus criadas al río con cántaras a por agua debido al aumento del
precio de las cargas de agua que proveían los aguadores. Por eso el Concejo llegó
a fijar un precio máximo de venta, con amenaza incluso de cárcel si fueran
reincidentes en venderla más cara de lo marcado por las autoridades
municipales.
Según el
catastro de la Ensenada, hacia 1750 en Valladolid había contabilizados 25
aguadores profesionales. Los aguadores no solo proveían de agua a los hogares,
sino que también eran contratados por el Ayuntamiento para regar las calles y
plazas en días especiales en los que se esperaba la visita de algún importante
personaje, o a los artesanos del barro para modelar sus cacharros.
El oficio de aguador dejó rastro en la ciudad: la calle Encarnación antes
se llamaba de los Aguadores, pues por esta calle entraban en la ciudad cargados
con sus cántaros desde las aceñas del Pisuerga, donde los cargaban, no sin
riesgo para su vida, pues para coger agua más limpia tendían una tabla que se
adentraba algún metro en el río y así evitar el agua de la orilla También
cogían agua de la Esgueva antes de que el río entrara en la ciudad. Y de
algunos manantiales naturales de las orillas del Pisuerga, así como de los
caños de los lavaderos que había en el interior de la ciudad, no sin constantes disputas con las mujeres
que en ellos estaban lavando.
A finales del siglo XIX, cuando el agua de los ríos venía turbia, cogían el
agua de las fuentes, lo que ocasionaba las protestas de amas de casa y criadas
que hacían cola para llenar sus cántaros. Por eso hubo ocasiones en que se les
prohibió surtirse en la fuente Dorada, el Val o los caños de la Catedral.
Un aguador con su carro regando la calle en las
inmediaciones del Arco de Ladrillo, hacia 1900. /
En
los años noventa del pasado siglo, tras su declaración como Monumento nacional
histórico-artístico por Real Decreto del 2 de abril de 1982, el Ayuntamiento
hizo un esfuerzo por la consolidación de todo el sistema del viaje de aguas.
Fue, como muchos, un espejismo, un empujón circunstancial que no tuvo
continuidad ni se puso en verdadero valor para que se apreciara como merece: es
llamativo que no exista ni un solo cartel explicativo de lo que se puede
apreciar, ni un solo mapa ni una sola indicación de su importancia histórica.
Tras acabar la limpieza y consolidación, se abandonó y en pocos años el
deterioro es evidente: la basura se almacena dentro de las arcas, la vegetación
se come algunas de ellas, las pintadas ensucian las paredes, han desaparecido
algunas piedras, de las primitivas fuentes apenas queda el recuerdo.
La
longitud del viaje desde el manantial de Argales era de 5 kilómetros, siendo en
superficie en su primer tramo y subterráneo el resto del recorrido, y en él se
construyeron 33 arcas, de diferentes formas y tamaños, cuya función era recoger
el agua, regularla y filtrar impurezas, así como salvar los desniveles del
terreno. De ellas, 27 estaban extramuros, de las cuales se conservan 14. Están
construidas en piedra, de planta cuadrangular, puerta adintelada, ventana
orientada al norte para renovar el aire y cubierta piramidal o a dos aguas.
El
agua llegó a la ciudad en 1603, pero no empezó a ser utilizada en las fuentes
hasta 1621, cuando finalizaron las obras. También llegó a algunas casas nobles,
como la de Las Aldabas en la calle Teresa Gil, y a conventos como el de La
Laura o el de San Francisco, entre otros.
La Casa de las
Aldabas, en la calle Teresa Gil - en su subsuelo sigue discurriendo el viaje -
era propiedad de Alonso de Valladolid quien, por la costumbre de la
nobleza de ceder su residencia a los monarcas durante sus estancias en
Valladolid, vio nacer el 5 de enero de 1425 a Enrique IV, El
Impotente, hijo de Juan II de Castilla y María de Aragón; y hermano por parte
de padre de Isabel la Católica, quien se proclamó reina al morir su
hermanastro. Recibía su nombre por tener empotradas en su fachada once
grandes aldabas de hierro, de unos veinte centímetros de diámetro, en una
línea horizontal a dos metros del suelo, y otra más decorada en su portón, por
el que se accedía a un amplio patio porticado.
Hasta
el siglo XIX, cuando se realizó el canal que unió el Pisuerga y el Duero, las
Arcas Reales fueron la fuente principal de abastecimiento de agua de la ciudad.
Luego también se construyó el Canal de Castilla con lo que la ciudad quedó
suficientemente abastecida
De
las ocho fuentes proyectadas, solo se construyeron cuatro: Caño Argales, Fuente
Dorada o Gallinería Vieja, Rinconada, en la parte trasera del Ayuntamiento, y
Puerta del Campo Eran las restantes San Andrés, Angustias, Chancillería, y
Prado de la Magdalena , junto al Esgueva. Solo subsisten las tres primeras
La más notoria
es la plaza de Fuente Dorada, cuyo origen se
remonta al siglo XIV, cuando la actividad comercial de Valladolid se traslada
desde la Cebadería. Aquí fueron asentándose de forma progresiva los mercaderes
con sus puestos de venta y las posadas y albergues para su acomodo. Como punto
neurálgico del comercio, siempre conservó su característica forma triangular.
La
forma básica de la fuente debía presentar en su aspecto original una
taza o pequeño pilón circular con su columna central con los caños, rematada en
una gran bola de bronce y dorada. Hacia 1725, quitaron la bola de bronce y pusieron unos
delfines de piedra y encima de un tiesto de flores y la estatua de la
primavera, también dorada. En 1840 la primavera fue sustituida por
otra escultura que representaba al dios Apolo, Lo cierto es que
este Apolo iba sin dorar y en su colocación surgieron
controversias acerca del lugar donde habría de mirar: puesto que Apolo era dios
del sol, la posición de su rostro debía atenerse a un punto de vista prolongado
en dirección Este.
Debido
a la irregularidad de la Plazuela y la oblicuidad de las calles adyacentes, se
determinó al final colocar a Apolo frente a la calle Cánovas del Castillo. Tres
años más tarde, se dispuso una verja alrededor de la fuente, y en 1844 un
zócalo de piedra. Así permaneció la fuente hasta que en 1949 se decidió colocar
sobre un pedestal de piedra e una estatua de hierro fundido que representaba la
figura semidesnuda de un joven, seguramente el dios Hermes, que pintada de
dorado, por lo que pronto adquirió el nombre popular de Don Purpurino.
Sin embargo, la escultura no tuvo mucha fortuna debido a los perjuicios
morales, pues la posición del caduceo que llevaba en una de las manos,
insinuaba una erección del pene,
El
nuevo proyecto consistía en la recuperación como zona peatonal de un espacio
urbano marcado por el intenso tráfico de la zona y la urbanización de las
calles que confluyen en la plaza: Ferrari, Lencería y Matías Sangrador. La
nueva Fuente Dorada es una fuente-escultura que, presenta ciertas analogías
respecto a la de principios del siglo XVII; particularmente, la gran bola
dorada y la aguja que culmina el conjunto. Pero ahora la ornan cuatro figuras
que son alegorías de los principales oficios gremiales que desde el siglo XIII
tenían su asiento en el entorno de la plazuela.
De
tamaño ligeramente menor que el natural y realizadas en granito azul, piedra de
Ávila, apoyan estas esculturas en sólidos pedestales adosados al pilar central,
siendo concebidas las cuatro con un certero sentido didáctico, tanto en el anecdotismo
de sus actitudes, como en el detallismo de sus atuendos y atributos. E la
superficie del fondo de las esculturas aparecen inscripciones con los nombres
de los antiguos gremios vallisoletanos: lorigueros, boteros, plateros,
lanceros, etc. Las cuatro mantienen relaciones visuales históricas con su
entorno: así, el botero se sitúa frente al antiguo Patio de Boteros; el militar
mira hacia la antigua calle de Espaderos,... y la aguadora mira hacia San
Benito, donde finalizaba el Viaje de Aguas de Argales
La plaza
de la Rinconada es un punto de conexión entre los entornos de
la Plaza Mayor y la casa consistorial, la iglesia del
monasterio de San Benito el Real y el mercado del Val y
la plaza del Poniente.Durante la Edad Media la actual plaza de
la Rinconada recibió varios nombres, como: Rúa, Rúa Mayor, Rinconada de la Rúa,
Rúa de la Rinconada o Rinconada del Mercado, nombres que en el siglo XVI dieron
paso al actual. La plaza fue lugar de posadas, en las que se albergaban los comerciantes y mercaderes que
llegaban a Valladolid.
Asimismo,
de importancia histórica fue lo que se denominó `La Red´, punto de la plaza
destinado hasta el siglo XIX -cuando se convirtió en mercado público- a la
venta de pescado. Existe constancia de la existencia de "La Red"
desde al menos 1500, cuando un auto del Regimiento de fecha de 3 de enero
establecía "que el pescado fresco de los que a esta villa de aquí en adelante
se viniesen a vender se vendan dentro de la Red de esta villa y no fuera de
ella, so pena de que los que lo vendieren caigan en pena por la primera vez de
mil maravedíes y de perder todo el pescado que así vendieren. Por la
segunda vez en pena de dos mil maravedíes y perdimiento de dicho pescado y la
tercera vez de tres mil maravedíes, perder todo el pescado que así vendieren y
de ser desterrados de esta villa y su tierra por diez días".
Esa
actividad pescadera pronto requirió abastecimiento de agua, sobre todo para
paliar malos olores. Al hacerse nuevo el viaje de aguas de Argales a
finales del siglo XVI, la Rinconada fue incluido como uno de los espacios que
contaría con una fuente. La fuente fue terminada en 1618, según trazas de Francisco de Praves. Esta fuente fue modificada posteriormente en 1725 y en 1842,
hasta que en el último cuarto del siglo XIX se procedió a la reforma de la
plaza de la Rinconada, desmontando la fuente y empleando sus piedras como base
para la estatua de Cervantes que se erigió en la plaza de la
Universidad.
El
espacio actual es resultado de la profunda transformación que experimentó la
ciudad tras el incendio de 1561, que amplió la plaza de forma
considerable, si bien manteniendo sub irregularidad. Con la reconstrucción
posterior al incendio, desde 1563 la Rinconada albergó la alhóndiga de la ciudad.A comienzos del siglo XX se erigió en ella el Palacio de
Correos y Telégrafos. En la década de 1990 se remodeló por completo la plaza y
su entorno, instalándose en 1996 la Fuente de los Colosos, con proyecto del
arquitecto Fernando González Poncio y esculturas de Pedro Monje.1
La Fuente del Caño
Argales acaba de recuperar su función tras 47 años de sequía y una
inversión de 23.000 euros que han servido para rehabilitar los cuatro
caños de una construcción históricaComo parte de las obras de intervención se han recreado sobre el
pavimento los posibles cursos tanto del río Esgueva (en baldosa blanca) como de
la conducción de aguas potables (con una pieza metálica). Como detalle se
ha colocado una placa con un texto de 'La ilustre Fregona', de Miguel de
Cervantes: `…querían ir a ver la fuente de Argales, que la comenzaban a
conducir a la ciudad por grandes y espaciosos acueductos…
3
1500
En su novela 'La Galatea', Cervantes alabó las
bellas riberas del Pisuerga y en 'El coloquio de los perros' invitaba a visitar
el paseo ribereño conocido como Espolón. Se refería al
que más tarde fue denominado Espolón Viejo. Corría el siglo XVII y era el
espacio preferido por los vallisoletanos para pasear o incluso merendar junto
al Pisuerga en las soleadas tardes invernales pues en verano la población
frecuentaba el Prado de la Magdalena, más fresco y sombreado.
La Galatea es una novela de Miguel de
Cervantes publicada en 1585
en Alcalá de
Henares con el título
de Primera parte de La Galatea, dividida en seis libros. La
novela empezó probablemente a redactarse cuando Cervantes volvió de su cautiverio
en Argel (diciembre de 1580). Tuvo poco éxito en las librerías, sobre todo,
si se compara con el enorme de la Diana de Montemayor y el grandísimo de la Diana
enamorada de Gil Polo. Cervantes tuvo durante toda su vida un altísimo
concepto de su novela y la intención de publicar la segunda parte, pero murió
sin haberlo hecho.
Se suele clasificar como un libro de pastores o una novela pastoril. La novela tiene una estructura compleja.
Por un lado se encuentra la arcadia, o el lugar ameno, donde se desarrollan las
conversaciones, cantos y debates sobre el amor; por otro, hay una serie de
novelas insertadas que se entrelazan con las tramas pastoriles. Finalmente, se
inserta un encomio a cien intelectuales coetáneos de Cervantes, de muchos de
los cuales se conocen los libros y poemas que publicaron mayormente, pero no
solo, en la década de 1580. Este poema se suele conocer bajo el nombre de
"Canto de
Calíope".
La mayoría de sus personajes son pastores,
pero es un vehículo para un estudio psicológico del amor, y es este el amoroso
propósito de Cervantes al escribirla. La novela se ambienta en algún lugar
–entre ideal y real– a orillas del Tajo. Hay
una trama principal y varias secundarias. En la principal, Elicio y Erastro son
dos pastores enamorados de Galatea, una hermosísima pastora que reúne todas las
demás virtudes de las heroínas cervantinas: discreción, inteligencia, buen
juicio, honestidad y bondad.
Respecto a los pastores, algunos de estos
pastores y sus nombres pastoriles son máscaras detrás de las cuales se
encuentran en algunos casos reconocidos poetas de la época.
En el libro VI se encuentra el encomio
conocido como "Canto de
Calíope": la musa de la poesía se aparece a los
pastores y esto sirve a Cervantes para introducir un extenso canto en el que
elogia a cien ingenios vivos de la poesía española de entonces. Nombra y alaba,
por ejemplo, a Góngora, Lope de Vega, Alonso de Ercilla, Fray Luis de
León, Francisco
Díaz y muchos otros.
El coloquio de los perros (título por el que es más conocida,
aunque su título real es Novela, y coloquio, que pasó entre Cipión y
Berganza, perros del Hospital de la Resurrección, que está en la ciudad de
Valladolid, fuera de la puerta del Campo, a quien comúnmente llaman "Los
perros de Mahudes")
La consideración de esta pieza como una
novela independiente dentro de las Novelas ejemplares es
problemática, ya que el Coloquio es en realidad un texto que
uno de los personajes de la novela anterior, El
casamiento engañoso, da a
leer a un amigo. Así pues, en cierta manera ambas novelas forman una unidad.
Escenifica la conversación entre dos perros,
llamados Cipión y Berganza, que guardan el citado Hospital de la Resurrección de Valladolid, en cuyo solar se encuentra hoy la Casa Mantilla. Al comprobar que han adquirido la facultad
de hablar durante las noches, Berganza decide contar a Cipión sus experiencias
con distintos amos, recorriendo lugares como Sevilla, Montilla (Córdoba) y Granada, hasta llegar a Valladolid.
El relato de Berganza está construido según
los principios estructurales básicos de la novela picaresca (principio de viaje, principio de
servicio a varios amos, etc.). Mediante el contrapunto de los comentarios del
otro perro, Cipión, Cervantes cuestiona algunos de los presupuestos y las
técnicas de la picaresca, a la vez que reflexiona sobre las relaciones entre la
literatura, la verosimilitud y la realidad.
A principios del siglo XVII, Pinheiro da Veiga, el cronista
portugués en la corte española asentada en Valladolid, decía del Espolón que
«era el paseo más hermoso» de la ciudad. Por él caminaban las damas y, algunos
días, pasaban de 300 los coches que por allí daban vueltas. Discurría el
Espolón por la desembocadura del brazo sur o exterior del Esgueva a la altura
del actual Puente de Isabel la Católica, popularmente conocido como Puente del
Cubo.
De este espolón hay noticias al menos desde el siglo XV y consta
que el Concejo lo cuidaba. En abril de 1499 los munícipes mostraban su interés
en que la ronda que iba de la Puerta del Campo –al final de la calle Santiago,
a la altura de la actual Plaza de Zorrilla- hasta el Espolón estuviera
practicable para que, a pie o a caballo, se pudiera llegar hasta el río pues,
como dijeron algunos testigos, desde hacía más de cincuenta años la ronda
estuvo abierta y por ella anduvieron muchas veces.Con el transcurso del tiempo,
aquel lugar de paseo fue adornándose y dotándose de algunas comodidades como la
instalación de bancos, una barandilla metálica, adornos con bolas y seguramente
también con leones de piedra.
En el siglo XVIII, el viejo Espolón tuvo su prolongación hasta
prácticamente el Puente Mayor, siguiendo la orilla del Pisuerga. Para ello se
construyó el Espolón Nuevo, al que en 1787 se añadió una generosa plantación de
475 árboles por iniciativa de la Real Sociedad Económica de Amigos del País,
una asociación filantrópica alentada por Carlos III para promover el progreso
de las poblaciones. Corrían tiempos en los que la ventilación que producía el
arbolado se consideraba beneficiosa para la salud. El concejo cuidaba y regaba
la plantación con tal esmero que en marzo de 1788 el Conde de Floridablanca,
secretario de Estado, en nombre de Carlos III escribió al Ayuntamiento
agradeciendo en su nombre el trabajo que se realizaba en el plantío del
Espolón, así como en el del Campo Grande.
Plano de Ventura de Seco, de 1738. Señalados en amarillo el
Espolón nuevo (arriba), y el Viejo (abajo).
Más tarde, el Espolón comenzó a llamarse Paseo de las Moreras,
precisamente por la abundante plantación de estos árboles que alentaba la Casa
Real, pues la hoja de la morera era la principal fuente de alimentación de los
gusanos de seda, imprescindibles para la producción de este preciado tejido..Sin
duda, las orillas del Pisuerga eran un lugar querido y frecuentado. Se trataba
de un amplísimo espacio despejado y con vistas a una frondosa vegetación, así
como al Palacio Real de la Ribera (Huerta del Rey) –que se fue desmoronando
poco a poco-. Además, permitía disfrutar del punto más cálido de la ciudad
habida cuenta de que el sol se ponía por este lugar. Las riberas del Pisuerga
eran lugar de esparcimiento. Además, se celebraban fiestas de toros en el agua,
había paseos en barca y ya no digamos el disfrute de la gente cuando en los
años de la Corte por él navegaba en ocasiones la galera real con su vistosa
dotación
4
1528 Convento de Porta Coelli
En
el número 17 de la calle Duque de la Victoria, a pocos metros de la Plaza Mayor
de Valladolid, llama poderosamente la atención un discreto edificio amarillo
que puede ser el más estrecho de Valladolid con un antiguo misterio guardado en
su interior. Este edificio es una fachada exterior con dos con ventanas con
pequeños barrotes que se encuentra encima de la puerta de una farmacia. El
bloque está rodeado de viviendas de corte modernista, No es parte del resto de
viviendas, sino que es una servidumbre entregada a la orden religiosa del
convento de Porta Coeli, por lo tanto, es un edificio con más de cinco siglos
de Historia.
El
19 de diciembre de 1601 fundaba Mariana de Paz el convento. En esta fecha era
viuda de Juan Bautista Gallo, regidor de la ciudad y depositario general.
Recibió el convento el nombre de Nuestra Señora de Porta Coeli. Para
alojamiento de la localidad, dona unas casas que poseía en la calle de Ollero
(hoy Duque de la Victoria), “a las espaldas de las casas principales que
vulgarmente llaman de las Aldabas”.Se acogerían a la Orden de San
Francisco, y habrían de llevar las madres el hábito y escapulario de azul y
blanco, con el escudo de la Concepción. Pero debido a las numerosas deudas que gravitaban
sobre ellas, decidió Mariana ceder y traspasar la fundación y patronato
perpetuo del convento, junto con una huerta adquirida de Isabel de Santisteban
y los ornamentos y objetos de plata para el culto, según escritura de 6 de
octubre de 1606, a favor de Rodrigo Calderón, I marqués de Siete
Iglesias. Gracias al apoyo de este mecenas, el convento sumó un grupo de doce
cuadros encargados a Oracio.
Una
vez ajusticiado Rodrigo Calderón, las religiosas de Porta Coeli obtuvieron el
cadáver, el cual se encuentra en la clausura del convento. Los restos de su
padre, Francisco Calderón, también reposan en el convento. Ambos sepulcros
lucen espléndidas esculturas funerarias.
En
1626 el rey Felipe IV donaba al convento las Casas de Picos, que
estaban medio arruinadas. Estas casas habían sido confiscadas a Rodrigo
Calderón, como todos sus bienes. La iglesia del siglo XVII, de una sola nave y
crucero, es obra de Diego de Praves según trazas atribuidas
a Francisco de Mora. La fachada es de piedra, rematada con frontón. El
resto de muros de la iglesia son de fábrica de ladrillo.
En derecho una servidumbre es la denominación
de un permiso que limita el dominio de un inmueble denominado fundo sirviente
en favor de las necesidades de otro llamado fundo dominante que pertenece a
otra persona. En la práctica permite que el uso de una parte de un edificio sea
cedido a un tercero por un plazo de tiempo determinado o permanente. De esta
manera, las monjas del convento de clausura tenían vistas a la calle Duque de
Victoria y en Semana Santa podían ver los pasos procesionales sin la necesidad
de salir de este.
El
edificio religioso obtuvo a inicios del siglo XVII el patronazgo de
Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias y valido del duque de Lerma, que
fue enterrado en la sala capitular después de su ejecución por orden de Felipe
III tras ser acusado por brujería y asesinato.
El duque de Lerma. Rodrigo Calderón, el Conde de la Oliva
de Plasencia a caballo (c. 1612), cuadro de Peter Paul Rubens
Los motivos del fatal desencuentro de Calderón
con la monarquía se debieron a la estrecha relación con el duque de Lerma como
consejero de este. La influencia del noble en la Corte era enorme por lo que
gracias a ello consiguió varios títulos nobiliarios, rentas y viviendas. La
amistad con el válido tanto de Felipe II como de Felipe III permitió a Calderón
un ascenso estelar, una red de relaciones poderosas y la acumulación de grandes
riquezas al servirse de su posición de privilegio.
Esto
desencadenó una lucha palaciega contra otras familias nobiliarias, como el
círculo de amistades de la reina Margarita y los Mendoza, que señalaron a
Calderón como un peligro para sus intereses. Sobre Calderón cayeron sospechas
de la muerte de la reina por causas naturales debido a esa fama de arribista
sin escrúpulos, la de un político que haría las delicias del Príncipe de
Maquiavelo. No es lo que se esperaría de un piadoso financiador del convento de
Porta Coeli.
La muerte en extrañas circunstancias de
Francisco Xuara, contrario al duque de Lerma y a su camarilla, cerró un círculo
de sospechas sobre el noble como instigador del asesinato. Tras la ejecución de
Calderón bajo el cargo de hereje, la Corona confiscó este convento, al igual
que otras propiedades y bienes del noble. Años después, Felipe III decidió
buscar cierta reconciliación con la familia Calderón devolviendo este convento
al padre de Rodrigo, para que limpiar el nombre de los pecados del hijo.
Una
religiosa de la orden de las Dominicas explica a través de una puerta de madera
con mirilla que en el edificio hay dos habitaciones con vistas al exterior y
también tiene la convicción de que pueda ser el edificio más estrecho de la
ciudad. Las monjas de clausura también elaboran dulces artesanos para su venta
en un puesto en la entrada de la iglesia conventual.
El ancho de la
fachada del número 17 de la calle Duque de la Victoria es de solo 2'20 metros,
una longitud de lo más reducida, sin embargo no podemos afirmar que sea el
edificio más estrecho de Valladolid porque es parte del convento de las
Dominicas. Técnicamente no es un inmueble independiente aunque para la mayor
parte de los viandantes de esta calle si pudiera parecerlo desde el exterior.
5
La ciudad
Valladolid cuenta, según los datos del INE de
2019, con 298 412 habitantes. Su área metropolitana, conformada por 23
municipios, es la 20. ª De España, con una población de 414. 281
habitantes. Aunque existen indicios de asentamientos pertenecientes al Paleolítico inferior, y
yacimientos vacceos y tardorromanos,
Valladolid no tuvo una población estable hasta la repoblación de la cuenca del Duero,
cuando Alfonso VI entregó a su
valido Pedro Ansúrez su
señorío, en 1072. Durante la Edad
Media fue sede de la corte de Castilla siendo
dotada de ferias y Fuero
Real y
de distintas instituciones como Iglesia Colegial,
elevada al rango de Catedral en
1595, Universidad, Real Audiencia y
Chancillería o Casa de la Moneda.
Carlos I hizo de
Valladolid capital política y, posteriormente, entre 1601 y 1606, fue capital del Imperio español hasta
que esta función pasó definitivamente a Madrid. A
partir de entonces se inicia un período de decadencia hasta la pujanza de la
industria harinera y la llegada del ferrocarril a
mediados del siglo xix a
cuyo amparo aparecen los primeros establecimientos siderúrgicos y la
circulación del capital dando lugar en 1857 a la creación del Banco de
Valladolid. En 1854, se funda El Norte de Castilla,
decano de la prensa diaria española.7
Tras la posguerra, la ciudad experimenta un importante cambio, debido a la
instalación de industrias automovilísticas y de otros sectores.
En
Valladolid, San Fernando fue
proclamado rey de Castilla y
se casaron los Reyes Católicos,
nacieron Enrique IV, Felipe II, Felipe IV y Ana de Austria (reina de
Francia), Magallanes firmó las
capitulaciones de la primera circunnavegación del mundo y murió Colón. En ella Cervantes terminó de
escribir el Quijote,
trabajó Quevedo y establecieron
sus talleres los más grandes imagineros y orfebres del Renacimiento hispano.
Conserva
en su casco antiguo un conjunto histórico compuesto por palacios, casas nobles,
iglesias, plazas, avenidas y parques, junto con un patrimonio museístico en el
que destacan el Museo Nacional de Escultura,
el Museo
de Arte Contemporáneo Patio Herreriano o el Museo
Oriental, así como las casas-museo de José
Zorrilla, Colón y
de Cervantes.
