´Perdone que le envíe una carta tan larga, no he tenido
tiempo de hacerla más corta´, dejó dicho el genio
británico de Bertrand Russell.
Otro inglés inteligente, el sagaz profesor Northocote Parkinson estudió la evolución
histórica de los datos del ejército británico. Constató que el número de bajas
enemigas está en razón inversa del de generales propios; y que la cantidad de
almirantes aumentaba al mismo ritmo que disminuía el número de buques de la
Armada. Datos que llevaron a Northocote a patentar tres teoremas casi
axiomáticos: 1) los empleados necesitan multiplicar subordinados, no rivales,
2) se crean mutuamente trabajo; y 3) el
trabajo se dilata hasta llegar a ocupar la totalidad del tiempo disponible para
su realización.
Para entender el primero de estos
teoremas, denominado `ley de la pirámide invertida´, Northocote ponía el ejemplo
de K, un probo empleado próximo a la jubilación que se cree
abrumado de trabajo. Tres remedios tiene a mano: 1) pedir la excedencia; 2)
compartir su trabajo con un colega ; y 3) solicitar el auxilio de dos subordinados, A y B. No se ha dado en la historia nadie que no se haya inclinado
por la tercera solución.Pronto A también se sentirá sobre cargado de trabajo. K y A serán
partidarios de nombrar dos auxiliares de éste; mas el único medio para evitar
molestos roces internos es nombrar también dos auxiliares de B. Con la incorporación de cuatro nuevas personas el
ascenso de K puede darse por descontado.
Siete personas están ya realizando el
mismo trabajo que antes despachaba uno sólo. Entonces entran en acción los
teoremas 2 y 3: y es que trabajando los siete todos andan atareadísimos y, por
lo que se refiere en concreto a K, nunca se ha sentido tan apabullado.
Las leyes de Parkinson supusieron la superación de creencias
hasta entonces indiscutidas, como: 1) que el aumento de las plantillas obedece
al incremento del volumen de trabajo; 2)
que cualquier multiplicación de empleados que se produzca dejará ociosos a
alguno de ello; o 3) que todos trabajarán menos.
Cuando lo cierto es que el número de empleados crece
indefinidamente, tanto si el trabajo aumenta, como si disminuye e, incluso, si
desaparece en absoluto. La fórmula es: X = 100 x (2 K x L + M + T) / N x P.K es el número de
empleados que buscan el ascenso mediante la adscripción de subordinados; L la fecha de jubilación; M el número de
hombres/hora dedicados a proponer soluciones en los asuntos planteados en la
entidad (En el Estado de las Autonomías, los jefes de
gabinete, como Iván Redondo); N los
departamentos vigentes; P la cifra de
personal de que se parte. ¿Y T?
Los liberados sindicales.
.
Yo conocí en la
Junta a uno de estos liberados sindicales. En mi imaginario se llamaba Antonio
Alonso y en su despacho durante más de 30 años no tenía ni bolígrafo, ni
folios, ni archivos ni documento alguno. Solo sobre la mesa un pequeño cactus
en un tiesto de plástico. Presumía de
que no le costaba a la administración ni a los administrados ni el agua de su
tiesto.
Parkinson era un experto `comitólogo´,
la ciencia que se ocupa de la génesis, evolución y funcionamiento de los
órganos de gobierno. Según él se rigen por otra norma inexorable que él
denominó ´ley de la trivialidad´: el tiempo
empleado en la discusión de cada uno de los puntos de un orden del día está en
razón inversa de su presupuesto.
El consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León, por
ejemplo, tiene que decidir sobre el nuevo mapa de consultorios médicos rurales en
Soria, cuyo presupuesto asciende a tropecientos millones. Pues se pone de
acuerdo en cuestión de minutos; ni a Francisco Igea, ni a Verónica Casado ni a ninguno de sus colegas del Consejo les preocupan
los consultorios médicos rurales ni Soria; solo al gerente del Sacyl, Manuel Mitadiel Imaginemos
ahora que hay que decidir sobre el color del uniforme de un conserje Todo el mundo menos sabe de colores y conoce
perfectamente el trabajo de los conserjes. Además el coste de un un uniforme no
superará nunca los 100 euros, cifra que distingue la entendedera más torpe.
Consejeros habrá que propondrán el color del Pendón; ya está bien de nacionalismos periféricos. El
consejero de Hacienda se inclinará por el verde de Tierra de
Campos y el de Agricultura por el gris topillo.
¿Hay alguien de León? Propondrá el marrón leonino. El debate durará
lo que resta de semana, con gran alivio del vicepresidente, la mosca cojonera. de Ciudadanos y de la Junta.
Qué les voy contar yo que como saben fui director general de Política
Industrial (o cultural ya no me acuerdo bien, si es que lo he sabido alguna
vez) de aquella junta tan utópica de Demetrio Madrid. Precisamente era colega de Manuel Mitadiel, que era secretario general de la Consejería de Hacienda y ha sido director del Sacyl por Ciudadanos. Fijense si
sería utópica que servidor dedicaba parte de la mañana a diseñar los impresos
oficiales. También le ayudaba a Alonso a regar el cactus. Dimití con Demetrio, es mi sino.
Pedí un gin tonic al conserje, que vestía
un uniforme gris perla primoroso; compré para la ocasión en Radio Valdeprado un globo terráqueo lumínico, para enterarme de donde está El Bierzo, que resulta que
está en León con el aunque se llevan muy mal; me armé de pluma y 7 folios con el membrete oficial; y dediqué
7 horas a redactar
una exposición de motivos que hablaba de montañas, ríos y valles como Valdavia y unos 17 minutos
a elaborar un articulado que a nadie interesaba. Y al día siguiente la ley
estaba en el BOCyL. Algo parecido el Parque Tecnológico de
Boecillo;
aquí donde me ven ( o leen, lo mimo me da que me da lo mismo) su primer
inquilino; bueno, antes estaba Cristaloid, pero esa es otra historia.
Ponga el
ocioso lector tiempo y coste de una norma similar ahora. Incluya también el coste de lo que nos ha costado a
todos los castellanos, leoneses y bercianos el Parque Tecnológico de Boecillo,
Cistaloid y el agua del cactus de Alonso. olvide las sentencias de
Northocote, Russel y Churchil Y le aparecerá una
vaga imagen de lo que es la España de las autonomías.




No hay comentarios:
Publicar un comentario