Entre los acontecimientos que cada año se celebran en la ciudad destacan
su Semana Santa,
la Semana Internacional de Cine
de Valladolid (SEMINCI), la Feria Internacional de
Turismo de Interior (INTUR), Pingüinos, el
Concurso Nacional de Pinchos y Tapas Ciudad de Valladolid o el Festival de
Teatro y Artes de Calle (TAC).
Su
estratégica posición y comunicación a través de una amplia red de
autovías, alta velocidad (AVE), ferrocarril convencional, aeropuerto, y
su carácter de nodo logístico en el Corredor Atlántico europeo,
seguirán permitiendo su especialización como polo industrial de Castilla y
León.
Amva
6 El cambio de siglo (del XV
al XVI)
El
aumento de población que se ha producido ha favorecido la aparición de
arrabales, entre los que se puede recordar el de Tenerías, y el de Santa Clara.
En ese panorama urbano destacan los puentes, dentro y fuera del recinto murado,
por la importancia que tienen en las comunicaciones y porque son un objeto de
atención y preocupación para el gobierno local, que ha de atender a la
conservación de su buen estado. De entre ellos el más famoso es el que hoy
conocemos como 'Puente Mayor', que, aunque está fuera del espacio amurallado,
es de vital importancia por ser la única vía para cruzar el Pisuerga a la
altura de la villa; seguramente por eso es frecuente que los vallisoletanos, en
sus testamentos y mandas pías, dejen una pequeña limosna destinada a contribuir
a los gastos de mantenimiento del puente.
Al
llegar el reinado de los Reyes Católicos, la villa acababa de perder sus baños
públicos, que hasta 1471 estuvieron establecidos en unas casas del cabildo,
próximas al Esgueva y a Santa María la Antigua. Se ignora la causa de su
desaparición, pero la memoria colectiva conserva su recuerdo años después, como
lo demuestra el nombre de la calle donde se encontraban las casas en que
estuvieron instalados, que durante mucho tiempo sigue denominándose Calle de
los Baños.
Al
frente del gobierno local, los regidores han de ocuparse de muy diferentes
asuntos, de entre los que destacaba la traída de agua. El abastecimiento de
agua a la población suponía en Valladolid, como en todas las ciudades, un
problema que había que resolver. El Esgueva carecía de potabilidad, por lo que
se emplea agua del Pisuerga, que podía ser dispensada a domicilio por
aguadores, cuya actividad está regulada por la autoridad concejil, tanto en lo
que hace a la capacidad de las cargas como a su precio. Pero en ocasiones el
agua baja enarenada, por lo que resulta desagradable y poco apta para el
consumo. En esa situación el concejo se ve en la necesidad de intentar llevar
una fuente al centro urbano, obra que tendría una doble utilidad: abastecer a
los habitantes, y embellecer y ennoblecer a la villa.
Con
este fin, en 1494 contratan al ingeniero maestro Yuca y al maestro Mahoma de Almodóvar para que
lleven el agua desde la Huerta de las Marinas hasta la plaza del mercado. Los
alfareros vallisoletanos construyen los atanores por los que discurrirá el
preciado líquido, y se emprende la obra. Pero el agua no llega a su destino, ya
que los maestros encargados de construir la canalización no fueron capaces de
hacerla avanzar más allá de la puerta del Campo, donde se construyó una fuente
y un lavadero. Hay que esperar más de dos décadas, hasta 1519, para que el agua
llegue efectivamente desde aquella huerta hasta la plaza del mercado.
En
ese momento Valladolid ha perdido ya la batalla por las ferias de pagos, asunto
que ocupó durante años a los regidores. Desde hacía varios siglos, contaba con
una destacada actividad ferial, pero las circunstancias van cambiando, y al
finalizar el siglo XV parecía claro que la forma de garantizar un buen futuro
para la feria era conseguir lo que ahora llamaríamos un mercado de capitales.
Por eso pugnan por dar esa categoría a la que se celebra en Cuaresma, lo que
lleva al concejo a enfrentarse con Medina del Campo, que también buscaba
alcanzar ese objetivo. La rivalidad entre las dos poblaciones supuso un pulso
por ganarse el favor de los reyes, ya que la decisión estaba en sus manos.
Los
monarcas procuraron actuar en beneficio de ambas: aunque el enfrentamiento, y
el consiguiente pleito que se suscita en torno a este asunto, penetra en el
siglo XVI, durante el reinado de los Reyes Católicos se ponen las bases que dan
la victoria a Medina del Campo, que se hizo con la feria de pagos de Cuaresma y
el gran negocio ferial; frente a eso Valladolid conservó la Chancillería, que era
también, aunque de otra naturaleza, un destacado motor de desarrollo y
crecimiento.
7 La Real Chancillería
Tribunal supremo de justicia
en Castilla, atrae a Valladolid a pleiteantes, juristas, abogados y
procuradores de los restantes territorios de la mitad Norte del reino, sobre
los que el tribunal ejercía su jurisdicción. Esta institución actúa así como
factor de desarrollo de una villa que, aunque no logra ser sede episcopal hasta
1595, es abadía exenta y, por lo tanto, goza de cierta autonomía en lo
eclesiástico.
Además
la villa del Pisuerga cuenta con un destacado centro monástico, San Benito,
impulsor de la reforma de los benedictinos en la Corona de Castilla; y con una
Universidad, que hunde sus raíces en el siglo XIII. Ambas instituciones vienen
a potenciar su expansión, sobre todo la segunda. En el centro universitario se
estudia Artes, Medicina y Teología, pero sobre todo destacan sus estudios de
Derecho, como parece lógico en una villa que alberga a la Chancillería.
A
sus aulas acuden, como hoy día, estudiantes de diferentes orígenes, que animan
la vida vallisoletana. Para ellos se construyen dos colegios, el dominico de
San Gregorio, y el de Santa Cruz. Este último, fundado por uno de los políticos
de mayor influencia en el reinado de los Reyes Católicos, el cardenal Pedro
González de Mendoza, es el primer edificio civil de estilo renacentista del reino,
y alberga en nuestros días el rectorado y el museo de la Universidad de
Valladolid. Respecto al primero, San Gregorio, el concejo apoyó su fundación y
mantuvo con él buenas relaciones, que se estrechaban año tras año en el ágape
que el colegio ofrecía al consistorio; esa comida anual se mantuvo hasta 1502,
fecha en la que la reina Isabel, patrona del colegio, ordenó su supresión, por
no encontrarla acorde con los objetivos de un centro de enseñanza de la
Teología.
Para entonces la reina tenía ya un amplio conocimiento
de esta villa, y probablemente mantenía con ella un cierto lazo afectivo, pues
no hay que olvidar que años atrás, en la segunda mitad del XV, Valladolid se prestó a
darle cobijo cuando era una princesa en apuros, que iba a casarse con el heredero
de Aragón.
8 1469 La boda de los príncipes
Cuando en
mayo de 1469 la princesa Isabel huye de la corte de su medio hermano el rey,
por entender que en ella su futuro político está amenazado, inicia un recorrido
que culmina en Valladolid, donde en ese momento controlan la situación personas
que son afectas a su causa. Aquí se va a encontrar lo suficientemente segura
como para proceder a su boda, aunque para garantizar su celebración tuvieran
que tomarse importantes medidas de seguridad; antes había intentado ir a
Arévalo, donde residía su madre, pero las circunstancias eran adversas. Por eso
se refugia en su villa natal, Madrigal de las Altas Torres, de donde tuvo que
salir ante la amenaza de caer prisionera en manos de los partidarios de Enrique
IV; esto la conduce hasta la villa del Pisuerga, donde tendrá lugar la
ceremonia nupcial, los días 18 y 19 de octubre de 1469, en la casa de Juan
Vivero, consumándose la unión de los contrayentes en la noche del 19 al 20.
Los
últimos días de julio, el concejo vallisoletano había recibido una misiva del
arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo, principal valedor de la causa de Isabel y
destacado cabecilla del bando aragonesita, solicitando su colaboración en pro
de la causa isabelina. La villa aceptó lo que se le proponía, con la condición
de que fueran respetados sus privilegios y la honra e intereses de sus
caballeros y regidores. Con esta garantía, Isabel entra en Valladolid al
finalizar el mes de agosto, en medio del regocijo general.
Al llegar aquí la
decisión de su boda con Fernando estaba tomada, puesto que se habían firmado
las capitulaciones matrimoniales en Cervera, en enero de 1469. Isabel había
optado por contraer matrimonio con quien más le interesaba desde el punto de
vista dinástico y personal, Fernando de Aragón, que era el único de los
pretendientes a su mano que podía presentarse como peligroso competidor a su
deseo de reinar en Castilla, ya que, al ser el varón Tras támara más próximo en
la línea sucesoria al trono castellano, podría haber quien le prefiriera como
rey en lugar de a una mujer.
De
ahí que se firmen unas capitulaciones matrimoniales, en las que se busca
preservar los intereses castellanos y los de la futura reina frente a cualquier
pretensión aragonesa. Esta circunstancia resta romanticismo al evento y
contradice la versión popular, alentada por alguna crónica, que insiste en la
atracción ejercida por la belleza y juventud del príncipe aragonés. Pero pone
de relieve la inteligencia política de las dos ramas de la casa Tras támara, la
aragonesa representada por el padre del novio, Juan II, y la castellana de
Isabel y sus partidarios.
La
forma en que se alcanzó la unión de los príncipes fue un tanto complicada,
debido a la oposición del rey castellano y al temor que albergaba el bando de
la heredera a una posible interferencia real en el plan que establecieron. Todo
ello marcó la evolución de los acontecimientos a lo largo de 1469, pero no
evitó que la boda se celebrara. No obstante, la oposición del rey procuró
posteriormente muy serios inconvenientes políticos a la princesa, y un grave obstáculo
en el momento del enlace, que no se pudo salvar y que obligó a la utilización
de una bula falsa de dispensa de la consanguinidad que unía a los contrayentes.
El
Papa, afecto al rey, no accedió a absolver el parentesco que existía entre
Isabel y Fernando, de manera que, para que la boda pudiera celebrarse, se tuvo
que recurrir a la intervención del legado pontificio y a la utilización de una
falsa bula de Pío II, fechada en 1464. Se ha barajado la posibilidad de que,
para salvar las conciencias, hubiera una dispensa secreta otorgada por el
nuncio Antonio Jacobo Veneras, pero esto no parece verosímil; lo único cierto
al respecto es que los príncipes regularizaron su situación en cuanto les fue
posible, en 1471, cuando ocupó el solio pontificio Sixto IV, Papa que se
inclina a favor de su causa. Para entonces ya había nacido su hija mayor,
Isabel, que también fue legitimada en ese momento, y que con el tiempo llegará
a ser princesa y reina de Portugal.
El otro gran problema,
que podía poner en peligro el matrimonio de Isabel, era la entrada en Castilla
del novio, ya que se carecía de los apoyos necesarios para garantizar su
seguridad; por eso hubo de recurrirse a una argucia para evitar el grave riesgo
que el viaje representaba: se decidió introducir a Fernando en Castilla sin
escolta de ningún tipo, y disfrazado. Los encargados de traer al príncipe
llegan a Zaragoza a finales de septiembre y emprenden la marcha hacia Castilla
el 5 de octubre. Hasta llegar a Gumiel de Mercado no se consideraron seguros,
de manera que aquí se celebran las primeras fiestas de recibimiento, aunque sin
grandes manifestaciones, dado lo cansados que debían de estar los viajeros, y
la urgencia de llegar a un lugar seguro próximo a Valladolid. Tras ese alto en el
camino, Fernando y sus acompañantes se dirigen a Dueñas, donde el 9 de octubre
son recibidos con aclamaciones de júbilo; en ese lugar permanecerá el príncipe
hasta la celebración de la boda, bajo el amparo de su alcaide, el conde de
Buendía, Pedro de Acuña, hermano del arzobispo Carrillo.
Contentos
con la noticia, Isabel y quienes están con ella inician los preparativos, y
todavía se intenta lograr el consentimiento de Enrique IV, sin duda porque
todos eran conscientes de las negativas consecuencias que tendría el que la
joven se casara sin su beneplácito. Pero los intentos en este sentido no dan el
fruto deseado, de manera que la boda se celebra sin el beneplácito del hermano
de la novia, que además de ser el rey de quien depende su futuro como heredera,
es el varón más próximo y, por tanto, tiene ciertas prerrogativas sobre su
hermana soltera. Esto planteará a la princesa muy serios problemas en su camino
hacia el trono.
La
primera entrevista conocida entre los novios tiene lugar, en secreto, el 12 de
octubre. En este momento Isabel actúa como mujer más que como heredera de
Castilla, de manera que en vez de poner de manifiesto el poderío castellano
frente a Aragón y Sicilia, adopta la compostura de una joven novia ante quien va
a ser su esposo. El encuentro tuvo lugar hacia la media noche; en su transcurso
se celebró el desposorio secreto y la jura solemne de las capitulaciones por
parte del príncipe.
Días
después llega el momento del enlace matrimonial: Fernando volvió a Valladolid la tarde del miércoles
18; al anochecer se dirigió a la casa de Juan Vivero, en cuya sala rica se celebró el solemne
desposorio. El príncipe juró cumplir las leyes y costumbres del reino; el
arzobispo dio lectura a la supuesta bula de Pío II, que absolvía el parentesco
en tercer grado de consanguinidad que existía entre los contrayentes, y
reconocía la legitimidad de los hijos que pudieran nacer del matrimonio que se
iba a celebrar (no hay que olvidar que se trata de herederos al trono, y por
tanto que su descendencia es un tema de primera importancia política). A
continuación se leyeron las capitulaciones firmadas varios meses antes. Por
fin, la ceremonia de ese día termina con la celebración del desposorio
propiamente dicho, realizado por Alfonso Carrillo; el novio se retiró para
pasar la noche en los aposentos que se le habían preparado en la posada del
arzobispo de Toledo.
Al
día siguiente Fernando volvió a la casa de Vivero, en la colación de San
Martín, para proceder a la celebración canónica del matrimonio. Fue madrina la
mujer de Juan Vivero, doña María, y padrino el Almirante don Fadrique, abuelo
del novio; según el acta, redactada por el notario apostólico Diego de Rangel,
la ceremonia religiosa corrió a cargo del capellán de San Yuste, Pedro López de
Alcalá, que celebró la misa nupcial; previamente, conforme a la norma
eclesiástica, los príncipes expresaron su voluntad de contraer matrimonio,
pidiendo al clérigo que les casase, celebrase la misa, y les otorgase la
bendición de la Iglesia. El celebrante, siguiendo el uso establecido, antes de
proceder a ejecutar lo solicitado, preguntó a los presentes si conocían alguna
causa que pudiera impedir la boda; luego,
tomándoles y juntando sus manos derechas, preguntó a los contrayentes
sobre su voluntad de unirse en matrimonio: a ella si deseaba ser la esposa y
mujer de Fernando y si se declaraba como tal, a lo que la respuesta fue
afirmativa; a Fernando sobre si quería a Isabel por su esposa y la tomaba como
tal, y si se otorgaba por su marido, a lo que el novio respondió también
afirmativamente.
Celebrada
la misa y dadas las bendiciones, hubo fiestas y bailes, en las que participó
mucha gente: os documentos coetáneos calculan, sin duda con exageración
tendente a magnificar el evento, una asistencia a la boda de en torno a dos mil
personas, entre ellas muchos nobles y otros servidores, amigos y vallisoletanos
de toda condición y profesión. Esa misma noche del 19 al 20 de octubre de 1469
la unión fue consumada ante los testigos pertinentes que estaban a la puerta de
la cámara nupcial. Según era costumbre en Castilla, tras el coito fue mostrada la sábana de la princesa; en ese
momento, tocaron trompetas, atabales y menestrales, y se iniciaron grandes
fiestas en la villa durante siete días.
Pasado
ese tiempo, el arzobispo de Toledo ofició una misa solemne a los príncipes en
la colegiata de Santa María y les dio la bendición de la Iglesia. Todavía
después, cuando Fernando cabalgaba ricamente ataviado y muy bien acompañado por
la villa, le aclamaban los habitantes con los que se cruzaba, varones y
mujeres, cada uno conforme al rol social impuesto por su género: ellos
deseándole un reinado pacífico y ellas alzando las manos al cielo para pedir a
Dios el cumplimiento de ese deseo.
Palacio de los Condes de Rivadavia, casa natal de Felipe II.
Amva
9. La
sociedad vallisoletana en la época de los Reyes Católicos
Esos
vallisoletanos que de una u otra forma fueron testigos de la boda de quienes
pocos años después se alzarían como reyes de Castilla, constituyen un conjunto
social dinámico y diversificado, al frente del cual el concejo intenta dirigir
los destinos de la villa. Con los Reyes Católicos triunfa en Castilla la figura
del corregidor, que en los núcleos urbanos del reino actúa en nombre de los
reyes y representa los intereses de la corona. Este oficial real viene a
situarse por encima del regimiento, es decir el órgano de gobierno local al que
ya nos hemos referido, que está integrado por los regidores, que salen de las
filas de los dos linajes en que está organizada la clase dominante
vallisoletana.
Además de defender los intereses de los
vallisoletanos frente al exterior, como hace en el ya mencionado caso de las
ferias de Cuaresma, el concejo se ocupa de otros muchos asuntos; entre ellos se
puede recordar la ya mencionada traída del agua al interior del recinto murado,
el empedrado y limpieza de las calles, y la lucha contra los incendios,
accidente que siempre se procuraba evitar, pero que cuando se producía, como
sucedió en 1489 en el barrio de San Miguel, se intentaba sofocar de la mejor manera posible. Al final del siglo XV
eran los musulmanes de la localidad los que, a cambio de tres mil maravedís,
debían acudir a apagar el fuego allí donde se hubiera declarado. El concejo se
ocupa además de otros menesteres, como garantizar la fiabilidad de los pesos y
medidas, arrendar las tiendas y tablas concejiles, y regular la elaboración y
comercialización del vino, desde lo referente al cuidado de los viñedos y la
vendimia, hasta la fabricación y venta de los caldos.
Todo
ello en beneficio de los vallisoletanos, que constituyen un conjunto social
jerarquizado, en cuya cúspide se alza una oligarquía de carácter local, en
ocasiones mediatizada por la nobleza y los servidores regios instalados en la
villa. Una oligarquía que se organiza en esas dos agrupaciones de carácter
político, los linajes de Tovar y Rehoyo, cuyos miembros están unidos por
vínculos de parentesco, clientela o interés político. Los más destacados
miembros de una y otra agrupación alcanzan los más altos puestos del gobierno y
la administración de la villa. Pero no son los únicos influyentes; cada vez con
más fuerza, los mercaderes y grandes artesanos van incrementando su peso
socioeconómico, llegando a organizar algún auténtico grupo de presión, como los
comerciantes de la cofradía de la Misericordia.
No
faltan alianzas y lazos matrimoniales entre los tres sectores sociales hasta
ahora mencionados, nobles, linajes y comerciantes y artesanos enriquecidos. A
esto hay que sumar un interés común a todos ellos, el de ennoblecer la
localidad y contar con recursos intelectuales que favorezcan su actividad o
incrementen su prestigio social: de ahí el interés por la Universidad y los
estudios, derivado de la necesidad de tener una formación adecuada a la
práctica y defensa del negocio familiar, así como de alcanzar la reputación que
puede proporcionar la ostentación, que solía hacerse de los conocimientos
adquiridos y de la posesión de libros. Esto a su vez explica que se busque el
incremento del prestigio propio y familiar mediante algunas acciones relacionadas
con el más destacado centro del saber; sirva de ejemplo los 60.000 maravedís
que en 1482 legó el Almirante Enríquez a la Universidad vallisoletana para la
construcción de una capilla; o bien que una de las más señeras casas
('familias' o grupos de poder), la de Corral, incluyera el doctorado y la
licenciatura entre los méritos más destacados para ingresar en sus filas.
Por
debajo de éstos, el común de los vecinos constituye una mayoría laboriosa,
entre la que se cuentan, labradores, pequeños comerciantes y artesanos. Como en
todos los núcleos urbanos del momento, están alejados de las esferas de poder,
pero pugnan por conseguir algunas ventajas, y defienden sus propios intereses,
a veces frente a las decisiones tomadas por los regidores en el concejo.
Considerado en su conjunto, este sector es conocido también como el de 'los
pecheros', debido a su condición de contribuyentes sin privilegios especiales,
pero esto no debe hacernos olvidar que entre ellos hay fuertes diferencias
económicas.
Fachada
de la Iglesia de San Pablo- Amva
El
alarde de 1503 permite conocer alguno de los oficios más frecuentes, como los
plateros, zapateros, hortelanos, sastres o pequeños mercaderes; hay también
letrados, escribanos o médicos. Además hay un amplio grupo clerical, tanto
secular como regular. Pero hay que recordar que entre los trabajadores y las
personas vinculadas a la Iglesia no hay sólo hay varones; como es lógico,
también hay mujeres. Los conventos de monjas acogen a mujeres de toda condición
social, y no hay que olvidar la existencia de beatas que, retiradas en alguna
casa particular, viven una vida piadosa y de oración; a ellas se unen otras
casas de piedad y retiro, como la de las comendadoras de Santiago, próxima a la
iglesia del mismo nombre.
Hay
por otra parte mujeres que trabajan fuera de su hogar, o en tareas que no son
estrictamente domésticas, aportando con su esfuerzo el sustento familiar. Entre
ellas hay lavanderas, panaderas, pasteleras, lenceras, campesinas y alguna
esclava, además de otras dedicadas a diversos oficios o al servicio doméstico
en casa ajena. Además hay que tener en cuenta que no es excepcional que a la
muerte del marido, de no haber hijos adultos, la viuda pueda mantener con su
trabajo el negocio de la familia en tanto su descendencia alcance la edad
adecuada para hacerse cargo.
Pero
no siempre las viudas tienen medios suficientes para asegurar su mantenimiento,
o dicho de otro modo, es frecuente que la viudedad, como la orfandad, conduzca
a la situación de pobreza. También los estudiantes se encuentran a veces en las
filas de este sector desfavorecido, al que hay que sumar a los enfermos. A
todos ellos va dirigida la caridad y las limosnas, que buscan aliviar su
situación, a veces casando a doncellas pobres para evitar que puedan verse
arrastradas a la mala vida, y casi siempre procurando prevenir posibles
conflictos y problemas de diverso tipo.
Los
hospitales, destinados a la atención de pobres y enfermos, con quienes se
mezclan a veces los ancianos, tienen también ese carácter caritativo. En el
Valladolid de los Reyes Católicos había varios, como los de la Trinidad, San
Juan, La Misericordia, Corpus Christi, San Bartolomé, Todos los Santos, y San
Francisco; había además dos leproserías, las de San Antón y San Lázaro; y una
casa de niños expósitos, fundada con el nombre de Casa de los Inocentes, en
1489, por el doctor Sancho Velázquez de Cuéllar.
En
la villa vivían también judíos y musulmanes. Estos últimos, que pasan a ser
moriscos tras su forzada conversión al cristianismo en 1502, no parecen
despertar grave animadversión entre sus convecinos. Los miembros de la morería
practican diferentes oficios, pudiendo ser desde hortelanos a comerciantes,
aunque, como suele ser frecuente, destacan en los sectores de la construcción y
la alfarería. Además, como ya hemos indicado, tienen a su cargo la lucha contra
el fuego.
Por
su parte los judíos, además de constituir una bien poblada judería, debían
estar bien integrados en la villa, ya que es aquí donde en 1476 se reúnen los
representantes de todas las aljamas del reino; no obstante, sufren algunos
episodios de tensión y conflicto, de entre los que destacan los producidos en
1474 y en 1480. La mayor parte de ellos abandonan su tierra en 1492 como
consecuencia del decreto de expulsión, quizá espoleados por la persecución que
sufren los judaizantes y quienes son considerados fuera del recto camino,
actitud que ya ha conducido a actos extremos de violencia, como la condena a la
hoguera de varias personas el 19 de junio de 1489.
Este
industrioso y activo conjunto social vallisoletano, sale de su monotonía
cotidiana con ocasión de alguna celebración especial, que trae a sus calles y
plazas, en especial al centro de la villa, la alegría y el jolgorio festivos.
La entrada de un rey o persona destacada, algún acontecimiento puntual o
ciertos eventos universitarios son los motivos más frecuentes para salir del
ritmo de vida diario.
Entre
las fiestas hay que incluir las que se celebran con motivo de las graduaciones
universitarias, aunque en ellas no participen más que una parte de los
habitantes. Es la capilla de San Llorente de la colegiata el lugar en que tiene
lugar la ceremonia de graduación. En principio se trata de un acto académico,
aunque solemne. Pero lleva aparejada la celebración estudiantil que incluía,
cuando se trataba de un doctorado, el
paseo a caballo del nuevo doctor, la colación en su casa, y el obsequio
de vino a todo el que quisiera participar en la fiesta; incluso en algunos
casos llega a haber toros en la plaza de Santa María. En definitiva una fiesta
destacada, pero cara para su protagonista, lo que venía a hacer doblemente
restrictivo el acceso al máximo grado universitario, ya que a lo académico -
intelectual, y al gasto ordinario derivado de los propios estudios, se sumaba
este otro capítulo tan extraordinario como necesario.
La
presencia de la corte y los reyes suele ser motivo de regocijo y ocasión para
la fiesta. Así sucedió en 1475, cuando poco tiempo después de su proclamación
Isabel y Fernando llegan a Valladolid. El 3 de abril se organizan unas
brillantes y lujosas justas. Al evento acudió la reina ricamente ataviada, en
un caballo adornado con plata y flores de oro; iba acompañada por catorce damas
que lucían igualmente preciosos vestidos. El rey, con el lema como yunque sufro y callo por el tiempo en
que me hallo, participó en el juego y, con él, destacados nobles del reino.
La
llegada de Isabel y de quienes iban a justar
dio lugar a un brillante desfile en el que todos lucían sus mejores galas; fue
contemplado desde las ventanas del recorrido y desde los cadalsos levantados al
efecto, por dueñas, doncellas y varones que no participaban en la lid. Todos
disfrutaron, siendo el contento general hasta que, al anochecer, finalizó el
juego con la victoria del duque de Alburquerque. Si para el común de los
vallisoletanos la fiesta acabó oficialmente con el fin de la justa, para la
nobleza continuó con una recepción privada ofrecida por el duque de Alba, que
duró hasta el amanecer, en cuyo transcurso se sirvió un suculento banquete.
La
recepción de embajadores era ocasión de especiales festejos. Eso es lo que
sucedió a fines de 1488 cuando acudieron a Valladolid los del Rey de Romanos.
Tras ser bien recibida y agasajada, como la estancia de la embajada se
prolongaba, en el mes de enero siguiente se les ofreció una fiesta, en la que
nuevamente tienen lugar unas justas. Hubo también banquete, en esta ocasión
seguido de baile; y los vecinos volvieron a ver a la reina y la corte luciendo
ricos vestidos.
En
otras ocasiones la ruptura de la monotonía se produce por la sola llegada de
algún alto personaje a la villa, como sucede en 1502, cuando tiene lugar la
entrada de los príncipes herederos, Juana y Felipe. En estos casos el concejo
tiene que hacer un esfuerzo económico, ya que se hace necesario limpiar y
engalanar las calles del recorrido, y
procurar ricas telas, que en el caso que nos ocupa fueron brocados de
raso para los palios con que se acogió a los visitantes en la puerta de la
colegiata de Santa María la Mayor; además, los regidores, representantes de los
oficios y caballeros deben ataviarse como exige la ocasión. Se trata de un
gasto que a veces resulta difícil de asumir, pero que siempre se ve
recompensado socialmente por el regocijo que produce a los vecinos de la villa
contemplar, aunque sea de lejos, acontecimientos y personajes poco comunes.
Gastos que se multiplicarían en 1517.
10
1554 La vida del lazarillo de Tormes
La vida de
Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades es una novela española anónima, escrita en primera persona y en estilo epistolar (como una sola y larga carta), cuyas
ediciones conocidas más antiguas datan de 1554.1En ella se cuenta de forma autobiográfica la vida de un niño, Lázaro de Tormes,
en el siglo xvi, desde su nacimiento y su miserable infancia hasta su
matrimonio, ya en su edad adulta. Es considerada precursora de la novela picaresca1por elementos como el realismo, la narración en primera persona, la
estructura itinerante, el servicio a varios amos y la ideología moralizante y pesimista.
Lazarillo de Tormes es un esbozo irónico y despiadado de la
sociedad del momento, de la que se muestran sus vicios y actitudes hipócritas,
sobre todo las de los clérigos y religiosos. Hay diferentes hipótesis sobre su
autoría. Probablemente el autor fue simpatizante de las ideas erasmistas. Esto motivó que la Inquisición la prohibiera y que, más tarde,
permitiera su publicación, una vez expurgada. La obra no volvió a ser publicada
íntegramente hasta el siglo xix.
El Lazarillo de Tormes es
una obra artística de primer orden; lo es por su originalidad, su valor humano,
su trascendencia literaria y cultural, su estilo (el castellano equilibrado,
preciso y oral que preconizaba Juan de Valdés) y su lenguaje: un castellano clásico
modélico, flexible y expresivo, sutilmente irónico, donde abundan las
geminaciones y los isocola y donde no se desprecian y se ponen al
mismo nivel el castizo refrán y la cita culta. La desproporción entre la materia y su
elaboración por parte del autor se inclina marcadamente en esta última, pero
sin denotar, y en eso consiste uno de sus méritos, el esfuerzo que debió
suponer.
El uso de la estructura anular, que acaba
concluyendo con lo que se inicia, hace de la novela una obra redonda; por otra
parte es la primera novela polifónica de la literatura española. El personaje
de Lázaro evoluciona, no es plano ni arquetípico: cambia y evoluciona, y va
pasando de ser un ingenuo a un cínico redomado, aprendiendo de las lecciones
que le da la vida. Tan es así que el final, lejos de ser positivo, sin embargo,
es vivido por el personaje como lo mejor que le podía haber p
La infidelidad de su mujer, por tanto, no es
nada comparado con las vejaciones que ya ha sufrido. Cada personaje plano, por
otra parte, se halla completamente individuado y caracterizado sin maniqueísmo: la crueldad del ciego, que no es absoluta; el idealismo
soñador y orgulloso del escudero pobre, un personaje al parecer folclórico
luego retomado por Cervantes; el diálogo entre conciencias en el cual se atisba
la humana comprensión que después será patrimonio casi exclusivo de Cervantes, en el episodio del criado y el escudero; o la
avaricia, mezquindad e hipocresía del clérigo.
El valor psicológico y humano es patente en
el tratado tercero, que se ha querido ver como el anticipo de la novela
polifónica moderna; por otra
parte, el Lazarillo bosqueja ya los rasgos fundamentales de un género de amplia
trascendencia española y europea, la novela picaresca, que se configurará definitivamente con
el Guzmán de
Alfarache (1599)
de Mateo Alemán, más moralizado y pesimista todavía.
El tratado quinto es más extenso: narra una estafa realizada por
parte de un vendedor de bulas o buldero. Lazarillo
sirve al buldero y asiste como espectador, sin opinar, al desarrollo del timo,
en el cual finge el buldero que alguien que piensa que las bulas no sirven para
nada, está poseído por el diablo, cuando en realidad está compinchado o
conchabado con él; esto se descubre a posteriori, con una hábil técnica de
suspensión. También este tratado sufrió la poda de la censura.
Los restantes y breves tratados narran cómo Lázaro se asienta
con otros amos, un capellán, un maestro de hacer panderos y un alguacil y se
hace aguador. Por último consigue el cargo de pregonero gracias al arcipreste
de la iglesia toledana de San Salvador, quien además le ofrece una casa y la
oportunidad de casarse con una de sus criadas, con la finalidad de disipar los
rumores que se ciernen sobre él, ya que era acusado de mantener una relación
con su criada. Sin embargo, tras la boda los rumores no desaparecen y Lázaro
comienza a ser objeto de burla por parte del pueblo. Lázaro sufre la
infidelidad con paciencia, después de toda una vida de ver qué es el honor y la
hipocresía que encubre la dignidad realmente, ya que eso al menos le permite
vivir, y con ello termina la carta, un cínico alegato auto justificativo que
ridiculiza la literatura idealista del momento. Lázaro afirma que ha alcanzado
la felicidad, pero para ello ha debido perder su honra, pues los rumores
afirman que su mujer es la amante del arcipreste. Para mantener su posición,
Lázaro hace oídos sordos a dichos rumores.
La atribución de la autoría del Lazarillo a Diego Hurtado de Mendoza no es en
absoluto nueva. Ya en el siglo XVII, no mucho más tarde de su muerte, varios
autores, entre ellos el más importante bibliógrafo de la época Tomás Tamayo,
residente en Toledo, donde en su juventud temprana el poeta paso largas
temporadas y por la que siempre mantuvo una especial predilección, le atribuyó
tal merecimiento, que tuvo bastante aceptación y que se consideró casi como
probada en el siglo XIX. Luego cayó casi en el olvido, hasta que en marzo de
2010 la prestigiosa paleógrafa Mercedes Agulló y Cobo descubrió en un
inventario de los papeles de Juan López de Velasco, amigo de don Diego, un
documento del poeta y diplomático español en el que este anotó un par de líneas
que indicaban textualmente «legajo de correcciones hechas para la impresión de
Lazarillo y Propaladia». Propaladia es una obra con autor conocido,
Bartolomé de Torres Naharro, con quien
Hurtado de Mendoza coincidió en Italia. Una impresión que, en efecto y de
manera conjunta, y tras haber sido corregida y pasado censura, se había llevado
a cabo. La vieja atribución, con ello, tuvo un gran espaldarazo y según
Mercedes Agulló sustenta «una hipótesis seria sobre la autoría del Lazarillo, que,
fortalecida por otros hechos y circunstancias, apunta sólidamente en la
dirección de don Diego».? Los papeles encontrados por ella en la testamentaría
del cronista Juan López de Velasco, albacea de don Diego y cosmógrafo en la
corte de Felipe II, han significado sin duda un potente espaldarazo a esa
teoría. La referencia al legajo con correcciones del Lazarillo y que este estuviera
entre los documentos de Diego Hurtado de Mendoza depositados en su
testamentaria no es definitiva, pero casi.
La gran y primera novela picaresca
había visto su primera luz, en vida de su presunto autor, en el año 1554, pero
sin llevar firma alguna. Una medida de prevención y atinada pues, a poco ya
estuvo incluida en el catálogo de los libros prohibidos, pero que no impidió la
popularidad de la obra, pues antes de que finalizara el siglo ya llevaba, que
se sepa, cuatro ediciones más. De hecho la relación y amistad de Juan López de
Velasco y Diego Hurtado de Mendoza pudo tener en su base El Lazarillo, pues fue
Velasco el encargado, en 1573, de censurarlo, a fin de que la obra pudiera
evitar se presa del catálogo de libros prohibidos.
Mendoza, ya rondando los 70, parece
también y por el propio legajo que participó en las correcciones a la novela
original, que se publicó en aquel mismo año como el Lazarillo de Tormes castigado,
formula que señalaba a aquellos títulos que habían sido objeto de revisión
moral. Aquella edición despejaba toda duda de que el libro había sido «impreso
con licencia del Consejo de la Santa Inquisición».
Hoy, las andanzas del Lazarillo, sus
jugarretas al ciego y del ciego a este, son parte esencial de la literatura
española. Pocos personajes han gozado de tanto predicamento, ni han reflejado
de manera más realista la vida cotidiana de las gentes y retratado un
tiempo. Actualmente es un prototipo universal y, sin ningún género de
dudas, una obra maestra a todas luces. Y si, como cada vez parece más seguro,
Diego Hurtado de Mendoza fue su autor, estamos sin duda ante uno de los más
grandes genios de nuestra literatura castellana.
Dentro de
las grandes obras de la literatura española, es el Lazarillo de Tormes la
novela que mayor polémica ha suscitado, convirtiéndola en una obra de culto,
cuyo estilo picaresco y humorístico ha cautivado a millones de lectores en el
mundo.
Su fecha publicación data del 1554, a pesar de que
estuvo prohibida por la Iglesia Católica tras anexarla al Índice de los
libros prohibidos de la Inquisición. El clero se encargó de silenciarla y permitió su publicación años más
tarde, tras tomarse el tiempo de expurgar sus páginas de la autentica
critica que realizaba a su tiempo. Solo fue hasta el siglo XIX que la obra
volvió a conocer la luz en toda su integridad, pero para entonces ya es
sospechable (y con mucha razón) que buena parte de sus secretos y su estilo
original no tuviera el magnetismo original con la cual fue dada a conocer en su
momento.
Se
trata de una obra en la que se describe la vida de Lázaro de Tormes. Toda la
obra se encuentra escrita en primera persona, con estilo epistolar, es decir, como si se tratará de una carta autobiográfica en la que
su protagonista confiesa cada uno de los acontecimientos que moldearon su vida
hasta llegar a la estabilidad de su matrimonio.
A lo largo
de su vida el personaje irá conociendo a otras personas que marcan su estilo de
vida y le dan lecciones sobre lo que es la vida humana y las limitaciones de
una época. Así, el protagonista conocerá a diferentes amos o maestros, por así
decirlo. Algunos de ellos son: un ciego, un clérigo, un fraile, un buldero, un
pintor de panderos y un alguacil. De ese modo, el protagonista se someterá a las dichas y desdichas de estos personajes.
A parte de
influenciar a Cervantes, escritores como García Márquez, Mario Vargas Llosa o
Julio Cortázar, hicieron de esta obra un punto de referencia para cultivar su
sentido del humor y explotar al máximo la ironía como una manera de darle mayor atractivo a la crítica social
de sus novelas y relatos.
.
Un Mendoza, nada menos. Armas y letras
estuvieron en esta familia siempre entreveradas. Puede que sea, además, el peso
del apellido lo que hiciera que no fuera firmado, como sí hizo con sus otros
trabajos, y publicado bajo la protección del anonimato, pues el estilo narrativo
no entraba dentro de los cánones preceptivos de aquella época y menos de
determinados estamentos nobiliarios.
Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco
nació en la Alhambra en 1504, hijo del Gran Tendilla, segundo conde con tal
título y primer alcaide y capitán general de Granada tras su Reconquista. Entre
sus hermanos hallamos, entre otros, a varios nombres propios de la historia de
España, Luis, el mayor, heredero de los títulos y cargos y gran amigo del
Emperador Carlos; Antonio, primer virrey de la Nueva España y segundo del Perú;
y María Pacheco, la comunera, por la que Diego siempre tuvo mucho afecto y a la
que visitó incluso en su exilio portugués.
Fue como todos ellos, educado,
siguiendo las pautas familiares de la mejor y exquisita manera, gozando de los
preceptores más capacitados como Pedro Mártir de Anglería, en un ambiente
renacentista selecto y cultivado, pero al tiempo en contacto con otras culturas
y cursando luego estudios en la Universidad de Salamanca, ya por entonces y
luego por muchos años referente universal del saber. Era un verdadero políglota
pues sabía latín, griego, hebreo y árabe, este aprendido en su infancia
granadina, además de varias lenguas europeas.
No le fueron ajenas tampoco las armas. Siendo
muy joven y formando con tropas donde se encontraban familiares cercanos,
participó en la batalla de Pavía (1525). El rey francés, Francisco I, sería
conducido prisionero al gran palacio solariego de los Mendoza en Guadalajara.
Acompañó a Carlos V a su coronación desembarcando con él en Génova y
escoltándolo hasta Bolonia donde tuvo lugar. Participo también, junto a varios
de sus hermanos, en la empresa de La Goleta y allí reinició el trato con otro
pariente con sus mismas aficiones literarias, Garcilaso de la Vega. Sería él
mismo quien, durante la invasión española de la Provenza, hubo de asistir a su
muerte, permaneciendo a su lado desde que fue herido hasta que exhaló su último
aliento (1536).
Destacó también en su faceta diplomática. Fue
embajador ante la corte inglesa de Enrique VIII (1537) y según sus propias
palabras no le gusto nada la Gran Bretaña. Fue mucho más placentera y
fructífera su época italiana, comenzada ante el Dux veneciano, con el objetivo
logrado de mantener a la Serenísima en la Liga Santa y que no pactara bajo
cuerda con los turcos ni acabara abrazada a los franceses. Su periplo
transalpino duró 13 años, pasando por Roma, representando a Carlos I en el
Concilio de Trento, lo que prueba la confianza que el rey depositaba en su
persona y siendo incluso gobernador en Siena, donde sofocó una sublevación,
pero fue luego acusado de irregularidades financieras, y el proceso solicitado
por el mismo para demostrar su inocencia (la lentitud de nuestra justicia tiene
hondas raíces) se prolongó 30 años antes de decláralo absuelto. Fueron, con
todo, aquellos años italianos los más felices de su vida. Mantuvo relación con
los más afamados escritores y artistas, pudo atesorar una gran biblioteca, que
se haría famosa, y una hermosa colección de obras y objetos artísticos.
Regresado a España fue nombrado caballero de
la Orden de Alcántara, entabló amistad con la fundadora de las carmelitas,
cuyos escritos apreció mucho, y luego santa Teresa de Jesús y siguió con en
misiones internacionales, en este caso en los Países Bajos. Puede que estuviera
presente en la batalla de san Quintín.
Fue más tarde, ya bajo el reinado de Felipe
II, cuando las convulsiones producidas por los trastornos y la muerte ya
enclaustrado del príncipe heredero, don Carlos (1568) , le amargarían el último
tramo de su vida. Una violenta disputa en palacio con Diego de Leiva por esta
causa provocó un gran enfado del monarca, que lo desterró de la corte, primero
a Medina del Campo y luego ya a Granada, donde junto a su sobrino, el nuevo
marqués de Mondejar, hijo de su hermano mayor, hubo de hacer frente y tomar
parte muy activa en los combates contra la sublevación morisca. Ya en el año
1574 le fue levantado el destierro y resueltos sus pleitos y desavenencias, la
cesión de su biblioteca en testamento al rey Felipe que acabó y por allí sigue
en el Monasterio del Escorial, parece que tuvo que ver en ello, pudo de nuevo
acceder a la corte. Murió al año siguiente a causa de una gangrena, a pesar de
que se le amputara la pierna.
Con la familia, Mendoza, a pesar de algunas
desavenencias puntuales con algunos de sus miembros, mantuvo siempre una
relación muy fluida y a la postre siempre cercana y protectora, sobre todo con
su hermano Bernardino, quien llegó a ser Capitán General de Galeras del
Mediterráneo y con quien participó en varias empresas.
No contrajo nunca matrimonio ni se le
conocen hijos. Sí hay algunas pruebas epistolares y poéticas de algunos
romances. Según todo indica, y más allá de sus obligaciones, disfrutó de una
vida alegre en aquella Italia que tanto le complacía. Según Francisco de
Portugal, en su Arte de Galantería, en su etapa de embajador en Roma, «no
llevaba otros libros en su portamanteos que la Celestina y el Amadís, y decía
que hallaba en ellos más sustancia que en las Epístolas de San Pablo».
Entre sus aventuras se encuentran sus amoríos
con una judía veneciana, desde luego muy alejados de los cánones establecidos.
También aparece con un seudónimo pastoril, Marfira, protagonista de todo un
cancionero petrarquista a ella dedicado, Marina de Aragón, joven dama de la
emperatriz Isabel a la que dedicó tras su muerte un sentido poema póstumo. Y
poco más se sabe de sus bulliciosas peripecias. También, desde luego, sabía ser
discreto.
Uno de los aspectos más relevantes de
su personalidad que se pone de continuo de relevancia en su abultado
epistolario es su gran sentido del humor, una mirada siempre jocosa hasta en
los peores momentos, y algunos los tuvo difíciles en sus disputas con los papas Julio II y Julio III, contra quien hizo todo lo que
pudo porque no fuera elegido, dada su filiación
francófona.
Esta característica también aparece de
continuo en su abundante y prioritaria obra poética, donde la ironía y el tono
burlesco afloran muchísimo. Considerado junto a su pariente, Garcilaso, y a
Boscán, el introductor del Renacimiento literario en España, se inclinó más por
la sátira maliciosa y picante (la Fábula
del cangrejo), lo que una vez más apunta a esa autoría del Lazarillo de Tormes.
Su producción poética es muy extensa y
fue en su tiempo muy apreciada, pero apenas si publicó en vida limitándose a
aparecer con poemas suyos en libros de otros autores, como Boscán, que siempre
tuvo por él especial predilección y que fue mutua pues el Mendoza le dedicó su Epístola a Boscán.
También lo fue después por alguno de los más
grandes escritores. Lope de Vega el primero quien afirmaba «¿Qué cosa aventaja
a una redondilla de don Diego Hurtado de Mendoza?». Cervantes también lo
enaltece poniéndole su nombre a uno de sus personajes, Meliso, en su novela
pastoril La Galatea,
al que trata con mucho respeto. Su obra póstuma, en este caso en prosa, es
ahora de obligada lectura para todo el que quiera conocer de primera mano sobre
aquella rebelión morisca en las Alpujarras y que redactó entre los años 1568
a1571, siendo publicada tras su fallecimiento.
Pero, sin duda, el gran motivo de
debate y que lo colocaría entre los más importantes escritores de nuestra
lengua es su autoría del Lazarillo
de Tormes, considerada por tantos el ser la primera novela
moderna de lengua española. Hoy en día se le trata como una obra
universal, icónica, referente y continuamente mentada.
11 1559
Carlos I de España y V de Alemania en
Valladolid, sede de la corte
Corre
el año 37 del siglo XV. Carlos I
convierte Valladolid en capital de la Corona de Castilla, sede de instituciones
como la Real Chancillería, máximo
tribunal de justicia del reino; las Cortes,
que dentro de su tradición itinerante pasan a celebrarse fundamentalmente en la ciudad; los
Consejos, sistema administrativo cuya norma era que se establecía allí donde el
monarca reside habitualmente, y el Tribunal del Santo Oficio.
Época de máximo esplendor de
Valladolid hasta que en 1559 el vallisoletano Felipe II traslada la Corte a
Madrid. La ciudad había pasado de 6.000 vecinos a 35.000 y rebosaba de nobles,
hidalgos, influyentes funcionarios, ufanos clérigos, adinerados burgueses y
banqueros y laboriosos artesanos. El caserío desborda los antiguos límites y la
muralla se queda pequeña. La cortesana población ve surgir un cúmulo de
hermosos palacios, siendo uno de los más interesantes el conocido como Palacio de Cárdenas, sito en la calle
Empedrada (hoy Correos), construido hacia 1520 por Diego de Cárdenas Enríquez,
Grande de España por servicios prestados al emperador Carlos.
Es un palacio de corte
florentino con fachada de piedra en la parte de la puerta y de ladrillo
enlucido en el resto. La puerta remata en un arco de medio punto que da al
zaguán, de techo de viguería, y un patio con dos pisos de arquerías, de medio
punto las del bajo y rebajadas en el
alto. Esbeltas columnas de piedra, rematadas por capiteles y dados que permiten
el volteo de los arcos se erigen en tres de los lados. En el patio pozo y
pilón, al lado de las antiguas caballerizas,
hoy figón. Debajo la antigua bodega, en la actualidad taberna.
Dos acontecimientos empañan
tan amable panorama y ambos tienen como escenario la Plaza Mayor: uno es el
Auto de Fe celebrado el 21 de mayo de 1559, en el que fueron muertos en la
hoguera o en garrote cerca de sesenta herejes del grupo luterano de Valladolid,
pertenecientes todos ellos a la elite cultural, religiosa, económica y social
de la ciudad; otro el incendio que se declaró en la misma plaza en la madrugada
del domingo 21 de septiembre de 1561, festividad de San Mateo, que la destruyó
totalmente y cuya autoría se atribuye a los propios luteranos en posible
venganza por el Auto de Fe.
Mas
no hay mal que por bien no venga. Felipe II asumió personalmente la dirección
de las ostentosas tareas de reconstrucción de la plaza y las rúas circundantes,
diseñando un espacio regular y armónico que fue considerado el más
hermoso de Castilla, modelo de otras plazas como las de Salamanca y Madrid.
En punto al Auto de Fe, sólo
un miembro del grupo de encausados herejes se salvó de ser ajusticiado: doña Ana Enríquez, sobrina de
Diego de Cárdenas, en cuyo palacio residía durante sus estancias en Valladolid.
Dicen que el Inquisidor dijo `mujer de
tanta belleza no debe morir en la hoguera´.
Tras tan penoso incidente,
don Diego decide el mismo año 1559 sustituir los escudos nobiliarios que presidían el palacio
por un mural del Caballo de Troya cuyo significado a nadie manifestó, ocultar
en algún lugar próximo al mural los documentos que podían comprometer a su
bella sobrina y vender el edificio, que pasaría a destinarse a posada con el
nombre de Caballo de Troya.
Valladolid
fue sede de la corte castellana durante la primera mitad del siglo XVI. Su
frecuente presencia en la villa la convirtió en la principal de las capitales
europeas y en escenario de innumerables acontecimientos de la gran política
durante el reinado de Carlos I. En muchos momentos fue la cabecera del mundo, y
su desarrollo continuaría hasta que en 1559 Consejos y cortesanos saliesen para
Madrid, geopolíticamente mucho más cerca del oro sevillano. Entonces comenzó su
larga fase de crisis y decadencia secular.
Los
vallisoletanos quedaron admirados ante el ceremonial organizado en los cuatro
meses transcurridos entre el 18 de noviembre de 1517, fecha de la primera
llegada del rey, y el 22 de marzo de 1518, cuando partió hacia Aragón.
Continuas y espléndidas fiestas se celebraron entonces: entradas solemnes con
arcos de triunfo, desfiles magníficamente organizados, ceremonias en honor de
Adriano de Utrecht, justas, apertura de las Cortes con nuevos festejos y
torneos, en las que él mismo participó, o banquetes ofrecidos por la
Chancillería. En ese marco conmemorativo, no obstante, se mantenía el problema
dinástico: aunque las tensiones aumentarían rápidamente, se consiguió que tras
una visita a Tardecillas las Cortes de Valladolid de 1518 concedieron el
asentimiento castellano al 'golpe de estado' de 1516 que convertía a Carlos I
en soberano de todo su Imperio, viva aún su madre.
Los
festejos organizados con motivo de la entrada en Valladolid del joven Carlos I
fueron impresionantes. Alegres demostraciones que se sucedieron durante los
meses siguientes, viviendo los vallisoletanos una fiesta permanente en honor de
su recién coronado rey. A aquel flamenco le llamaba la atención el derroche de
lujo, dinero, imaginación y belleza, colorido y sentido del espectáculo,
disfrutado entonces en tantas tardes y noches de toros, alardes, juegos de
cañas y torneos, a los que se unieron las imprescindibles y populares
celebraciones religiosas, con su faceta, también, de espectáculo y de
diversión. No siempre sería así, ni por mucho tiempo.
A
finales de aquel año de 1517 Carlos I se dirigía muy lentamente desde el
Cantábrico hacia Valladolid y Tardecillas para entrevistarse con su madre y el
regente cardenal Cisneros (fallecido en el curso de dichos viajes). La
proclamación de Carlos vulneraba el derecho sucesorio castellano, pero Cierres
preparó el camino para que la reina Juana dejase el poder en manos de su hijo
mientras ella seguía manteniendo sus títulos.
Así,
aunque lo festejaran oficialmente, su primera entrada solemne en Valladolid se
produjo sin todo el calor popular habitual. Se entrevistó con su hermano
Fernando en Mojados y convocaron Cortes en Valladolid en nombre de la reina
Juana (en siglo y medio y hasta 1560 se reunieron aquí nada menos que en
veintitrés ocasiones). Las protestas urbanas contra Carlos pretendían que
respetase las leyes del reino, que aprendiese la lengua castellana e impedir la
salida de dinero fuera de sus fronteras. Se produjeron entonces tensiones entre
las ciudades y sus representantes o procuradores, y algunos clérigos hostiles
se negaron a alojar al séquito real extranjero en Valladolid.
Carlos
I tuvo que salir hacia las Cortes de Zaragoza y cuando en junio de 1519 recibió
la noticia de su elección imperial, tras el pago de un millón de florines en
oro, volvió desde Barcelona a Valladolid y convocó Cortes en Santiago para
marzo de 1520. Entonces el recibimiento fue aún más frío, puesto que en febrero
el regimiento había convocado una sesión extraordinaria con todos los grupos
sociales y sus cuadrillas manifestaron allí su oposición a que las Cortes
aprobasen otro servicio nuevo. El corregidor fue desoído, los regidores pedían
al rey - emperador que no se ausentase de Castilla más de tres años y se trató
de impedir su salida hacia Galicia. Adriano quedó aquí como regente; solo.
El
Emperador no regresaría a Castilla hasta 1522, cuando se inició la fase de
hispanización de su reinado (hasta 1529 y tras el episodio comunero),
cimentando su Imperio desde Valladolid. Entonces, y pese a ser un viajero
incansable, los Consejos tendieron a estabilizarse aquí; él mismo vivió en la
ciudad del Pisuerga entre agosto de 1522 y septiembre de 1524, de 1527 a 1536
y, finalmente, entre mayo de 1543 y octubre de 1559. Y en 1527 el príncipe de
Asturias, Felipe, nació en la casa de los Pimentel no por casualidad. Por lo
tanto, la villa acrecentó durante su reinado su protagonismo político, lo que
facilitó un rápido crecimiento urbano.
Se
mostraba así la primacía vallisoletana sobre el resto de las ciudades al norte
de Madrid. Isabel de Portugal y Carlos se instalaron en ese palacio de la
Corredera de San Pablo (luego propiedad de los condes de Ribadavia y marqueses
de Camarasa) al regresar de su boda en Granada: fue su residencia oficial hasta
que su secretario Francisco de los Cobos construyó uno nuevo en la misma plaza
durante aquellos años veinte. Y en el mismo San Pablo, en junio de 1527 (a la
par que tenía lugar el 'Saco de Roma'), se bautizaría Felipe; Te Deums, músicas
sacras y cortesanas, ceremonias principescas, pasadizos efímeros, fiestas y
torneos y toros en la Plaza Mayor volvieron a sucederse durante varios días.
Al
poco tiempo también tuvo lugar aquí una importantísima reunión de teólogos para
estudiar las tesis de Erasmo. A principios de julio de 1545 nacía don Carlos,
hijo de Felipe II, y pocos días después la princesa María de Portugal también
moría en la villa de sobreparto. Y desde Valladolid saldría Felipe hacia sus
dominios europeos en 1548, para de nuevo regresar a ella, sitio de permanencia
casi constante de sus regentes, en 1551, cuando se estaba discutiendo la
conquista de América y el trato dado a los indios en el Colegio de San
Gregorio: aquel debate es conocido, precisamente, como la 'Controversia de
Valladolid'. En suma, todos grandes acontecimientos para aquella villa
cortesana, en la que se mezclaban juegos, bailes, mascaradas, corridas de toros
y luminarias junto al componente sacralizado de la fiesta. De todo ello fueron
protagonistas los vallisoletanos hasta que la corte partió de sus calles.
Valladolid fue afianzando después su 'carácter
procesional', máxime tras los cambios sufridos debido al incendio de 1561 y la
posterior reconstrucción de su calle Platería y la Plaza Mayor (modelo de
plazas edificadas en toda España). La principal consecuencia para esta urbe
renacentista fue que se acentuó su remodelación urbanística tras la reforma
impuesta por Felipe II después de dicha quema: sería una villa conventual pero
también filipina y escurialense. Al regio
vallisoletano que nació en uno de sus palacios, debe la ciudad el trazado de la
primera urbanización preconcebida, por azar y fortuna de las llamas, y que
sella en el histórico corazón de la urbe el ideal del cristianísimo rey. No
obstante, aún siendo sede de la corte, no alcanzó el título de ciudad ni la
categoría de obispado hasta la marcha definitiva del poder regio, iniciándose
desde entonces la pérdida de su atractivo esplendor.
12 La Inquisición castellana y los Autos de Fe de
Valladolid de 1559
En
1563 se clausuraba el Concilio de Trento y se establecían los criterios
católicos, militantes y contundentes, de la reforma religiosa. Ya antes,
Torquemada y Cisneros iniciaron este proceso, se había producido la reforma
benedictina en San Benito y la dominicana en el convento de San Pablo o la
asunción del erasmismo moderado en la asamblea celebrada en Valladolid (1527).
Se redactaría un 'Índice de Libros Prohibidos' años después y comenzaría el
aislamiento cultural nacional respecto a Europa. También el luteranismo se iba
a difundir y atajar inmediatamente.
Por
eso, los dos famosos Autos Generales de Fe de 1559 de Valladolid, celebrados
con la máxima publicidad y ejemplaridad constituyeron episodios de importancia
capital, tanto por los encausados como por el clima de férrea ortodoxia
vigente. Entre los penitenciados que salieron el 21 de mayo y el 8 de octubre
de 1559 figuraban miembros de las familias más ilustres, caballeras y tituladas
de la localidad: Pedro Sarmiento y su noble esposa María de Figueroa, Luis de
Rojas, Juan de Ulloa, Cristóbal de Ocampo, Carlos de Seso o Francisco Vivero;
el doctor Cazalla y los licenciados Herrezuelo y Pérez de Herrera; la dama
Catalina de Ortega, mujer del comendador Loaysa, la religiosa María de Rojas,
hija de la marquesa de Alcañices, o Francisca de Zúñiga, hija de un contador
regio. Se les imputaban creencias o tesis calificadas de luteranas o muy
próximas. Algunos fueron entregados al brazo secular y condenados a la hoguera;
otros se reconciliaron.
En
el Valladolid de la reforma católica de Felipe II el espectáculo escénico
apareció muchas veces como fórmula privilegiada para fortalecer los dogmas, las
creencias y los principios de la sociedad sacralizada. Junto a las procesiones
y pasos de Semana Santa o los retablos, los Autos de Fe también jugaron ese
papel. Así, la noche de 20 de mayo la muchedumbre invadió la Plaza Mayor y
balcones y ventanas se alquilaron a precios elevados. Estuvieron presentes el
príncipe don Carlos y su tía, doña Juana, el Almirante, grandes, prelados y el
propio Inquisidor General. A partir de la una de la madrugada comenzaron las
misas y se multiplicaron las oraciones; a las cinco empezó realmente el Auto,
llegando príncipes y monjes, la guardia de Su Majestad, el cabildo de la
Iglesia Mayor, la Real Chancillería con su presidente, el Tribunal de la
Inquisición en pleno y la triste procesión de los reos.
El afamado Melchor Cano pronunció el sermón;
más tarde se produjo la siempre temida lectura de las sentencias: quince
reconciliados y otras tantas condenas supremas; el pueblo observaba con interés
las reacciones de los protagonistas, la contrición y lágrimas de unos y la
impasibilidad inquebrantable del resto; más tarde, en la Puerta del Campo, se
erigieron y ardieron las hogueras: un espectáculo didáctico para castigar la
heterodoxia, demasiado drástico pero popular. Todos pudieron ver, a la vez, a
sus reyes (el 8 de octubre asistió el mismo Felipe II), a las autoridades
civiles y judiciales, al alto clero, la contundente denuncia de la herejía y la
procesión y castigo de los culpables (nobles, mujeres, sabios, jóvenes y
ricos).
El
luteranismo español tuvo dos focos fundamentales: Valladolid y Sevilla.
Prácticamente consecutivos, el primero fue menos numeroso pero más importante,
social y doctrinalmente. El precursor en Castilla había sido el italiano Carlos
de Seso. Su influencia sobre Pedro Cazalla, cura de Pedrosa y hermano del
capellán real Agustín de Cazalla y sobrino de la alumbrada María Cazalla, fue
decisiva. Persuadió a toda la familia, incluida su madre, Leonor de Vivero, y
desde su posición de influencia social extendió sus ideas entre un pequeño pero
influyente grupo de monjas, clérigos y abogados reconocidos, como domingo de
Rojas, Cristóbal de Padilla y Juan de Ulloa.
No
tardaron mucho en ser detectados y denunciados: la alarma fue terrible. La
herejía se había instalado en el mismo corazón del Imperio, infectando a
hombres de una sólida formación. El poder civil y eclesiástico no dudó en
aplicar el más duro y ejemplar de los castigos, rápidamente, para evitar que otros más cayeran en la
secta de Lutero. Procesados y condenados, la Inquisición de Valladolid
aplicó el máximo rigor en sus sentencias. En los dos Autos condenaron a muerte
por herejes a veintiséis personas -relajados- y quince reconciliados. Así se
desarticuló para siempre el foco protestante castellano.
Su
trascendencia venía determinada por el propio brote luterano y herético y por
las circunstancias del momento; asimismo, por la calidad social e intelectual
de buena parte de los penitenciados: influyentes nobles (Luis y fray Domingo de
Rojas, hijos del marqués de Poza), clérigos (el doctor Cazalla), monjas
tituladas y hombres de letras. Gentes inquietas espiritualmente dirigidas por
la familia Cazalla. El miedo a que fuese una caja de resonancia mucho mayor
provocó que Carlos V, desde Yuste, pidiese a su hija Juana de Austria que
utilizase toda la rapidez y severidad, política e inquisitorial, en la
represión; así lo hizo; con una teatralidad, escenografía, concurso y eficacia
dignísimas (y con cuatro monjas bernardas ejecutadas y quemadas).
Ese
era el clima de la Reforma en la Castilla del siglo XVI, definiendo y
caracterizando en gran medida sus mentalidades y la religiosidad popular
reinante durante el resto del Antiguo Régimen. El catolicismo militante
triunfaba como ideología dominante y sus prácticas colectivas se irían
asentando y extendiendo definitivamente a lo largo de toda la centuria y en la
etapa posterior barroca, hasta identificarse plenamente los planteamientos
regios, los de la Iglesia oficial y los vividos diariamente por la gran mayoría
de la población analfabeta.
Sobre
la base de la conmoción religiosa del siglo XVI que marcó el devenir europeo,
el discernimiento de las mentalidades colectivas y la religiosidad popular
castellanas resulta hoy imprescindible para poder llegar a conocer las
actitudes, los comportamientos y las manifestaciones públicas de buena parte de
la población, urbana y rural, hasta bien entrado el siglo XVIII. Así, aquella España intolerante, imbuida de celo
reformista y para diferenciarse de los protestantes, fue moldeando la vida de
sus fieles en todo aspecto familiar, económico o de manifestación festiva y
artística. Para su afianzamiento y proselitismo recurrió a la autoridad
política, configurándose entonces la iglesia nacional, en un proceso de
'confesionalización' que contribuyó a reforzar el ideal renacentista de una fe, una ley, un rey.
Antes
y después del concilio de Trento (1545 - 1563) Castilla sobresalió por su
identificación con la defensa de la unidad de la fe, por su ‘misticismo’
ortodoxo, su esplendor artístico sacro, su riqueza de ritos marianos y de
cultos al santoral y su fecundo espíritu misionero; y para ello se apoyó en la
maquinaria y control ejercidos por su temida y omnipresente Inquisición.
Todo
se sacralizó entonces, proceso al que no fueron ajenos los fecundos movimientos
culturales y artísticos, de mentalidades y sociales del Humanismo renacentista
y del Barroco hispano, tendentes a mantener la ortodoxia más estricta frente a todos los enemigos más que a
interiorizar la fe; más a convertir al clero en el centro de la vida religiosa
que a entrar de lleno en las controversias dogmáticas del momento, al
reafirmarse que la unidad religiosa de la monarquía era condición básica para
su unión política.
Y al
afianzarse en España la intolerancia ante
el desorden, la difusión de la literatura religiosa (vidas ejemplares de
santos) se convirtió en baluarte clave para la divulgación de las prácticas
espirituales colectivas, lo mismo que el protagonismo dado a las rogativas y
misiones públicas y a las representaciones artísticas como vehículo de la
propaganda conciliar o el fomento de ciertos cultos muy populares y ligados a
la 'piedad barroca' -en altares, imágenes, relicarios o medallas-, como el
eucarístico, el mariano o el de las almas del Purgatorio; vía cofradías,
confesiones masivas, procesiones de Semana Santa o del Corpus, capillas,
oratorios, santuarios, peregrinaciones y advocaciones marianas y del santoral.
Todo
se basaba en el culto y en los rituales externos. Se produjo entonces una
sacralización del espacio, del tiempo y del ambiente, y se asentó una sociedad
clerical y clericalizada, con sus ciclos festivos religiosos claves, con
multitud de sermones, procesiones y rogativas que provocaban que la vida (las
letras, los oficios, etc.) siempre contase con cofradías y patronos celestiales
y con protección celestial. Actitudes de sacralización, sociabilidad y
publicidad que se rodeaban de rituales funerarios, no sólo en los cementerios,
hasta más allá de la muerte física.
El
binomio Iglesia - Cultura estuvo tan intrínsecamente unido en España durante
los siglos del Antiguo Régimen que su nexo marcó buena parte de las actitudes cotidianas
y de las pautas de comportamiento generales de aquella sociedad. La sociedad
estaba sacralizada y se confundían los intereses del clero con los populares;
los terrenales con los espirituales; y 'buen vivir' con 'bien morir'.
En
ese clima, vallisoletanos y segovianos vivían y morían -se bautizaban, casaban
y enterraban; festejaban, vestían, hablaban, rezaban, ayunaban, reían, se
hermanaban, procesionaban, maldecían
y se confesaban- de forma muy parecida
13 1618: La Fuente Dorada citada por Cervantes en 'La ilustre fregona'
La primera fuente en esta
zona de la ciudad data del año 1618. Fue diseñada por Diego de Praves, maestro
mayor de las obras de Su Majestad en Castilla la ViejaAunque
la plaza comenzó a ser oficialmente denominada como de la Fuente Dorada en
1853, la primera fuente dorada que se colocó en este lugar fue dos siglos
antes. La fuente fue una de las ocho proyectadas en la ciudad para acercar el
agua procedente de un manantial situado a cinco kilómetros de la capital, en el
entonces término de Argales. Finalmente, por falta de fondos, solo se
levantaron tres. Estaba prohibido lavar en ella y que los animales bebieran.
Corría el año 1618. Diseñada por Diego de Praves, maestro mayor de las obras de
Su Majestad en Castilla la Vieja.
La fuente monumental estaba compuesta por una
taza octogonal en cuyo centro se elevaba una columna sobre la que descansaba
una bola de bronce dorado, rematada por una aguja, también dorada, y rodeada de
ocho pequeños caños, que desaguaba a través de otros cuatro caños de bronce en
un pilón inferior. Desde el principio comenzó a conocerse popularmente como la
Fuente Dorada. Miguel de Cervantes la cita en su obra 'La ilustre fregona',
donde alaba la calidad de su agua.
Debido al deterioro, en 1759, el Ayuntamiento
decidió sustituir la bola de bronce dorado por una figura de piedra: una
alegoría de la Primavera, que se colocó sobre una peana en forma de macetero
con flores, rodeada de delfines que hacían la función de caños. La figura femenina
se doró para que la fuente no perdiera su particularidad. Al poco tiempo, una
pedrada dejó a la figura descabezada; permaneciendo así durante años y pasando
a conocerse la fuente como la de la primavera sin cabeza. Años más tarde, la
figura femenina fue sustituida por una tinaja. Y así permaneció hasta mediados
del siglo XIX.
En 1840 el Ayuntamiento decidió sustituir la
tinaja por una nueva estatua de piedra, esta vez del dios Apolo. Debido a las
dimensiones de la escultura, el Consistorio tuvo que erigir un pedestal, que
colocó en el centro de un estanque circular. La fuente tenía entonces cuatro
caños. Entre 1842 y 1844 se colocó una reja alrededor, sobre un zócalo, cuya
piedra se reutilizó de los restos de la torre de la Catedral, que se había
hundido
En 1876 la fuente cambió de ubicación,
colocándose en el centro de la plaza, y la estatua de Apolo fue sustituida por
una columna con cuatro caños, rematada por una farola. Años después se cambió
la farola por otra de cuatro brazos con faroles fernandinos. Y así permaneció
hasta 1948. El arquitecto municipal Miguel Baz proyectó una nueva fuente: un
estanque rectangular realizado en piedra sobre el que descansaba un gran pilón,
al que se accedía por cuatro escaleras dispuestas en forma de cruz. En el centro,
un pedestal cuadrangular, con escudos dorados de la ciudad en sus cuatro caras.
En los ángulos de la fuente se hallaban otros cuatro estanques que recogían el
agua vertida por caños con forma de cabeza de león. Sobre el pedestal, una
nueva escultura; en esta tercera ocasión, del dios griego Hermes.
Hasta ese momento, la figura, fundida en
hierro, había ocupado una hornacina del zaguán de la casa familiar del marqués
de Casa Pombo: el Palacio Villena. En su mano derecha empuña en alto una
antorcha. Para retomar la tradición, la escultura fue pintada de dorado, por lo
que los vallisoletanos, en tono jocoso, comenzaron a conocerla como Don
Purpurino. Esta estatua apenas permaneció tres años sobre su pedestal. Hoy
puede verse en un parque de la localidad vallisoletana de Tamariz de Campos.
La estatura de Hermes que presidió la Fuente Dorada en 1948, hoy en la localidad vallisoletana de Tamariz de Campos.
En su lugar se colocó una columna de piedra
rematada con cuatro brazos de los que colgaban grandes faroles, trasladada
después a la Plaza de la Trinidad, donde hoy permanece. Cuando se reformó la
zona, años después, se colocó en un rincón una pequeña fuente, del mismo modelo
que las del resto de la ciudad, y desapareció la fuente monumental que hasta
entonces allí había lucido.
Fue en 1998 cuando el Ayuntamiento decidió
desempolvar la Historia y volver a colocar en esta plaza de la ciudad una nueva
gran fuente monumental, esta vez ornamental. Coronada por las primitivas bola y
aguja doradas, la actual Fuente Dorada, obra de Fernando González Poncio,
consta de un gran pilón y un soporte de forma ochavada, que alterna caños en
forma de mascarones con esculturas alusivas a cuatro gremios: aguadora, botero,
soldado y loriguero, con inscripciones a sus espaldas de 43 viejos oficios.
14 Semana santa de Valladolid
La Semana Santa de Valladolid es
el principal acontecimiento cultural, religioso y de atracción turística de la
ciudad. Sus tallas se encuentran entre las de mayor valor artístico del mundo
en escultura policromada, gracias sobre todo
a imagineros como Juan de Juni y Gregorio Fernández,
activos en el periodo en que la ciudad fue Corte imperial. El Museo
Nacional de Escultura de la ciudad cede un total de 42 imágenes (distribuidas
en los correspondientes pasos) para las procesiones, como hecho museístico
singular en España.1 La
Semana Santa de Valladolid ha sido calificada como la que representa con mayor
fidelidad, rigor y detalle la Pasión.2
Además
del valor artístico y catequético de su imaginería religiosa, la Semana se
caracteriza por la devoción, sobriedad, silencio y respeto de los cofrades y el
público, y por actos singulares como la Procesión General de la Sagrada
Pasión del Redentor y el Sermón de las Siete Palabras de
la Plaza Mayor, que recuerda a los autos de fe del siglo vi.
Las
primeras procesiones en las calles vallisoletanas se celebraron en el
siglo xv, si bien
anteriormente las hubo en el interior de los conventos, donde nacieron
las cinco cofradías históricas: Vera Cruz,
Angustias, Piedad, Sagrada Pasión y Jesús Nazareno.
En los siglos XVI y XVII llegó el mayor esplendor escultórico, iniciado con las
obras de Juan de Junin y de. Con el XVIII se entró en una etapa de
decadencia, atemperada por la celebración de algunos actos de las cofradías
penitenciales y, desde 1810, de la Procesión General del Santo Entierro, hoy
denominada Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor, aunque de
forma irregular.
El Pregón de Semana Santa Tiene lugar en la tarde del
viernes de la IV Semana de Cuaresma, una semana antes del Viernes de
Dolores. Cuando ha coincidido con la festividad de San José, 19 de marzo, se ha
considerado apropiado trasladarlo de fecha, celebrándose el viernes de la
semana anterior. El pregonero es escogido por el alcalde de una terna
presentada por la Junta de Cofradías y que cuenta con la anuencia del
Arzobispo. Es presentado, junto con el cartel oficial, a mediados del mes de
enero.
En
la tarde del pregón, el protocolo se inicia con la firma del pregonero en el
Libro de Honor del Ayuntamiento, tras lo cual, acompañado por la Corporación
municipal, se dirige a la Catedral, donde es recibido a la puerta por el
Arzobispo y el Deán. Para la ocasión, se dispone en el altar mayor un montaje
de figuras que rememora alguna escena de la Pasión, en ocasiones enmarcada en
un gran decorado. Alcalde y Corporación Municipal ocupan los primeros asientos
del lateral izquierdo del altar, mientras que Arzobispo y Cabildo Catedralicio
ocupan los del derecho. Los primeros bancos frontales están destinados al resto
de autoridades.
El
acto finaliza con una intervención musical. El texto del pregón es editado y publicado
en forma de librillo por el Ayuntamiento, y puede adquirirse en los puntos de
la Junta de Cofradías, siendo una constante que, en la portada y la
contraportada, figuren dos fotografías del montaje que presidió el pregón el
año anterior.
Las
procesiones se inician el viernes de Dolores y se suceden hasta
el Domingo de Resurrección. El Arzobispado de Valladolid, siguiendo
escrupulosamente la liturgia, ha venido considerando la jornada diurna
del como no litúrgica, y por tanto, no apta para celebrar procesiones.
Con base a esta consideración, solo tienen lugar la Procesión de la Soledad, en
la madrugada y con ausencia de todo adorno en la imagen de Nuestra Señora
de las Angustias, y el Santo Entierro de Cristo, a última hora de la tarde, en
que se efectúa el traslado del Cristo Yacente, con el que se cierra la Pasión y
se espera a la Resurrección. Especial relevancia en la tarde del sábado, en
este ambiente de recogimiento, cobra el Ofrecimiento de los Dolores a la
Santísima Virgen, acto penitencial que se celebra en la iglesia de la Vera Cruz
a la Dolorosa de la Vera Cruz y que goza de gran fervor entre los
vallisoletanos.
Las
14 cofradías vallisoletanas alumbran un total de 57 pasos distintos, que se
describen dentro de su cofradía respectiva, celebrando un total de 37
procesiones.
1.
Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz:
vinculada al mismo convento, no consta la fecha de su fundación, pero sí que en
1498 el Ayuntamiento le otorgaba ayuda para la construcción de un
Humilladero en la Puerta del Campo..
2.
Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de
Cristo: vinculada a los trinitarios, fue fundada en 1531 y se agregó
posteriormente a la Venerable Compañía de San Juan Bautista Degollado
3.
Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús
Nazareno: vinculada con los agustinos del también desaparecido
Convento de San Agustín. Nació en 1596, aunque hay indicios de su existencia
anterior.
4.
Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad:
vinculada con los mercedarios del desaparecido Convento de la Merced
Calzada al ser refundada en 1578.
5.
Santa Cruz Desnuda Surgió en el
desaparecido Convento de San Francisco que se ubicaba en la Plaza
Mayor y ya existía en el siglo xiii;
la cofradía puede datar de finales del siglo xv.
6.
Cofradía de las Siete Palabras: Fundada en
1929 por un grupo de jóvenes deseosos de participar en las celebraciones de
Semana Santa. Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús atado a la Columna
desfilaba con insignias y distintivos propios de la Congregación Mariana,
7.
Cofradía del Santo Entierro: En 1930 Gandásegui
canaliza las inquietudes que un grupo de amigos, pertenecientes al Círculo de
Recreo, tenían sobre la Semana Santa.
8.
Cofradía Penitencial de La Oración del Huerto
y San Pascual Bailón Fundada el 13 de marzo de 1939 por un grupo de hortelanos
y jardineros, tuvo por fin primordial, alumbrar, acompañar y adornar con el
mayor esplendor el paso La Oración del Huerto de Andrés
de Solanes, que se conserva en la Iglesia Penitencial de la Santa Vera Cruz.
9.
Cofradía del Descendimiento y Santísimo
Cristo de la Buena Muerte: Creada el 26 de marzo de 1939 por un grupo de
cofrades reunidos en la sacristía de San Miguel y San Julián para alumbrar el
paso del mismo nombre, propiedad de la cofradía de la Santa Vera Cruz.
10.
Cofradía Penitencial y Sacramental de la
Sagrada Cena: Fundada en 1940 por un grupo de personas amantes de
la Eucaristía.
11.
Cofradía de la Exaltación de la Santa Cruz y
Nuestra Señora de los Dolores: Creada en 1944 en el seno de la Hermandad
Ferroviaria de la Sagrada Familia, se conocen sus actividades en la Semana
Santa desde 1938, en que acompañan al paso denominado Sitio.
12.
Cofradía del Santo Sepulcro y Santísimo
Cristo del Consuelo: Nacida en el año 1945 del entusiasmo de la
activa Asociación Josefina, dirigida por José
13.
Antonio Carrasco, de la orden de los
Carmelitas Descalzos. Hermandad del Santo Cristo de los Artilleros: Arma de Artillería´
14.
Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado y
María Santísima de la Alegría: Fundada el 30 de marzo de 1960. Cofradía del
Discípulo Amado y Jesús de Medinaceli. formada principalmente por periodistas y
empleados de la prensa,
15 1605 Valladolid capital del imperio
Valladolid
fue capital del Imperio español con Felipe III.
El 11 de enero de 1601 la corte del rey se trasladó de Madrid a Valladolid.
Un mes después, el 9 de febrero, el rey se mudó definitivamente a la capital
del Pisuerga, convirtiendo así a Valladolid en capital del Imperio español.
Aquí nacieron los tres primeros hijos del monarca. Desde su primogénita, Ana de
Austria, reina consorte de Francia por su matrimonio con Luis XIII y madre del
'Rey Sol', cuya casa natal sigue hoy en pie;
hasta el futuro rey Felipe IV. Cinco años y un par de meses después, el 4 de
marzo de 1606, su padre, por influencia del duque de Lerma, trasladó de nuevo
la corte a Madrid, perdiendo así Valladolid su título de capital del reino.
Dos
siglos más tarde, Valladolid volvió a ser capital del Imperio... pero esta vez
del Napoleónico, hecho menos conocido por los vallisoletanos. En España reinaba
por aquel entonces un francés: José
Bonaparte. Su proclamación como monarca -en junio de 1808- se debió a la
cesión de los derechos a la Corona española que le hizo su hermano Napoleón,
que a su vez los había obtenido, a la fuerza, de Carlos IV y Fernando VII el
mes anterior.
No
obstante, el reinado efectivo de José I -«premier et dernier» («primero y
último»), como le llamó en sus memorias el general Thiébault- comenzó el 7 de
julio de 1808. El hermano mayor de Napoleón, que ha pasado a la Historia como
Pepe Botella o Pepe Plazuelas, fue rey de España hasta el 11 de diciembre de
1813. El único símbolo de su reinado en un edificio público existente hoy se
encuentra casualmente en Valladolid: un escudo de piedra en la fachada de la
Iglesia de San Benito, que apareció durante la restauración del pórtico del
edificio en 2001, y que hasta entonces había permanecido oculto durante casi
dos siglos.
El
terror se apoderó de buena parte de la población que, sin pensarlo dos veces,
huyó en estampida a los municipios limítrofes e, incluso, a Madrid. Estableció
su residencia en el Palacio Real, frente a San Pablo,
convento al que el emperador de los franceses ordenó incautar todos sus bienes.
Se cuenta que la plata requisada sirvió para acuñar las primeras monedas con la
imagen de José I Bonaparte. Al día siguiente Napoleón pasó revista a sus tropas
en el Campo Grande -cerca de 9.000 soldados de infantería-. Abandonó
Valladolid, en dirección a Burgos, el día 17 de ese mismo mes de enero, día de
San Antón, el patrón de los animales. Fueron solamente once días los que permanecieron
en la ciudad; los once días en los que Valladolid fue capital de la Francia
napoleónica.
Salió
de la ciudad en secreto. Solo supieron de su partida su hermano, el rey José I;
su mano derecha, Louis Alexandre Berthier, príncipe de Neuchâtel y primer
mariscal del Imperio Francés; y otros tres mariscales de su máxima confianza.
Llegó directamente a la frontera. Valladolid fue la última ciudad española que
visitó antes de regresar a Francia durante la Guerra de la Independencia. Su
huida no significó el fin del dominio francés. Valladolid quedó ocupada por los
franceses hasta junio de 1813.
16 1623 Palacio Real
El día en el que el general César García del
Castillo llegó destinado a Valladolid se sorprendió al comprobar que buena
parte de los vallisoletanos se refería a ese gran edificio señorial de la plaza
de San Pablo como capitanía general y no como el Palacio Real. Es un reto que, para la ciudadanía, pase de
ser un edificio de los militares a convertirse en seña común de la ciudad».
Confía así en que este sea el año definitivo para que el Palacio Real se
convierta en «emblema. Y la Historia va a echar una mano, porque en este 2023
se cumple el quinto centenario de un inmueble que fue residencia oficial de
los reyes de España.
Aquí vivieron Carlos I, Felipe II, Felipe III
y nació el futuro rey Felipe IV. Un patrimonio que se ensalzará a lo largo de
2023 con un programa de cuarenta actividades presentado este lunes y en el que colaboran las
principales administraciones (Ayuntamiento, Diputación, Junta de Castilla y
León, Gobierno de España), además de la Universidad de Valladolid.
Su construcción comenzó en 1523 como vivienda para Francisco de los Cobos
(secretario de Estado del emperador Carlos V) y su esposa, María de Mendoza. El
17 de septiembre de 1600 pasó a ser residencial real con el establecimiento de
la Corte en Valladolid.
Fue la residencia oficial de los reyes de
España cuando Valladolid fue sede de
la Corte (1601-1606).Se
encuentra situado en la Plaza de San Pablo. Fue
habitado por los monarcas Carlos I, Felipe II y Felipe III y también por Napoleón durante la guerra de la Independencia. En él nació además el 8 de abril de 1605 el futuro rey Felipe IV. Ha llegado al presente con numerosas
alteraciones estructurales de sus primitivas trazas, concluidas en torno a
1528. Actualmente, es la sede de la IV Subinspección General del Ejército de
Tierra.
Vista nocturna del Palacio.
A pesar de que los reyes estaban presentes en
Valladolid a menudo, no contaban con un Palacio Real. Cuando la Corte se
asienta en esta ciudad, el palacio de Francisco de
los Cobos cumplirá esa
función. Hasta entonces residían en casas de nobles, con los que les unían
lazos de amistad.
Francisco de los Cobos fue secretario de
Estado con Carlos V. Nacido en Úbeda, De los Cobos forjó una impresionante carrera política. Se casa en 1522
con María de Mendoza y Sarmiento, hija de los Condes de Ribadavia, logrando así
el grado de nobleza que de cuna no poseía. De Los Cobos levanta su palacio
cerca de sus suegros (Palacio de los Condes de Ribadavia) y cerca de la Iglesia de San Pablo, según
un proyecto de 1524 del arquitecto real Luis de Vega. Está dispuesto en torno a un magnífico
patio renacentista.
Carlos I habitó el Palacio durante sus estancias
en Valladolid y en 1537 Isabel de
Portugal daría aquí a luz
al infante Juan que sólo sobreviviría unos meses. Felipe II aún príncipe vivió en el Palacio Real
de la ciudad su primer matrimonio con María
Manuela de Portugal y el
nacimiento de su primogénito Carlos. Santa Teresa
de Jesús habitó el Palacio
invitada por la marquesa de Camarasa cuando la religiosa llegó a Valladolid
para fundar en 1568 el primer convento de la reforma de la Orden del Carmen.
En 1601, a
instancias del valido del rey Felipe III
de España, el Duque de Lerma, se trasladó
de nuevo la corte a Valladolid, pero se volvió a mudar en 1606.
Durante este tiempo nacieron en este Palacio Real el futuro Felipe IV, y su hermana, Ana de Austria, que sería
reina de Francia y madre de Luis XIV. Estuvo suntuosamente decorado con pinturas y
mobiliario.234 La segunda boda del rey Carlos II, con Mariana de
Neoburgo, se llevó a cabo
en 1690 en la iglesia del Convento de San Diego, dentro del conjunto del Palacio.
Napoleón
Bonaparte se alojó en el
Palacio Real de Valladolid en enero de 1809, desde donde preparó diversos
planes bélicos y partió a sus guerras
centroeuropeas.
De sus dos patios, el primero es singular por
sus dos pisos de arcos carpaneles que posee decoración de medallones atribuidas
a Esteban
Jamete y escudos de los
diferentes territorios pertenecientes al Imperio
español, y el segundo -más
conocido como Galería de los Príncipes de Saboya- tiene arquería de medio punto
y una fuente central de mármol decorada con sirenas. La amplia escalera
principal, construida a finales del siglo xviii por Ventura
Rodríguez recuerda la
disposición y proporciones de la imperial del Alcázar de
Toledo. Ya en el siglo xvii se traza la nueva fachada con
torres a los extremos, dos primeras alturas exhibiendo una marcada sobriedad de
motivos que dio en llamarse herreriana, y la tercera, el ritmo alternante palladiano. Ello se encuentra hoy bajo la remodelación,
enfoscado y nueva decoración neorrenacentista de comienzos del siglo xx.
Desde el siglo xix acoge la Capitanía
General de la VII Región Militar (actual IV Subinspección General) del Ejército de Tierra. A
comienzos del siglo xx se
realizan importantes intervenciones, para llegar al presente con numerosas
alteraciones estructurales de sus primitivas tracerías.
17 1809 La
Guerra de la Independencia
El
escudo de José con el águila de
la Casa de Bonaparte sobre la puerta de la Iglesia de Monasterio de
San Benito es testimonio de la ocupación
francesa en la ciudad. Napoleón residió en el Palacio Real de
Valladolid en enero de 1809 en donde preparó y desde donde partió a
sus guerras centroeuropeas.
Valladolid
fue la ciudad elegida para albergar a las tropas francesas a su llegada a
España, debido principalmente a su situación en el eje Paris- Madrid- Lisboa
Durante la estancia de las tropas francesas se sucedieron altercados en la
ciudad, entre los vecinos y los soldados, a pesar de los continuos llamamientos
a la calma por parte de las autoridades de ambos.
Tras
las noticias del motín de Aranjuez la ciudad también se amotinó desde el
24 de marzo, durante varios días; se humilló la figura de Manuel Godoy
(su retrato acabó hecho pedazos y arrojado al Pisuerga), y culminó con el
asentamiento del Marqués de Revilla en la regiduría fernandista. El 31 de
mayo de 1808 se produce el dos de mayo vallisoletano: el pueblo se
agolpa en plazas y calles al grito de «¡Viva Fernando VII!», exigiendo, frente
a las casas consistoriales, el alistamiento general, la entrega de armas, la
designación de un jefe, y la proclamación de Fernando VII. El Cabildo
condescendió en ello, y los manifestantes pasaron a la Chancillería. La
insurrección despertó la preocupación del mariscal de Bessières. Como
consecuencia, se preparó la batalla de Cabezón que se produjo el 12 de
julio, con una derrota absoluta y retirada en desbandada del ejército dirigido
por García de la Cuesta, reunido en condiciones muy precarias.
Joaquín
Blake participó en numerosas acciones de guerra. El 14 de julio fue derrotado
junto con Cuesta en la batalla de Medina de Rioseco Blake, de origen
irlandés y presidente del Consejo de Regencia de España e Indias
(1810-1811) y jefe del Estado Mayor, murió en Valladolid en 1827.
La
ciudad fue finalmente liberada por el ejército mandado por Wellington, en
julio de 1812. El vallisoletano Evaristo Pérez de Castro fue diputado y
primer secretario en las Cortes de Cádiz teniendo un papel activo en
reclamar la soberanía nacional para las mismas tras la
invasión napoleónica. Una placa en el Oratorio de San Felipe
Neri en Cádiz le recuerda.
18 1836
|
Valladolid a mediados del
siglo XIX, vista de Guesdon tomada
sobre la Puerta de Madrid,
hoy desaparecida, que constituía la puerta de entrada a la ciudad en lo que
hoy es el Paseo de Zorrilla.
Se observan, también, varias hileras de árboles que delimitarían en un futuro
el Parque del Campo Grande.
En primer plano, a la derecha, aparece el convento del Carmen Calzado,
demolido en 1930. Un gran edificio con forma de octógono aparece cerca de la
entrada a la calle Santiago;
es la antigua Academia de Caballería,
que fue destruida por un incendio a principios del siglo XX. Se ve la Plaza Mayor
con el antiguo Ayuntamiento,
la Antigua y
la Catedral
sin ninguna torre. Al fondo y a la izquierda, la Judería del siglo XV y el Puente Mayor,
con su puerta fiscal, hoy desaparecida. Alrededor de la Catedral
se destacan los volúmenes de las iglesias de Las
Angustias, San Martín y
El Salvador. |
|
|
En
el Antiguo Palacio de Cardenas, luego Posada Caballo de Troya se alojó en
1836 un estrafalario inglés, George Borrow. Don Jorgito el inglés viajó
entre 1836 y 1840 para difundir el Nueva Testamento. Esto le permitió recorrer
medio España y ser protagonista o testigo de múltiples accidentes, reales o
imaginados. Su traductor, Manuel
Azaña, dice que Don Jorgito se interrogaba acerca del valor de
la existencia: ` ¿Qué es la verdad? ¿Qué es lo bueno y lo malo? ¿Para qué he
nacido? ¿Todo perecerá y será olvidado? Y como no encontraba repuestas, se
entristecía; al punto de que sus amigos temieron verle poniendo fin a sus días.
"Valladolid está en medio de un inmenso
valle abierto por una fortísima convulsión de la planicie castellana. Tiene
numerosos conventos, magnífica muestra de la arquitectura española. La iglesia
principal, muy antigua, está sin acabar y es de granito sin labrar. Es ciudad
fabril pero su comercio está en manos de catalanes. Posee una hermosa alameda
por la que corre el Esgueva.
Paramos en la Posada
de la Diligencia, pero a los dos días nos fuimos muy gustosos, porque el
alojamiento era malísimo y la gente de la casa por demás grosera. El dueño,
hombre de talla gigantesca y enormes bigotes, debía creerse un caballero
demasiado principal para fijar la tención en sus huéspedes, de los que, a la
verdad no estaba muy recargado, porque sólo estábamos Antonio y yo. Trasladamos
nuestros reales al Caballo de Troya, posada antigua a cargo de un
vascongado que, al menos, no se creía superior a su oficio .Las cosas andaban
muy revueltas por creerse inminente una visita de los facciosos. Barreadas
todas las puertas, construyeron unos reductos para cubrir los aproches. Al poco
llegaron los carlistas pero los nacionales, más decididos, les hicieron batir
en retirada sin disparar un tiro”
Amva
18
1855 Llegada del ferrocarril y creación del Banco de Valladolid
En 1855
se crea el Banco de Valladolid. En 1856 se fundó en Valladolid el decano de
la prensa diaria española, El Norte de Castilla resultado de la
fusión de otros dos diarios: El Avisador y El Correo
de Castilla
La
llegada del ferrocarril —Compañía del Nortea partir de 1860 y Compañía de
Ferrocarriles Secundarios de Castilla en 1884— a Valladolid supuso un gran
impulso y marcó la dirección de crecimiento de la ciudad. Durante este siglo la
ciudad no crece notablemente, pero su estructura interna cambia, se abren
nuevas calles, se abren nuevas plazas y jardines, como el del Poniente, se
reforma el Campo Grande y se encauza y desvía el río Esgueva lo que
supone el fin de las inundaciones en la ciudad. Todo esto es posible gracias a
la gestión de grandes alcaldes, como Miguel Íscar
El
22 de octubre de 1887 se inauguró el alumbrado eléctrico público en Valladolid:
por la noche, tuvo lugar la iluminación del Teatro Zorrilla y del Círculo
de Recreo Mercantil, así como de algunos cafés y casas particulares. La central
suministradora, de carácter térmico, estaba ubicada en una antigua fábrica de
tejidos, en la margen izquierda del río Pisuerga; era popularmente conocida
como «La Electra».Los vallisoletanos Claudio Moyano, Germán
Gamazo o José Muro serían importantes políticos en la España del
siglo xix.
La
ciudad se expande, creciendo del otro lado de la vía férrea en el barrio que se
llamará de Las Delicias. El abogado y político vallisoletano Santiago
Alba ocuparía varias carteras ministeriales en diferentes gobiernos entre 1906
y 1923, y sería presidente del Congreso de los Diputados durante la II
República. La ciudad vivió la inestabilidad propia de la política española de
las primeras décadas del siglo xx y
saludó la instauración de la República en 1931.
19
1883 Gran Tejería
Mecánica
En la ciudad se hacía sentir la falta de un gran
establecimiento que viniese a llenar las necesidades del consumo Dado el
incremento y desarrollo que en los últimos años han venido adquiriendo las
construcciones en esta capital, La primera de Castilla la Vieja, Gran Tejería
Mecánica que don Eloy Salió ha instalado en el barrio de San Juan de esta
ciudad, a la altura de las más perfeccionadas del extranjero, ha venido a
llenar este gran vacío que se dejaba sentir.
En ella se fabrican: teja plana, ladrillos prensados,
ladrillo huecos, especiales para bóvedas y tabiques, baldosillas, caballetes,
tubos, chimeneas, guardillas, adornos para fachadas y tejados, y toda clase de
productos en tierra cocida. Se sirven toda clase de pedidos para dentro y fuera
de la capital, por importantes que sean, y se fabrican productos de todas
formas a gusto del consumidor, remitiendo los diseños a la fábrica. Se remiten
catálogos y se dan cuantos detalles se crean necesarios. En la misma fábrica se
venden ladrillos refractarios a precios arreglados». Así se dirigía en Eloy
Silió «a los propietarios, arquitectos y maestros de obra» en un anuncio
publicado en 1884 en El Norte de Castilla.
El
matrimonio formado por Eloy Silió Gutiérrez y Modesta Cortés Villegas se
instaló definitivamente en Valladolid al morir Juan Domingo Cortés, suegro de
Silió. Llegaron junto a las dos hermanas de Modesta, Saturnina y Francisca, y
sus maridos, Frédéric Delibes, quien en 1885 abrió también en la capital su
propio negocio: la carpintería mecánica de D. Federico Delibes
El
matrimonio Silió-Cortés tuvo nueve hijos. Desde la fundación de la fábrica de teja
y ladrillo vallisoletana, Eloy Silió hizo apoderado a su primogénito, César
Silió Cortés, «asignándole 6.000 pesetas anuales» (de los años ochenta del
siglo XIX). Fue éste quien dio el relevo a su padre, fallecido en 1914,
llegando a ser el presidente del Consejo de Administración de la fábrica,
reconvertida desde 1904 en Sociedad Anónima La Cerámica.
Debido
al auge de la empresa, Eloy Salió decidió levantar una nueva factoría, con
maquinaria traída de Francia, concluida en 1908 (tal y como puede leerse en la
fachada del edificio hoy restaurado y reconvertido en oficinas y comercios).
Situado en la calle San Bartolomé (hoy Silió), el inmueble de nueva
construcción que comenzó a edificarse en 1907 para construir una fábrica de
productos cerámicos con motor de vapor. Supuso la primera estructura de
hormigón armado que se construyó en España,
El etnógrafo Joaquín Díaz defiende que este
apelativo deriva del nombre con el que se conocía a los trabajadores de La
Cerámica encargados del reparto del cemento de la marca italiana Pozzuoli, que
Silió distribuía en exclusiva para España. Este cemento, que se vendía en sacos
de papel grueso, se anunciaba como cemento 'puzolánico' o 'puzolano'. Y así se
empezó a llamar a los vallisoletanos que hacían los portes de este cemento por
los diferentes puntos de la geografía española. Y de los 'puzolanos' de antaño
a los pucelanos de ahora.
En
1915, ya con la segunda generación de Silió a los mandos, La Cerámica S. A. se
funde con la fábrica de tejas y baldosas La Progresiva de Castilla (ubicada en
el actual Paseo de San Vicente, antiguo camino de Canterac). En 1926 abrió
sucursales en Madrid y Reinosa. En 1993 el edificio perdió su uso industrial y
la fábrica se trasladó a las afueras de la ciudad.
20
1887
Las placas de las
calles de las ciudades esconden más que un nombre y muchas veces no reparamos en la historia del personaje que hay
detrás. Porque algo importante hay que hacer para tener una vía en tu honor. En
Valladolid, uno de los casos más relevantes, por la importancia de la calle en
sí, es Miguel Íscar, que cruza desde Plaza España hasta la de
Zorrilla y que además tiene conexión directa con Santiago y la acera de
Recoletos. La flor y nata de las calles de Valladolid, vay
De Míguel Áscar es que fue alcalde de
Valladolid entre 1877 y 1880, cuando falleció por un derrame seroso cerebral.
Durante sus tres años al frente del Ayuntamiento impulsó infraestructuras de
gran relevancia que todavía se mantienen en pie y que son grandes puntos de
interés de la ciudad. «Su alcaldía fue extraordinariamente fecunda en
realizaciones prácticas de tal modo que tras su gestión de fisonomía de la
ciudad quedó prácticamente transformada», resume la académica e historiadora
María Antonia Fernández del Hoyo en el libro 'La historia de Valladolid'.
«Muchas de sus obras se llevaron a cabo tras su muerte», añade.
Una de las construcciones más trascendentales durante su alcaldía
fueron los tres mercados de la ciudad. El de Portugalete, el Campillo de San
Andrés -ubicado en su día en Plaza España- y el del Val, el único que se
mantiene en pie. Precisamente este era el más pequeño de los tres en cuanto a
superficie, si bien era el más alargado. El del Campillo, ubicado ahora en su
plaza, mantiene un recuerdo en Plaza España, donde se encuentra un mercado de
productos frescos bajo un techo que rememora el primer emplazamiento del
edificio. El del Campillo fue el primero en terminarse y se inauguró con una
comida en la que su constructor, Jacinto Peña, invitó a comer en el edificio a
300 personas sin recursos.
Miguel Íscar también realizó obras menores, como en la plaza de
Santa Cruz, donde derribó las tapias que cercaban el palacio para abrir el
emplazamiento. Pero sin duda, su obra más importante fue la transformación de
Campo Grande. Aunque el parque tiene su origen en el siglo XVIII, sus primeras
reformas simplemente constaban de paseos rectilíneos frente a Recoletos. Con
Miguel Íscar el Campo Grande se transformó en lo que conocemos en la
actualidad. Su idea era rehacer los paseos exteriores, transformar el espacio
en un jardín paisajístico, con líneas curvas, abundante de vegetación, agua y
elementos decorativos. Todo ello bajo la idea de un jardín romántico.
Las críticas venían del
excesivo gasto e incluso por la elección de las especies arbóreas. Fue aquí cuando se construyó el conocido
estanque y la cascada del parque. Cabe destacar que esta última está compuesta
de las piedras del antiguo Ayuntamiento y está decorada con estalactitas de la
cueva de Atapuerca. Sobre la demolición del consistorio repararemos más
adelante. De nuevo en el Campo Grande, Miguel Íscar no vio completa su obra,
pues falleció en 1880 con solo la mitad del proyecto terminado. Los homenajes
no se hicieron esperar en Valladolid y en el Campo Grande se construyó más
tarde, tras una suscripción pública, la fuente de 'La Fama' y un busto del
alcalde, ubicado en el paseo central. La idea de poner una calle en su honor se
tomó el mismo día de su muerte.
Otra de sus labores importantes fue el derribo
en el año 1879 de la casa consitorial, una construcción de estilo herreriano
que primero se pensó en restaurar, algo impensable debido a su estado ruinoso.
El proyecto del nuevo Ayuntamiento, el que se conoce en la actualidad, no
nacería hasta años más tarde. Durante la breve alcaldía de Miguel Íscar también
se eliminaron los ramales de la Esgueva para su canalización en un caudal
único. Además, realizó gestiones para la construcción de una nueva sede para la
Facultad de Medicina. Si bien el Conde Ansúrez fue el repoblador de Valladolid, Miguel
Íscar fue quien impulsó la ciudad en materia urbanística.
21 : 1888
El Pasaje Gutiérrez
El pasaje Gutiérrez es una galería
comercial cubierta de la ciudad de Valladolid inaugurada en 1886,1situado entre las calles
Fray Luis de León y Castelar. Este tipo de galerías surgen en París como consecuencia de
la revolución industrial del siglo XIX. Fueron concebidos como pasadizos
que servían de comunicación entre calles concurridas y destinados a ampliar
espacio para el comercio. En España el Pasaje Gutiérrez, junto con el Pasaje de Lodares de Albacete y el Pasaje del Ciclón de Zaragoza, son los 3 únicos ejemplos
que quedan de este tipo de galerías.
Se construyó
a instancias de Eusebio Gutiérrez, quien encargó en 1886 al arquitecto Jerónimo
Ortiz de Urbina,1 autor del colegio
San José de Valladolid, el
proyecto de una galería comercial que comunicase las zonas de la Catedral y la Plaza
Mayor, zonas que en la
segunda mitad del siglo XIX conocían un rápido progreso económico. Este
dinamismo había impulsado la creación de cafés, tertulias, casinos, como, por
ejemplo, el Círculo de
Recreo, y zonas burguesas como
la Acera de
Recoletos.
El proyecto de Ortiz de Urbina tomó como modelo las galerías comerciales
que ya habían aparecido en Francia, Italia y Alemania. Es un ejemplo de la arquitectura beaux-artiana.
Esta terraza acristalada, conocida
como La Pajarera gozó
del favor del público durante los años en que estuvo abierta.
Era una copia de los bistrós parisinos
Foto: José Miguel Ortega
en la que se combinan los órdenes
clásicos con las nuevas tecnologías de entonces, como eran la cubierta de
hierro y teja de vidrio y la iluminación a gas que se observa en los brazos de
los globos de luz, que son originales. En el balconcillo con el
Las fachadas exteriores están construidas en
ladrillo y presentan antepechos de hierro forjado en los balcones. Las puertas
de ingreso son de rejería y llevan la inscripción de las fechas de su
construcción y del nombre de la galería: 1885-86 Pasaje Gutiérrez
La galería se desarrolla en dos tramos,
enlazados por una rotonda bajo una gran cúpula de cristal que cobija una
escultura que imita el renacentista Mercurio1 de Juan de Bolonia como representación del dios del
comercio. La rica decoración pictórica y escultórica, con alegorías de las
estaciones y el comercio, enmascara la pobreza de los materiales empleados, que
ha hecho necesaria la restauración para recuperar su esplendor. Las cubiertas
forman un sistema independiente del resto del pasaje. La estructura de los
soportes es de madera salvo en la cubierta de la rotonda central. Los techos se
adornan con buenas pinturas de Salvador Seijas, representando temas mitológicos y
alegóricos, y ornamentación de estucos y motivos vegetales.
La idea de este pasaje era crear una elegante
zona comercial destinada a la alta y media burguesía vallisoletana que pudiera
ofrecerles productos llegados de Europa. El pasaje dejó de funcionar y dar
dinero escasos años después de su inauguración y quedó sumido en el abandono. Tras
su restauración a finales del siglo XX, su actividad comercial resucitó,
surgiendo varios comercios instalados en los locales de su interior.
Aunque su inauguración oficial no tuvo lugar hasta el 24 de
septiembre de 1886, el Pasaje Gutiérrez comenzó a ser parte de la historia de
Valladolid un año antes: la fecha está labrada en la reja de la entrada
principal, por la calle Fray Luis de León. 1885 puede leerse en unas cifras de
evidentes rasgos modernistas.
Deñado por el arquitecto vitoriano Jerónimo
Ortiz de Urbina, a instancias del acaudalado empresario de origen cántabro
Eusebio Gutiérrez (se dedicaba a la compra de terrenos y a la construcción,
tenía dos fábricas de harina, en Tudela y cerca de Villagarcía de Campos,
además de una ferretería en la calle de Cantarranas, una fábrica de resinas y
otra de producción de aceites y jabones), del que recibe su nombre, el Pasaje
Gutiérrez fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de monumento
histórico-artístico en 1998. La razón social Gutiérrez y Urrutia construyó el
grupo de cuatro casas, con el pasadizo que atraviesa las plantas bajas, con la
finalidad de instalar comercios. Pero «el murmullo de las conversaciones de los
paseantes y la música de los conciertos que allí se dieron se marchitaron con
la misma rapidez», recogían las crónicas de principios del siglo XX.
El
año del centenario de su inauguración lo celebró con la noticia de su restauración,
tras ceder sus propietarios la propiedad de uso del paseo al Ayuntamiento, a
cambio de su rehabilitación. Pero ésta no se hizo efectiva hasta finales de
1987. Fueron los arquitectos Ángel Luis Fernández y Fernando Inglés, al frente
de un equipo de alumnos de la Escuela de Arquitectura, los encargados de
redactar el proyecto de rehabilitación.
La
actual cubierta acristalada, con vidrio de la fábrica de cristales de La
Granja, Segovia, no es la original, que estaba decorada con yeserías. El grupo escultórico
formado por dos niños que sostienen un reloj, en el balcón próximo a la entrada
desde Fray Luis de León, es del taller parisino de Jules Visseaux, y
representan a los protagonistas de la novela 'Paul et Virginie', de
Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre. Otro de los elementos más reconocibles
del Pasaje es el Mercurio (dios del Comercio) que preside la plaza central;
copia de la obra de Juan de Bolonia.
En
el pedestal figura la inscripción de la fundición francesa Val d'Osne (Sociedad
de Altos Hornos y Fundiciones de Arte del Val d'Osne). La escultura se eleva
desde el suelo por un mascarón (el dios Eolo) que sopla bajo uno de sus pies.
En los ángulos de la rotonda se levantan cuatro figuras de terracota que
representan las cuatro estaciones del año: otoño (con una copa en la mano),
verano (ramo de espigas), primavera (con flores sobre una bandeja) y el
invierno (con frutos, una corona de acebo y un jarrón brasero de estilo romano
a sus pies). Las pinturas del techo son obra del artista palentino Salvador
Seijas Garnacho. Cinco composiciones al fresco que representan las alegorías
del Comercio, la Industria, la primavera, la
Agricultura, y Apolo y las Bellas Artes.
22 1891: La primavera de Leonor Ruiz de Caraban
A pesar de haber triunfado como poetisa y autora de obras
teatrales, de haber recibido elogios del público y de la crítica y de ser
objeto, además, de alabanzas en verso por parte de algunos colegas de su época, Leonor Ruiz de Carabantes de Fraile,
soriana de nacimiento y afincada durante mucho tiempo en Valladolid, aparece en
numerosas recopilaciones de escritoras del siglo XIX pero sigue siendo una
completa desconocida.
Encontramos noticias
de ella en prólogo del agustino Conrado Muiños Sáenz a su poemario 'Flores y
Espinas', una de las obras más destacadas de la soriana. Gracias a Muiños
sabemos, en efecto, su lugar de nacimiento: «ha nacido y visto deslizarse su
infancia a la sombra de un campanario y bajo el manto de la popularísima Virgen
de la Llana en un pintoresco rincón de la religiosísima tierra de Soria»,
señala el fraile. Ignoramos por el momento, sin embargo, la fecha exacta de su
nacimiento.
Lo que sí sabemos, porque así lo reflejó el citado
prologuista, es que siendo muy joven se trasladó a Valladolid, donde estableció
su domicilio y se dio a conocer por sus escritos. Primeramente en la Casa de
Cervantes, donde en septiembre de 1881 leyó
una composición poética, y con más éxito al año siguiente con ocasión del
tercer centenario del fallecimiento de Santa Teresa de Jesús: su 'Oda a Santa
Teresa' fue bien recibida entre los círculos literarios de la capital.
De su etapa vallisoletana son algunas obras teatrales como
las comedias 'Por un descuido' y 'Amparo', ambas de 1882, el sainete cómico
'Por vestirse deprisa', estrenado al año siguiente en el Teatro de la Comedia,
y, en este mismo recinto en marzo de 1885, 'Lo que encubre una levita', drama
escrito en verso y estrenado a beneficio de dos artistas residentes en
Valladolid.
La inspiración religiosa de las primeras composiciones de
Leonor Ruiz de Carabantes se frenó en seco cuando, a mediados de los 80 del
siglo XIX, la joven soriana se prendó del liberalismo progresista. Así lo
acredita su sonada participación en la «velada libre-pensadora» celebrada en
Valladolid el 18 de febrero de 1886, en la que leyó el poema titulado «Al libre
pensamiento»; publicado posteriormente en periódicos de tirada nacional, en él
ensalzaba el pensamiento libre calificándolo como «la luz pura y divina que
vivifica y regenera el mundo».
Inserto en esta misma tendencia figura su libro de poesías
'Crisálidas', publicado en 1887. Con prólogo de Amalia Domingo Soler y carta de
Sor Juana María de la Transfiguración, en él la soriana expresa su fijación por
el mundo de lo sobrenatural y su afición por el pensamiento libre: «Sus versos
revelan facilidad de versificador, vuelos de poeta y un entusiasmo grande por
nuestros Ideales», destacó el periódico 'Las Dominicales del Librepensamiento'.
El mismo Salvador Sellés, escritor y miembro de la masonería, le dedicó un
poema laudatorio.
Poco le duró, empero, aquel alarde de progresismo. Según
Muiños, su matrimonio con Juan Fraile, maestro de profesión, la condujo de
nuevo al redil de la Iglesia: «Es verdad que no está su alma en aquellas
inspiraciones nacidas de una alucinación pasajera, borradas después con
lágrimas de cristiano arrepentimiento. (…). El llanto regeneró aquella alma
pura y hermosa, víctima de un extravío momentáneo hijo de la inexperiencia y de
la curiosidad femenina, y la tribulación le hizo ver claro y volver los ojos a
sus creencias de niña».
A partir de entonces se centra en la poesía. Su libro 'Flores
y espinas. Poesías líricas a la Santísima Virgen', publicado a principios de
1890 y dedicado a las infantas reales, se lo entregó en mano a la reina regente
María Cristina de Habsburgo-Lorena, y fue propuesto por el gobierno como libro
de texto en las escuelas. También de 1890 era 'Flores de mayo para coro con
acompañamiento de órgano o piano', con música de Tomás Fernández Grajal, «muy a
propósito para las Iglesias con motivo de las próximas Flores a María»,
señalaba la publicidad de aquel año.
Leonor Ruiz de Carabantes, cuya muerte en Madrid anunció el
'Noticiero de Soria' en agosto de 1900, prodigó también las colaboraciones periodísticas.
Su firma, en efecto, apareció en 'La Luz del Porvenir', 'La Unión Católica',
'El Oriente de Asturias' y 'La Correspondencia de España'. Desconocida hasta
ahora por el gran público, es una de tantas escritoras que demandan ser
rescatadas del olvido. , su inmediato matrimonio la hizo retroceder
en esta apertura de su mente, y poco a poco fue recuperando su antiguo talante
conservador hasta convertirse en la perfecta esposa cristiana.
Además
de estas obras en verso, Leonor Ruiz Caravantes de Fraile fue muy conocida por
sus piezas dramáticas, algunas de las cuales fueron llevadas a las tablas
vallisoletanas con notable éxito de crítica y público. Entre ellas destacan.
-
Por un descuido (1882).
No se sabe si llegó a ser estrenada alguna vez.
-
Amparo. Fue estrenada en
Valladolid en 1882, aunque se ignora en qué recinto teatral.
-
Por vestirse deprisa. Se
trata de un sainete cómico escrito en verso, que fue llevado a las tablas en el
teatro Calderón de Valladolid en 1883.
- Lo
que encubre una levita. Drama escrito en verso y compuesto de
tres actos, que subió al escenario del citado teatro Calderón en 1885.
23
1894 Frontón Fiesta Alegre
Coronado por una cubierta de cerca de 7.000
cristales, realizado con un millón y cientos mil ladrillos prensados, 80.000
kilos de hierro en forma de vigas y armadura de la cubierta, 1.971 metros
cuadrados, 24 metros de altura... El frontón vallisoletano Fiesta Alegre fue
inaugurado en 7 de septiembre de 1894 «con un brillante partido de pelota entre
Irún y Araquistain, blancos; contra Muchacho y Sarasúa, azules. A cincuenta
tantos, a sacar de los siete cuadros y con doce pelotas finas de Modesto Sainz,
de Pamplona. Ganaron los azules. Hubo un segundo encuentro de veinte tantos, a
sacar de los seis y medio, por los jóvenes Chiquito Aragonés y Celayeta,
blancos, contra Víctor Acha y Uría, azules, ganando los primeros».
Una
concurrencia selecta y numerosa, que ocupó el circo casi en su totalidad,
acudió gustosa y animada a presenciar este espectáculo verificado por primera
vez en Valladolid, quedando satisfecha y ofreciendo hermoso y agradable
conjunto, así en el interior del frontón como a la salida, que llenó de
carruajes y curiosos la ancha y dilatada calle Muro», pudo leerse al día
siguiente en la crónica de El Norte de Castilla
Emplazado
en la calle Muro, el frontón tenía capacidad para 2.716 espectadores. El
ideólogo fue el vallisoletano Ángel Chamorro, quien años después sería
presidente de la Asociación Patronal del Comercio e Industria de Valladolid.
Chamorro constituyó una empresa con los madrileños José Rodríguez y Valeriano
Macuso para construir el edificio. «Propónense además, dichos señores, utilizar
el local del frontón para diversos espectáculos, según las temporadas; así,
aparte de los juegos de pelota, podrán darse y se darán funciones de circo,
conciertos por grandes orquestas, exposición de curiosidades científicas y
recreativas, etc.», señalaba el periódico días antes de la inauguración oficial
del edificio.
Los
empresarios exigieron al constructor, al contratar la obra, que en cuanto fuera
posible, no saliese de Valladolid. Y así fue. La cubierta acristalada fue obra
de Leocadio Cilleruelo; los ladrillos, de la fábrica vallisoletana La Cerámica
de Eloy Silió; y el hierro, de la de Leto Gabilondo. El maestro de obras fue
Rodríguez Herrero, encargado de hacer los planos y de la dirección facultativa
de los trabajos; la construcción estuvo a cargo del contratista Romualdo
Martín, siendo director facultativo de la obra Santiago Herrero. En la
decoración, la parte de pintura fue ejecutada por Luis Gijón, y de la
carpintería por los sucesores de Pedro Anciles. «Puede decirse que de los
frontones cubiertos, Valladolid tiene uno de los mejores, acaso el mejor de los
construidos hasta ahora, por una porción de detalles en los que supera a los
demás edificios de su género», se aseguraba en la época.
El
edificio - como se aprecia en la fotografía- estaba completamente aislado. Fue
bautizado con el mismo nombre que un frontón inaugurado unos años antes en
Madrid. La fachada principal era de ladrillo y constaba de tres pisos. En la
planta baja había ocho puertas de arco. La fachada izquierda estaba formada por
un arco y un balcón y luego 17 arcos. Estaba coronado por una cubierta de
cristales, sostenida por catorce formas de bastidores y correas de hierro. En
1910 acogió una escuela circo-taurina y en 1913 fue adquirido por la Sociedad
Protectora del Obrero, que lo cedió a la Asociación Católica de Escuelas y
Círculos Obreros, que lo convirtió en Casa Social Católica en Valladolid, tras
someterlo a una importante reforma, inaugurándolo de nuevo en 1915.Después pasó
a acoger el Teatro-Cine Hispania, hasta 1940. Durante unos años permaneció
cerrado y sin uso; hasta que en 1945 se quedó con él el Frente de Juventudes,
pasando a llamarse Teatro del Frente de Juventudes. Finalmente fue derribado en
octubre de 1967
24 Desamortización
Valladolid vive ese tiempo una época de esplendor en el
XIX con la desamortización y el ferrocarril. Se transfieren los inmensos
huertos y jardines de los conventos y se crean nuevas calles; se reactiva el
comercio y cambia la estructura urbana abriéndose plazas y jardines, como el
del Poniente. Se reforma el Campo Grande y encauza el Esgueva. Como suele ser
normal, la bonanza económica, financiera y urbana, coincide con buenos
políticos, como el regidor Miguel Áscar. Hoy, algunos políticos están más en
los juzgados que en sus puestos de trabajo.
Ya en el XX, la ciudad se
expande, creciendo del otro lado de la vía férrea, en el barrio de Las
Delicias. En temas políticos, el 4 de marzo de 1934 se fusionan en el Teatro
Calderón Falange Española y las JONS. Tras el levantamiento que trajo la Guerra
Civil, Valladolid queda en la zona nacional. A partir de 1950, Pucela
experimenta un importante cambio por la instalación de industrias promovidas
por ilustres vallisoletanos: Fasa/ Renault, Iveco, Endasa, Tafisa, Nicas,
Acor… Ahora Renault e Iveco piden subvenciones (todos piden subvenciones
por aquí; esto es el jardín de las subvenciones) y las otras están cerradas.
No todo es bonanza: el Plan César Cort supuso
la mayor pérdida de patrimonio urbano desde el incendio de 1561: edificios
antiguos, conventos y claustros, incluyendo decenas de palacios renacentistas,
fueron demolidos para construir altos bloques de pisos.
Este Valladolid que aparece
ahora sumido (como el resto de España) en esta crisis que parece no tener fin:
crisis, inmobiliaria, financiera, industrial, económica, laboral,
institucional, política... y de valores. De la crisis, como de todas
las crisis, sociales o individuales, saldremos mejores. Esta nueva casta
política, analfabeta e inepta, parece empeñada en abrir un frente, Pero la
ciudad volverá a nacer. Balad al-Ward (بلد الوليد
25 1911 Casa del Barco
Situado entre las calles Muro y Gamazo, muy
cercano al también desaparecido Frontón Fiesta Alegre, el edificio conocido como Casa del Barco
(por parecerse su esquina a la proa de un barco), fue mandado construir a
principios del siglo XX por José Jalón, quien encargó su diseño al maestro de
obras Antonio Ortiz de Urbina, hijo del afamado Jerónimo Ortiz de Urbina, arquitecto
de origen vasco, conocido por trabajar en la modernización de Valladolid. El
edificio, en el número 14 de la calle Gamazo, se inauguró en 1911, dedicándose
siempre al alquiler.
Entre 1920 y 1950 el Hotel Gredilla fue, por
ejemplo, el inquilino de la segunda planta de este desaparecido edificio.
También en una de sus plantas se ubicó, en febrero de 1938, la sede del Fascio
Mario Mina, rama castellana del fascismo italiano, cuyo secretario fue
Pellicino Renzo. Su último arrendatario fue la Residencia de Estudiantes
Corazón de María, cerrada en 1968, un año antes de su derribo.
Coronando por una torre acabada en cúpula, el
edificio, de planta triangular, tenía cinco plantas: sótano, entresuelo,
principal, primera y segunda. De fachada austera, las plantas superiores
contaban con balcones que iban decreciendo de tamaño según ascendían: balconada
corrida en la planta principal y pequeños balcones en la primera, no existiendo
ya en la segunda. En el interior destacaba una escalera imperial que unía el
entresuelo con el piso principal, elemento renacentista que también se perdió
cuando el edificio fue derribado por completo en 1969.
Puestos
de venta en la Plaza Mayor en 1900
26 1931 La
Farola, el barrio de Valladolid creado por ferroviarios
Las casas molineras
construidas a principios del siglo XX
por obreros del ferrocarril darían lugar a La Farola, en la zona sur de la ciudad Alfredo García Conde, concejal elegido en las
elecciones del12 de abril de 1931 por el Partido Socialista, puso sobre la mesa
lo que, a su juicio, suponía un problema acuciante para numerosos vecinos: las
calles del barrio de la Esperanza carecían de nombre.
P
ara evitar trastornos, todos los ediles presentes en aquella sesión acordaron
por unanimidad secundar a García Conde en las primeras denominaciones: la
carretera situada desde el paso a nivel hasta el fielato de la Rubia se
llamaría Camino de la Esperanza; la calle próxima sería bautizada como calle de
la Aurora; la segunda, calle del Sol; y la tercera, calle de la Estrella.
Vista panorámica de la ciudad. A la izquierda el Monasterio del
Al fondo de izquierda a derecha sobresalen las iglesias de San Agustín, San
Benito, san Lorenzo, San Pablo, San Martín, Las Angustia, La catedral y La
Antigua. – Amva
Era
el 16 de abril de 1932 cuando esa amplia zona delimitada por el camino de la
Esperanza, la calle de Velázquez y la línea del tren, conocida como barrio
de La Farola o de la Esperanza, recibía la atención que se merecía por
parte del Ayuntamiento.
Y es
que no era ni mucho menos una zona cualquiera. Había comenzado a edificarse en
la segunda mitad del siglo XIX como consecuencia de la llegada del ferrocarril
y, por supuesto, de la demanda de suelo y vivienda de los inmigrantes que
venían a trabajar tanto en él como en otras industrias subsidiarias. Aquel
amplio espacio situado en las afueras de la ciudad contaba entonces con tres
parcelas rústicas que los recién llegados no tardaron en edificar. Las primeras
casas comenzaron a construirse hacia 1880. , en un primer momento se realizó
una tira de cuerdas de trazado perpendicular al de la carretera de la
Esperanza, que daría lugar a las calles Aurora, Sol, Luna y Estrella.
Ya daría
como resultado la configuración de manzanas adecuadas a un tipo de edificación
muy concreto: la casa molinera de autoconstrucción, una suerte de vivienda
rural inserta en el entorno urbano. El proceso de edificación adquirió un nuevo
impulso con la instalación, en el año 1900, de la Azucarera Santa
Victoria, pues algunos de sus trabajadores decidieron residir en el barrio.
Tres años más tarde, además, comenzó a funcionar el tranvía por el Camino de la
Esperanza.
Lo cierto
es que cuando el concejal Alfredo García Conde realizó su proposición, ya
estaba prácticamente colmatada la parcela central. Según parece, la
denominación del barrio respondía a la existencia de un disco o señal luminosa,
llamada «farola», que se empleaba para detener la entrada de los trenes en la
Estación. Sin embargo, varios ediles optaron por el nombre de barrio de la
Esperanza por las posibilidades y la prosperidad que aventuraban a esa zona de
expansión de la ciudad.
A partir de
1933 comenzó a ocuparse la parcela sur, que era propiedad de Joaquín Ibáñez.
Fue entonces, en la sesión del Ayuntamiento del 12 de agosto de ese mismo año,
cuando se aprobó el acta de apertura de las calles Goya, Eslava, Murillo y
Bretón. Continuaron edificándose, con cierto desorden, casas molineras y otras
con jardín delantero, pero también viviendas colectivas, almacenes y edificios
fabriles.
En la
década de los 50 se ocupó por completo la parcela norte, configurando así un
barrio formado mayoritariamente por casas molineras y pisos de bloque. Todavía
a finales de esa década, este periódico alababa el futuro prometedor de una vía
como el Camino de la Esperanza, «de inmejorable alineación y flanqueada por
buenos edificios». A partir de los años 60, sin embargo, el barrio de La Farola
se adentró en una fase de degradación de las edificaciones que concluiría,
mucho más adelante, con el derribo de muchos de los viejos inmuebles y su
sustitución por viviendas de nueva construcción que mejoraron considerablemente
los materiales y las condiciones de habitabilidad de las casas
27 Guerra Civil
en la provincia de Valladolid (1936-1939)
La tarde del sábado 18 de
julio de 1936 una columna de guardias de asalto ocupó la sede
de Correos y Telégrafos), la emisora de, la CNT, el Ayuntamiento
de la ciudad, y más tarde la Capitanía General de la VII Región Militar.
Con el importante apoyo de los los Jonsistas y de
los monárquicos alfonsinos, controlaron en poco tiempo toda la provincia,
procediendo a organizar una columna que marchó sobre Madrid través de los
puertos de Guadarrama y de Navacerrada, dando lugar a la primera
batalla de la guerra, la Batalla de la Granja,
El golpe
de Estado con el que comenzó la Guerra Civil triunfó en Valladolid,
quedando en la zona nacional, siendo uno de los 12 centros del levantamiento
militar.27
La guardia de asalto se sublevó a las 5 de la tarde del 18 de julio28 y los militares
sublevados en la noche del 18 al 19 de julio de 1936 se hicieron con el
control de las fuerzas militares tras detener violentamente a su legítimo jefe,
el general Molero.
Valladolid
se convirtió en la primera gran ciudad peninsular en la que triunfó la
sublevación.29
Con el importante apoyo de los falangistas y de los monárquicos
alfonsinos, controlaron en poco tiempo toda la provincia, procediendo a
organizar una columna que marchó sobre Madrid a través de los puertos
de Guadarrama (Alto del León) y de Navacerrada Así, la ciudad
quedó desde el principio de la contienda en el interior de la zona sublevada,
no perteneciendo al frente en ningún momento de la guerra.
Durante
la guerra y también una vez finalizada ésta, la represión
franquista fusiló en Valladolid en torno a 40 personas cada día.30
Allí, como en otras ciudades de la zona sublevada, los presos eran sacados por
la noche en camiones para ser fusilados en las afueras de la ciudad sin
siquiera el simulacro de un juicio.
El
general Mola enviaría un comunicado pidiendo que estas ejecuciones se hiciesen
en lugares más discretos y que se enterrase a los muertos, algo que hasta
entonces no se hacía.32 Se
estima en al menos 2500 víctimas mortales, y más de 7000 represaliados en toda
la provincia.
En
la capital, destaca como lugar de ejecuciones el Campo de San Isidro. El
cementerio del Carmen es por su parte uno de los lugares donde se ubica una de
las mayores fosas comunes de la guerra civil a nivel nacional.35
Entre las víctimas, destaca el caso del propio alcalde de Valladolid durante la
Segunda República entre 1932 y 1934, que había sido reelegido nuevamente en las
elecciones de 1936, Antonio García Quintana. Tras el levantamiento,
permaneció escondido hasta que fue delatado y fusilado en el Campo de San
Isidro de Valladolid el 8 de octubre de 1937.
La
ciudad también sufrió bombardeos de la aviación republicana siendo la
sexta ciudad de la retaguardia más bombardeada. El ataque más severo se produjo
el 25 de enero de 1938,36
cuando la ciudad fue víctima de un bombardeo republicano, en el que
murieron catorce personas y resultaron heridas otras setenta. La ciudad
permanecería en el bando sublevado hasta el final de la guerra, en 1939.
28 1940:
La Hermandad Universitaria del
Santo Cristo de la Luz
Es una de
las 20 cofradías que existen, en la actualidad, en la Semana Santa de
Valladolid, En las postrimerías del año 1940, el entonces Rector de
la Universidad de Valladolid, Cayetano de Mergelina y Luna,
inició las gestiones para crear una cofradía que agrupase a los miembros
docentes de dicha institución, a los estudiantes universitarios del Colegio de
Santa Cruz y a todo el profesorado de los diversos niveles de enseñanza, para
lo cual se dirigió al Ministerio de Educación Nacional.
Tras recibir respuesta
satisfactoria el 11 de febrero de 1941, el Presidente del Patronato del Museo Nacional de Escultura acuerda
la cesión de la talla del Cristo de la Luz (Gregorio Fernández, h. 1630) a la
Universidad para que se tribute culto en la Capilla Universitaria del
Colegio de Santa Cruz por la Hermandad que bajo su advocación ha de crearse.
Conseguida la imagen, los estatutos fueron aprobados el 20 de marzo de 1942.
La cofradía se
denominó Hermandad de
Docentes del Santo Cristo de la Luz y su salida procesional quedó
fijada a las cuatro y media de la tarde del Viernes Santo desde
el Palacio de Santa Cruz (Valladolid).
Comenzaba con el rezo del Santo Rosario, y al llegar al tercer misterio, se
iniciaba la procesión que abría la cruz alzada de la parroquia de Santa María de la Antigua para
dirigirse a la Catedral, en
cuyo interior se rezaba un Vía Crucis.
Este desfile
consiguió un gran arraigo entre los vallisoletanos, quienes todos los años se
congregaban en la Plaza de Santa cruz para contemplar la complicada maniobra de
extracción de la imagen desde el interior del Palacio de Santa Cruz, pero a principio de
los años sesenta comenzó una decadencia que la hace interrumpir su actividad
procesional a partir de 1965.
En 1992, un grupo de
jóvenes universitarios inician las gestiones para intentar procesional de nuevo
la imagen y recuperar esta tradición universitaria. Se convoca a los antiguos
miembros de la Hermandad de docentes y a la llamada tan solo acuden cuatro:
Antonio Alarcos, Ángel Allúe, Martín Santos y Engracia Niño. Se forma una nueva
Junta Directiva y se procede a la elaboración de unos nuevos estatutos pasando
a denominarse Hermandad
Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz.
A principios del
siglo XXI, al regresar de la Procesión General, en la medianoche del Viernes al
Sábado Santo, se comenzó a organizar el Traslado Solemne del Santísimo Cristo
de la Luz, donde la imagen partía del lateral del Palacio de Santa Cruz, por el
callejón del Padre Arregui, y recorría la plaza iluminada por las velas rojas
que portaban cofrades y pueblo fiel, culminando con la bajada de la imagen de
sus andas para ser colocado de nuevo en la capilla del palacio.
El Santísimo Cristo de la Luz es
obra de Gregorio Fernández (h. 1630), quien la
esculpió para la capilla de los Daza de la Iglesia del monasterio de San Benito
el Real, actual capilla del Santísimo Cristo del Consuelo -donde
hoy se rinde culto al crucificado del mismo nombre, también de Fernández-. Obra
de madurez de su autor, elogiada por escritores e historiadores (es
llamado La Perla), es una de sus cimas escultóricas, que plasmó la
actitud de este Cristo en los de los retablos mayores de la Catedral de
Plasencia (1625) y de la Cartuja de Aniago (1634).
29 1941
Polvorín de Antequera
En
1941 tiene lugar la peor catástrofe de este siglo en la ciudad
cuando explota el polvorín del Pinar de Antequera provocando más de
100 muertos.
Tras
la postración de los primeros años de la posguerra, desde los años 1950,
Valladolid experimenta un importante cambio, debido a la instalación de
industrias automovilísticas (como FASA-Renault y de otros sectores
(Endosa, Michelin, Nicas, Pegaso, Indalo). Era la época
del (1959-1973). La absorción de miles de emigrantes procedentes del
éxodo rural tetracampeón provoca un importante crecimiento demográfico y
urbanístico. Este hecho provocó la puesta en marcha de un planeamiento
urbanístico, proyectado y parcialmente ejecutado en 1938: el Plan César Corte.
Como consecuencia de su aprobación, se produce la mayor pérdida de patrimonio
urbano en el casco viejo de la ciudad: edificios antiguos, conventos y
claustros, incluyendo decenas de palacios renacentistas, fueron demolidos para
construir bloques de pisos de gran altura, que rompen la armonía arquitectónica
de la ciudad. En los últimos años de la década de 1960, se inicia la
construcción del edificio Duque de Lerma que sería el más alto de Valladolid.
Durante tres décadas permaneció deshabitado y en varias ocasiones a punto de
ser derribado, convirtiéndose su exterior en un importante vindicativo.
A
partir de la década de 1970, la conflictividad social en Valladolid fue
incrementándose debido a la cada vez mayor actividad de los movimientos
estudiantiles y los trabajadores de la industria del automóvil,
principalmente. Trabajadores de FASA promovieron paros laborales con el apoyo
de asociaciones obreras de la ciudad.
El
20 de enero de 1975 fueron juzgados y condenados en Madrid siete estudiantes
vallisoletanos por asociación ilícita. Como respuesta a la condena, tres días
después, representantes de todas las Escuelas y Facultades llevaron a cabo un
encierro en el Hospital Provincial de Valladolid que terminó con el desalojo y
detención por parte de la policía. Manifestaciones frente al rectorado y
protestas contra el entonces rector de la Universidad de Valladolid,
dieron lugar a una respuesta fulminante por parte del Ministerio de
Educación que decretó los cierres de facultades y finalmente, el 8 de
febrero, se dio la orden de clausurar la Universidad.
30 El sueño de Numeriano
El Hostal Florido, inaugurado el 1 de septiembre de 1944 en el número 7
de la calle María de Molina (hoy Doctrinos, 6), construido de nueva planta, fue
el sueño hecho realidad del vallisoletano Numeriano Riñón Martínez
(Villanueva de los Caballeros, 1911). Forjado en las cocinas de los hoteles
Castilla e Inglaterra, en 1929, Numeriano se marchó a Barcelona a trabajar en
un restaurante de la Exposición Internacional. De ahí se fue a Francia:
Biarritz (donde comenzó como lavaplatos en un hotel), Burdeos y París. Cuando
tuvo ahorrado lo suficiente regresó a Valladolid y abrió un bar en la plaza del
Caño Argales: Bar Valladolid. Años después trasladó su negocio, reconvertido en
restaurante, a la calle Doctrinos. Al poco tiempo decidió levantar allí un
edificio para su nuevo establecimiento hostelero: el Hostal Florido. Su nombre
rememorará, sin duda, aquella época de pecheros y damas de espadas y romances,
la que tan acertadamente dejara cincelada en sus magníficos poemas nuestro
excelso vate don José Zorrilla.
Situado
frente al Hotel Conde Ansúrez (hoy también desaparecido), el Hostal Florido
tenía cuatro pisos y 110 habitaciones (50 con cuarto de baño). Dada la cercanía
física, la gente le conocía popularmente como 'el vizconde'. Su gran salón, en
el sótano del edificio, con pista de baile, un pequeño bar, una orquesta, mesas
y sillas, era conocido como La Parrilla; lugar frecuentado por los
universitarios para celebrar sus bailes de Fin de Carrera o de Paso del
Ecuador, así como de los patronos de las facultades.
También
se celebraban bailes para recaudar fondos para ayudar a instituciones. Las
cenas de Fin de Año del Florido rompieron el monopolio de la celebración que
tenían los bailes del Hotel Conde Ánsares y el Círculo de Recreo. Dado su
tamaño y aunque su fachada era muy atractiva fue catalogado como hostal,
habitaciones más pequeñas, no es obligatorio el ascensor ni el cuarto de baño
en todas las habitaciones, ni tampoco comedor, si bien el Florido disponía de
uno de bastante capacidad.
Para captar clientes, se
inventó un slogan que salía en muchos anuncios: `Todo por Valladolid´, que se
traducía en precios realmente económicos. Comer o cenar, tanto en el hostal
como en la piscina, costaba 25 pts., y en las fiestas de la parrilla, con baile
incluido, 60 pts. Los banquetes de boda y homenajes eran otra de las señas de
identidad de este establecimiento, que ofrecía atractivos menús a precios
razonables. Numeriano Rincón siempre pensaba en expandirse, en ampliar sus
horizontes profesionales, así que en 1963 se hizo cargo de la explotación del
restaurante de la recientemente creada Feria de Muestras que, respondiendo a su
dinámico carácter, amplió sucesivamente con el bar-grill Cristina y el
restaurante espectáculo Rinumar.
El éxito
del Hostal Florido fue tal que las instalaciones pronto se quedaron pequeñas.
Numeriano tuvo una nueva idea: montar a la entrada una terraza acristalada para
los días lluviosos, o muy cálidos, donde los clientes pudieran reunirse
protegidos por la cubierta y los toldos. Así como el Círculo de Recreo fue
apodado como 'La Pecera', ya que tras sus cristales se movían los 'peces
gordos' de la ciudad, el Hostal Florido fue el refugio de muchas parejas y
aquella instalación acristalada pronto pasó a conocerse como 'La Pajarera',
porque la mayor parte de las mesas estaban ocupadas por 'tórtolos' o parejas de
enamorados.
La
proximidad del Cinema Roxy y del Teatro Lope de Vega hacía que durante los días
de Ferias, 'La Pajarera' se viera saturada de personas que hacían tiempo para
asistir a los estrenos cinematográficos y teatrales. Juanita Reina, Luis Miguel
Dominguín y El Viti fueron algunos de los personajes que forman parte de la
historia del Florido, que cerró sus puertas el 30 de abril de 1973.
Los
vallisoletanos que pasaron por 'La Pajarera' en sus años de juventud recuerdan
a Paco, el camarero, que también cuidaba las plantas que la adornaban, lo que
le valió el apodo de Sabadell, en relación con el jardinero municipal de dicho
apellido; a Sofía Higelmo Gil, la mujer de Numeriano; a Hipólito, el recepcionista;
a Eleuterio, el 'maitre'; o a Charito, la cajera: otros de los personajes del
imaginario colectivo de los vallisoletanos de aquellas décadas gloriosas del
establecimiento, cuyas instalaciones, modernizadas, son hoy ocupadas por una
entidad bancaria.
Muy a pesar suyo, Numeriano
se vio obligado a cerrar, en 1973, la que había sido la joya de la corona de su
emporio, el hostal Florido, que fue derribado para convertirlo en un edificio
de apartamentos, aunque la gente que conoció el hostal siempre le hará un
huequecito en el bosque de su memoria
31 1964
El Greco
La exposición de 71 réplicas de cuadros
de El Greco tuvo lugar en Valladolid en
abril de aquel año. Leonor Mengotti tenía una gran cercanía con Delibes, pues
trabó amistad con él en los años que residió en Valladolid, especialmente
durante su matrimonio con el prestigioso cirujano Leopoldo Morales. Era hija
del embajador plenipotenciario de Suiza en España, el empresario Alfredo
Mengotti –que, entre otras actividades, en 1900 formó parte del Consejo de
Administración de El Norte de Castilla, del que era importante accionista-. La
familia tenía casa y labranza en Valladolid y en ella pasaba los veranos de
infancia Leonor Mengotti, hasta que, tras la muerte del embajador3 ocurrida en
1925, la familia, que llevaba unos años viviendo en Madrid, volvió a Valladolid
y se asentó definitivamente en la ciudad.
El
doctor Morales murió en 1956 y Leonor, que se había casado con él en 1931,
rehízo su vida en Madrid, pero siempre se sintió de Valladolid, hasta el punto
de que por temporadas publicó artículos en El Norte por invitación de Delibes.
En Madrid, en 1975 Leonor se casó con Antonio Segurado tras varios años de
relación. Segurado, destacadísimo atleta de los años 30, se dedicaba al mundo
de gestión de empresas y fue el mecenas que financió la obra del pintor Juan
Albert Roses, (1898-1976) que durante varios años de su vida documentó la obra
de El Greco y en la década de 1930 reprodujo 70 de sus cuadros repartidos por
numerosas localidades, iglesias y museos.
Desde
que Leonor conoció a Segurado, quiso que la colección se pudiera exponer en
Valladolid. Para ello se puso en contacto con el delegado provincial de
Información y Turismo, don Antolín de Santiago y Juárez, con el alcalde don
Santiago López González y con su amigo Miguel Delibes.
La
colección había recorrido, con gran éxito, países como Cuba, República
Dominicana y Panamá. En marzo de 1962 los setenta grecos fueron exhibidos en la
Casa Grande de Madrid, donde tuvo una gran importancia artística y a cuya
inauguración asistieron embajadores y personalidades de diversas instituciones
culturales y del mundo de las Artes y las Letras. Y en enero del año siguiente,
la colección viajó hasta el Palacio Zappion, de Atenas. Finalmente el 31 de
marzo de 1964 el Ayuntamiento de Valladolid acordó traer la exposición «El
Greco en España» haciéndola coincidir con la IX Semana Internacional de Cine
Religioso y Valores Humanos, que tendría lugar entre los días 12 y 19 de abril.
No obstante, la exposición continuará abierta al público hasta el 23 de abril.
La
colección que vino a Valladolid fue de 71 cuadros, pues a los 70 iniciales, el
pintor estaba terminando otras tres obras de El Greco, de las que solo llegó a
tiempo terminada La Adoración de los pastores, del Museo del Prado. La
exposición se montó en los salones y galerías del Ayuntamiento. En el acto de
inauguración estuvieron presentes Leonor Mengotti y el pintor Juan Albert Roses.
La crítica y prensa vallisoletanas recibieron la exposición como «un auténtico
acontecimiento cultural pues las copias o reproducciones en pintura equivalen a
las traducciones literarias a las retransmisiones diferidas de la televisión;
pero esto no resta demasiado interés a la muestra artística», escribía en El
Norte de Castilla el vicerrector de la Universidad y crítico Enrique Gavilán.
32 1960: El Campo Grande y su perímetro
Bordeando
el Campo Grande en la Acera de Recoletos, gran arteria de expansión
de la burguesía, se mantienen edificios de finales del siglo xix y principios del xx: la Casa Mantilla de 1891, de estilo ecléctico
con inspiración renacentista, o la modernista Casa del Príncipe de
1906, obra de Jerónimo Arroyo arquitecto palentino formado en la escuela
de Barcelona. Tras atravesar la Acera de Recoletos se llega a la plaza de
Colón, donde hasta el siglo xix se
ubicó el Convento de San José A unos metros de la plaza se encuentra
la Estación de Valladolid-Campo Grande, la principal estación de
ferrocarril de la ciudad.
Rodeando
el Campo Grande, en el Paseo de Filipinos, la Iglesia de San Juan de
Letrán destaca por su fachada y sus bóvedas cubiertas
con yeserías barrocas, ambas del siglo xviii, obra de Matías Machuca. El cuerpo de la iglesia es de
finales del xvii.
Del
siglo xviii es también
el convento de los Agustinos Filipinos. El edificio, cuya fachada encara
con la puerta posterior del paseo del Príncipe del Campo Grande, fue diseñado
por Ventura Rodríguez. Siguiendo el recorrido alrededor del parque,
encontramos la Academia de Caballería de Valladolid, que data de 1915 y es
un edificio historicista rematado por chapiteles similares a los que
caracterizaron a los palacios de los Austrias
Junto
a la Academia de Caballería, la plaza de Zorrilla es un punto clave
en el trazado urbano vallisoletano. Presidida por una estatua de Zorrilla, obra
de Aurelio Carretero, enlaza las principales calles de Valladolid: la
anteriormente mencionada Acera de Recoletos que desemboca en la plaza
Mayor y las calles Miguel Íscar, Duque de la Victoria y
la plaza España,
Cristóbal
Colón murió en Valladolid, el 20 de mayo de 1506. El Ayuntamiento decidió en
1968 levantar una edificación en estilo gótico-isabelino que reprodujese una
casa palaciega propiedad de Diego Colón, hermano menor del Almirante,
ubicada en la ciudad de, en la República Dominicana. Este edificio alberga hoy
la Casa Museo de Colón.
Luce en su fachada un gran escudo en piedra,
blasón de su patrón, el virrey del Per y obispo, Pedro de la
Gasca. En el interior se pueden contemplar el retablo Mayor, el de Santiago, y
el sepulcro en alabastro del mencionado obispo, obra de Esteban Jord
El Palacio de Santa Cruz primer edificio renacentista de España,
erigido a partir de 1486 por el arquitecto Lorenzo Vázquez de, presenta una
portada de arco de medio punto y un patio de tres pisos, dos en estilo
tardogótico y el tercero de matices barrocos, consecuencia de una reforma del
siglo xviii. En
su biblioteca, a la que se accede por una puerta plateresca, se conservan
en sus estanterías de madera dorada en dos pisos, valiosos documentos, entre
ellos el Beato de Valcabado, del año 970.
En
las cercanías, el Monasterio de las Huelgas Reales, de estilo palladiano,
conserva un arco mudéjar del que fuera palacio de la reina de
Castilla María de Molina Y en el convento de Santa Clara, del
siglo tv, contrasta la
severidad franciscana del exterior con las yeserías barrocas del vi.
El convento
de las Descalzas Reales fue encargado por Felipe III y Margarita de
Austria, en el siglo vi;
tiene un torreón de tres alturas, de tipo palacial, con celosías en los
balcones. En el interior es posible apreciar el claustro de estilo toscano, y,
en la iglesia, el retablo realizado conjuntamente por Juan de Mariátegui,
Gregorio Fernández y Santiago Morán.
Durante
el siglo xix y,
fundamentalmente, a lo largo del siglo xx numerosos
monumentos históricos fueron derribados a partir de la ejecución de distintos
planes urbanísticos diseñados para intentar asumir el descontrolado éxodo rural
y el crecimiento demográfico de la ciudad durante este periodo, a lo que
contribuyó el estado de ruina en el que se encontraban muchos de ellos.
331963:
Parques, jardines y puentes
A la
orilla del Esgueva se hizo un soto, luego se fue estrechando el cauce, y se
constituyó allí una explanada a que el Ayuntamiento en 10 de abril de 1863
acordó se titulara a Plazuela del Poniente, precisamente por estar
a este viento de la ciudad. Se trata de un sencillo jardín en cuyo centro hay
dos pérgolas que albergan una pequeña plaza en la que se encuentra una fuente
que recuerda la obra del escritor vallisoletano Jorge Guillén,
A lo
largo del curso del Pisuerga también abundan las zonas verdes. Comenzando por
el norte, el Parque Ribera de Castilla (inaugurado el 20 de marzo de 1988), con
una superficie de 12 hectáreas, o tilos. Siguiendo el discurrir
del agua, el parque de las Moreras cuenta con varios paseos, zonas
deportivas y una playa fluvial. Junto a él se encuentra la Rosaleda
Francisco Sabadel un pequeño jardín exclusivamente formado por rosas.
Otras
zonas verdes son el Pinar de Antequera, principal recurso natural de la
capital vallisoletana; el parque Forestal de La Fuente del Sol, histórico
espacio verde junto al barrio de La Victoria, el parque de Las Norias de Santa
Victoria, que ocupa las antiguas instalaciones de la fábrica azucarera Santa
Victoria, el Jardín Botánico de la Victoria, que cuenta con 30 especies
distintas de árboles junto con una muestra de especies autóctonas, el parque
Fuente de la Salud del Barrio Los Pajarillos, el parque de Canterac y de la Paz
en Las Delicias o el parque del Mediodía en Parquesol.
Puentes
Siguiendo
el curso del río Pisuerga, lo atraviesan los siguientes puentes:
·
Puentes del Cabildo (dos puentes paralelos)
·
Puente de Santa Teresa
·
Puente Condesa Eylo
·
Puente Mayor
·
Puente del Poniente
·
Puente de Isabel la Católica
·
Puente de Adolfo Suárez
·
Puente Colgante
·
Puente Juan de Austria
·
Pasarela del Museo de la Ciencia
·
Puente de Arturo Eyries
·
Pasarela Doctor Don Pedro Gómez Bosque
·
Puente de la Hispanidad
Sobre
el río Esgueva cruzan un importante número de puentes. Como el río es
bastante más reducido y la configuración actual obedece a su canalización por
un extremo de la ciudad, suprimiendo su paso por el centro y sus varios
ramales, estas estructuras no tienen nombre propio, sino que toman el
corresponde atraviesa el río.
34 1963: La carpintería vallisoletana del abuelo de Delibes
Miguel
Delibes Setién (Valladolid, 1920-2010 ) Licenciado
en Comercio, comenzó su carrera como dibujante
de caricaturas, columnista y
posterior periodista de El Norte de Castilla, diario que
llegó a dirigir, para pasar de forma gradual a dedicarse enteramente a la
novela. Gran conocedor de la fauna y flora de su entorno
geográfico, apasionado de la caza y del mundo rural, supo
plasmar en sus obras todo lo relativo a Castilla y a la caza.
Se
trata de una de las primeras figuras de la literatura española posterior a
la Guerra civil, por lo cual fue reconocido con multitud de galardones,
incluido el Premio Cervantes y el Príncipe de Asturias de las
Letras. Su influencia va más allá de lo literario, ya que varias de sus obras
han sido adaptadas al teatro o se han llevado al cine, siendo premiadas en
certámenes como el Festival de Cannes. La muerte de su mujer en 1974 le
marcó profundamente y en 1998 padeció un cáncer de colon, del que nunca
llegó a recuperarse completamente.
Hijo menor
del matrimonio formado por Arnau Delphine Delibes (comisionista de transportes)
y Jeanne Marie Roux Purpan, Frédéric
Pierre Delibes Roux (Toulouse, 1836) llegó a España con 24 años. En 1860 se
tienen noticias de él en Molledo (Cantabria) donde trabajaba como carpintero
para la Compañía de Isabel II en la construcción del ferrocarril Alar del
Rey-Santander. «Ante la escasez de personal español en trabajos de esta clase,
frecuentemente el personal técnico era contratado en Francia. En uno de esos
grupos debió venir el abuelo Frédéric», recoge José Ramón Delibes Setién en un
libro (inédito) sobre los orígenes franceses del apellido Delibes.
Cuatro
años más tarde Frédéric se casó en Molledo con Saturnina Cortés Villegas. El
matrimonio tuvo tres hijos: Luis, Enriqueta y Adolfo. Ya asentados en
Valladolid, con el dinero heredado de su suegro, Juan Domingo Cortés, quien
fuera gerente del molino de Portalón, el 1 de febrero de 1885 Frédéric abrió en
el número 12 de la calle Ferrocarril su
propio negocio: `La gran fábrica de
aserrar maderas y carpintería mecánica. Federico Delibes’, El negocio, al
principio, estuvo dedicado a las instalaciones molineras para derivar, más
tarde, a la carpintería de construcción.
`Mi
bisabuelo diseñó y construyó el suelo
levadizo del Teatro Calderón, que podía ascenderse mecánicamente hasta el nivel
de los palcos cuando en el teatro se celebraban bailes de gala. Por aquel
trabajo, realizado en 1893, Delibes cobró 10.000 pesetas. Este tablado mecánico
desapareció en 1999 con la reforma del teatro. El Ayuntamiento regaló entonces
al autor de 'El hereje' una réplica de la placa (marchamo de garantía) de la
carpintería de su abuelo paterno´ recuerda Elisa Delibes de Castro, biznieta de
Frédéric e hija del escritor vallisoletano Miguel Delibes.
En 1907, al morir Federico, los hermanos Delibes convirtieron
el negocio de su padre en una Sociedad Comanditaria por Acciones integrada por
tres socios. La gestión recayó sobre el primogénito, Luis. Adolfo, el pequeño,
trabajó en el negocio familiar a tiempo parcial (era profesor de la Escuela de
Comercio de Valladolid) e incorporó a la sociedad una nueva actividad, la
automovilística.
Los tres hijos mayores de Luis también estuvieron vinculados
al negocio familiar y, al morir Adolfo, en 1955, entró en el negocio como
director su hijo Manuel Delibes Setién (funcionario del Banco de España, puesto
que dejó para hacerse cargo de la dirección de la sociedad). A finales de los
años cincuenta se suprimió la actividad carpintera de la familia Delibes.
`Lo dejaron porque
quisieron, no porque el negocio fuera mal. Una pena. Cuando yo era pequeña
recuerdo que la carpintería era un lugar para todos los Delibes. Nosotros en
casa de mi abuela, María Setién, no teníamos juguetes, pero teníamos un montón
de maderas que le llevaban de la carpintería y con ellas hacíamos
construcciones. Cuando éramos pequeños todo lo que pedíamos a los Reyes no nos lo
traían. Nos traían camitas, casitas, coches, camiones... pero todo de madera.
No sabíamos por qué. Ahora lo entiendo´, sostiene Elisa Delibes.
Pasea
Delibes por Dos de Mayo, gira por General Ruiz y avanza por la parte izquierda
de Muro hasta llegar a Colón. Entra al Campo Grande por la Acera de Recoletos y
se lo encuentra blanco por la helada de anoche. Se para en la puerta, mira a
los lados y decide que va a recorrerlo en el sentido de las agujas del reloj,
mirando siempre al suelo, como si estuviera buscando codornices. Cuando
termina, hace el mismo trayecto, pero al revés. Luego, las diagonales, la
pajarera, el palomar, la Fuente de la Fama y el estanque. Va hasta los
columpios, mira el riachuelo, revisa los árboles, pasa revista a los animales,
busca los nidos y sospecha que va a llover. Cuando se cansa de contar patos y
de descifrar nubes se va hacia la cascada y, desde allí, toma el Paseo central
para salir por la Puerta del Príncipe hacia la Plaza de Zorrilla y hacer el
mismo paseo, pero por fuera, por Paseo de Zorrilla, Filipinos y vuelta a casa.
Camina
con zancadas grandes y rápidas, lleva las manos cruzadas por detrás, una gorra
verde de cazador y esas gafas pasadas de moda que le sirven para mirar mejor el
suelo y aislarse del silencio atronador de sus paisanos, que le miran como si
estuvieran viendo a la vez a un apóstol, a Cervantes y a su propio abuelo.
Porque Delibes era un abuelo común, una especie de antepasado compartido, lo
cual hace de los vallisoletanos la única especie del mundo con cinco abuelos y
un mismo tronco al que asirnos cuando nos descarriamos, es decir, cuando nos
olvidamos de la dignidad de una tierra pobre como sus ratas y altiva como su
cielo. Delibes era una especie de jefe de Estado que vertebraba un sentimiento
y lo llenaba de argumentos, hasta convertirlo en destino.
El mero
hecho de saber que Delibes estaba ahí, dando un paseo antes de comer y pensando
en lo que quiera que piensen los cazadores de Castilla cuando pisan el asfalto,
imponía un respeto, un marcado sentido de la vergüenza. Yo no escribí una
palabra en El Norte hasta ocho años después de su muerte, pero me temo que
saber que te iba a leer Delibes sería suficiente motivo como para escribir cada
tarde como si te fueras a examinar de notarías, Supongo que sería un gran
motivo para no decir gilipolleces.
Porque en
esta misma página han escrito Martín Descalzo, César Alonso de los Ríos, Corral
Castanedo, Jiménez Lozano, Umbral, Pérez Pellón, Fernando Altés, Manu
Leguineche, Bernardo Arrizabalaga, Miguel Ángel Pastor, Campoy o Pedro G.
Collado.
Dice Elisa Delibes en una entrevista concedida el 24/02/2016:
`Mi padre decía que antes de escribir El Camino, todas
sus producciones habían sido malas´.
Pr. 1-¿Quién inspiró a su padre
para ser escritor? ¿Qué cree que hizo escribir a Miguel Delibes y convertirse
en un referente clave de la literatura española del siglo XX?
R.-
El empezó a ser escritor antes de que yo naciera. En primer
lugar escribió en el periódico El Norte de Castilla y la gente le decía que lo
hacía bien. Además, por esa época, ganó el premio Nadal por su obra “La
sombra del ciprés es alargada” y eso significaba que iba por muy buen camino.
Pr.2- ¿Cuáles son los
autores que más le influyeron a la hora de crear sus libros?
R.- Los
críticos del momento eran lo que le decían que su obra tenía un poco de varios
autores como Pío Baroja, Benito Pérez Galdós o Miguel de Unamuno. También
es cierto que leyó mucho a Dickens y a varios autores rusos.
Pr.4- ¿Cree que la enfermedad
de su padre influyó en su forma de escribir?
R.-
Sin lugar a dudas. A mi padre le
detectaron cáncer en el año 1998 y, a partir de ese momento, pasó de escribir
mucho a no escribir nada.
Pr.5- ¿Qué motivó a
Miguel Delibes a escribir “El Camino? ¿Cuánto tiempo le costó hacerlo?
¿Cuál era su estado de ánimo en ese momento?
R.-
Mi padre veraneaba durante su infancia
en un pequeño pueblo de Cantabria llamado Molledo Portolín y son las aventuras
y “zorrerías” que vivió en este lugar las que marcaron la trama de su obra.
Además, él escribió “El Camino” con 29 ó 30 años, con lo cual las recordaba muy
bien.
Pr 6- De las obras literarias
que escribió Miguel Delibes ¿Cuál era su favorita?
R.-
Sin duda puedo decir que a mi padre no
le gustó ni su primera obra (“La sombra del ciprés es alargada”) ni la segunda
(“Aún es de día”); aunque, a la primera le tenía cierto cariño por ser la que le
dio el Premio Nadal.
35 1964 El Instituto Núñez de Arce,
un edificio innovador
Fue una petición personal de alcalde José
Luis Gutiérrez Semprún al entonces ministro de
Educación, Jesús Rubio, del encargo de un proyecto al arquitecto Miguel Fisac. Se
reconocía la buena labor que el prometedor arquitecto manchego había hecho para el
Colegio Apostólico de los Padres Dominicos −al cual dedicamos uno de estos
artículos−, construido junto a la carretera que entra en la ciudad acompañando
al recorrido histórico de las aguas de las Arcas Reales, y al impresionante
espacio de su iglesia que obtuvo en 1
La empresa
adjudicataria de la obra derivó en una suspensión de pagos, construyéndose mal
el innovador sistema estructural de hormigón armado que había proyectado el
arquitecto, al postre sustituido, y alargándose más de una década su ejecución.
Lo que debería haber sido un edificio concluido antes de 1965 se dilató hasta
principios de la década de los ochenta; aunque diez años antes, desde 1970 se
pudieron ocupar varias alas del centro educativo femenino. De este modo se
obstaculizó la construcción de la sede definitiva del Instituto Núñez de Arce,
que hasta tener este edificio
como propio pasó por el peregrinaje de compartir aulas con el antiguo Colegio
de San José, a incluso el estar ubicado en el Palacio de Fabio Nelli. Con todo
ello, a trancas y barrancas la obra se concluyó, y el Instituto Núñez de Arce
tuvo un edificio propio cuya innovación estructural junto a la calidad
arquitectónica le han permitido ser una referencia de la arquitectura del
Movimiento Moderno en la península ibérica.
Fisac firmó el proyecto junto al arquitecto José Ramón Azpiazu, quien se encargaría
principalmente de la dirección de la obra, con quien trabajó conjuntamente en otros
proyectos. Lo proyectaron con principios de funcionalidad, carente de
ornamentos, en un diálogo sobrio entre sus muros de ladrillo, los cierres de
cristal, la estructura de hormigón y sus jardines.
Se trata antiguo solar
cedido por el ministerio de Defensa al de Educación. En origen fueron las
huertas cerradas por una tapia perteneciente al monasterio de San Benito
el Real y en aquel momento usadas como patio de armas del Cuartel de Artillería
emplazado en las dependencias al oeste del dentro de las exigencias del
programa, ahora usada como gimnasio, y un salón-cine
Para hacer la cubierta Fisac
ideó un sistema de vigas de hormigón huecas, llamadas huesos, en las
cuales el acero se tensaba antes de verter el hormigón. Las vigas se producían
previamente en fábrica para ser trasladadas a la obra ya listas para montar.
Algo totalmente novedoso en arquitectura y la respuesta a la pregunta de cómo
construir las cubiertas de sus obras, basándose en el uso de estos sistemas de
vigas huecas que Fisac patentó sistemáticamente a lo largo de su carrera.
La idea de estas vigas huesos surgió en su estudio anexo a la
casa del matrimonio con Ana María
Badell. En ese hogar−estudio Fisac
le explicaba las ideas sobre sus edificios: demostrar que el sistema estructural
de hormigón mediante vigas redondeadas y huecas que estaba diseñando, similares
a esos huesos de vaca, podían funcionar como estructuras de vigas que colocadas
sucesivamente una junto a otra, pudieran cubrir los espacios de sus edificios
como largos huesos de hormigón.
El compromiso que
Fisac asumió fue integrar el edificio en un problemático centro histórico como
el de Valladolid, una ciudad que conservaba entonces en ese lugar la mayor
parcela monacal de toda su herencia palaciega y conventual. En esta macro
manzana monástica se aglutinaron tres instituciones religiosas: el colegio de San Gabriel, en la
actualidad sólo existe la portada de su iglesia como puerta del cementerio de El Carmen, el
convento de San Agustín ahora sede del Archivo Municipal y San Benito el Real.
Tras ellos, sus huertas que lindaban con la ribera estaban cerradas mediante
una tapia.
Entonces no
existía ni la calle Jorge Guillén que separa y corta la relación del instituto
con el actual Museo Patio Herreriano, ni la de Encarnación planteada como
comienzo de la Gran Vía de Valladolid, cuyo trazado urbano se proyectó en 1938
por César Cort, y que en aquella fecha aún no estaba abierta. El Instituto
Núñez de Arce, ahora aislado, se hallaba incluido dentro de esta manzana
monástica, y aunque con un planteamiento de arquitectura moderna y funcional,
dialogaba con respeto y elocuencia con esos restos de la ciudad Itinerarios
históricos
36 1965
Poblado de Fasa
Ubicado
en el extremo meridional del barrio de las Delicias, concretamente entre los
paseos de Arco de Ladrillo y de Juan Carlos I y la calle Padre Benito Menni, el
poblado se creó entre 1965 y 1966 por iniciativa de la factoría del rombo.
La
petición quedó registrada en julio de 1963. FASA se proponía adquirir una
parcela de 41.950 metros cuadrados en el polígono situado en la carretera de
Adanero-Gijón, junto al kilómetro 188, con objeto de construir viviendas para
sus empleados. La compra de las fincas, que hasta ese momento eran propiedad de
Catalina Adulce Pérez, se verificó en el mes de octubre por 8,5 millones de
pesetas. La sección municipal de edificaciones informó favorablemente el
proyecto señalando que si bien la zona donde FASA pretendía edificar era
catalogada como rústica por el Plan de Urbanización de la ciudad, se había
«reservado posteriormente su destino, transformándolo en zona industrial, donde
tienen cabida viviendas para trabajadores».
El
poblado de FASA, constituye un claro ejemplo de participación de las grandes
empresas en la promoción de viviendas aprovechando los incentivos que ofrecía
la Ley de Vivienda de Renta Limitada, en la categoría de subvencionadas, y de
la pujanza de estas actuaciones vinculadas al Tercer Plan Nacional de la
Vivienda. En esos momentos, además, la organización sindical franquista cifraba
en 7.000 las necesidades de vivienda en la ciudad de Valladolid.
Concedida
la licencia el 3 de octubre de 1963, el poblado de FASA se inauguró en 1966
después de cuatro actuaciones que confluyeron en 398 pisos y 9.000 metros cuadrados
construidos. Según el proyecto redactado por el arquitecto madrileño Luis Peral
Buesa, se trataría de 19 bloques de cinco alturas y una torre de 14 situada en
la esquina sur del polígono residencial, y el modelo estándar de las viviendas
consistiría en tres habitaciones, comedor, cocina y baño, aunque también
incluiría algunas viviendas con cuatro dormitorios.
En
este mismo polígono acometieron actuaciones otras empresas directamente
relacionadas con la actividad de FASA, como (Fabricación de Carrocerías S.A.
(FACSA), que levantó 72 viviendas en
1964, Fabricaciones Mecánicas S.A. (FAMESA), con 144, e Inmobiliaria Productos
Gabilondo, con 24 viviendas en 1967. Cedido al Ayuntamiento en 1973, el poblado
de FASA atravesó por momentos complicados debido al incumplimiento, por parte
de la empresa, de urbanizar todo el sector, a lo que había que sumar el
abandono a que fue sometido por los servicios municipales.
Todavía
a principios de los años 90, los edificios del poblado de FASA, que constituían
la primera referencia visual de la ciudad en el acceso por la carretera de
Madrid, emergían en un entorno sin urbanizar. La reforma integral de 2018, que
afectó a 19 de los 20 bloques (el número 10 se quedó fuera por solicitar tarde
su incorporación), les dio nueva vida y cambió radicalmente su fisonomía. Atrás
quedaban aquellos exteriores de ladrillo y enfoscado amarillento y emergían, en
su lugar, fachadas de color gris, llamativos balcones pintados de rojo, verde y
azul, y paneles solares en la torre, sin olvidar la sustitución de la vieja
caldera de gasoil por una nueva de biomasa para dar servicio tanto de
calefacción como de agua caliente (opcional) a los 1.100 vecinos.
Estación
del Tren Burra en L Victoria, 1967
AMva
El desembarco en Valladolid de FASS fue tan determinante para el devenir de
la ciudad, para su desarrollo económico en forma de creación de empleo y
riqueza y para la transformación de su estructura social, que todavía hoy es
famoso el dicho de que, si Renault estornuda, todo Valladolid se constipa.
Incluso en los años sesenta se popularizó una frase muy reveladora de la
impronta del «fasero» en la sociedad vallisoletana: «El que vale a FASA y el
que no a Filosofía y Letras».
La
historia de Valladolid dio un vuelco en el verano de 1951, cuando el teniente
coronel Manuel Jiménez-Alfaro obtuvo
de la empresa francesa Régie Nationale Des Usines Renault una licencia para el
montaje en España del Renault 4CV. No sin dificultad, y después de sortear
trabas políticas y otras procedentes de influyentes competidores en el sector,
Jiménez-Alfaro logró establecer en nuestra ciudad una empresa dedicada a la
fabricación de automóviles. Contó para ello con el concurso de cinco destacadas
personalidades de la vida jurídica, empresarial y financiera: los abogados José
Luis Gutiérrez Semprún y Francisco Mateo Martínez el futuro alcalde de la
ciudad Santiago López González, y los industriales Eusebio Caro Rodríguez y
Eduardo Fernández Araoz. Aquella empresa, que contó con cinco millones de
pesetas de capital social aportado por muchos accionistas vallisoletanos, y la
ciudad en la que nació, desarrollaron pronto una simbiosis que dura hasta
nuestros días, pues de la misma manera que no se puede concebir la identidad de
la empresa sin sus singularísimos orígenes vallisoletanos y sin su conexión con
la ciudad en la que tiene su sede social, tampoco se pueden entender el
desarrollo social, económico y urbanístico experimentado por Valladolid a lo
largo de la segunda mitad del siglo XX -ni su identidad actual- sin la
presencia de la empresa Renault.
Éste
depositará en breve en el Archivo Municipal un rico legado documental compuesto
por unos 250 metros lineales de documentos entre expedientes y libros en papel,
fotografías en distintos soportes y películas en diferentes formatos, si bien
algunos de estos fondos, en concreto las fotografías y las películas que se
encontraban en las dependencias de la empresa en Madrid, ya se integraron en el
Archivo en el verano de 2017.
37
1967:
El barrio de la Victoria: balcón que se asoma al
Canal de Castilla.
Su ubicación le permite disponer de ese mirador privilegiado.
Los vecinos cuentan asimismo con un jardín botánico, entorno ideal para dar un
paseo gracias a sus 30 especies de árboles y plantas autóctonas. Son dos de las
riquezas que atesora el barrio, el primero que recibe a los viajeros que llegan
por carretera desde Burgos y Palencia. El histórico barrio vallisoletano luce
también con orgullo sus instalaciones deportivas, entre las que destacan los
campos de fútbol Luis Minguela, a las que sumará en 2024 un polideportivo para
ampliar la oferta y atender las necesidades de sus vecinos.
El
valor histórico y su rica biodiversidad convierten al Canal de Castilla en
un escenario inmejorable para completar ese atractivo paseo que constituye
también un magnífico regalo para la vista. Varios murales adornan los accesos
al Canal en la Victoria. Las mejoras llevadas a cabo por la Confederación
Hidrográfica del Duero y el Ayuntamiento en esa zona ofrecen una bella panorámica.
Enfrente del Canal, en la Plaza de San Bartolomé, estuvo la estación de la que
partía el ‘tren burra’, que hizo su primer viaje desde Valladolid a Medina de
Rioseco el 14 de septiembre de 1884. Esta línea dejó de operar en el año 1930 y
casi cuatro décadas después se derribó la estación que se construyó. En el
ámbito deportivo, los vecinos vienen reclamando desde muchos años atrás un
nuevo polideportivo y celebran al fin el acuerdo entre el Ayuntamiento y la
Junta para su financiación. El nuevo pabellón estará a disposición de los
vecinos de la Victoria y Puente Jardín, muy necesitado de un espacio para el
uso de los deportistas federados, escolares y personas de mayor edad que a
diario cuidan la actividad física. El polideportivo tendrá un uso compartido ya
que será utilizado por los alumnos del colegio Miguel Delibes, por los clubes
deportivos del barrio y otros usuarios. Los primeros disfrutarán del nuevo
pabellón durante el horario escolar, mientras que el resto del día será ocupado
por los integrantes de los clubes y por el resto de los vecinos.
La
Victoria sigue creciendo, el relevo generacional está garantizado. La
construcción de viviendas, establecimientos y otros servicios en Puente Jardín
ha permitido ese salto hasta contar con 14.124 habitantes (dato a 1 de enero de
2022), con 3.615 jubilados -personas mayores de 65 años- y 1.509 niños con
edades comprendidas entre 0 y 14 años. El cambio experimentado es abismal.
Mejorar
la movilidad es uno de los grandes reclamos de los vecinos. El Ayuntamiento ha
ejecutado varios proyectos que reclamaban los residentes para ensanchar las
aceras y las zonas habilitadas junto a las paradas de autobús, pero esa mejoría
continúa siendo insuficiente para atender las necesidades del barrio. De hecho,
desde hace tiempo vienen solicitando mejorar los pasos de peatones en varias de
sus calles. Otra de las peticiones de los vecinos es reducir las frecuencias de
los autobuses.
El
crecimiento de la Victoria en las últimas décadas se debe a los varios miles de
vecinos de Puente Jardín. El barrio ha experimentado un cambio notable en los
últimos años. Además, los vecinos cuentan con un Centro Cívico mejorado que
cumple con sus expectativas y el Centro de Personas Mayores atiende a quienes
abandonaron sus domicilios en busca de una atención personalizada.
En
el barrio son conscientes de que los propios residentes deben colaborar en
algunas tareas. La sensibilidad de quienes viven en la Victoria se ve plasmada
cuando hay que arrimar el hombro. Jóvenes y mayores han respondido a las
Jornadas de Voluntariado que organiza la Asociación de Vecinos para llevar a
cabo las tareas de limpieza, poda y mantenimiento de los jardines.
Las
actuaciones que viene realizando la Confederación
Hidrográfica del Duero (CHD) junto a las casas del Canal
de Castilla sirven para darle otra imagen a esa zona. Los convenios firmados
por la CHD y el Ayuntamiento que incluyen la limpieza y acondicionamiento de
las márgenes ofrecen una visión muy diferente a la que se encontraban a diario
vecinos y visitantes. El convenio incluye una actuación del Consistorio que
forma parte del Plan de Vivienda de Valladolid con especial atención a los
jóvenes para disponer de más de 60 viviendas. A ello se sumará el Plan de
Recuperación de la CHD en la calle Canal para acondicionar instalaciones y
pavimento.
Los
campos de fútbol que llevan el nombre de Luis
Minguela, el histórico ex jugador
del Real Valladolid, constituyen el mayor punto de encuentro del barrio.
La actividad allí es incesante. A diario se citan cientos de chavales de todas
las categorías para llevar a cabo los entrenamientos y los fines de semana
crece la cifra cuando es el turno de la competición y cientos de aficionados
presencian los partidos. El club de la Victoria es uno de los veteranos del
fútbol vallisoletano y el trabajo de jugadores, entrenadores y directivos les
permite seguir creciendo para consolidarse como uno de los clubes de
referencia.
Los
vecinos consideran que la prioridad se centra ahora en reclamar una partida
para acometer las obras de remodelación de la Plaza de la Armonía, así como
acondicionar la Plaza de la Solidaridad. Así lo pusieron de manifiesto en la
reunión en la que abordaron las necesidades para trasladarlas al Ayuntamiento.
Vista
área de la Victoria en 1995 AM
38 1970
Las ciudades
apenas conservan cines en el centro. Las grandes superficies comerciales se
llevaron las salas al extrarradio en los 90 y comienzos del siglo XXI, que tan
nefasto ha sido para las salas de exhibición cinematográfica.
En 2017 quedan
en la ciudad de Valladolid los
siguientes cines: "Broadway" (11
salas) en García Morato, 34; "Casablanca" (3
salas) en Leopoldo Cano, 8; "Manhattan" (3
salas) en Cervantes 13; "Megarama
Valladolid" (11 salas) en Centro Comercial Vallsur, en Camino
Viejo de Simancas; y en el área metropolitana: "Cinesa Zaratán 3D" (18 salas) en Equinoccio Park,
Zaratán, y "Ocine Río
Shopping" (10 salas) en el Centro Comercial Río Shopping en la
calle Me falta un tornillo, 3, en Arroyo de la Encomienda.
"Los grandes espectáculos de Valladolid para
hoy y mañana". Teatro-Cine Calderón: "Morena Clara";
Teatro Lope de Vega: "María de la O" (teatro);
Teatro-Cine Zorrilla: "La melodía de Broadway. 1936"; Cine
Capitol: "Currito de la Cruz
En el espacio en el que hoy se encuentra el teatro,
se levantó hasta mediados del siglo XIX el palacio del Almirante de Castilla,
gran edificio de origen bajomedieval del que se tiene escasa información y que
fue totalmente demolido para edificar el actual teatro. Este último se inauguró
el 28 de septiembre de 1864 con la representación de la obra de Calderón de la
Barca, "El alcalde de Zalamea".
Teatro
Lope de Vega Teatro
Carrión Teatro Zorrilla
El 19 de agosto de 1907 se anunciaba "Gran
cinematógrafo eléctrico y Chronomegaphone, el único aparato de completa
perfección que se presenta en España" en el teatro Lope de Vega,
inaugurado el 8 de diciembre de 1861 sobre el solar del antiguo Teatro de la
Comedia del Hospital de San José
En 1942 se lleva a cabo la construcción de este
teatro de manos de Ramón Pérez Lozana, quien intervendrá asimismo en la reforma
que sufre en 1958. En él se puede ver espectáculo de ópera, teatro, conciertos
y cine.
A principios del siglo XX, en el Teatro Zorrilla se
comenzaron a presentar sesiones cinematográficas, siendo la primera sala de
Valladolid en la que se inauguró el cine sonoro, hecho que ocurría el 16 de
octubre de 1930 con las películas “Las castigadoras de Broadway” y “La
mujer torero”.
En los años 60 y 70 simultaneó las sesiones
cinematográficas de arte y ensayo, una arraigada afición derivada de la Semana
Internacional de Cine, con representaciones de obras de teatro independiente y
vanguardista, desfilando por su escenario compañías míticas de todo el mundo y
los más creativos grupos españoles en esos años. Sin embargo, el 4 de enero de
1994 fue cerrado ante la amenaza de ruina, siendo afortunadamente sometido a
una restauración integral que permitió su reinauguración en septiembre de 2009,
durante las Fiestas de la Virgen de San Lorenzo.
Teatro-Cine Salón Pradera
Inicialmente fue un barracón de madera utilizado
como sala de cine y administrado por la familia Pradera. En este lugar,
conocido en ese entonces como "La Barraca", se realizaron las
primeras proyecciones cinematográficas de Valladolid. Esta sala de cine inició
sus proyecciones el 15 de septiembre de 1904. Cerró sus puertas el 24 de
septiembre de 1967 con la presentación de la comedia "Metidos en
harina", una producción de la compañía de Zorí, Santos y Codeso. El
teatro Pradera fue demolido en 1968
Inaugurado el 21 de noviembre de 1915 tras las obras
de adaptación del frontón "Fiesta Alegre" de 1894. Jerónimo Arroyo
fue el arquitecto que lo remodeló. Fue sede de la Casa Social Católica. Alternó
teatro, cine y conferencias.
Cine
Cinema Capitol. Panaderos, 4.
El Capitol se inauguró en el otoño de
1931 con una película sonora de la Paramount y hablada en español: “Su
noche de bodas” (1931), dirigida por Louis Mercaton y Florián Rey, con
Imperio Argentina y Miguel Ligero. También se hicieron representaciones de
comedia y zarzuela.
Pintado de color
azul el Cinema Capitol en sus primeros tiempos, era atendido por acomodadoras
con uniformes también azules. El Capítol quería ser el reflejo, al modo
popular, del teatro Calderón. Si en el teatro Calderón se celebraban por
carnavales grandes bailes de máscaras para la alta burguesía, el Capítol no se
quedaba atrás y los organizaba para las clases más modestas. Poco a poco
el querido cine de la calle de Panaderos se fue deteriorando. Su cierre tuvo
lugar a
Teatro-Cine
Carrión. Montero Calvo, 4. Cine Castilla
Cine
Castilla. Barrio Girón
"En la misma área dotacional en la que se encontraba
el colegio masculino se localizó el cine Castilla. Singular equipamiento para
un barrio tan pequeño, permaneció activo durante muy poco tiempo. Tras su uso
original, el viejo cine fue utilizado como sede de la Asociación de Vecinos del
barrio hasta el año 1995, y por los miembros del Teatro Corsario hasta 1998. Es
propiedad de la Junta de Castilla y León desde el 12 de agosto de 1982, año en
que el Ministerio de Cultura se la transfirió.
Cinema
"Coca" Plaza Martí y Monsó, 5. Valladolid
Inaugurado en 1964. Su promotor fue Inocencio Díez
Cuéllar, y el arquitecto Jesús Vaquero Martín. Cerró. Pero el bar que vemos a
la derecha aún continúa siendo un referente gastronómico de Pucela con su
famosa sepia
Cinema
Goya. Labradores, 13. Cine Matallía
Cine
Red. Paseo de Zorrilla, 97. Cinema Roxy. María de Molina, 20.
En las
duras crisis y populismos que nos inquietan será prudente recordar cómo se han
vivido estos cambios en nuestra historia, maestra de la vida. Para conquistar
lo que hoy disfrutamos, el Estado de Derecho, la representación parlamentaria,
los partidos políticos y la democracia, hubo que superar formas de acceso al
poder muy básicas.
Primero
dio acceso al poder el dominio primario de la fuerza y la capacidad
depredadora. De ahí se pasó a creencias religiosas, mitos y leyendas de que
eran los dioses los que elegían y daban la autoridad. Luego se creyó que
existían linajes y dinastías que transmitían en herencia el poder. Los burgueses
plutócratas dirán más tarde que debían gobernar los más ricos y capaces, según
la ley darwiniana de la selección natural. Finalmente, el racionalismo
revolucionario de fines del siglo XVIII estableció que la autoridad nacía del
pueblo soberano y exigía abolir la monarquía absoluta.
E spaña
en el siglo XIX concentró la experiencia más crucial, apasionante, creativa e
inquietante, que enterró con incertidumbre y emoción el sistema político viejo
y alumbró otro nuevo. Aunque no se lograron todos, se intentaron en este siglo
muchos cambios hondos y difíciles: perder el viejo imperio, abandonar las
seguridades absolutistas, olvidar al súbdito, desacralizar la autoridad
tradicional, superar las intromisiones monárquicas, pasar la soberanía del rey
a la nación, ejercer la política separada de la Iglesia, vencer a los
carlistas, limitar los pronunciamientos de los espadones, respetar el
ordenamiento constitucional, asegurar la representación de la sociedad en
elecciones libres, ampliar el sufragio restringido, reconocer al ciudadano como
único sujeto de derechos, respetar la separación de los poderes, construir los
partidos políticos, articular el piramidal espacio político
municipal/provincial/estatal y combinar el nacionalismo español con los
emergentes regionalismos y nacionalismos periféricos. Con todo, lograron
transformar parcialmente en siglo y medio el poder patrimonial, agrario,
financiero, comercial, industrial, político, parlamentario, municipal y
universitario.
Sólo se consiguió implantar limitadamente el
régimen parlamentario, constitucional y capitalista, que quebró en la crisis de
Estado de 1936. Porque en España, donde fue débil la revolución del siglo
XVIII, las primeras constituciones y gobiernos mezclaron aún viejos y nuevos
conceptos políticos. Resultó difícil secularizar el poder y la propiedad y
desligarlos de la omnipotente Iglesia, aún hubo tradicionalistas que se
creyeron elegidos por la gracia de Dios. Fue también muy costoso civilizar el
poder y separarlo de los constantes pronunciamientos, pervivió el militarismo
hasta el 23F de 1981. Resultó igualmente costoso cambiar la soberanía
monárquica por la nacional, tanto que para proteger al rey llegaron a quebrar
la separación de poderes y la representación electoral. También la sangre y el
linaje dieron acceso al poder a las familias que gestionaron su representación
como si fuera la herencia de un patrimonio familiar. El poder pasó
efectivamente de los privilegiados a la burguesía, pero no acabó de llegar al
pueblo.
Contrastaremos
esta mirada histórica con perspectivas del presente. Podremos descubrir
virtudes y defectos del pasado proyectados sobre nosotros y valores y déficits
actuales enraizados en los viejos gestores del poder. Serán sugerentes las
comparaciones del poder de las élites y su relación con la sociedad en momentos
de cambio trepidante, no exentos de guerras, crisis, epidemias, motines y
revoluciones. Las reflexiones quedarán abiertas al debate en nuestro blog 'El
mirador de Clío'.
Pasearán
por la pasarela hombres de la talla de Pérez de Castro, Silvela, Moyano, Ortiz
Vega, Gamazo, Calderón y Alba, Silió. Les acompañarán en el desfile conceptos
básicos de la cultura política histórica y actual: poder, élite, familia
política y empresarial, caciquismo, turnismo, partido político, gestión
municipal, representación, prensa, epidemias, motines, harineras o Talleres del
Norte.
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